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La larga lucha de las mujeres
Por Antoni Ferret - Saturday, May. 11, 2002 at 8:37 AM

Muchos años, muchos esfuerzos, muy poco comprendidos, frustraciones, pero al fin unos resultados bastante notables. Y... la lucha sigue. faltaría más.

LA LARGA LUCHA DE LAS MUJERES
(Pequeño resumen)

Partimos de una situación tradicional en que la religión, la ley y la ciencia se aliaban para argumentar la inferioridad de la mujer. Ni el Renacimiento ni la Reforma Protestante cambiaron este estado de cosas.

Pero hubo una pionera, la francesa Christine de Pizan, defensora constante de que las niñas recibiesen una formación igual que la de los niños. Con su obra «La ciudad de las damas» (1405), atacó la idea de la inferioridad de la mujer.

El primer momento fuerte de lucha feminista fue, naturalmente, durante la Revolución Francesa. Surgieron clubs políticos femeninos defendiendo los derechos de la mujer. Olympe de Gouges, en 1791, como réplica a la «Declaración de los derechos del hombre», redactó la «Declaración de derechos de la mujer y la ciudadanía». Decía que «si la mujer podía ser llevada a la guillotina, también servía para ascender a la tribuna».

Pero ocurrió el primer gran fracaso. Cuando en 1793 los clubs femeninos pidieron a la Asamblea de Diputados la concreción de la igualdad de derechos, recibieron una negativa contundente y la prohibición de sus clubs. Algunas feministas murieron o fueron encarceladas. Y el Código Civil de Napoleón confirmó la sumisión de la mujer al marido, y ello había de ser ley por toda Europa durante casi 200 años.

Pero la inglesa Mary Wolstonecraft publicó, en 1792, «Vindicación de los derechos de las mujeres».

A lo largo del siglo XIX, el feminismo se desarrolló como un movimiento social internacional, y ocupó también un espacio dentro de las corrientes socialista y anarquista. Pero la sociedad establecida les negaba muchos derechos, sobre todo a las casadas, obligadas a obedecer. No podían votar, pero para pagar impuestos sí eran iguales. En todos los países, grupos de mujeres lucharon, y, entre burlas y resistencias, hacia las últimas décadas del siglo consiguieron algunas mejoras.

En 1848 tuvieron la segunda gran decepción. Se había desarrollado en EEUU una campaña antiesclavista, con una muy fuerte participación femenina, igual o superior a la de los hombres. Pero cuando se celebró en Londres un congreso internacional antiesclavista, no se las dejó participar.

En el mismo año 1848 se celebró en Seneca Falls, cerca de Nueva York, la Primera Convención de Derechos de la Mujer. Generó un fuerte aumento de la actividad reivindicativa.

Una gran parte de esta actividad iba dirigida a conseguir el derecho al voto (lo que dio origen al término «sufragistas»). Las mujeres, sobre todo las de clase burguesa y media, querían el derecho al voto para poder influir, a través de la legislación, en los demás derechos civiles.

En el año 1868, Cady Stanton y Susan B. Anthony fundaron la National Woman Suffrage Association, en EEUU.

En Europa también se fue desarrollando el movimiento, sobre todo en Gran Bretaña. En 1870, en 1884 y en 1897, la Cámara de los Comunes aprobó el voto femenino, pero la Cámara de los Lores siempre lo rechazó.

La reacción fue un movimiento sufragista más radical. En 1897, bajo la dirección de Millicent Garret Fawcet, se constituyó la National Union of Women’s Suffrage Societies. La acción derivó hacia actos de desobediencia civil, ataques contra la propiedad y huelgas de hambre, además de manifestaciones masivas. Muchas luchadoras fueron encarceladas y algunas murieron en la lucha (una feminista se suicidó lanzándose bajo las patas de un caballo durante una carrera hípica).

El feminismo tuvo una relación estrecha y conflictiva con el movimiento socialista, a pesar de que los primeros movimientos feministas eran de clase media, pues ésas eran las únicas mujeres que tenían elementos culturales y económicos para llevar a cabo una actividad social. Los sindicatos no querían el trabajo de las mujeres, porque creían que podían hacer bajar los salarios de los hombres, y si trabajaban se desentendían de ellas. Se llegaron a formar sindicatos femeninos, y ello obligó a los partidos socialistas y a sus sindicatos a preocuparse de las mujeres. August Bebel escribió, en 1879, «La mujer y el socialismo», en que teorizaba sobre el papel que tendrían las mujeres en una sociadad socialista ideal. Por su parte, las trabajadoras se sentían frustradas del movimiento feminista, porque encarnaba intereses de otra clase social.

La Segunda Internacional (socialista), de 1889, introdujo los derechos sociales y jurídicos de la mujer en su programa. Su dirigente principal entonces era Clara Zetkin, alemana de origen polaco. Ella decía que la lucha de las mujeres era parte integrante de la lucha del proletariado por la emancipación conjunta.

En 1907 se fundó la Internacional Socialista de Mujeres con dos acuerdos importantes: ruptura de relaciones con el feminismo burgués y compromiso de los partidos socialdemócratas de defender el derecho al voto de las mujeres.

Tras la revolución de 1905, empezó a desarrollarse un fuerte movimiento feminista en Rusia, bajo el impulso de Alejandra Kollontai, autora de «Las bases sociales de la cuestión de la mujer». Y en 1908 tenía lugar en San Petersburgo el Primer Congreso Femenino de todas las Rusias.

En 1909, en los EEUU se empezó a celebrar el Woman's Day, en el último domingo de febrero, con manifestaciones por los derechos políticos y económicos de la mujer. Y en 1910, la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, de Copenhague, estableció esta fiesta con carácter internacional. La fecha fue variando hasta quedar fijada en el 8 de marzo, cuando las mujeres rusas se amotinaron este día (23 de febrero de su calendario), acto que fue preludio de la Revolución Rusa de Febrero.

La Primera Guerra Mundial fue un momento de crisis en el movimiento feminista, de división entre las mujeres que daban apoyo a la guerra, por motivos nacionalistas, y aquellas que defendían la paz.

En 1917, con la Revolución Rusa, empezó un período de realización de los ideales de igualdad para la mujer, con independencia jurídica, libertad sexual, guarderías, etc. Alejandra Kollontai decía que había que hacer la revolución dentro de la familia, para establecer una nueva idea de los sexos. Pero fue como una corta primavera: cuando el estalinismo hizo degenerar la revolución, también se degradó aquella experiencia.

En 1920, las mujeres conseguían, finalmente, en derecho al voto en EEUU, y en 1928, en Gran Bretaña. Asimismo, en 1933 en España y en 1946 en Francia. Pero había habido unos países pioneros: Finlandia (1907), Rusia (1917), Suecia (1918).

Fuera del mundo occidental, hay que hablar de la Revolución China de 1949. La Ley de Casamiento de 1950 emancipó a la mujer dándole plena igualdad jurídica en relación con el hombre, dentro y fuera de la familia.

Durante los años 60 y 70, el movimiento de reanuda en los países occidentales con cierta fuerza, planteándose ahora varios objetivos jurídicos y socio-económicos: derechos jurídicos de la mujer casada, divorcio, aborto, no penalización del adulterio, oportunidades para el trabajo de la mujer, igualdad salarial... El grado de consecución de estos derechos es todavía desigual según los países.

Y bien... Ni eso es todo, ni ha terminado aún. Como en muchas otras cuestiones, la lucha continúa. Podríamos acabar con unas conclusiones:

1) Los períodos en que la lucha de las mujeres ha sido más intensa han sido aquellos en que ha sido más intensa la lucha de las clases populares: Revolución Francesa, Revolución Rusa, Revolución China, años 60-70.

2) Todo lo que las mujeres han conseguido se lo han tenido que ganar luchando. No se lo han regalado, ni tan sólo sus mismos compañeros.

Aunque las dos anteriores conclusiones parezcan contradictorias, no lo son: todo gira alrededor de la dialéctica, las contradicciones y las luchas, en una mezcla compleja. Lo que los hombres hemos de tener claro es que la lucha de las mujeres es también «nuestra» lucha, porque son nuestras compañeras en la familia, en el trabajo, en el estudio, en la lucha política y en la amistad. Y cuanto más puedan ellas autorrealizarse, también más recibiremos de ellas en la mutua interrelación.Adelante todos.

Antoni Ferret

(Información extraída, casi totalmente, del trabajo «La lluita pels drets de les dones: Dia Internacional de la Dona», de Carme López.)



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