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Ni furia, ni violencia, ni caos: escarmiento
Por (reenvío) Dilitio -
Friday, May. 18, 2007 at 4:16 AM
“Voy a terminar con los sinvergüenzas que explotan mal los servicios privatizados” (K.) CONSTITUCIÓN ARDE II
NI FURIA, NI VIOLENCIA, NI CAOS:ESCARMIENTO.
“Voy a terminar con los sinvergüenzas que explotan mal los servicios privatizados” (K.)
Tras años de malos servicios, aunque no es la primera vez, la furia popular se manifestó, no “espontáneamente” como titulan los medios sino por acumulación. Las quejas de los pasajeros dieron paso a gravísimos incidentes en el hall de la estación.
A los gritos, cientos de manifestantes destrozaron las boleterías y se enfrentaron con policías que custodiaban la terminal. Hubo peleas cuerpo a cuerpo. Desbordados, los efectivos se refugiaron en la sede de la División Roca de la Federal, que también fue atacada.
Luego, llegó la infantería y respondió a su reflejo instintivo y corrió detrás de los supuestos “vándalos” que corrían para no perder el tren que no funcionaba. Lo que, a su vez, generó una respuesta defensiva del público ya aclimatado al estallido. Vuelta a volar cascotes contra los polis que a su vez respondían con gases lacrimógenos.
Tratando de entrar a la zona de andenes, donde normalmente se controla el pasaje, la policía impidió el paso de varias personas de forma violenta y sin ningún justificativo (gente que solo se quería alejar del despelote y llegar a alguna formación).
En el andén 7 estaba un tren repleto de gente que no salía y no se daba ninguna explicación por qué. Para esto seguían llegando formaciones y la gente pasaba de una a otra (si la policía se lo permitía) según informaba desorganizadamente algún parlante. No había obviamente una sola persona de TMR.
Posteriormente la larga transmisión en cadena de las noticias oficiales insistieron con las declaraciones de Jantus, que cambiaron de anoche a hoy a la mañana, pero en ningún momento dejaron de ser vergonzosas.
Anoche, insitía que estaba preparado basándose en que nadie lleva piedras en la mochila (mostrando un par de ladrillos de los que se están poniendo en el anden 7). Hoy a la mañana mostraron las pilas de materiales que hay en la estación y no pudo insistir con eso.
Una vez más, el desmanejo y la impunidad de Metropolitano (TMR) generan situaciones de riesgo y angustia para usuarios y trabajadores.
Esta vez la suspensión por más de una hora de los servicios eléctricos y diesel desbordó el estado de ánimo de los usuarios, generándose nuevamente hechos de dura protesta en la estación de Constitución.
Lo reiterado de la situación desvirtúa aún más las vergonzosas declaraciones del vocero de la empresa, Fernando Jantus, quien desliza hipótesis conspirativas, pretendiendo esquivar las evidentes responsabilidades que le caben. A esta estrategia se le suma la mentira lisa y llana, cuando afirma que la situación se generó por quince minutos de demora, cuando fue más de una hora de espera y desinformación el preludio de los incidentes.
Más vergonzantes aún fueron las declaraciones de Kirchner, que aseveró que “Se viaja mal porque hay mayor cantidad de compañeros que viajan, porque gracias a dios, hay más trabajo”
UN POCO DE HISTORIA: La destrucción de la red ferroviaria
Si se podían entregar los ferrocarriles, donde estaban los
trabajadores organizados más numerosos, mejor formados, cultos y poderosos, el resto era pan comido.
El primer ataque del establishment fue incentivar en la opinión pública la bronca del público usuario hacia el ferrocarril y los ferroviarios.
El gobierno menemista, con el operador de estos, Cavallo y compañía, mas Dromi, no pudieron hacer la privatización en forma de venta, porque nadie en el mundo compra ferrocarriles.
Entonces los concesionaron, de forma tal que el estado puso toda la plata y el concesionario tres o cuatro socios del directorio, nada más.
Se les entregó material ferroviario recién reparado con una inversión enorme, en vías, etc., a cada uno de los concesionarios. ¿Y que hicieron los concesionarios?
Agotaron la vida útil de los materiales, hicieron el negocio de máxima ganancia y mínimo gasto en mantenimiento, mientras las inversiones las hacía el estado con unos sobreprecios enormes, que se los terminaban quedando los concesionarios.
El mayor triunfo de este modelo privatizador de Cavallo fue desestructurar el país.
Y esta desestructuración requería una empresa ferroviaria que no forme un sistema, sino que forme micro negocios para distintos grupos empresarios.
Un servicio público trata de cubrir servicios esenciales para un bienestar mínimo de la comunidad.
Para poder hacer esos micro-negocios se los desafectó de las obligaciones de servicio publico, y se les dijo: “ustedes corran los trenes por donde les convenga”; y ese “por donde les convenga” dio como resultado que, de los 39.000 Km. dados a los servicios de carga, solo estén en operación unos 7.000 Km.
El estado actual del sistema ferroviario, es producto de lo que viene ocurriendo con las concesiones del ferrocarril desde el inicio. Se trata de contratos de concesión, que al poco tiempo de ser firmados fueron renegociados, porque “se dieron cuenta”, a los meses de firmado, que esos contratos no servían, con lo cual está claro que los contratos no fueron hechos para cumplirlos, como debe ser, sino para ser renegociados.
Que un ferrocarril llegue a un pueblo siempre significó una
expectativa a un progreso. Hay que escuchar los informes de los obradores de ese lugar: “No nos dábamos cuenta, el tren nos daba vida”
En Tafí viejo, Tucumán, estaba el taller ferroviario quizá más importante de Latinoamérica. Cuando existía el ferrocarril, el taller funcionaba a pleno, trabajaban miles de personas, con una formación técnica única. Hoy la pobreza y la desocupación están instaladas en el pueblo
y sus alrededores.
Cuando empieza el proceso de concesiones, el ferrocarril tenía unos 95.000 trabajadores, necesarios dada la extensión que tenía la red y los talleres que operaba. En la actualidad hay no más de 15.000 ferroviarios.
Desde que fueron privatizados no cambió absolutamente nada, salvo un poco de pintura y un par de guardias de seguridad por estación.
Cualquier obra de remodelación que se vea en andenes de algunas estaciones, son financiadas por el estado, por más que pongan un cartel adjudicándose las obras los concesionarios.
La concesión fue una transferencia de ingresos a un grupo muy reducido de empresas que se quedaron con los ramales más productivos y no hicieron la menor inversión siquiera para mantener el nivel operativo
con que les fueron entregados los materiales.
Los ramales menos productivos fueron pasados a los gobiernos provinciales. Es decir, el viejo recurso de siempre: socializar las pérdidas y apropiarse de las ganancias.
Dilitio / 16 de Mayo de 2007