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SALIÓ A VENCER Nº 1- Periódico del MIR
Por MIR -
Friday, Aug. 08, 2008 at 8:46 PM
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A VENCER Periódico del Movimiento de Izquierda Revoluciaria Número 1

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Editorial Periódico A Vencer N° 1 (Agosto de 2008)
Después del conflicto entre el gobierno y “el campo”
Con más fuerza que nunca, peleemos por lo nuestro
El voto “no positivo” del vicepresidente Julio Cleto Cobos fue el punto culminante del conflicto que durante casi ciento veinte días monopolizó el escenario político nacional. Si bien la histórica jornada en el Senado dio un cierre en lo inmediato a esta pelea, tanto el contexto económico internacional como la situación política nacional indican que estos “tironeos” por los márgenes de ganancia seguirán, bajo formas diversas, por un largo período.
La derrota del proyecto de retenciones móviles a manos “del campo”, lejos de ser una victoria popular -tal como la presentaron algunas organizaciones de izquierda que miserablemente fueron a la rastra de la oligarquía terrateniente-, fortaleció posiciones por derecha. Por un lado, se consolidó la capacidad de presión de las patronales rurales, que levantan el programa económico más reaccionario de los dos que hoy están en pugna (ambos antipopulares); por el otro, el debate sobre las retenciones móviles puso al descubierto una evidente “derechización” en los puntos de vista de amplios sectores de la sociedad sobre los principales problemas de nuestro país: pobreza, desigualdad social, etc. En este sentido, no debe pasar desapercibida la fuerza que logró el discurso oligárquico, despectivo y racista, contra los “negros” y “cabecitas” que constituyen la base social del kirchnerismo. Desde hace décadas no se veía (ni oía), un discurso tan decididamente “gorila”, como el que ganó las calles y puso en movimiento a una importante base social cuyo contingente fundamental fue aportado, en la ciudad de Buenos Aires, por “la gente” de Palermo, Recoleta y Barrio Norte.
El carácter de la disputa
No hay dudas de que este conflicto tuvo como disparador la pelea entre dos sectores de la clase dominante por la renta extraordinaria proveniente de las exportaciones agrícolas, a raíz de los altos precios internacionales de las materias primas y alimentos. Sin embargo, en su prolongación y agudización la puja abrió una grieta profunda en el bloque dominante, que ya empieza a esbozar la disputa entre dos proyectos de la burguesía en lo que refiere al ejercicio de la dominación política y la administración del Estado capitalista. Con esto nos referimos a las formas de defender las ganancias patronales, en la manera de abordar el conflicto social, de alinearse con el imperialismo, etc.
Como no podía ser de otro modo, esta incipiente fuerza social y política de oposición por derecha, comienza a gestarse al interior mismo del peronismo. Las numerosas muestras de disidencia de diferentes dirigentes del PJ de Córdoba, Entre Ríos, Santa Fe, Chubut y de innumerables municipios del interior del país –que se expresaron en los votos en contra del proyecto oficial de varios diputados y senadores justicialistas-, indican a las claras que ya está lanzado el armado de una alternativa pejotista antikirchnerista, que tiene a Eduardo Duhalde como principal operador. Las elecciones legislativas del año próximo será la primera prueba para medir fuerzas y evaluar las alianzas políticas que desplegarán ambos contendientes.
Incapacidad histórica
El kirchnerismo fue el gobierno burgués de la recuperación luego del tembladeral que generó la Rebelión popular de Diciembre de 2001. El mismo que permitió lograr “la salida del infierno” tal como gusta decir el ex presidente Kirchner. Con la candidatura triunfante de Cristina Fernández el kirchnerismo ofreció a las clases dominantes una opción razonable de continuidad para un país “normalizado”. Sin embargo, el conflicto por las retenciones dejó al desnudo que un sector de la burguesía rechazó abiertamente el proyecto kirchnerista, mientras que otro –el supuestamente “productivo” que tiene a la Unión Industrial Argentina (UIA) como vocero- primero le brindó un débil apoyo para luego escamoteárselo a mitad de la pelea.
Esta coyuntura demuestra que, en la actual fase del capitalismo, los gobiernos burgueses de los países dependientes arrastran una incapacidad histórica para llevar adelante un proyecto mínimo de reformas sociales y económicas que favorezca en alguna medida al pueblo trabajador. Por su carácter de clase, estos gobiernos no logran siquiera encarnar un proyecto de tipo desarrollista y son incapaces de ir a fondo en cualquier medida que afecte intereses de algún sector de la gran burguesía.
En este caso, a partir de su alianza con los principales beneficiarios de la “patria sojera” -las grandes empresas exportadoras y de insumos para el agro (Cargill, Dreyfus, Monsanto, Aceitera General Deheza, entre otras), los pools de siembra y los grandes terratenientes-, el kirchnerismo creó al “monstruo” derechista que ahora lo enfrenta y desafía. Otro ejemplo más de por qué no hay que apoyar a los “males menores” que nos ofrecen las clases dominantes. Otra muestra de la necesidad de confiar exclusivamente en las fuerzas de la clase trabajadora y en su independencia política, ya que es la única clase social capaz de llevar adelante un proceso político, social y económico de genuina transformación, con vistas a la construcción de una sociedad igualitaria, sin explotadores ni explotados.
“Zanahorias” y palos para salir de la crisis
Luego del traspié que sufrió en el Congreso, el gobierno de Cristina K intenta recuperar la iniciativa para salir de la crisis política en la que se encuentra. La renuncia de Alberto Fernández como Jefe de Gabinete y la rápida designación de Sergio Massa –ex Ucede, ex menemista, ex duhaldista, ahora reciclado como kirchnerista-, expresa tanto el desgaste que provocó el conflicto, como la necesidad de recuperar la iniciativa política.
Para sostener su gestión, el gobierno está obligado a recomponer base social y consensos entre la tropa propia y sus aliados, y las primeras declaraciones conciliatorias de Massa parecen orientarse hacia ese objetivo. Seguramente en estos intentos por recuperar capital político, el gobierno nacional -fiel al estilo K-, dará señales por “izquierda” y “derecha”, combinando las “zanahorias” con los “palos”. En esta lógica pendular hay que comprender la convocatoria al Consejo del Salario que seguramente tendrá como resultado un leve aumento del salario mínimo; la presentación del negociado de Aerolíneas Argentinas como una recuperación por parte del Estado; las versiones sobre un proyecto oficial para recrear la confiabilidad e institucionalidad del INDEC; entre otros gestos con discurso progresista. Y como contrapartida continúan los “palos” para imponer el “diálogo” y los “techos salariales”: al cierre de esta edición se produjeron decenas de despidos en Fate, Pirelli y Firestone, mientras se militarizaban las tres plantas para impedir la respuesta de los trabajadores. Cabe señalar que entre los obreros del neumático se viene dando un fuerte proceso de organización y lucha antiburocrática que tiene en la experiencia de los trabajadores de Fate su punto más alto. Por eso no es fruto del azar el zarpazo sobre este sector de la clase, ni tampoco es casual que en la presentación del Consejo del Salario, días atrás, Cristina K “desempolvó el tema del Pacto Social que había quedado supeditado a la resolución del conflicto del campo” (Página/12, 23/07/08) ¡Ya vemos como la patronal y el gobierno empezaron a “desempolvarlo”!
La política de Pacto Social no es otra cosa que una amplia y reaccionaria ofensiva contra los trabajadores en lucha -contra sus salarios, condiciones de vida y organización-, impulsada por el gobierno, la patronal y la burocracia sindical.
Peleemos por lo nuestro
Durante el largo período que duró el conflicto “gobierno-campo” las reivindicaciones de la clase trabajadora quedaron totalmente afuera de la agenda pública. Ahora, al momento de afrontar las consecuencias de la puja, unos y otros coinciden en que los costos ocasionados recaigan en las espaldas de la clase obrera y el pueblo. Esto obliga a impulsar con decisión las luchas por nuestras propias reivindicaciones; a defender con firmeza cada posición conquistada y a articular la más amplia solidaridad para enfrentar la ofensiva patronal; a levantar con más convicción que nunca la necesidad de conquistar un salario igual a la canasta familiar y frenar la inflación que imponen las grandes empresas. Y para ello es imprescindible organizar desde abajo el poder de la clase trabajadora, tanto para la pelea reivindicativa y por mejores condiciones de vida, como en la batalla política para gestar una alternativa revolucionaria del pueblo trabajador, hoy ausente. Cada militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) dedicará sus mayores esfuerzos, en diversos puntos de nuestro país, para llevar adelante estas enormes pero imprescindibles tareas políticas.
¡Por un partido de la clase obrera y el pueblo!
¡Por el poder obrero y popular hacia el socialismo!
Agosto de 2008
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