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ITALIA: nace Sinistra Critica, 11 puntos para una nueva izquierda
Por Izquierda Anticapitalista en ITALIA - Friday, Jan. 02, 2009 at 10:55 PM

11 puntos para una nueva izquierda, anticapitalista y de clase

ITALIA: SINISTRA CRITICA en el camino del NPA - Nuevo Partido Anticapitalista y Olivier Besancenot en Francia y el reciente lanzamiento de Izquierda Capitalista en España


1.- La pérdida de la representación parlamentaria constituye la culminación
de la derrota de la izquierda italiana, después del fin del viejo PCI. La
ilusión de poder vivir de las rentas electorales, sin una implantación auténtica,
sin proyecto y con un viejo modelo de partido que no es ya capaz de conquistar
una posición en la sociedad, ha sido el elemento fundamental que la ha dejado
fuera de juego. No se puede excluir que esta izquierda recupere parte de los votos
perdidos en otras citas electorales. Sin embargo, este motivo no cancelaría la
derrota, hija de un patrimonio de votos sin raíces y sin apoyos, ni en el trabajo
asalariado ni en la sociedad. Una nueva izquierda se reconstruye sobre todo
apartando los viejos grupos dirigentes, responsables del desastre, pero sobre
todo empezando a comprender, que a pesar de la evidencia del problema, no sólo
no se resuelve sino que se manifiesta con mayor gravedad en cada asunto de la
contienda política italiana.

2.- Hablamos de construcción, antes que de reconstrucción, sobre
bases nuevas, de una izquierda anticapitalista y de clase. En el contexto
de la globalización y de la disolución del movimiento obrero del Novecento,
privilegiar sólo el horizonte institucional, y la herencia burocrática, han hecho vano
cualquier esfuerzo de implantación social. Implantarse en la sociedad implica un
trabajo a largo plazo, fatigoso y oscuro que no necesariamente es recompensado en
el corto plazo del terreno electoral. Para los sujetos políticos movidos por exigencias
personales de lujo y poder, la vía más fácil ha continuado siendo la conservación
de posiciones en las instituciones y las trayectorias necesarias para conseguirlo,
totalmente distintas de las indispensables para la implantación. Por este motivo
no nos interesa la unión de grupos dirigentes contumaces ciegos ante la realidad.
Ni siquiera a través de formas identitarias o de trucos oportunistas dirigidos a recuperar
alguna poltrona en el parlamento. Nos interesa un “nuevo comienzo”, empezar
por otra historia, liberarse de las herencia de la burocracia del Novecento para
adherirnos al presente, recuperar la imaginación y los motivos con los cuales otra
izquierda puede autoconstruirse.

3.- Una nueva izquierda de clase o es anticapitalista o no es izquierda.
Las mujeres, los hombres y el planeta, no soportan más el peso del dominio
absoluto del interés privado, las pulsiones de rearme y de guerra, las alucinaciones
regresivas que produce el estado de cosas presente. En primer lugar,
esto supone oponerse al capitalismo. Pero más en profundidad, significa comprender
que gobernar con sus representantes y guardianes impide el renacimiento
de una izquierda que quiera transformar el mundo de verdad. La distancia de los
gobiernos no se deduce sólo de tener una perspectiva revolucionaria. Una auténtica
voluntad reformista debería constatar que no es posible gobernar con las relaciones
de fuerza actuales.

4.- Proponemos recomenzar por el elogio de la oposición. No porque
tengamos una vocación minoritaria, sino porque simplemente contra este
sistema social sólo se puede luchar evocando y organizando la oposición política y
social, a través de los movimientos, los conflictos, la autoorganización difusa. Desde
la oposición, el movimiento obrero del siglo XX ha obtenido conquistas relevantes;
hoy, desde la oposición social, se puede organizar una resistencia amplia
arrancar conquistas y derechos para dar sustancia a una hipótesis de alternativa.
Por este motivo, no es posible gobernar con el Partido Democrático ni a nivel nacional
ni a nivel local, pues no es posible gobernar con quien, en la mejor de las
hipótesis, defiende lo existente, tiene una concepción administrativa y autoritaria
de la política, allanando así el camino para el retorno de la derecha. El caso de
Roma, habla por sí solo.

5.- La victoria de Berlusconi y de la Liga Norte, realiza en el plano parlamentario,
el desplazamiento progresivo a la derecha del conjunto del país y el deterioro
de unas relaciones de fuerza sociales ya bastante desgastadas. El Partito
della Libertá se esforzará en construir una derecha de gobierno “seria y responsable”
pero también implantada socialmente, con un bloque social de referencia con
características populistas y reaccionarias, como se puede derivar del comportamiento
de Fini [Gianfranco Fini es el actual presidente del Parlamento]. Al mismo
tiempo tratará de ser útil a una Confindustria [patronal italiana] que quiere
atacar los derechos adquiridos del mundo del trabajo, comenzando por la negociación
colectiva. En este plano, buscará el apoyo del PD que sigue la misma línea.
Así, proseguirá el intento de estabilizar la “bipartidización” de la política italiana.
A esta situación no se responde con operaciones de alquimia política, sino a través
de la afirmación de un bloque social de referencia, de subjetividades que estén implicadas
en un cuadro unitario de luchas y una hipótesis común de alternativa. Por
esto, la refundación del sindicato de clase -a partir de una fuerte y clara oposición
en la CGIL y de una progresiva unidad de acción del sindicalismo de base- representa
un paso decisivo. El horizonte dentro del cual se inscribe cualquier proyecto
para una nueva izquierda anticapitalista es un ámbito unitario de las luchas y de
los movimientos, hoy indispensable para resistir frente a la derecha y dar pasos
adelante en la construcción de una izquierda de clase.

6.- La nueva izquierda no puede tener una única identidad. Hay herencias
del pasado que ya no son suficientes para dar sentido a la representación
política y que necesitan encontrarse y dialogar. Pensamos en una izquierda anticapitalista,
ecologista, comunista y feminista; no para ensamblar indistintamente
subjetividades diferentes sino para encontrar juntos un marco unitario de referencia
y un proyecto de trabajo común. Esta identidad múltiple no puede sólo proclamarse.
Es necesario practicarla: una izquierda feminista, es una izquierda que
acepta en sus filas el protagonismo de las mujeres y por tanto, también el conflicto;
ecologista significa no admitir ninguna mediación en el terreno de la protección
del medio ambiente; comunista significa continuar luchando para romper
con el sistema social actual, y construir de verdad, un movimiento real capaz de
abolir el orden existente. Es también necesaria, una izquierda internacionalista
que sepa construir un proyecto internacional constituido por elaboraciones y
práctica comunes. Por este motivo, miramos con mucha atención la experiencia
de la izquierda anticapitalista europea.

7.- La democracia absoluta será la práctica decisiva necesaria
para comenzar de nuevo. No se puede ya aceptar, y no construiremos, izquierda
alguna basada en líderes carismáticos, grupos dirigentes infalibles, burocracias
inamovibles, carrerismos escandalosos o derivas institucionales. Queremos
una izquierda basada en la participación y en las reglas democráticas. No basta
sólo con congresos regulares o estatutos transparentes; son necesarios vínculos
precisos: rotación rigurosa de los cargos en cualquier nivel, retribuciones similares
al salario medio; paridad; respeto de la orientación sexual; autofinanciación de la
actividad política. Contra los líderes y los dirigentes inamovibles habrá que oponer
un colectivo militante en todos los niveles: territorial, temático, nacional.

8.- La izquierda se construye en el seno de las contradicciones y
del conflicto social, no en los palacios, o peor en los salones. Es
un trabajo “cuerpo a cuerpo” que hay que recuperar, hecho de mutualismo, utilidad
social, cercanía a las necesidades, organización del conflicto, victorias. Será
necesaria la implantación social, no genérica o abstracta, sino relacionada con las
nuevas realidades, particularmente con el nuevo proletariado, con la nueva composición
del trabajo contemporáneo. Es necesario razonar acerca de las formas
de autoorganización social y sobre el tipo de marco social del cual pueden dotarse
las clases subalternas. Esto no se puede hacer a través de aparatos burocráticos
y cristalizados sino contando con la aportación de militantes deseosos de no resignarse.
La radicalidad, una radicalidad de clase, constituye hoy el lenguaje clave
para que una política de izquierda sea creíble y atrayente.

9.- La izquierda se reconstruye también con una discusión profunda,
no ritual sino rigurosa, sobre la sociedad que queremos,
sobre los grandes horizontes. Estamos refiriéndonos a una sociedad democrática
y socialista, autogobernada, centrada en las necesidades y no en los intereses
privados, en la propiedad social de los principales medios de producción,
ecológica, sexuada, libertaria. No nos referimos a un modelo abstracto que pueda
ser implementado desde arriba, sino un movimiento que transforme la realidad,
que gane legitimidad y fuerza en el seno de los conflictos y del cambio. Existe
esa necesidad de repensar y construir una organización política que trabaje y luche
por este objetivo, sin que piense que es la depositaria única de una presunta
verdad, sin hacer tabla rasa de las experiencias pasadas, sin repetir roles o esquemas
de poder. Una organización que lea la realidad para contribuir a transformarla.
No queremos autoproclamar este sujeto sino construirlo de verdad, por eso
somos un movimiento político. Esto no significa renunciar a organizarse o a dotarse
de un proyecto colectivo; reforzar Sinistra Critica significa también esto.

10.- Una nueva izquierda se construye en el presente, hoy, ante la
urgencia de una realidad dominada por el berlusconismo y por la
adaptación pragmática del Partido Democrático. La prioridad es la organización de una oposición social
no retórica sino modelada por las necesidades
reales. Los temas de esta oposición: la lucha contra la precariedad, por la abrogación
de la ley 30 y del paquete Treu [reformas que precarizan el mercado de trabajo
promovidas respectivamente por el primer gobierno Prodi y por Berlusconi],
o del conjunto de medidas conocidas como “paquete Welfare” [reformas regresiva
de las pensiones]; la lucha por un salario mínimo (SMIC) de 1.300 € y un salario
social de 1.000 €; la lucha contra la guerra y las misiones militares en Afganistán
y Líbano, contra las bases militares, empezando por Vicenza, y los gastos
militares; la lucha por la defensa ecológica del territorio y contra las grandes obras
inútiles y dañinas; la defensa de la autodeterminación de las mujeres, de la 194
[ley que sitúa fuera del código penal la cuestión del aborto] y por una moratoria
de la objeción de conciencia; la libertad plena en la orientación sexual y por la conquista
de derechos civiles; la lucha contra el racismo, la histeria securitaria y la
nueva xenofobia contra el pueblo gitano. Una batalla que debe dirigirse todavía a
la abrogación de la ley Bossi-Fini y de la Turco Napolitano [medidas restrictivas
contra los migrantes “sin papeles”], y a la unidad de clase entre trabajadores migrantes
e italianos; la lucha por nuevos derechos de ciudadanía, por la regularización
permanente, por el cierre de los CPT [los Centros de Internamiento para Extranjeros],
por la libertad de circulación. Este será el banco de pruebas principal de
la oposición a la derecha, el terreno en el cual todas las fuerzas tendrán que medirse,
y sobre el que los movimientos tendrán que dotarse rápidamente de instrumentos
adecuados de reflexión y de movilización.

11.- La construcción de la izquierda anticapitalista necesaria
será el fruto del trabajo de una nueva generación política, que no
lleve sobre los hombros el peso de las derrotas. Una nueva generación
política que no tiene nada que ver con la vulgata juvenil que ha caracterizado
también las últimas elecciones, sino que tendrá que ser representativa de la
expresión más genuina del nuevo protagonismo social y de las luchas que continúan
desarrollándose en este país: de los “ciudadanos rebeldes” de Vicenza o de
la Val di Susa [localidad del Piamonte, centro simbólico de la lucha contra el
Tren de Alta Velocidad] a los trabajadores que resisten en la dureza de la lucha
de clases; de las nuevas feministas que no quieren ni patrones ni límites a su propia
libertad; de las y los militantes LGBTQ que no pliegan a una vida de serie B
impuesta por el Vaticano o a las y los migrantes que luchan por nuevos derechos.
Una nueva generación política, crecida sin modelos preestablecidos que seguir,
pero que no se resigna a pensar que sea éste el mejor de los mundos posibles y
que está dispuesta a batirse porque otro mundo y otra sociedad sean posibles.

para leer mas de SINISTRA CRITICA: http://www.puntodevistainternacional.org/spip.php?article126
o en ESPACIO ALTERNATIVO de España: http://www.espacioalternativo.org/node/2556

o en Kaos en la Red: http://www.kaosenlared.net/noticia/tres-prioridades-para-izquierda-italiana


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