Una conversación para reconstruir la memoria y continuar las resistencias

Pese al clima lluvioso, medio centenar de personas nos congregamos en Punta Querandí para hacer un ejercicio de memoria, ayudado por la profesora de historia Florencia Carlón, vecina de Mar del Plata egresada de la Universidad Nacional de dicha ciudad.  Un puntapié para tomar en nuestras manos la tarea de recuperar numerosos hechos y procesos ocurridos en nuestros territorios.

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La profesora Florencia Carlón brindó una charla en la Comunidad Indígena Punta Querandí sobre las primeras resistencias de los pueblos originarios en Buenos Aires y las formas de dominación colonial en los inicios de la conquista del imperio español.

La actividad, el domingo 22 de julio, contó con la participación de medio centenar de personas provenientes de distintas localidades de la zona norte como Zelaya, Pilar, Escobar, Dique Luján, Tigre y del Delta. A las 15 horas, luego de compartir un guiso bajo el quincho y después de recorrer el territorio comunitario, dio inicio la conversación.

Luego de la Segunda Fundación de Buenos Aires en 1580, los conquistadores se repartieron como un botín los territorios, a sus caciques y familias, con la idea de que trabajen para ellos. Así se establecieron distintas reducciones al mando de autoridades religiosas.  La resistencia a los invasores incluyó la huida a otros territorios y la alianza con los pueblos originarios no conquistados, dando inicio a un proceso que se extendió durante más de dos siglos, hasta el genocidio implementado por el Estado Argentino a fines del siglo XIX.

En diálogo con el Consejo de Comunicación de la comunidad, Florencia Carlón expresó: “Fue una experiencia super conmovedora y reconfortante, yo me había alejado de la academia por las mismas razones que me llevaron a Punta Querandí: la actividad me hizo sentir que sí valió la pena haber hecho la investigación”.

Y luego explicó: “Todos los proyectos – de investigación o de tesis – tienen un apartado sobre el impacto en la sociedad. Mi mayor crítica al sistema es la falta de congruencia entre lo que uno se plantea y el impacto real”.

“Con nuestro acercamiento y el intercambio que se dio el domingo, poder dejarles mi libro para la colección de la biblioteca de la comunidad, siento que se concretó un poco ese impacto, no la totalidad pero al menos acercar la investigación a quienes son los verdaderos implicados en todo esto, que son las comunidades originarias”, relató.

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Entre quienes escuchaban, fueron tomando la palabra distintas vecinos, muchos de ellos de ancestros originarios, como Brenda de Pilar (charrúa), Luciano Irribarren (Observatorio de Humedales del Delta) y Lucas Redondo de Villa La Ñata, quien recordó a una de sus abuelas guaraní.

“Me sentí como en casa, ya desde el hecho de compartir un guiso hecho por ustedes, esa cosa comunitaria; se sintió la comunidad”, expresó Florencia, quien vino con su prima y su familia quienes viven en La Ñata y han participado de numerosas actividades en Punta Querandí durante la última década.

“Más que charla fue un intercambio en forma circular, donde todos éramos parte de lo mismo, sin jerarquías. Aprendí muchísimo de la realidad que están viviendo en Punta Querandí, la situación de los countries y el avance sobre los humedales”, amplió la profesora marplatense.

“Fue como un disparador para seguir trabajando juntos y acercar la cuestión teórica a las realidades cotidianas”, se entusiasmó Florencia Carlón.

“ME FUI CON MÁS GANAS DE SABER QUÉ PASÓ”

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Desde la Isla de Tigre, donde vive desde que tenía 18 años, llegó Mónica Santos quien brinda talleres de cestería con mimbre en la Unión Islera Vecinal sobre el río Luján, enfrente de la localidad continental de Rincón de Milberg.

“Me pareció super importante la información que nos dio Florencia y me dejó pensando mucho en la fuerza que tenían los pueblos guaraníes en esto de la ‘guaranización’ de la región”, expresó la mujer. Otro aspecto señalado por la isleña fue “la brecha que hay entre 1600 y 1700 que sabemos casi nada” y en ese sentido destacó la existencia de documentación de la época colonial tanto en Sevilla (España) como en Charcas (hoy Sucre, Bolivia).

“Me quedé pensando mucho en cómo fuimos perdiendo de a poquito la historia y nuestros orígenes por esto del miedo o la vergüenza de que nos consideren ‘indios’. La reivindicación de saber que a uno le corre sangre aborigen está buenísimo. Me fui diciendo eso: cada vez más convencida, por mi sangre corre sangre guaraní”, resaltó Mónica.

Antes de la charla de Florencia Carlón se realizó una recorrida por las distintas construcciones y espacios de la comunidad, como el Monumento de la Yaguareté, la Maloka –vivienda colectiva en construcción-, el Opy –templo guaraní- y el Museo Autónomo de Gestión Indígena.

“La sensación que tuve en el Opy fue maravillosa, imposible explicar con palabras, sentí algo muy especial porque fue la primera vez que participé de la recorrida con los guías, me pareció muy bueno que cada uno desde su lugar explique cada espacio de Punta Querandí”, relató la mujer isleña.

Por último, concluyó: “Me fui con mucho aprendizaje y más ganas de saber qué pasó con nuestros pueblos originarios, sobre todo los que rodeaban las costas de nuestros ríos. Creo que de por ahí vengo yo y aquí estoy viviendo en la Isla”.

UNA RECONSTRUCCIÓN NECESARIA

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Por su parte, Jésica Zalazar una de las mujeres de Punta Querandí, manifestó: “En estos tiempos donde nos quieren dormidos, recuperar nuestra historia es parte de ese despertar tan necesario. Nos reencontramos con las primeras resistencias del Río de la Plata, que continúan hoy día en luchas como la de Punta Querandí y tantas otras”.

“Sentí fuerzas y orgullo de esas resistencias y comprendí que los cobardes que han escrito la historia con la sangre de nuestros ancestros, ignoran muchas cuestiones. Ignoran y no comprenderán jamás que todo vive y existe en nosotros, que la sangre que creyeron extinguir está más viva que nunca y corre por nuestras venas”, expresó la joven y agregó: “Ignoran las memorias que nos han dejado nuestros abuelos, memorias que se hacen presentes en nuestro espíritu y ante tanta desidia, como un grito, se multiplica tomando fuerza cada vez que nos conectamos con nuestras raíces, con los saberes de nuestros pueblos, con la tierra”.

“Charlas de aprendizaje, fogón e intercambio como la que compartimos el domingo son parte de esa reconstrucción que le debemos a nuestros ancestros, a nosotros mismos y sobre todo a los que vendrán”, concluyó Jésica.

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