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Ley de trata o el país del "como si"
Por Gustavo Vera -
Friday, Apr. 11, 2008 at 3:36 PM
Desde el miércoles, los traficantes de personas, dueños y capataces de las redes de prostitución, amos y señores en talleres clandestinos de costura o calzado, de quintas u obras de construcción que prostituyen y esclavizan a más de medio millón migrantes en todo el país, pueden dormir en paz. Ya tienen una ley que los ampara, aunque aparente combatirlos. La ley votada anoche por el Congreso Nacional concebida para reprimir la trata de personas es una manifestación más del «como si» al que ya nos tienen acostumbrados.
A partir de ahora, las víctimas de trata mayores de 18 años, que han sido traídas mediante engaño o violencia, cuyas familias están marcadas y amenazadas en su país o lugar de orígen, deben probar que fueron coaccionadas y que no prestaron su consentimiento. Si alguna de estas víctimas milagrosamente se atreve a querellar a sus verdugos, aún a riesgo de su propia vida y la de sus familias y a señalar con el dedo la complicidad estatal y policial, no todo estará pérdido para los esclavistas. La pena en tal caso podría ser de 3 años y obviamente excarcelable mediante fianza pagada con el mismo dinero sucio que se obtiene de la explotación y humillación al prójimo. En cualquier caso, los tratantes y esclavistas tienen asegurada la impunidad y la libre circulación por la calle. Ni siquiera se les podrá imputar la violación a la ley de migraciones, porque con dos fotos cuatro por cuatro y una declaración jurada les harán sacar una radicación precaria a sus víctimas en el marco del programa «Patria Grande» y se asegurarán de este modo zafar de una imputación mayor al menos durante varios meses como ya denunciamos el año pasado. En cuanto a la «reducción a la servidumbre» hay tantas opiniones como jueces y para muchos federales es más difícil de probar que la existencia de Dios. El «negocio» de esclavizar con el que grandes marcas acumulan fortunas o de prostituir, donde otros flamantes empresarios realizan su acumulación originaria, ahora goza de mayor protección.
Los defensores de esta ley dicen que es un «paso adelante» porque, por ejemplo, habilitará a un juez a perseguir a los tratantes por todo el territorio nacional. Sin embargo, ante la ridiculez de la pena (la más baja en materia de trata en toda Latinoamérica como denunciara la diputada oficialista Stella Maris Córdoba), no faltarán los funcionarios que argumentarán en el futuro que no se puede dilapidar recursos para aceitar el aparato judicial por «delitos menores» habiendo tanto robo, hurto y secuestro express por las calles. Recuerden a fines de 2006 que Anibal Fernandez, ante la amenaza de muerte a un costurero y sus hijos que habían sido víctimas de trata y que hoy son querellantes, se negó inicialmente a brindar protección policial con la excusa de que era ridículo presupuestariamente asignar custodia a cada costurero que denuncia a sus esclavistas en medio de toda la inseguridad reinante. Tuvo que mediar una causa penal por abandono de persona y un escándalo mediático para que el ministro volviera sobre sus pasos.
Esta ley que vulnera las claras disposiciones del art. 15 de la Constitución Nacional, de los arts. 6 de la Convención para la Eliminación de toda forma de discriminación contra la Mujer y de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que omite tener en cuenta la Convención para la Represión de la Trata de Personas y la Explotación de la Prostitución Ajena ratificada por la ley 11925 y la Convención suplementaria sobre la abolición de la esclavitud, la trata de esclavos y las instituciones y prácticas análogas a la esclavitud, es un escarnio para la sociedad y una violación flagrante de la Constitución Nacional. Genera impunidad y legitima de facto la explotación del hombre por el hombre. Y lo peor del caso, es que todo esto es perfectamente conocido por los legisladores que alzaron su mano para votar los artículos más infames.
Desde ya que impugnaremos a esta ley como discriminatoria de varias de las convenciones que nuestro país suscribió ante los foros jurídicos internacionales que correspondan, proceso que será largo y tedioso. Pero como es característico de la Alameda, lo que decimos con el pico lo sostenemos con el lomo, en consecuencia, redoblaremos las denuncias y los escraches a todo sitio donde anide la esclavitud, sea con fines de explotación laboral o sexual y no cejaremos en la lucha por erradicar la esclavitud allí donde se encuentre porque como dice Silvio Rodriguez «el sueño se hace a mano y sin permiso, harando el porvenir con viejos bueyes».
Gustavo Vera, presidente de la Cooperativa la Alameda