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LOS CAMINOS DE UN PASTOR WICHÍ (1)
Por EPRASOL -
Monday, Jul. 28, 2008 at 5:50 PM
eprasol@arnet.com.ar
Juan Toribio nació un día de octubre del año 1947 en Misión San Andrés, Formosa, segunda fundación de la Iglesia Anglicana en el Noroeste Argentino. Desde muy joven dedicó su vida al evangelio “…desde niño yo tenía la devoción de creer en Cristo” contaba. Siempre pensó en ser predicador y predicó hasta su último aliento.
SU VIDA, RELACIÓN CON LA IGLESIA ANGLICANA, ESTUDIOS, VIAJES Y PRÉDICAS
El gran anhelo de Don Juan era estudiar, pero durante esos tiempos no había tantas posibilidades, era un sueño casi imposible; sin embargo, él tenía el sueño de “ser alguien el día de mañana” y de la mano de misioneros anglicanos aprendió a leer y a escribir y también a tocar muy bien el órgano.
En 1965 se junta con su compañera de vida Carmen García. Tuvieron doce hijos.
David Leake, obispo anglicano y amigo de Juan, recuerda: “… era un personaje muy particular. Silenciosamente y sin proyectarse de gran manera tenía la capacidad de absorber información y una gran habilidad de aprender, de imitar y de ver. Tenía el gran don de poder contactarse. Logró formar redes y contactarse con mucha gente a nivel político, religioso, intelectual, etc. Esto se ve durante toda su vida ya que él pudo, en el mejor sentido de la palabra, aprovechar de esa gente para su propio conocimiento”.
Persiguiendo su deseo de estudiar, caminó 110 kilómetros hasta Ingeniero Juárez junto a su familia, para viajar desde allí hacia la primera fundación anglicana en Salta: Misión Chaqueña. En aquel lugar estudió la Biblia y teología con el fin de inculcar el evangelio a Comunidades Indígenas Wichí muy postergadas.
Junto a los anglicanos recorría la costa del río Pilcomayo en carreta o caminando. Con lluvias, frío o soportando el agudo calor, llegaba a comunidades aisladas. Su hijo mayor, Eleuterio, nos cuenta: “Mi padre iba y venía; visitando comunidades y familias de lugares muy alejados… Siempre iba predicando, yendo de un lugar a otro. Él nos decía que Dios lo llamaba para ir a predicar”.
Don Juan era una persona muy amigable, atesoró muchos amigos durante su vida. Uno de ellos fue un emblemático pastor de la zona, Alberto González. “Mi viejo lo recordaba siempre…” -sostiene Eleuterio- “…no pudo tocar el órgano durante varios años porque al hacerlo se emocionaba. Se acordaba mucho de Alberto… Cada vez que venía a Ingeniero Juárez se encontraban y se iban a un lugar retirado, por un caminito que llevaba a un quebracho colorado grande. Debajo de ése árbol se sentaban a conversar sus cosas.”
Durante la década del ´70 volvió a San Andrés con su familia y allí enseñaba en la escuela de la Misión, pero estaba preocupado por no contar con acreditación que confirme las instancias de escolaridad. Le expresó a su amigo Alberto esta inquietud: “Yo enseño pero no tengo título como docente y a fin de año no cuento con un aval para decir que el niño pasó a tal grado”. Deciden solicitar la designación de una maestra al Ministerio de Educación de Formosa para que de esta manera la escuela de la Misión se incorpore a la educación del Estado. Viene en aquel tiempo la hermana Ángela Garzón Díaz de la Serna para ocupar el cargo de maestra y Juan continúa colaborando como maestro auxiliar.
A fines de 1978 se trasladaron a Pozo Algarrobo. Fueron a un lugar donde no había evangelizados y allí comenzó a predicar. “Predicaba a gente que practicaba su religión tradicional. Abrazó tanto el evangelio... Por las mañanas se levantaba y se iba con la gente al monte a traer comidas. Volvían a la tarde con miel, carnes de todas las clases, hacían la recolección en el monte para todos. Cuando caía la tarde comíamos todos un manjar…” recuerda su hijo.
También viajaron a Embarcación, Salta. Allí estuvo al frente de un programa de radio. Se trasladaba del monte hacia Embarcación y desde allí hacia otros lugares. Así fue transcurriendo su vida de viajes y traslados. Continúa recordando Eleuterio: “Yo veía que la gente del monte, la gente de las comunidades lloraban mucho cuando él se iba”.
En el año 1979 Juan tuvo un problema de salud: le diagnosticaron Mal de Chagas. Físicamente se sentía débil, casi no podía caminar, entonces decidió regresar a El Potrillo. “Recuerdo que nos fuimos desde Ingeniero Juárez en un tractor que demoró como diez horas para llegar, en un trayecto que se hace en tres horas. Él no tenía un trabajo fijo, pero como era carpintero trabajó un tiempo en un aserradero. Realizaba trabajos de carpintería y la otra parte de su tiempo continuaba predicando. Nunca dejó de hacerlo”, afirma Eleuterio.
Con el inicio del período democrático se traslada –sólo por algunos años- al Barrio San Martín en Ing.Juárez, regresando años más tarde a Tartagal, provincia de Salta. Él sentía que debía predicar en esa zona, entonces se trasladaba a las comunidades de Lapacho I y Lapacho II a llevar la palabra. “Nosotros lo acompañábamos como familia y lo esperábamos siempre…” añora su hijo.
Don Juan estaba muy comprometido con la predicación. Continuaba con su misión, yendo y viniendo, predicando y compartiendo con la gente. Como cuenta David Leake “…Juan se crió cuando no había medios para trasladarse de un lugar a otro, era muy difícil viajar. Pero él tuvo la visión y la capacidad de viajar, de recorrer y de visitar a la gente. Un amigo me mostró un itinerario que Juan había confeccionado de los lugares y las comunidades que visitó durante una Navidad. Adonde podía ir, él iba. Era como John Wesley que decía “Mi parroquia es el mundo.”
LA TRADUCCIÓN DE LA BIBLIA EN IDIOMA WICHÍ
El lingüista inglés Robert Lunt, en 1994 trajo a la zona un proyecto sobre la traducción de la Biblia al idioma Wichí, financiado por la Iglesia Luterana. Conformó un equipo de trabajo y Juan Toribio fue uno de los traductores en esta experiencia. Tradujo levíticos, Reyes, Crónicas, Jeremías, lamentaciones, Ezequiel y Zacarías. “Mi viejo ya venía trabajando con Lunt sobre las traducciones de algunos pasajes de la Biblia. Hay varias escrituras en Wichí, cada una con diferentes formas, de acuerdo a su captación auditiva, pero aún no existe una escritura oficializada por parte del gobierno. Participó en algunos Encuentros sobre escritura y fonética Wichí, organizada por la Universidad Nacional de Salta, además siempre colaboraba en las traducciones y por eso también era conocido”.
Juan se sentía muy satisfecho con su labor en la traducción de la Biblia y por haber participado en un ambiente de fe y de amistad. “Siempre alegre y risueño pues le gustaba mucho ése trabajo. Aún en dificultades, en su hogar, en sus viajes, siempre reía...” (Carta de condolencia y despedida a Juan de Robert Lunt)
Al finalizar el proyecto la Iglesia Luterana decide conocer a los traductores y organiza un encuentro en Finlandia. “Mi padre volvió muy agradecido por el trato que recibió en Finlandia, estaba muy contento de haber conocido a la gente de allí. Contaba que era una ambiente muy cálido y cordial. Le gustaban mucho los cantos gregorianos del país, quedó encantado con la ópera y le regalaron varios cassetes. Cuando los escuchaba, recordaba y se ponía feliz. Años más tarde esas personas vinieron a visitarlo a Ingeniero Juárez. Se ponía muy contento cuando recibía a sus amigos.”
“Para Juan el mundo era su mundo” sostiene con nostalgia David, “para él, viajar a Finlandia era como viajar a El Potrillo. Parecía que no era un lugar muy fuera de su ambiente y podía adaptarse muy bien a diferentes realidades. Para nosotros sería todo un evento, toda una aventura viajar a ése lugar tan alejado. Pero Juan tenía esa característica: a los eventos los trataba como incidentes. Normalmente nosotros transformamos incidentes en eventos y agrandamos la cosa”.
SU COMPROMISO DE VIDA: LLEVAR LA PALABRA
“Mi viejo recibió una educación rígida, fue muy disciplinado, decisivo e implacable. Cuando tomaba decisiones las llevaba adelante inexorablemente, y este comportamiento lo trasladó a su familia. Nos enseñaba y nos corregía desde pequeños. Siempre hablaba con nosotros, nos contaba relatos bíblicos, dialogábamos mucho…Todo lo que nos enseñó, todo lo que nos ha inculcado está intacto. A los lugares donde vamos nos respetan. Somos respetados por ser “los hijos de Juan Toribio”. A nosotros nos da mucha satisfacción tener presente lo que él nos entregó” expresan con orgullo sus hijos.
“Para Juan Toribio su vida fue la Iglesia, su fe, la idea de compartir, la idea de recibir humildemente. También fueron los viajes, los contactos y la habilidad de contactarse a través de una red que él tejía. Fascinante es la adaptación de la mentalidad cazador-recolector a la realidad del mundo llamado civilizado”, concluye David.
Juan Toribio fue una persona muy comprometida con la fe, con su gente y su misión de predicador. Estuvo presente donde lo necesitaban. Sus palabras y prédicas fueron alimento espiritual para las familias que él visitaba. Era un amigo ideal. Un hombre perseverante. Oyente, intuitivo y un gran observador. Un caminante del mundo.
El 14 de mayo de 2008 Don Juan se fue físicamente, pero siempre estará con nosotros. Su presencia se siente.
(1) Entrevistas realizadas a Eleuterio Toribio, hijo mayor de Juan, y al Obispo de la Iglesia Anglicana David Leake, amigo de Juan. (Ingeniero Juárez, mayo y junio de 2008)