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Balance de las elecciones del 2007
Por Fernando Armas - Tuesday, Oct. 30, 2007 at 1:40 PM
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Las elecciones demuestran el dominio ideológico y politica de la burguesía sobre los trabajadores y la impotencia de los aparatos de izquierda para ser referencia

Balance y perspectivas de las elecciones presidenciales del 2007

1) La previsible victoria de Cristina en primera vuelta confirma el curso de fortalecimiento del Gobierno en su capacidad bonapartista, no sólo en relación a las masas explotadas en general, sino como árbitro entre las diversas fracciones de la burguesía.
2) Pero además, los resultados electorales fortalecen al régimen político en su conjunto, rearmado luego de la crisis de gobernabilidad del 2001. Es que la "oposición" juega un papel de partenaire del Gobierno, tanto en su ala "centroizquierdista" como "derechista". El hecho que las derrotas electorales del Gobierno (especialmente en las grandes ciudades) haya sido capitalizada alternativamente por una u otra oposición (con el insólito y volátil caso de la Capital Federal, que pasó en meses de ungir a Macri como Jefe de Gobierno a respaldar masivamente a Elisa Carrió), nos habla de un fortalecimiento global del sistema en su conjunto.
3) Es que la "derrota" en los grandes centros urbanos (Capital Federal, Rosario, Córdoba, Mar del Plata, La Plata, Bahía Blanca), no implica para el modelo K una pérdida efectiva de poder, en tanto esos resultados electorales no lo construyen como alternativa opuesta al Gobierno, sino más bien como botín a negociar. En verdad, el fenómeno de los radicales K es el espejo en el cual ya se miran varios triunfadores (es notable el caso de Binner en Santa Fe, por ejemplo).
4) Por otra parte, el kirchnerismo cuenta con mayoría absoluta en ambas cámaras, y le bastaría una mínima negociacion parlamentaria para obtener los dos tercios en el Congreso.
5) El proceso electoral fue, quizás, el más despolitizado y carente de interés de la historia argentina. Como en un juego de cartas marcadas, "ganadores" y "perdedores" ocupaban su lugar en la escena política, ya antes que los votos sancionaran su condición. Es que la burguesía y sus partidos (que no tienen ningún interés en que las masas escuchen debates de ideas) corrieron con la ventaja de hacer campaña en condiciones de un pronunciado reflujo en la lucha de los trabajadores, y más aún, en el hecho inocultable que las importantes luchas de los años anteriores (Garrahan, subtes, Fate, trabajadores de la salud y de la educación en diversas provincias, etc.), no lograron forjar una vanguardia políticamente independiente.
6) Sin pasión ni entusiasmo, el pueblo argentino creció en ilusiones democráticas. El llamado "voto bronca" se redujo a su nivel histórico. El desinterés general (que se expresó en el alto índice de ausentismo, y en particular, en la borrada de los Presidentes de Mesa), no puede ser considerado, ni siquiera, un coletazo de aquel masivo repudio al sistema de las elecciones de octubre del 2001 (que precedieron a la gesta de diciembre y al "que se vayan todos"). No es un signo de rechazo al sistema, sino de una aceptación pasiva e indiferente del mismo. El aparato más importante de la izquierda (el Partido Comunista Revolucionario -PCR), al que se le sumaron múltiples grupos a su planteo, fue claramente derrotado: el voto en blanco y nulo retrocedió a sus niveles históricos en todo el país, y algunos fenómenos locales no responden por cierto a dicha campaña a favor del voto bronca.
7) Las distintas opciones de la izquierda no logramos referenciarnos siquiera como alternativa testimonial. Hay causas objetivas para esto: el desarrollo capitalista de los últimos años, en un contexto mundial favorable para tal cosa, potencia a las alternativas de la burguesía nacional, y coloca como irreales a los planteos socialistas revolucionarios. Pero hay también causas que nos involucran, que son concretas y subjetivas:
a) el divisionismo sectario.
b) el aparatismo con el que los principales grupos de la izquierda intervinieron e intervienen en las luchas, operando como bloqueo a la necesaria maduración política de la vanguardia.
c) el exitismo que no entiende la realidad adversa para la revolución proletaria, lo que también deviene en una impotencia visceral para forjar el frente único por las reivindicaciones mínimas.
d) La incomprensión de la lucha antimperialista en relación a las ilusiones que tienen las masas en un desarrollo capitalista nacional. En lugar de unir con banderas simples que agrupen políticamente contra el proceso de concentración y extranjerización del capital, los aparatos de la izquierda dividen como aparatos, y no por ideas.
Hemos sufrido una derrota importante. En cantidad de votos, en representación parlamentaria, y especialmente, en la incapacidad para plantar las ideas fundamentales de cara a futuro. El hecho de que quien "salvó la ropa" sea el Proyecto Sur de Pino Solanas, demuestra hasta qué punto, como izquierda revolucionaria, fuimos impotentes para proyectar en términos de independencia de clase la lucha antimperialista. Esta quedó en manos de una variante pequeñoburguesa del nacionalismo, potenciando además a un sector de la burocracia sindical (la dirección de la CTA de Víctor De Genaro).
Si superábamos estos factores que sí dependían de nosotros no hubiéramos modificado esencialmente el fenómeno general de dominio de la burguesía, pero nos hubiéramos plantado como una fuerza unitaria de mayor peso, de cara al futuro que se viene.
8) Ese futuro que se viene plantea las siguientes prioridades:
a) Para la clase dominante en general y el Gobierno en particular, anudar los acuerdos que permitan imponer un pacto social.
b) Asegurado ese objetivo, avanzar en lo que ellos llaman un "plan de inversiones", para lo cual tienen que asegurar a las grandes multinacionales rentabilidad y seguridad jurídica y social (tarifazos, subsidios, orden y seguridad contra la conflictividad social, etc.).
c) Recomponer y revitalizar el régimen político, aprovechando los resultados electorales dando más lugar al juego parlamentario, usando ese "logro" como prenda de mejoramiento institucional, fronteras adentro y, especialmente, fronteras afuera del país. La "oposición" burguesa está presta a brindar sus servicios para este objetivo.
d) Para la clase obrera y el pueblo explotado de la ciudad y el campo, poner en primer plano las reivindicaciones mínimas y elementales, bucando intervenir en las negociaciones que desembocan en el pacto social, a partir de los mandatos de las asambleas de base. Esta es la piedra de toque para combatir justamente la tregua que el gobierno quiere imponer, a traves de las diversas variantes de la burocracia sindical. Partiendo de los reclamos mínimos de cada sector, es fundamental avanzar hacia un PLIEGO UNICO NACIONAL DE REIVINDICACIONES. Ese es el camino, a emprender sin prisa ni ultimátums, pero también sin pausa, para superar el aislamiento y el sindicalismo corporativo que sufrieron todas las luchas en el último período.
e) Para los socialistas revolucionarios es prioritario intervenir activamente en el proceso antedicho, evitando (e incluso combatiendo) todo accionar ultraizquierdista que aborte la maduración sindical y política del activismo. Es por esto que nuestra unidad en cuanto a grupos de pertenencia genérica a las banderas del marxismo revolucionario, debe estar al servicio de potenciar el llamamiento permanente a una unidad más amplia, bajo la táctica general del frente único antimperialista. Es por esto que es fundamental poner en primer plano de la agitación y propaganda políticas las consignas de corte antimperialista (recursos naturales,
hidrocarburos y energía, industrias básicas, crédito y comercio exterior, etc.), contraponiendo sistemáticamente la riqueza fenomenal que se llevan las multinacionales con la pobreza del pueblo.
f) Pero para los marxistas revolucionarios es fundamental e impostergable, también y al mismo tiempo, nuestro propio reagrupamiento programático y organizativo. El previsible fracaso electoral abre las puertas para la reflexión, el debate y la puesta en juego de modificaciones en la actitud política y en la conducta.
Nuestro grupo intervino en las elecciones con candidatos propios dentro de la Lista 38 del frente Nueva Izquierda en la provincia de Santa Fe. La experiencia fue positiva en tanto superación de nuestra parte de viejos vicios ultraizquierdistas (voto bronca invariable, etc.), y de avanzar en politizar nuestras relaciones construidas esencialmente a partir de la inserción sindical de nuestra militancia. Pero la experiencia no fue fructífera en cuanto a madurar un espacio politico común con las otras fuerzas integrantes del Frente (en especial, con quien dio la legalidad, esto es, el MST). Esta corriente, que se autoproclama por una Nueva Izquierda, utilizó el viejo vicio de excluirnos burocráticamente de la lista provincial para diputados nacionales simplemente porque fuimos críticos a su política movimientista, pro-chavista y aparatista en los frentes de masas.
Esta nueva experiencia con los aparatos tradicionales se suma a múltiples anteriores, desde nuestra expulsion del Partido Obrero en 1988. Hemos aprendido que las direcciones rentadas de los aparatos tradicionales no tienen otra respuesta que el bloqueo expulsivo, no en defensa de sus ideas, sino de sus medios de vida.
Así, hoy por hoy, la principal dificultad para que madure un proceso de reagrupamiento revolucionario que unifique los esfuerzos de los marxistas es el ser social de las camarillas dirigentes de esos aparatos (PO, MST, PTS, PCR, PC), o de aquellas escisiones que claramente reproducen el modelo que los expulsó.
Proponemos un Encuentro de grupos, fracciones y militantes que comparta esta visión primaria de la realidad agrupacional de la izquierda, para avanzar en los acuerdos programáticos y prácticos.
Todo paso que demos en ese sentido será positivo, ya que de no hacerlo, profundizaremos todos el aislamiento político y las tendencias a la desmoralización y a la disolución en la construcción partidaria.

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