http://argentina.indymedia.org/news/2004/03/179742.php Enviar comentarios por correo electrónico.
Radiografía de un asesinato
Por sebastian hacher ((i)) -
Thursday, Mar. 04, 2004 at 5:13 PM
sebastian@riseup.net
Cuando la impunidad mata..
Pero no se quedaba quieto. Esa mañana, mientras hacía
tiempo para tomarse un micro a Entre Rios para trabajar en una
misión de la iglesia, el goleador zurdo de 16
años salió a andar en Bicicleta con Marcelito, de 15, y
Hernán, también de 16.
La persecución fue por Avenida Alberdi. La versión
policial cuenta que Marcelo y sus dos amigos habían robado
un quiosco, y los vecinos llamaron a la policía. Según el
posterior recuento policial, el botín
consistía en un paquete de Marlboro y otro de Camel,
galletitas de chocolate Pepitos, pastillas Tic Tac, caramelos Sugus,
chicles Bobaloo, dos desodorantes Rexona y $27 en monedas.
Trabado por el tránsito de las dos de la tarde, Marcelo
quedó atrás de sus amigos. Del patrullero se bajó
el suboficial Ianello, que decidió ganar tiempo corriendo
a pie. Su compañero, el suboficial Justo Luquet, se quedó
al volante intentando avanzar entre el embrollo de coches.
El parte policial habló de un "un corto enfrentamiento armado".
Según los policías, Marcelo venía disparando
mientras manejaba la bicicleta, y por eso chocó contra un tacho
de basura. Teóricamente, pedaleaba casi de espaldas, manejando
en medio del tráfico con una sola mano y con la otra
sostenía el arma.
Los medios publicaron poco y nada. Un cable de la Agencia Infosic,
reproducido en las páginas policiales de Crónica y
otros diarios, señalaba que "Un delincuente de 16 años
murió hoy al tirotearse con la
policía, cuando acababa de asaltar un kiosco del barrio
porteño de Mataderos, junto a dos cómplices de la misma
edad que fueron detenidos, informaron voceros de la fuerza de
seguridad".
El relato policial habló de un último tiro
disparado por el joven contra el suboficial Ianello, que venía
corriendo, y una rápida respuesta de Justo Luquet para "repeler
la agresión".
Marcelo murió de un tiro en la sien. Un trabajo limpio y
rápido, que permitió que los diarios titularan "muere
joven delincuente". Un solo tiro, y un mérito más en el
legajo del suboficial Justo Luquet.
Pero en Mataderos todos lloraban a su goleador. Por su casa
desfilaron jugadores de todos los barrios; grandes y chicos que
repitieron que no podía haber sido así, que todos
conocían a Marcelo y sabían que él no podía
haber disparado contra nadie.
"Era tan tranquilo que ni siquiera devolvía una patada cuando
estaba jugando al futbol. Le tenías que hacer de todo para
hacerlo reaccionar" recuerda ahora, dos años
después, Graciela Peralta, una mamá que sabe que siempre
va a sentir que "con Marcelo me arrancaron un pedazo de mi
misma".
Marcelo Baez nació y se crió en los bordes de Ciudad
Oculta, en una casita de lo que alguna vez fue la estación
de ferrocarril que conducía ganado al Matadero.
Tenía una sola gran pasión: el deporte, y se lo
disputaban entre los entrenadores de futbol y el boxeo, que
consideraban una actividad incompatible con la otra. Se había
probado en las inferiores de Huracán, donde había entrado
fácilmente. Su madre
todavía guarda, como un altar, la veintena de trofeos
ganados a fuerza de gambetas y sudor.
En la investigación se obtuvieron nuevos datos. El suboficial
Ianello, el único testigo que declaró, había
declarado que "hubo dos disparos" que el no vio, y que presumiblemente
uno de ellos era el que disparó Marcelo y el otro el que
efectuó su compañero.
Pero a los policías se les había escapado un dato: la
autopsia demostró que el joven no tenía un tiro, sino
dos. Cuando Marcelo chocó contra un canasto de basura y
cayó al piso, Luquet ya se había adelantado entre el
tráfico. Desde la ventanilla del patrullero hizo un disparo, que
rozó la espalda de Marcelo. El casquillo quedó adentro
del patrullero. Los pocos testigos que -desde el anonimato-
se animaron hablar con la familia, todavía tienen en los
oídos los gritos del joven: no me maten.
Y esas fueron sus últimas palabras; Luquet se acercó, lo
miró, apuntó desde una distancia de 50
centímetros, y le dio el tiro de gracia en la sien.
Marcelo no había disparado ni estaba armado; al caer,
tenía las manos contra el piso, y así lo encontró
el médico forense que hizo las primeras pericias sobre el
cuerpo. Pericias posteriores también confirmaron que al recibir
los dos disparos, Marcelo estaba en el piso,
ya que las balas vinieron de "arriba hacia abajo, y de atrás
hacia delante". El tiro mortal, en la sien, tenía una
trayectoria casi vertical, y las marcas que dejó demostraron que
fue disparado a menos de 50 centímetros de distancia.
Para los abogados de la CORREPI (Comisión Contra la
Represión Policial e Institucional), que intervienen en la
causa, "es materialmente imposible reproducir el mecanismo del
disparo de acuerdo a la versión oficial, pues su autor
tendría que haber estado trepado sobre una escalera o superar en
un metro o más la altura de un ser humano normal"
Y ni siquiera estaba armado. El arma secuestrada en el procedimiento no
funcionaba bien, por lo que difícilmente se podría haber
usado en un tiroteo en movimiento y desde una bicicleta. Lo que
sí tenía el revolver eran propiedades de moverse
sólo; en las fotos aparece cerca del brazo derecho de Marcelo
-cuando éste era zurdo- y en los recuerdos del Dr.
Salomón, que fue a revisar el cadáver, aparece a
más de un metro del cuerpo.
Para la CORREPI y para la familia de Marcelo se trató, lisa y
llanamente, de una ejecución.
Con las pruebas en la mano, la fiscalía pidió que
el policía Justo Luquet fuera llamado a declaración
indagatoría por asesinato, paso previo al procesamiento. Hasta
ahora, dos años después, no hay respuesta y Justo
Luquet fue trasladado de la comisaría 42 a la 48, a pocas
cuadras del lugar, donde de vez en cuando se cruza con la familia de
Marcelo.
Pero la historia no termina allí, en la simple impunidad de un
policía que apagó una vida para mejorar los fríos
números de la estadística del accionar policial.
El acta labrada durante al asesinato de Marcelo Baez está
firmada por el comisario Héctor Armando Sodano. Este
policía -que luego tuvo sus cinco minutos de fama en Octubre del
2002, cuando asesinó a su mujer- está implicado en al
menos 19 denuncias por causas fraguadas por la Policía Federal.
Las denuncias, recopiladas por la Procuraduría General de La
Nación, señalan que 18 de esos casos se dieron durante
los años 1997 y 98, mientras Sodano era Comisario de la
División Brigadas de prevención de Seguridad Ferroviaria.
En uno de esos casos está involucrado un policía que
solía hacer adicionales en la estación de Retiro; el
suboficial Justo José Luquet, el asesino de Marcelo.
El 11 de Octubre de 1997, junto a una decena de policías, Luquet
participó de la requisa de un vagón de tren en
Estación Devoto. En el operativo fue detenido un joven al
que se le secuestró marihuana, pero luego se comprobó, en
el juicio oral, que la droga había sido plantada. El
juzgado interviniente detuvo a dos policías y dos testigos por
falso testimonio. Además procesó a Luquet como
partícipe del hecho. Los testigos detenidos, que eran
vigiladores del tren, confesaron que cotidianamente "le firmaban actas
a Luquet sin ver qué era lo que había pasado".
Por esa causa Luquet está esperando juicio desde de finales del
2001, acusado de tenencia de drogas y falsedad de instrumento
público. ¿Que significa esto?. Que legalmente,
según los propios reglamentos de la Policía Federal, que
el 4 de Marzo del 2002 -el día que mató a Marcelo- Luquet
no podía estar arriba de un patrullero.
Si a Marcelo, el goleador zurdo de Mataderos, lo mataron a sangre
fría, no fue sólo en post de mejorar la
"estadística" . También lo mataron en nombre de la
impunidad, tanto de Luquet como del comisario Sodano, su protector.
A dos años, con el asesino todavía recorriendo las calles
en patrullero, la madre de Marcelo, junto a familiares de otros
jóvenes asesinados por la policía, marchará a la
comisaría 48 y luego a la 52, donde también existen
varios casos de muertos en enfrentamientos inexistentes, causas armadas
y una impunidad policial que asombra por lo sistemática y
grosera.
La convocatoria es el sábado 6 de Marzo a las 11:00 hs en la
estación de Villa Lugano, Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Un
país en serio.
Sebastián Hacher
Buenos Aires, 3 de Marzo del 2003
: