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El discurso presidencial de Uribe
Por Felipe Cárdenas -
Thursday, Jul. 31, 2008 at 12:41 PM
El Presidente desconoce la labor y los resultados de los estudios de los científicos sociales que laboran en entidades que hacen parte de la estructura del Estado colombiano y que podrían asesorarlo mejor en la configuración de su modelo de desarrollo. Su círculo íntimo –el que le hace sus discursos- no tiene mayor imaginación y no brinda respuestas contundentes a los males que aquejan a la nación. Por mucho que trate de ocultar las voces del capitalismo salvaje en su discurso, su texto es el de la modernidad ultra-capitalista patriarcal.

El discurso del Señor Álvaro Uribe Vélez el pasado 20 de julio de 2008
Felipe Cárdenas
El señor presidente Álvaro Uribe Vélez nos lego el pasado 20 de julio en la instalación del Congreso de la República de Colombia, un texto de antología cómica para los analistas del discurso político y de las prácticas culturales; básicamente la arquitectura de su discurso está referida al reencauche de los discursos desarrollistas. Un análisis rápido de su discurso, entendido como comprensión de su estructura y proceso, nos permite ver la mentalidad dominante en el círculo del poder y establecer los lazos de continuidad de la política colombiana que explican como la ideología dominante es incapaz de reconocer dimensiones de la realidad que le son totalmente ajenas al Presidente de Colombia y a su equipo de Gobierno. Las consecuencias de dichas visiones de mundo son las que explican la endémica situación de atraso cultural que vive nuestra nación y la patología social que tendrá que seguir viviendo Colombia en los próximos decenios. A pesar de sus infatigables jornadas de trabajo en los consejos comunitarios y de la aparente cercanía que mantiene el presidente con las “comunidades”, el presidente-administrador no logra captar la riqueza, dolor y complejidad de nuestra realidad política y social. Para él no existen campesinos, indígenas y negros. No existen en su visión de realidad medianeros, aparceros, migrantes, desplazados, guerrilleros, pescadores, artesanos, indigentes...No logra captar la fragilidad de los ecosistemas colombianos ¡No! Para nuestro presidente sólo existen los datos fríos de una concepción de la economía alejada de la realidad. Por necesaria que sean las cifras, el mapa nunca es el territorio, y las cifras en su formación económica, que nos dice mucho de las Facultades de Economía y Administración y de lo que aprenden nuestros ciudadanos en ellas, no logran agotar la riqueza y complejidad de la realidad política colombiana. La sensibilidad del presidente, no tiene nada de nueva. Los temas dominantes de su discurso están en estrecha relación con los temas dominantes en la visión de mundo unidireccional que ha pretendido ser la única verdad o senda de desarrollo a incorporarse en el marco de la política de Estado de nuestras naciones en los últimos doscientos años. El contexto histórico que ha rodeado el conflicto en Colombia no existe para el Presidente Uribe. En un proceso de auto-engaño lingüístico y mental, su política de seguridad democrática, que no tiene nada de novedosa en la constitución del Estado Político Moderno, simplemente reduce o deforma la realidad cuando a todos los actores del conflicto armado colombiano los cataloga como terroristas, olvidando a-críticamente que a lo largo de la historia de nuestros países, el terrorismo ha sido ejercido en innumerables ocasiones por un proceso objetivo que se denomina terrorismo de Estado y que ha sido constitutivo a la violencia que hemos vivido los colombianos, siendo un factor determinante en la explicación de las condiciones de no-realización de millones de colombianos. La carátula del discurso ignora todo lo referido a la problemática ambiental, a los movimientos sociales y al impacto de las nuevas tecnologías en los procesos identitarios de nuestros pueblos y en el impacto del llamado desarrollo en su supervivencia cultural y ambiental. Para el presidente no existe lingüística estructural, la fenomenología, el marxismo, la hermenéutica o la filosofía del lenguaje. El Presidente desconoce la labor y los resultados de los estudios de los científicos sociales que laboran en entidades que hacen parte de la estructura del Estado colombiano y que podrían asesorarlo mejor en la configuración de su modelo de desarrollo. Su círculo íntimo –el que le hace sus discursos- no tiene mayor imaginación y no brinda respuestas contundentes a los males que aquejan a la nación. Por mucho que trate de ocultar las voces del capitalismo salvaje en su discurso, su texto es el de la modernidad ultra-capitalista patriarcal. Ahora, el presidente es el representante y vocero de toda una mentalidad política y cultural que sólo piensa en modificar la realidad en el marco de un horizonte mental y subjetivo que niega la existencia de mundos-lugares o mundos-regiones diferentes a los reconocidos y conocidos en su estructura de realidad. Las verdades del presidente son incapaces de percibir el punto de vista del otro; no tiene sentido de la tragedia, fundamento para el desarrollo de lo político. Sus verdades sólo entienden de negocio, ganancia, seguridad, empresa, inversión y multinacionales. La labor que nos queda por delante, es una labor educativa ligada al análisis auto-crítico, crítico, humanista y constructivo que arranca en un proceso de construcción de la ciudadanía activa desde lo local, lo regional, nacional e internacional, básicamente orientado por una política contextual del reconocimiento cultural y de una antropología de la memoria, la participación y la acción que nos recuerde a todos la necesidad de transitar por los caminos del reconocimiento mutuo y de la posibilidad de experimentar o redescubrir nuevas o antiguas formas olvidadas de hablar de desarrollo, educación, trabajo, salud... Todas las subjetividades sanas y formas culturales tradicionales valen. Todas las intuiciones y mecanismos para ampliar la justicia, el bien común y fortalecer una cultura de la vida son los caminos que debemos recorrer para hacer de Colombia una nación donde los valores de la justicia social se incorporen de verdad en nuestra realidad socio-temporal.