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Entrevista al músico Pedro Conde:
Por OSVALDO QUINTANA -
Friday, May. 19, 2006 at 9:39 AM
Quintanaos@yahoo.com.ar 154409688
Pertenece a la generación de Malvinas, aquella que fue creciendo a los tumbos dentro de un clima de represión y muerte, mirando al mundo de costado, marcada a fuego por la última dictadura militar. Compone desde los 19 años, cuando la realidad de la calle le movió el piso y todo su mundo comenzó a desmoronarse. Así, con su primera guitarra de cuerda de acero comprada un 24 de Marzo de 1976, Conde debuta por Abril de 1982 cantando contra la guerra en medio de una fiebre belicista que cubría corazones y mentes. Cuando muchos subían a un escenario pidiendo mantas y chocolates para los combatientes, Pedro tomaba el micrófono y gritaba: “Manden pasajes de vuelta, hijos de puta. Esto es una masacre”. Enrolado generacionalmente dentro del rock nacional, levantado por los militares en aquel entonces a consecuencia del conflicto armado, sus letras combativas y su poesía cruda pero esperanzada se abrió paso rechazando la maquinaria comercial y los encasillamientos estériles. Grabó y compartió escenarios con innumerable cantidad de músicos y artistas como Enrique Simns, Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, El Soldado, Pedro y Pablo, Piero, Edelmiro Molinari y Rodolfo García (Almendra) incursionando en distintos géneros musicales como la murga, el candombe, el rock, la milonga y el jazz. Pese a ello su obra aún no tiene el reconocimiento que se merece. Con ustedes, parte de la historia de Pedro Conde, un juglar, un poeta, un cantautor, pero, por sobre todas las cosas, alguien que sabe que hacer y decir cuando empuña una guitarra.
Tendría cinco años cuando, luego de una destacada actuación escolar, su familia le ofreciera optar entre estudiar guitarra o canto. Pedro no dudo y eligió… ambos. Así, será el uruguayo Manuel Picón, integrante del grupo Sanampay y amigo de Alfredo Zitarrosa, quien le enseñará a poner los dedos en la guitarra, los primeros tonos y algunas piezas infantiles y de Don Atahualpa Yupanqui a quien, muchos años después, homenajearía junto a otras figuras pertenecientes al llamado “rock nacional”.
“Hoy murió una flor, murió una niña, murió un ave. / Y el colectivero sigue vendiendo boletos, / y las financieras traficando con dinero” (Más allá del mañana)
- Pasaste tu adolescencia en plena dictadura militar.
- Mi adolescencia transcurrió en el internado del Instituto Social Militar Dr. Dámaso Centeno (el que describe Charly García en Aprendizaje donde canta: “aprendí a ser formal y cortés”)
El 24 de marzo antes del mediodía, mi papá me compró mi primera guitarra de cuerdas de acero (una Kuc) y hasta el año 1980, crecí en un mundo sin conflictos con todo lo que pasaba afuera, salvo por recibir en el dormitorio niños huérfanos de militares caídos en la lucha “antisubversiva”.
Me tocó ver las cosas desde otro lado, pues esos pibes se hacían pis en la cama y despertaban con pesadillas muchas veces. Yo tendría 15 o 16 años y era quien estaba a cargo del dormitorio común.
La primera vez que escuché la palabra desaparecido fue en enero del 80, pero sin comprender bien de qué se trataba.
- ¿Cuándo comenzaste a componer?
- Empecé a componer para ese tiempo, cuando el mundo en el que había estado metido en toda mi secundaria empezó a desmoronarse frente a una calle y una realidad a la que no había sido invitado ni preparado para afrontarla.
Las canciones empezaron a salir solas y el primer verso de la primera de ellas decía”cuando sentís tu soledad, querés tener alguien al lado...”
Pedro venía de transitar otros caminos hasta que se topó con una realidad impensada. Y esa necesidad de comunicar todo lo que pasaba con él y su entorno encontró cauce dentro de las aguas del rock nacional y el periodismo “alternativo”.
“Quiero ver crecer mis hijos sin temor/sin una autoridad que los limite. / Por eso vivo así, viajando sin parar, /dando ejemplos de vida y no de muerte. (La historia de Jorge Pistocchi)
- ¿Cómo fue el cambio de trabajar en Prefectura y estudiar abogacía a entrar al mundo del periodismo alternativo y el rock?
- Fue como encontrar el martillo para empezar a romper el hormigón en el que me había criado y al cual tuve que suscribir obligatoriamente pues no había alternativas. La verdad que todo eso se sintetiza en una sola persona: Jorge Pistocchi (Fundador de la revista Expreso Imaginario y, por aquellos años, impulsor de la Pan Caliente, publicación donde Conde comenzará a hacer sus primeras experiencias dentro del periodismo y donde, días después, invitará a incorporarse a su amigo Enrique Symns). Creo que no fui el único, pero tuve la suerte de vivir muy cerca de él todo ese proceso hasta la llegada de la democracia.
“Le siguió un nombre totalmente desconocido: Pedro Conde. Este solista local cosechó la primera ovación del día con canciones de fuerte contenido social que tuvieron inmediata respuesta en una audiencia sensibilizada” (De “Barock, un espejo para mirarse” en revista Pelo Nº 176, Noviembre de 1982)
- A los 20 años grabaste tu primer disco y tocaste en BAROCK ante miles de personas y uno de tus temas fue difundido en las radios de la época. ¿Cómo te pegó todo aquello por esos años?
- Se me subió a la cabeza y ni me di cuenta. Era muy fuerte a los veinte años estar diciendo lo que muchos de los que no fuimos a Malvinas por un pelito sentíamos frente al ridículo de esa guerra de opereta.
La difusión sólo ayudó a hacer más estruendoso el silencio que vendría después. Acá es muy simple: si no triunfas en los tiempos indicados por los parámetros de la industria, dedicate a otra cosa, y si seguís porfiando, como decía Mezo Bigarrena, “probablemente no te quede un diente y no encuentres ni una teta que mamar”
“Soy quien da la vida defendiendo tierras/ a las que mañana no podré sembrar” (Milonga de Plaza de Mayo)
- Tu primer disco está marcado por Malvinas y refleja un triste estado de cosas dentro del corazón del hombre y la esperanza de tu generación de modificar todo aquello. ¿Cómo ves a la distancia ese primer trabajo?
- Afortunadamente la gente que lo conservó en su recuerdo y a través de la página me da tranquilidad de que no fue en vano toda esa melancolía por el futuro que se nos venía. La gente me devuelve con el tiempo una visión menos horrible de ese trabajo, que si bien llegó a muchos, nunca se reflejó en cifras de venta, lo que lo había ubicado en la categoría de fracaso, pero que a la distancia tuvo sentido: o sea, si no fue suficiente para fundar una carrera, sirvió para transmitir cosas que jamás volví a escuchar en los medios.
“Es necesario que nos demos cuenta de que el dedo nos duele a nosotros y a partir de allí, tratemos de unirnos para buscar las verdades que nos rodean exigiendo una participación directa en las decisiones que puedan afectarnos; renunciando a delegar esa responsabilidad en representantes…” (Ckaya Mincha por Pedro Conde en revista Pan Caliente Nº 6, Junio de 1982)
- ¿Por qué dejaste de tocar al llegar la “apertura democrática”?
- El 10 de diciembre de 1983 fui incluido en las fiestas por la llegada de la democracia y al actuar allí me di cuenta de que el problema empezaría al día siguiente, cuando la gente volviera a mirar la vida a través de las persianas nuevamente. Las rejas llegarían años después. Por eso preferí volcarme a estudios en la universidad (Antropología) y largué la obligación de seguir recorriendo el espinel que hoy lleva a “Operación triunfo” o cómo llegar a ser el empleado del mes firmando autógrafos.
- ¿En que consistió la experiencia de Los Anartistas y por qué se separaron a los pocos meses?
- Fuimos un grupo (cooperativa de solistas con fines de locro) que siempre se encontraba en los recitales solidarios. Así es que decidimos juntarnos tratando de aunar esfuerzos en ese afán solidario que daba sentido a nuestro laburo.
Allí estuvo gente de Lafuente, Musica Ficta, y solistas de diversos lugares del país.
El problema es que empezó a tallar el “comunismo hindú” (todo pa mí, nada pa tú) y la solidaridad con el mundo pasó a ser el quiosquito de algunos, lo que determinó mi desvinculación y por ende el fin de la movida.
- Tu segundo trabajo discográfico, editado tardíamente y sin ningún apoyo de la grabadora, sumado a la separación de Los Anartistas, te produjo una visión más oscura y cierto descreimiento respecto al futuro. ¿Qué pasó con vos luego de esa etapa?
- “Sin presupuestos” fue el final de la ilusión de que a partir de un puñado de canciones se podía cambiar el mundo. Mientras tanto el mundo me recordaba que el que debía cambiar era yo, así que para no hacer caso de ese mandato, mandé todo a la mierda. Así fue que lo conocí al vasco Mezo y mi cabeza explotó de pasado y todo el futuro se volvió más claro, si no había apoyo de la industria ni del estado ni de nadie, podría seguir haciendo igual lo que venía haciendo desde niño: tocar y cantar; y encima sin condicionamientos: en suma volvía a ser libre.
“Pero es bien sabido/ que la cima aburre, / que hay otros picos/ que faltan escalar” (Vidalita del paralelo)
La búsqueda de Pedro continuará su camino “renegando de cada uno de los espacios donde las cosas terminaban virando para el lado comercial”.
A la fallida experiencia de Los Anartistas se le sumará el trabajo con Mezo Bigarrena en 1986. Junto a Rodolfo García (ex baterista de Almendra y Aquelarre entre otros) integrará el grupo La Barraca, allá por 1990. Después llegarán otras experiencias de música celta (junto a Xeito Novo), murga (Mozzi y el Murgón, Herederos de Palermo, Atrevidos por costumbre) y candombe (Afrocandombe) hasta que en 1998 pase a integrar la banda de El Soldado.
“Malena alumbró de luna/ Llena de luna su vientre creció. /Malena viene con una/ canción de cuna de bandoneón” (Malena (canción de cuna) con Afrocandombe)
- Contanos un poco de tu experiencia con las murgas y el candombe.
- Lo máximo. Me costó una familia y un páncreas, pero no me arrepiento. Conocí el fervor por participar de un hecho artístico colectivo en un solo afán. Uno con los demás. Buscando alejarme de los profesionales creídos acudí a los aficionados apasionados, pero allí también se cuecen habas y al fin que el conflicto reside en quien se queda con el micrófono. Pero entre tantos, siempre hay grandes "artistas aficionados" que sostienen sin figurar y embellecen todo lo demás. Murgas argentinas, uruguayas y candombe, están cerca de la gente pues están hechas por gente y no por profesionales de la música.
- ¿Qué pasó con tus estudios de Antropología?
- En una clase magistral, el decano Herrán nos sugirió a todos los alumnos a afiliarnos al sindicato de taxistas, para ganar tiempo con los aportes, pues de eso deberíamos trabajar al terminar la carrera. Creo que eso me desanimó, no la carrera sino quienes la guiaban y calificaban.
- ¿Cómo fue el tema por el que te operaron las manos?
- Fatiga de material. El túnel carpiano o enfermedad de las ordeñadoras produce el adormecimiento de las manos y los brazos hasta niveles inaguantables. Luego de tantos años de apretar el mango de la viola para hacerla cantar, me produjo ese cuadro y corté por lo sano. Ahora toco más que antes pero sin que las manos se me duerman.
- Contanos tus últimas experiencias con Viviana Casabella y Teodoro´s Jazz Band.
- Junto a Viviana Casabella, actriz y psicóloga oncóloga, experimenté uno de los principios en la escuela hipocrática: al paciente se lo imbuye de poesía y música antes de darlo a los médicos. Poesía y música tal cual hubiera podido ser hecha en la Grecia antigua, despojada de todo artilugio técnico. Hilvanando sensaciones sin más elementos que una guitarra y una voz.
La orquesta de los Teodoros surge como un juego con el cirujano que me operó las manos y su hermano, un abogado que estudia conmigo desde hace una década. Además hay otro boga que actúa, un contador público que conocí en el subte y que toca y ama la música a pesar de no haberse dedicado nunca, por lo cual también se adueña de su tiempo para realizar ese sueño. Todo eso enlazado con otro actor que va llevando a la gente a través de una historia con canciones. Es un juguete de profesionales aficionados abocados a devolverse su tiempo. O algo así.
- ¿Por qué, pese a haber tocado con infinidad de músicos, tu obra resulta casi desconocida para un montón de gente y tus discos son prácticamente inconseguibles?
- Creo que el no honrar el estado de las cosas te lleva a no ser honrado por el estado de las cosas. La obra es una y es uno, lo demás son instalaciones. La ventaja con las canciones es que uno las larga y no se sabe hasta donde llegan, pero aseguro una cosa: las canciones son boomerangs y siempre vuelven. Eso me confirmó que la decisión de no seguir cantando para sordos no fue mala, digamos que me amputé del sistema, pero le sigo picando.
La ventaja de Internet es que a pesar de ser cajoneado por las compañías, hoy existe la libertad de comunicarnos e intercambiar nuestras creaciones, así que estamos viviendo un impasse muy importante y que no se sabe cuanto va a durar, pues ya hay hordas de amargos viendo la manera de alambrarlo para lotearlo, venderlo y lo que es peor: excluir a los que no se avienen al sistema y sus condiciones.
“Pero a pesar del mal sigo pariendo/ día a día un cielo en mí/ para crecer sembrando estrellas. / Se hace difícil dar belleza/ a un mundo que se destruye” (Los piratas y la luna)
- Siempre renegaste de todo lo que oliera a comercial has tocado en los barrios y encaraste un montón de proyectos en forma independiente. Hoy tocas en el subte. ¿Por qué seguís con esa coherencia cuando muchos ya se han entregado a la maquinaria comercial del rock?
- Gracias por lo de coherencia. Yo lo llamaría mejor la única vía de escape, sintetizar qué es lo que querés y para dónde apuntas, lo demás son obstáculos para sortear. No te niego que quizá me muera sin haber viajado en limousine o en helicóptero, pero por lo demás sigo tocando y produciendo en mi entorno muchas más situaciones de magia que un gerente de banco o un inspector de la AFIP. El rock es otra lata de sopa Campbell.
“Tratado de burlas viejos prejuicios/ juntando rocanroles y muñeiras, /saltando del misterio a lo desconocido/ Sacando risas de tristezas” (Viejos prejuicios con Xeito Novo)
- En tu primer disco se reflejan las ansias y esperanzas de cambio de una generación. ¿Cuáles son los sueños y esperanzas que te impulsan a seguir?
- Los hijos primero que nada. Hoy yo rescato la obra de otros autores y me reconcilio con los temas viejos que hoy ellos redescubren y me piden que les enseñe. Fijate que justamente antes de ayer estuve con Rodolfo García que trabaja para el gobierno de la ciudad y le conté que mi hijo Juan descubrió los discos de su padre, entre ellos el “Caballo Rojo” y me ayuda a revisar un material que todavía sigue vigente en cuanto a mensaje y actitud artística.
Sigo también por la costumbre de no dar el gusto a los amargos que te dicen que te bajes de la vida porque ya nada queda por delante. Por la certeza de que en algún lugar alguien me espera aunque todavía no nos encontramos... Para llevarles la contra a los que pretenden que todo acabó. Pero sobretodo porque ya no pienso que espero de la vida y sí en qué es lo que espera de mí la vida.
- Te tocó el rol de artista en un tiempo difícil. ¿Qué es lo mejor y lo peor que te pasó en esta profesión?
- Lo mejor es esto, seguir conservando la ilusión de que algo puedo hacer para que este mundo sea más lindo y más feliz.
Lo peor, la envidia que eso genera y que a veces está tan cerca que no te das ni cuenta hasta que la traición te despabila.
“El miedo se hará carne/ si agachas la cabeza por tu vida. /Rodará sin remedio. /Yo elevo mi frente y canto”. (El caderón)
- Últimamente has tocado en el acto del 24 de marzo y en fábricas recuperadas, siempre apoyando causas populares como en tus comienzos. ¿Cómo viviste la realidad política y social de este país?
- Como un trabajador sin trabajo pero con mucho por hacer. Tengo la suerte de hacer música, si fuera tornero o maestro, ya me habría pagado las tetas y probado otra salida, pero la música es mi conexión conmigo y con los demás, eso me da fuerzas siempre.
“Ya lo aprendí. Soy rico”- remarca convencido.
Después comenta que sus últimos trabajos, editados en forma independiente (“En el barrio de la Boca” Y “Subterraneo”) son vendidos”directamente al cliente” desde su página web (http://www.pedroconde.com.ar) o en su parada de la estación Diagonal Norte de la Línea “C” en Capital donde todos los días de 8 a 14 Pedro acomoda su banquito, el amplificador y vuelve a empuñar la guitarra. “Soy un músico subterráneo”, bromea, mientras su voz va expandiéndose lentamente desde abajo. Desde donde siempre brota aquello que perdura.
DISCOGRAFIA:
“Realidad” (1983)
“Edelmiro y la galletita” con E. Molinari (1983)
“Sin presupuestos” (1985)
“Viaje de vida” con Mezo Bigarrena (1986)
“Caballo Rojo” junto a La Barraca (1990)
“Galimérica” junto a Xeito Novo (1995)
“Suena el río” con Afrocandombe (1999)
“Tren de fugitivos” (96), “Alas rotas”(98), “De cardo y clavel”(2000) y “De catálogo”(2003) junto a El Soldado.
“En el barrio de la Boca” (2002)
“Subterraneo” (2004)
MILONGA DE PLAZA DE MAYO
Soy uno de esos jóvenes de quienes hablan
los que luchan desde atrás de un escritorio.
Soy la sangre nueva, soy las manos fuertes
pero para decidir un inconsciente.
Soy quien da la vida a cambio de una causa
que por lo general no es la mía.
Lo que me hace diferente de los niños
es la pérdida de fe en mis mayores.
Esos que prometen, hablan y almacenan
todas mis esperanzas en un archivo.
Soy quien da la vida defendiendo tierras
a las que mañana no podré sembrar.
Soy un joven que no puede hablar muy fuerte
porque lo que dice no es muy conveniente.
Pero les aclaro que mi canto es libre
y lo será aunque mañana me fusilen.
Que comprendan los que ordenan dar la vida
que su vida es un milagro y como tal deben apreciarla.
RUEGO MAGICO (Junto a Patricio Rey y los Redonditos de Ricota)
Juntó sus nueve dedos en un ruego mágico
hincado ante los ojos de diez mil católicos.
Pidió que liberaran sus pechos herméticos
y vieran con el alma el dolor del prójimo.
Desnudo se acercó a los concurrentes pálidos,
se flageló las carnes entonando un cántico.
Mas lo escupieron todos por ese espectáculo
y guardias de la ley cortaron su carótida.
Se llevaron sus restos hasta un baño público
pero en el inodoro no entró el cuerpo exánime
por eso fue que lo descuartizaron rápido
para arrojar los trozos a un tanque atmosférico.
La procesión de fieles siguió con su música
aunque esto le parezca absurdo y terrorífico
para ellos lo ocurrido resultó anecdótico
como la guerra que los reveló fanáticos.
Volvieron a sus vidas después de la prédica
guardaron las banderas con impresos místicos.
Bloquearon sus cerebros con tontas imágenes
paridas sin esfuerzo por la caja estúpida.
Para las fechas patrias volverán los símbolos,
para el fin de semana: fiaca, gol, película.
Pero en sus pesadillas sonará aquel cántico
donde se destacaba la palabra hipócrita.
Publicado en Revista Paranaense “El Colectivo Nº 9 –
Elcolectivo2004@yahoo.com.ar