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La fumigación con herbicidas en el Plan Colombia
Por ..... -
Tuesday, May. 27, 2003 at 11:30 AM
¿Es la prohibición a las drogas una meta que vale la destrucción de la Amazonía?

El zar antidrogas de Estados Unidos John Walters y el presidente colombiano Álvaro Uribe están destruyendo los campos, a los campesinos —y la selva amazónica— en nombre de la Guerra contra las Drogas.
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PLAN COLOMBIA Y NUEVA FORMULA DEL GLIFOSATO: GUERRA TOTAL A LA SELVA AMAZONICA COLOMBIANA DESDE EL 28 DE MAYO PASADO
El 28 de mayo de 2001 comenzó la segunda fase de fumigación de cultivos ilícitos. El objetivo: acabar con todo. La nueva fórmula utilizada es Roundup Ultra, la misma que contiene (glifosato + POEA) + Cosmo Flux 411F informaba Lucía Gallardo, activista de Acción Ecológica, en una mesa redonda sobre el Plan Colombia realizada en la ciudad de Quito el pasado mes de mayo.
Por intuición los asistentes pensamos que los compuestos allí enunciados debían ser tóxicos, lo que no sabíamos, y nos aclaró a renglón seguido la expositora, es que el POEA tiene una toxicidad aguda entre 4 y 5 veces mayor que la del glifosato, comercialmente conocido como Roundup y que el Cosmo Flux 411F puede aumentar hasta 4 veces la acción biológica del glifosato, incrementándose en más de cien veces las dosis recomendadas para aplicaciones agrícolas en los Estados Unidos, país que ordena las fumigaciones en Colombia.
Pero claro, la Amazonía no es Estados Unidos. Allí cuidan la vida de sus habitantes, aquí se atenta contra todo lo existente, incluyendo los seres humanos. Basta conocer que los herbicidas que contienen glifosato están registrados en Colombia y Ecuador como categoría IV (levemente tóxicos). En los Estados Unidos están considerados dentro de la categoría II (altamente tóxicos) y el POEA lo tienen dentro de la categoría 1 (extremadamente tóxico).
Grandes diferencias, seguramente porque los seres humanos y las especies animales y vegetales del tercer mundo son inmunes por ser pobres. Pero el horror no queda solamente en la altísima toxicidad de las fumigaciones sino en la forma en que las realizan. Avionetas pasan y repasan hasta 12 veces por el mismo terreno, en el que puede haber coca y también plátano y yuca, además de niños y mujeres embarazadas, citando a los más sensibles. En Canadá se ha calculado que las zonas de amortiguamiento deben tener entre 75 y 1200 metros para evitar daños a la vegetación que se quiere proteger. El sentido común nos indicará que "ningún piloto por experimentado que sea puede evitar la fumigación indiscriminada sobre cultivos, áreas selváticas y seres humanos" acotaba Lucía Gallardo.
No conocemos Canadá pero si podemos decir que la Amazonía es un paradisíaco lugar donde existe agua por doquier. Y que, el famoso glifosato, ahora enriquecido, correrá por los ríos y riachuelos, penetrará en la tierra arcillosa, se pegará en los árboles y plumas de los pájaros y afectará a extensas zonas selváticas amenazando y acabando a una de las regiones de mayor biodiversidad del planeta. ¿Será ésta, tal vez, otra de las razones por la que Estados Unidos no firma el Convenio sobre la Diversidad Biológica desde 1992?
Añadamos a esta crónica del horror que esta nueva fórmula del glifosato no cuenta con investigaciones científicas para evaluar sus riesgos. A pesar de ello fue aprobada por el Consejo Nacional de Estupefacientes de Colombia y ni siquiera comentada por las autoridades ecuatorianas. Estos países hacen lo que ordena Estados Unidos sin pedir la más mínima explicación. Esa es la soberanía globalizada.
"Lo cierto es que con las aspersiones de este nuevo compuesto químico se estaría experimentando en la Amazonía a fin de desarrollar nuevos y más poderosos agentes químicos y biológicos en la guerra contra las drogas y avalar el desarrollo de más armas químicas" nos explicaba la militante de Acción Ecológica. ¿Guerra real contra las drogas? Duda sobre duda. ¿Guerra contra la actividad que sostiene al sistema financiero y bancario norteamericano?. Es un secreto a voces que más del 80% de las ganancias del narcotráfico se quedan en los Estados Unidos.
O, ¿Guerra contra los grupos armados de Colombia, único escollo para la dominación total de este sector del mundo?, ¿Necesidad de los Estados Unidos para controlar el mercado latinoamericano que se les está yendo de las manos frente a la arremetida de los europeos y asiáticos? ¿Control de la zona de mayor biodiversidad y reserva de agua del mundo? ¿Punto de control estratégico militar y político?
Todo ello y nadie sabe que más... Ojalá que el Mundo no se de cuenta de este horror cuando sea demasiado tarde...
El tráfico de drogas, que es de carácter internacional, aprovecha esos escenarios y estimula las dos puntas de la cadena y se queda con las mejores ganancias de las cuales se benefician también grandes capitales “legales” e ilegales del mundo global. Las utilidades se concentran en los centros financieros internacionales. Los lucros del negocio de las ‘drogas’ ilícitas finalmente los concentra de manera dominante el capital financiero norteamericano e internacional que se nutren con el lavado de los dólares, las mafias de narcotraficantes, de suministradores de precursores químicos y de armas. El valor pagado por el consumidor final de cocaína en los EE.UU. se estima que se distribuye aproximadamente así: “5% para los países productores -con 1% para los campesinos y 4% para los procesadores locales-, 20% para los traficantes internacionales –los carteles de la droga- y un 75% para las redes de distribución y expendio en los países consumidores”.
Narcotráfico, corrupción y crimen organizado tejen estrechos lazos que desdibujan las fronteras entre la economía legal y la economía ilegal. Para una mejor comprensión de la expansión empresarial de las industrias de armas, químicos y ‘narcoticos’ se hace necesario, por lo tanto, analizar problemáticas tales como las políticas que encubren los paraísos fiscales (lavado de dineros), la impulsión de los mercados de tecnologías agrícolas ‘sintéticas”, y las zonas de ‘libre’ comercio, entre otras.
REDUCCIÓN DE DAñOS:
En los países del Sur, la mayor parte de los cultivadores componen sectores de la población que, por sus las condiciones de marginalidad socio-económica y política, o de pauperización más reciente por efecto de las crisis agrarias, se han constituido en la mano de obra amarrada que sostiene el nivel de la producción del mercado ilegal de drogas. Para estos cultivadores, la reducción de riesgos se refiere —en primera medida— a la exigencia de que cese la militarización de sus vidas y la incriminación emprendida en su contra bajo el encubrimiento de eliminar las ‘drogas’ a través de la represión de ‘la oferta’. Abarca, asimismo, la aplicación del principio de precaución en lo que se refiere a la fumigación con productos químicos y el comercio y tráfico de organismos genéticamente modificados y frente la amenaza de la la Guerra Biológica. También se refiere al derecho inalienable al uso tradicional, recreativo y alternativo de la sagrada hoja de coca, la cannabis y la amapola. Comprende además consideraciones de corresponsabilidad internacional y de responsabilidad social en el diseño de las políticas dirigidas a enfocar lo que es un fenómeno universal y complejo.