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Dossier Raymundo Gleyzer y el cine militante
Por Rongas - VideoIndy - Saturday, Jun. 15, 2002 at 5:15 PM
videoarg@indymedia.org

Se trata de un aporte para la comprensión de nuestra historia, y para la construcción colectiva de nuestro presente. En la primer parte se encuentra una selección de fragmentos del libro ‘El cine quema’ que reconstruye la biografía de Raymundo Gleyzer a partir de testimonios de sus familiares y compañeros de ruta. Luego, abajo, una pequeña investigación a través de la red internet, en la que se trata de localizar sitios con información relevante sobre el mismo director. Dossier abierto, invitamos a todos y a todas a que aporten la información que amplíe nuestra comprensión del legado de RG.

Dossier Raymundo Gle...
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Los fragmentos publicados fueron extraídos de ‘EL CINE QUEMA. Raymundo Gleyzer’, texto escrito por Fernando Martín Peña y Carlos Vallina, tras diez años de investigación, con la autorización de FMP. Fue publicado en julio de 2000, en la Colección Personas de Ediciones de la Flor, en la ciudad de Buenos Aires, con una tirada de tres mil ejemplares.

El texto está escrito a partir de un excelente montaje de testimonios, que fueron organizados a través de un desarrollo casi dramático (o literario), alejado de las parsimonias y esquematismos típicos de la reconstrucción histórica más frecuente y pretendidamente ‘objetiva’. Este montaje textual no sólo tiene el mérito de permitir una lectura ágil y comprometida con la subjetividad de quienes narran su historia, en primera persona, sino que fundamentalmente termina proponiendo un modo de reconstrucción de ‘la’ Historia que se basa en una voz múltiple y colectiva, dialéctica, en la que las tensiones y contradicciones de todo proyecto colectivo tienen lugar en el relato que las organiza.
Las similitudes con la historia presente son sorprendentes, y de ahí la necesidad de reflexionar y conocer la experiencia acumulada.

CINE DE LA BASE (1973) (pags. 137-140)

Nerio Barberis: Cine de la Base nace como una necesidad de Raymundo, que es un realizador con un objetivo político, y que debe mostrar lo que ha hecho. El problema de la distribución era el mismo que hay ahora. Tenés una película, pero después no se la podés mostrar a nadie. Entonces Raymundo, que ya había sufrido eso con México, la revolución congelada, concibió un grupo que distribuyera. Cine de la Base nace como un grupo cuya función era distribuir los materiales que se producían. Básicamente para que Los traidores se pudiera ver. La película estaba hecha, él no tenía ningún interés en que la película se diera en una sala: tenía que ir a la base y la base no iba al cine. Al cine iba la clase media. Peor si la película la ponían en una sala de arte. El quería que la película se viera en las villas, en los sindicatos, que la vieran los sectores populares. Desde ese punto, entonces, se concibe Cine de la Base, como un grupo de distribución, que además se plantea luego producir. Según yo lo recuerdo, él concibió Cine de la Base así. Luego se prioriza la producción, porque el grupo se va sintetizando, se va transformando con la historia del país, que va a una velocidad extraordinaria.


Raymundo pensaba en un grupo de distribución abierto, no planteaba que la película perteneciera a alguna organización política. La muestra a mucha gente, a dirigentes sindicales del peronismo, del lado antivandorista, alrededor de la CGT de los Argentinos. La información básica de la película proviene de gente que estaba en el peronismo de base. Nunca del PRT ni de nada por el estilo. No hubo ninguna experiencia del PRT en nada de la película... Básicamente la película se empieza a proyectar en un montón de lugares, donde la base fundamental era gente de JP...


Y cuando aparece el grupo también aparecen las relaciones políticas externas al grupo, y se dan vínculos con gente de otros lugares, gente de La Plata, gente de Córdoba, gente de Tucumán, un montón de gente. Este es el contexto real: a nosotros nos preocupaba la transformación de la sociedad y nuestra herramienta era el cine. Entonces, alrededor del cine, construíamos. Y si bien la relación con la organización política era constante, había una gran independencia, porque generalmente en la organización había muy poca gente que entendía el valor de lo que se hacía. Nosotros intentábamos generar una política cultural desde nuestro lado, había mucha gente que lo quería hacer. Pero en el partido (PRT) eso fue parte de la serie de errores demostrados en el accionar político...


Porque arriba-arriba entendían, pero un escalón para abajo ya nadie entendía nada. Entonces nosotros nos escudábamos diciendo: “Arriba-arriba entienden”. Alguien había dicho: “El cine es estratégico”. Nosotros lo usábamos como argumento cuando había algún problema: “Maestro, mirá que arriba dijeron que el cine es estratégico”. “Es verdad”. “Entonces no jodan. Déjennos tranquilos”. Y había una autonomía absoluta en ese mecanismo. Nosotros plateábamos esto y pedíamos y buscábamos que se nos abrieran los espacios de comunicación, que tuviéramos recursos, que tuviéramos la posibilidad de profundizar en el tema de la exhibición...

Luis Mattini: “(...) en términos absolutos, el PRT no estaba en condiciones de canalizar las inquietudes de ese activo sector social (los trabajadores de la cultura) que iniciaba un período de crisis.


No puede decirse que esta debilidad para tratar el problema de la intelectualidad, especialmente de los artistas, haya sido exclusiva o peculiar del PRT, sino que es algo que persiste en el conjunto del movimiento revolucionario y progresista no solo nacional sino mundial. Es un importante aspecto de la vida en que el marxismo continúa rezagado con respecto a su decisiva influencia en otras disciplinas como las ciencias sociales o naturales. El error criticable del PRT era pensar que esa cuestión la tenía resuelta como supuestamente tenía resueltos los problemas político, sociales y económicos.


Con todo, Santucho y alguno de los hombres más cultivados de la dirección del Partido, siendo partidarios del realismo como expresión estética, estaban mucho más allá de las simplificaciones con que se tomaba la fórmula ‘arte de compromiso’, tan en boga en los sesenta, o con la banalización del arte en un supuesto ‘realismo socialista’ a ultranza. En ese sentido se partía del principio de que el primer deber del artista no era tanto declamar su ‘compromiso’ revolucionario sino hacer buen arte.


Pero no pasaban mucho más allá las elaboraciones de la dirección del PRT con respecto a los lineamientos políticos para la intelectualidad progresista, y todo esfuerzo volcado sobre ese sector tenía un carácter fundamentalmente orgánico, fuertemente utilitario, destinado al aprovechamiento concreto e inmediato de la política ‘legal’.


Así, falto el Partido de madurez sobre el tema, sin lineamientos adecuados para desarrollar una eficaz política sobre el área, la tarea quedaba en manos de la iniciativa de quienes tenían esa función específica y la llevaban adelante de acuerdo a sus propias capacidades y talentos y conocimientos, incluidos los prejuicios y las visiones estrechas las más de las veces...


Pero la fuerza de la lucha política de la Argentina de los sesenta y setenta era tan enorme y el prestigio del PRT-ERP tan creciente, que muchos intelectuales se incorporaron a pesar de las limitaciones que he comentado. Se transformaron en abnegados militantes y aun refunfuñando o protestando por los esquematismos partidarios.


Ahora bien, esta actitud del Partido hacia los intelectuales, dificultaba que estos pudieran influir directa o indirectamente a la propia clase intelectual, ese sector social que posee el acceso a los medios de comunicación de masas, sea en el área social, estética o científica. En esos sectores sociales prevalecieron siempre las corrientes políticas tradicionales y una creciente influencia de Montoneros. Eso explica en gran medida el desfasaje que existe entre el desarrollo alcanzado por el PRT-ERP, tanto militar como su influencia en importantes regiones o sectores de masas y la desinformación pública, tanto argentina como mundial.

Alvaro Melián: Por parte de ninguna de las vanguardias políticas existía la más mínima concepción de lo que era una cultura revolucionaria, ni en términos conceptuales, ni práctico, ni teóricos, ni metodológicos. Esto lo he conversado con compañeros de diferentes prácticas políticas. Las urgencias pasaban por encima del tema cultural en forma absoluta. La abertura era solamente un área de búsqueda de apoyo político, pero en términos individuales, nunca de recreación de una cultura. Esa contradicción la vivimos todos y en eso se debatió Raymundo, como toda nuestra generación. Había una estrategia político-militar, pero nunca una contribución, por el lado de la cultura, que se integrara a esa estrategia de forma dialéctica. Eso nunca existió. Lo que había era una serie de tipos que daban órdenes, y después, otra serie de tipos como Raymundo, que por ahí se pasaban el día circulando por Buenos Aires para dejar la prensa del Partido a los contactos que tenía. Esa era la realidad.


FRAGMENTOS LIBRES (Sobre la “contrainformación”).

P.215: En 1968 Fernando Solanas y Octavio Getino habían dado a conocer el film La hora de los hornos, que no solo fue un poderosos emergente de la resistencia peronista a la sostenida proscripción política iniciada en 1955, sino que además demostró que era factible pensar en un circuito alternativo y clandestino para que se desarrollara un cine que pudiera mantener sus contenidos ajenos a la fuerte censura oficial del período. La pieza clave para el desarrollo de semejante circuito, dentro del país, eran las organizaciones políticas que, también desde la clandestinidad, enfrentaban a la dictadura. Solanas, Getino, y todo el grupo Cine Liberación realizaron su trabajo de difusión integrados en actividad de la Juventud Peronista y eventualmente de Montoneros. Para Raymundo Gleyzer, en cambio, esa opción era difícil. Como cualquier intelectual argentino en esos años debió debatir su propia posición ante el peronismo: resignarse ante su carácter de movimiento popular y representativo de la clase obrera y confiar en la conducción de Juan Domingo Perón, que entonces digitaba su regreso al país desde el exilio en España, o bien mantenerse al margen de esa mayoría pero fiel a sus experiencias formativas.

P.219: Lo que mejor vincula ambas obras (La hora de los hornos y Los traidores), sin embargo, es la común voluntad de contrainformar, de presentarse como vehículos de todo aquello que la versión oficial omite o niega, como obras que muestran y dicen lo que no puede mostrarse ni decirse. Esa vocación es la condición prioritaria del cine militante: la necesidad de alguna forma de clandestinidad surge precisamente desde la obstinación en la oferta de esa otra información. Con el enemigo al frente, claro y definido, el cine militante de entonces cumplió con la necesidad popular de ser “la voz de los sin voz”.

P.217: “Desde entonces hasta el final de su vida Gleyzer insistió en su búsqueda de una forma que fuera accesible y directa, y que a la vez no traicionara las complejidades de las problemáticas tratadas. Los films debían entretener y concientizar al mismo tiempo, pero la eficacia de la segunda función dependía de la eficacia de la primera. Persuadir resultaba mucho más interesante que agitar y por eso, tras la experiencia limitada de los Comunicados, Gleyzer y Melián decidieron priorizar la exposición de una determinada información (o “contrainformación”) con todas sus variantes, antes que adoptar un punto de vista único. Lograr la identificación del espectador antes que distanciarlo con formalismos. Esas intenciones suponían explotar algunas de las características más antiguas del cine y por eso en Los traidores se pueden reconocer ciertas marcas de género (el policial, el melodrama) y la insistencia casi obsesiva en definir como espacio geográfico una Buenos Aires cotidiana, no pintoresca y de verosimilitud incuestionable.


LA DIFUSIÓN (1973-1975) (pags. 145-156).

Juan Greco: Yo había estado en Suecia varios años y cuando volví, entré en una rama de Cine Liberación. Por un lado, estaban Octavio Getino y Pino Solanas, y por el otro, estaban Enrique Juárez, Cuan Carlos Añón y otros muchachos, que habían hecho Es tiempo de violencia, un mediometraje documental sobre el Cordobazo. Eran dos grupos bastante independientes. Yo estaba con Juárez y lo que hacíamos ahí era más militancia que obra: proyectábamos La hora de los hornos, proyectábamos la película de Quique, hacíamos debates... Yo soy marxista, nunca fui peronista, pero no soy un ortodoxo, así que estaba ahí buscando un espacio, medio ingenuamente...


En ese momento se estaba haciendo Los traidores y recuerdo que tuvimos una reunión con Raymundo y Alvaro en la casa de Getino para buscar puntos de acuerdo entre los dos grupos. Ahí lo conocí. Cine de la Base todavía no existía como entidad. Se armó una discusión política fuerte: Octavio era una teórico muy sólido y Raymundo tenía un tonito socarrón que usaba cuando quería ser punzante. Fue muy duro ese día, terminó en un despelote infernal. Pero con Raymundo hablamos un poco, cambiamos teléfonos, y un día me llama, vamos a tomar un café y me dice: “¿Qué mierda estás haciendo con estos peronachos...?”. Me habló, me habló, estuvimos básicamente de acuerdo pero yo le respondí que prefería agotar esto en lo que había creído, que tenía que hacer este camino. Quedamos en contacto, nos vimos varias veces, pero yo seguí en Cine Liberación.


Entonces empezó la violencia, había huelgas, atentados... me acuerdo de loa tentados a los bancos yanquis, que les tiraban una molotov. Los grupos peronistas que hacían eso nos avisaban y entonces íbamos y lo registrábamos cinematográficamente, desde adentro de una auto, filmamos cosas insólitas: cuando tiraban la bomba, la cana reprimiendo... una cantidad de cosas, que después no se usaron nunca pero integraban un archivo que quería tener Quique. Un día me llama por teléfono, me dice que había estado con unos compañeros, que se iba a crear un grupo armado y que yo ya los iba a conocer. Yo le dije: “Mirá, Quique, un grupo armado... no sé, es para hablarlo...”. Pasan algunos días y tenemos una reunión, en la que Quique informa que los contactos habían avanzado y que, bueno, teníamos que cambiar la cámara por el fusil. Que tenemos que pasar a formar parte de Montoneros. Yo le digo: “No, vos estás en pedo...”. Hubo una discusión política muy seria, vino uno de los popes montos a charlar conmigo... En realidad, no fue una charla sino más bien un juicio que me hicieron en el que me trataron de “pequebú”, de intelectual, de zurdo... bueno, menos puto, me dijeron de todo. Terminó mal la cosa, yo quedé muy mal... pero me fui. De esas reuniones creo que el único que vive es Añón.


Después de eso me puse en contacto con Raymundo, ya estaba terminada Los traidores y había empezado a existir Cine de la Base. Con él se dieron dos niveles de relación: por un lado, estaba la política, y por otro, mucha amistad. Hubo mucho cariño en lo personal y mucha pelea en el trabajo práctico. Porque era muy difícil laburar con Raymundo: era desbolado, irónico, jodido, hiriente.. Pero reconocía sus errores, sabía arreglarlos, si te gustaba la ginebra te iba a visitar y te regalaba una botella de ginebra... sabía pedir perdón de esa forma, sin decírtelo.

Jorge Giannoni: Cuando acá se dio la apertura con Cámpora y todo eso (yo estaba en Europa y Raymundo) me dijo: “Bueno, venite, porque acá hay muchas posibilidades...”. Cambiaba todo. Entonces vine y ahí empezamos a organizar la difusión. Pero Cámpora estuvo pocos meses, no duró nada. Y a partir de eso dijimos: “No, acá no quieren”. Porque si quisieran, ¿por qué lo iban a sacar? ¿Por qué sacar a Righi, que era ministro del Interior? Todo ese equipo fue la esperanza y duró poquísimo. Creímos que con los diputados que había, con las organizaciones intermedias, con los sindicatos, se podía ir tratando de armar un frente.

José Martínez Suárez: La noche que ganó Cámpora, yo me sentía desolado, verdaderamente. No soy peronista. No lo he sido nunca. No comparto para nada las características del peronismo. Así que esa noche estaba preocupado. Y un poco más también; sentía una cantidad de cosas: desagrado, incomprensión, vergüenza... Mi mujer me dijo: “¿Vamos a ver los actos?”. Le pregunté: “Pero, ¿cómo se te ocurre?”. “Esto es historia, no lo podemos obviar”, me dijo. Así que salimos caminando hasta la calle Santa Fe, debían ser las diez y media, once, verdaderamente había fervor en la calle; supongo que mi rostro contrastaba con el de todos los demás.


Cuando llegamos a la esquina de Canning y Santa Fe nos paramos porque yo no quería seguir más. Entonces viene un coche, desde el este, y dobla a la izquierda por Santa Fe. En el asiento de atrás viene Raymundo Gleyzer que, cuando el coche me pasa al lado, me grita: “Viva Perón, Martínez Suárez, carajo!”. Le hice un corte de manga, gesto grosero y fraterno que fue nuestra despedida, porque nunca más nos vimos.

Jorge Giannoni: Nuestro programa fuerte era Los traidores y Operación masacre. Eran las películas que la gente quería ver porque (servían) para el debate. Porque Operación... planteaba la memoria histórica, digamos, de la Libertadora, y Los traidores planteaba el problema de la burocracia y lo proclives a la traición que son los burócratas. Todos temas que vienen desde el peronismo. A la gente le interesaba ver eso, porque a partir de ahí empezaban a discutir debilidades o no de sus dirigentes, cuál era el proyecto que les servía... Es tiempo de violencia –lo de Quique Juárez- también lo difundíamos, y todos los cortos de los realizadores de Mayo . Cosas que se habían hecho en Santa Fe y lo de las torturas que habían hecho los de La Plata.

Fernando Birri: Si se toma una película como Los traidores, por ejemplo, y se toma otra como Operación Masacre, de Jorge Cedrón, se advierte que el sentimiento y el proyecto, en todas sus posibles variantes, están del mismo lado. Esto es lo que a veces, me parece, no se ha sabido ver y ha determinado una fragmentación de los movimientos. En el caso concreto de Raymundo, también ha determinado una marginalización de su obra, una falta de colocación de la importancia de esa obra en el contexto de una cine específicamente argentino.

Jorge Giannoni: Si bien teníamos dogmatismos –una visión, digamos, más utópica del socialismo- queríamos demostrar que no había solamente un proyecto nacional, que había distintos y que había que discutir cuál era el que servía para la Argentina. Porque siempre dudábamos hasta dónde iba a sostener el peronismo la consigna “liberación o dependencia”.


(Los de) Cine Liberación fueron los primeros que empezaron (con la distribución clandestina) con La hora..., pero después siguieron con cosas más dogmáticas como Actualización política y doctrinaria..., los discursos de Perón y todo eso, que era excluyente porque era un material más de ellos. Eras peronista y aceptabas eso o, si no, nada. Y bueno, nosotros seguimos la experiencia, pero con una concepción más amplia.

Jorge Santamarina: Proyectábamos en barrios, en departamentos...Cuando era en departamentos, es decir, cuando estaba la posibilidad de cobrar, proponíamos una colaboración voluntaria.

Juan Greco: Empezamos a trabajar en dos líneas. Por un lado estaban las proyecciones “pequebú”, que se hacían entre la clase media, cobrando una colaboración. Ibamos a Barrio Norte, se juntaban cuarenta personas, pasábamos la película y después, por su puesto, había whisky, masitas y en el debate todos tenían pipa. Era toda una reunión social. Junto con esto estaban las proyecciones que se hacían en las facultades de Derecho, Ingeniería, Medicina... Yo he estado en proyecciones con dos mil personas.


Por otro lado, estaban las villas y los barrios obreros. Nosotros teníamos contacto con una villa que está en el Camino Negro, atrás de Banfield, cerca del Puente La Noria. Había seis hermanos tucumanos, muy militantes. Fuimos varias veces (ahí no se cobraba, es obvio), se armaba la proyección y yo tengo los recuerdos más hermosos de los debates que salían de ahí. Nos cuidábamos mucho, respetábamos, porque la mayoría de la gente era peronista. Terminaba la película y hablábamos sin bajar ninguna línea. Ahí veías el valor de Los traidores: la gente se identificaba, identificaba a los personajes, se hacían discusiones política hermosas. Nosotros no capitalizábamos esa acción, la capitalizaba la gente. Eramos mediadores y hablábamos a través del cine. Después había un responsable político del Partido en la villa o en el barrio, y él manejaba esa línea de la discusión, que por lo general pasaba por problemas que la gente tenía en ese momento.

Nerio Barberis: Se llagaba a un lugar y se pasaba, por ejemplo, la película del cuarto congreso del FAS (Frente Antiimperialista por el Socialismo), Los traidores, Informes y testimonios... en distinto programas. Y nosotros decíamos que con toda libertad, queríamos proyectar nuestras cosas y que luego se hiciera debate. La experiencia era que cuanto más proyectabas, más te dabas cuenta de la potencia brutal de lo que estaba pasando. En la medida en que fuimos creciendo, nuestra apreciación de las zonas grises se fue ampliando. Fuimos entendiendo. El FAS ayudó... yo no había visto un campesino en mi vida. A los obreros los había visto en los cines. Mi realidad con la clase obrara eran los obreros que conocí en las fábricas de mi papá y de mi tío. Esto es importante. Raymundo sí se metía. Raymundo fue al campo, hizo documentales. Por eso en alguna medida “vanguardizaba” lo que había que hacer. Su relación con el cine lo había puesto más en contacto. Pero en la medida en que crecía esta relación con el cine, con el FAS, con hecho de ir a llevar las películas a una villa miseria, crecía también nuestra percepción de las cosas... Yo nunca había entrado en una villa miseria. Cuando entro, hablo con la gente y veo que puedo hablar de iguala igual percibo ese fenómeno de gran comunicación de clases que produce la etapa de los 70. Ahí empezás a aprender que la cosa es más amplia. En muchos de los lugares a los que íbamos no había vinculación con los trabajos del FAS. Porque de golpe, el FAS no tenía grandes trabajos. Eran lugares en los que nos recibía gente del peronismo, lo que hablaba de una fuerte comunicación.

Jorge Giannoni: Desde la Universidad (de Buenos Aires) montamos una Cinemateca del Tercer Mundo, que pretendía retomar lo que se había hecho antes en la Escuela de Santa Fe. Todo eso no se logró. Lo que logramos fue juntar películas y hacer distintos encuentros. Hicimos dos Semanas, una de Cine Latinoamericano y otra de Cine Arabe-Africano, y trajimos a los directores: los llevamos a estos “safaris” que organizábamos y la gente quedaba loca. Llegábamos a un pueblo y estaba el carrito para difundir: “Hoy a tal hora, en tal lugar, se proyectará ...”. Se daba una vuelta al pueblo con el parlante para indicar dónde iba a ser; montábamos las pantallas esas que se abrían esas rusas grandes, que no sabíamos por qué las tenía el SARCU (Sociedad Argentina de Relaciones con la URSS); poníamos el proyector y proyectábamos. Después que proyectábamos le decís a la gente: “En fin, compañeros, hemos proyectado estas cosas... Si hay alguna pregunta, porque acá está el director” o “El director ha dicho que quiere saber lo que ustedes opinan”. Siempre los motivábamos de alguna forma para que hablaran. Como en la época la gente no tenía miedo o vergüenza para hablar, se prendían. Y la película era una pretexto para hablar de los problemas de ellos.


El circuito estaba en la base de una cantidad de proyectores que teníamos. En esa época llegamos a acumular treinta proyectores, que no eran propios, sino de entidades vinculadas (a las que) les dábamos la programación. Armábamos (...) un ciclo en el cual venía el programita con la ficha técnica... Entonces se lo dábamos al grupo de base que operaba territorialmente en alguna zona y con esa información la gente proyectaba y debatía sobre eso. (...) A través de esas películas la gente tenía una visión más clara del Tercer Mundo: qué pasa en Africa, qué pasa en América Latina, cómo la ve uno, cómo la ve el otro...


Hacíamos barrios, universidades y sindicatos. Estábamos vinculados a una corriente clasista antiburocrática en el movimiento obrero, que variaba de tonalidad según los sindicatos y los lugares. Pero trabajábamos en ese margen. (Así) como a nivel universitario trabajábamos independientemente de las propuestas dogmáticas de algunos centros, que estaban hegemonizados por el peronismo, la JP o de color estrictamente montonero, que no permitían nada más que lo de ellos. Tenían una visión unidimensional y cambiante: en “El descamisado” las posiciones todas las semanas eran distintas, interpretativas de lo que quiso decir Perón. Porque en esa época se vivía así: “no, el Viejo dijo esto, pero en realidad quiso decir lo contrario”.


(Pero) era variado, porque nosotros podíamos tener una excelente relación, por ejemplo, en Salta, (con) dirigentes de origen peronista, cosa que acá no lográbamos. O Córdoba, con Tosco, que abarcaba mucho más que la izquierda e inclusive era respetado por sectores peronistas. O Tosco y Salamanca, que eran dos vertientes (pero) se respetaban y podíamos usar los sindicatos de ellos para proyectar. Dependía del lugar. Nosotros nos plateábamos a nivel de base. Nuestra relación oficial mayor era a nivel de municipio. No queríamos más... Ya para arriba considerábamos que estaba putrefacto.

Nerio Barbieris: Lo importante que yo recuerdo del grupo de Buenos Aires es que no todos eran militantes del PRT. Era gente que simpatizaba globalmente con lo que estaba pasando pero nada tenía que ver con la organización política. Simpatizaban con Cine de la Base y la posibilidad de proyectar las películas que se filmaban, con este fenómeno de documentar la realidad. En Buenos Aires llegamos a ser quince. Recuerdo un grupo de ocho personas que eran Cine de la Base en Córdoba, por ejemplo.

Alvaro Melián: Había dos franceses, que eran profesores en la carrera de Cine de la Universidad de Córdoba. Yo viajé varias veces, hacíamos cosas juntos pero políticamente eran independientes. Varias veces les pasamos material y cuando nosotros filmamos algo allá, ellos nos apoyaron.

Juan Greco: En Córdoba recuerdo que hicimos un encuentro, al que fue gente de todo el país que adhería a Cine de la Base: había gente de La Plata, gente de Tucumán..., y bueno, toda la gente de Córdoba, que eran bastantes. De aquí fuimos Nerio y yo, y recuerdo que se escribieron algunas cosas específicamente para ese encuentro.


La idea, que había sido de Raymundo, era ver cómo podíamos tener un funcionamiento orgánico, crear una red de Cine de la Base. Porque en el interior había muchos menos recursos de los que había acá, lo que hacían lo hacían por la militancia y por el amor al cine. Primero había que ver qué era lo que se estaba haciendo en cada lugar, es decir, contar las experiencias de todos. Se aprendió muchísimo, porque en la mayoría de los casos las experiencias no tenían nada que ver con lo que pasaba en Buenos Aires. Y en una segunda instancia se trataba de ver de qué manera podíamos contribuir para que no se dependiera tanto de Buenos Aires, que pudieran autogestionarse, digamos. Ellos ya hacían sus propias producciones y había que ver de qué manera darles una mano para que pudieran hacer sus propias películas.


Fue una de la experiencias más lindas que me tocó en aquellos años. Fue espectacular. La gente era maravillosa y había una solidaridad...

Jorge Giannoni: Se discutían temas ligados a la difusión y a la mejor eficacia de la distribución de los materiales; (ver) si los programas que nosotros armábamos les servían. O sea, tratar de darles también una incorporación, porque mandarles de Buenos Aires todo impreso el programa y las películas, nos parecía un poco autoritario.

Nerio Barberis: Cuando se produce el desarrollo de Montoneros, también se produce una ruptura: Cine Liberación se queda como Cine Liberación y un grupo de cineastas se liga entonces con lo que se conoció como los grupos especiales de Montoneros: Juárez, Cedrón, Szir... Y había otra gente ligada a ellos. Pero ellos ya no eran Cine Liberación. El diálogo con Cine Liberación queda roto en 1974 y se rompe básicamente cuando en Canadá, en un encuentro de cine (creo que es Solanas el que lo plantea), dicen que en la Argentina hay un gobierno popular y hay que apoyarlo. Ya entonces la Triple A había liquidado a Silvio Frondizi y nuestro sector planteaba que el fascismo estaba dirigido desde el Estado, así que desde entonces hubo una ruptura irreparable con ellos.

Jorge Giannoni: Ya a mitad del ’74 se pudrió todo porque no había diálogo y era muy sectario. Hay que tener en cuenta que hubo una transformación también en los sectores revolucionarios del peronismo, porque Firmenich (al principio) no era nadie hasta que empezó a hegemonizar porque Quiero cayó, porque cayeron los líderes históricos, como Osatinsky, como todos con los que había alguna referencia en estas cosas...


Cuando apareció Firmenich vino una sectorización y el que no era de la ‘orga’ de ellos estaba afuera. Antes era mucho más fácil el diálogo con los demás. El Negro Quieto desaparece de Capital y después aparecen estos otros que eran el dogma. Además establecen los grados militares, y son capitanes y tenientes, y los demás se tienen que cuadrar cuando les dan la orden. Entonces, pero ¿qué carajo?... Echamos a los militares y ahora estos son militares.

Germán Salgado: Mi contacto con Cine de la Base fue a mediados del ’74... Antes estaba en otro club del que después no quedó nadie, salvo Ismael Viñas. Me incorporé porque un par de años antes había estado garabateando un guión sobre la historia política argentina pero desde un ángulo, digamos, más de izquierda. Era una obra así, muy ambiciosa, era como filmar la Biblia. En un momento tuvo visos de poder hacerse, pero luego se aceleraron mucho las cosas. Yo me fui del otro grupo con un amigo, sabía algo de Cine de la Base y le pedí a este amigo mío que me hiciera el contacto. Había un acto en el Congreso, antes de la muerte de Perón, y me dijeron: “Andá, que te van a contactar”. “Pero en el Congreso debe haber, no sé, veinte mil personas... ¿Cómo me van a contactar?” “Vos andá”, me dijeron. Y bueno, fui, y estaba como un pavote ahí parado y aparece Juanita, nos saludamos y fue una sorpresa, porque yo la conocía con Raymundo de haberlos visto en la Asociación de Cine Experimental, unos diez años antes. No sabía que estaban en Cine de la Base.


Teníamos una reunión por semana, de tipo político, pero aparte de las coincidencias ideológicas éramos muy amigos, así que nos veíamos, nos reíamos mucho. Las reuniones políticas normalmente eran en casa de Raymundo, muy temprano, a las cinco de la mañana, por el tema de la seguridad. El tenía un departamento en Federico Lacroze y Luis María Campos, piso 22. Me acuerdo porque una vez tuve que subir el proyector por la escalera porque no andaba el ascensor.

Juan Greco: Se hablaba sobre lo que había pasado esa semana, un hecho militar o un hecho político, y había una bajada de línea, si el partido había tomado alguna posición con respecto a algo de eso. A veces teníamos temas muy puntuales, se analizaban y se discutían los editoriales de “El combatiente”. Y después se trataban las cosas prácticas, lo que tenía que ver directamente con las proyecciones: se organizaban, se atendían los pedidos, se decidía quién iba, quién coordinaba el debate.

Nerio Barberis: Las exhibiciones fueron disminuyendo en la medida en que empezó la represión, ya no era tan fácil agarrar un proyector, ir... te cagaban a tiros. Una vez casi me matan en el Bajo Flores proyectando Informes y testimonios: cayo el Comando de Organización, un comando del peronismo, atacó la proyección a tiros y salimos corriendo con un compañero, por la villa. A él le rozó la frente una bala. Hasta que llegamos al auto fue una experiencia bien interesante, que demuestra porqué lo hacíamos: la gente nos conducía. Había una señora que decía “por aquí, por aquí, por aquí, vaya por allá”. Llegabas a un lugar y otro chico te decía: “Para allá, para allá”. Te iban conduciendo por la villa para que te fueras y no te pasara nada. Esto no era una imposición, la gente quería: había una relación con los lugares donde nosotros íbamos a proyectar, con la gente que nos manejaba. Hoy es fácil hablar, pero había una representación de la clase obrera, de los trabajadores, en la política que ejercían las organizaciones.


Pero fijate cómo era Raymundo: llegamos a su casa después de la aventura con el C.O. y le contamos: “Nos escapamos de pedo, casi nos matan”. Y él dice: ”¿Y el proyector? ¿Y la película?”. “Y... la dejamos.” “Son unos irresponsables! ¿Cómo van a abandonar el proyector? El proyector no se abandona nunca!” “¿Pero por qué no te vas a la puta que te parió? Casi nos matan!” Así era. Era durísimo, pero con esa dureza garantizaba las cosas. Mientras nosotros decíamos: “Bueno... quizá podamos...”, él decía :”Sí, lo hacemos”. Era un tipo muy difícil, con muchos conflictos, muy neura y absolutamente apasionado. Por eso había gente que no lo quería nada. También tenía un humor sarcástico, brillante.

Manuel Gaggero: Después del quinto congreso del FAS la Triple A comenzó a golpear sobre los sectores que estaban en la política legal, en la superficie, y entonces la actividad del FAS se fue reduciendo y aumento la del PRT. El frente de cultura quedó vinculado al Partido, integrado incluso por gente que no estaba en él pero que simpatizaba o tenía algún grado de coincidencia. Creo que era complicado, tanto para Raymundo como para cualquiera que tenía una actividad en cultura, mantener ese nivel de exposición tan alto y a su vez tratar de salir indemne de la acción de la represión, que con el tiempo se volvió cada vez más intensa y de pronto empezó a golpear en todos lados. Filmar en la clandestinidad y además exponer lo que se hacía... era muy complicado.

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RAYMUNDO GLEYZER EN LA RED
Por r - VideoIndy - Saturday, Jun. 15, 2002 at 5:19 PM
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RAYMUNDO GLEYZER EN ...
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Casi 200 ubicaciones aparecen en el buscador yahoo argentina si uno intenta encontrar material sobre Raymundo Gleyzer y el grupo Cine de la Base. Sin embargo, la mayoría de los links nos llevan a superficiales producciones que apenas llegan a cubrir nuestras expectativas. Es notable la repercusión que ha tenido el libro ‘El cine quema’, y en ese sentido es clave su aparición para profundizar la reconstrucción de la memoria colectiva sobre la experiencia del cine militante en este país.
Abajo intentamos recopilar las ubicaciones más interesantes que contienen información sobre RG. Es una lista abierta, convocante, con la idea de potenciar al máximo el principio de publicación abierta que propone el sistema indymedia.
Este es un modesto homenaje para una figura referente, un homenaje que quiere ser eficaz, como fue y es su cine, y que retoma también la idea de la construcción colectiva de la realidad y de la memoria social.

Queda por destacar una sorpresa de esas que se desean.
En http://www.documentalistas.org.ar/textdoc.shtml se encuentra un excelente trabajo documental sobre Raymundo Gleyzer, con textos y testimonios de varios y varias de los que pudieron conocerlo y trabajar junto a él. Gracias.

RESEÑAS SOBRE LA PUBLICACIÓN DE ‘EL CINE QUEMA’
En http://www.cineismo.com/temas/cine-quema-el.htm se encuentra una interesante reseña del libro 'El cine quema' de cuya lectura surge la necesidad de realizar esta investigación.
En http://www.pagina12.com.ar/2000/00-09/00-09-03/pag33.htm, otra reseña, esta vez del suplemento Radar, sobre 'El cine quema'.
En http://www.elojodelfuego.com.ar/art/art50.html, otra reseña.
En http://www.intervoz.com.ar/2001/0417/suplementos/cultura/nota26688_1.htm, una entrevista a Fernando Martín Peña, a raíz de la presentación del libro en la ciudad de Córdoba.
En http://www.filmonline.com.ar/44/notas/Gleyzer/Gleyzer.htm se halla la reseña que publicó la revista electrónica (especializada en cine) que dirige Fernando Martín Peña, coautor del texto. Incluye la transcripción de otros fragmentos, extraídos de la parte final del libro, en el que se hace una estudio crítico de la filmografía completa de RG..
En http://www.edicionesdelaflor.com.ar/Assets2/247_7.htm se encuentra la página web de la casa editora Ediciones de la Flor, para quienes deseen adquirir el libro de Peña-Vallina.
Por Fernando Martín Peña sabemos que la edición de tres mil ejemplares está casi agotada, y que no es probable que se reedite. En la biblioteca de la Escuela Nacional de Cine (ENERC, Salta y Moreno, Capital Federal)), encuentran un ejemplar para préstamo (y fotocopia).

TEXTOS SOBRE GLEYZER Y CINE DE LA BASE
En http://www.otrocampo.com/festivales/mardel02/lostraidores.html
la revista virtual de crítica cinematográfica OtroCampo dedica un breve texto al film Los traidores, a raíz de la retrospectiva sobre cine político argentino que se pudo ver en el último Festival del Mar del Plata.
En http://www.cineindependiente.com.ar/ pueden ver otra reseña sobre la vida y obra de Gleyzer.

GLEYZER PRESENTE
En: http://www.desaparecidos.org/arg/victimas/g/gleyzer/
se está construyendo una base de datos y una red de vínculos entre quienes se empeñan por recordar la memoria de los desaparecidos (incluido el propio RG), denunciando la impunidad de los asesinos.
En http://www.paginadigital.com.ar/articulos/2002rest/2002terc/cartas/peri21-3.html, un ejemplo de la memoria militante que ejercen los periodistas agrupados en la UTPBA.
En http://www.rionegro.com.ar/arch200204/c26j01.html se halla la primer noticia pública sobre un posible proyecto de documental que realizaría Adrián Caetano, director de "Pizza, birra y faso" y de "Bolivia", sobre Raymundo Gleyzer basado en la investigación de Peña-Vallino.
En http://www.sextans.com/altercine/gagnant_es.html, se presenta otro proyecto de realización documental sobre la figura de Gleyzer.

CINE POLITICO DE LOS SETENTA
En http://www.los70.org.ar/n05/pantalla.htm un artículo sobre el cine político de los 70, publicado en la revista especializada 'Los 70', y firmado por Ricardo García Oliveri.
En http://www.contraelsilencio.org/encuentro/Memorias/mesas.htm se encuentra el resultado de una mesa de debate sobre las funciones y alcances del video vinculado con las luchas sociales y políticas que se dan en nuestro continente. En su intervención, Humberto Ríos recorre la historia del cine político argentino de la década del setenta. Reflexión clave de uno de los protagonistas de período, que además fue primero profesor (en la Universidad de La Plata) y luego camarógrafo (en México, la revolución congelada) de R. Gleyzer.

CONTINUIDAD Y MEMORIA, EN ACCION
En http://www.melodysoft.com/cgi-bin/foro.cgi?ID=libertadk&msg=486
una muestra de los canales de difusión por los que la obra de Gleyzer, y el cine político en general, está encontrando nueva vida.
En http://www.enclaveroja.org.ar/Revista/revista12/ARTE.htm, se encuentra una declaración del grupo En Clave Roja - Contraimagen - PTS sobre los principios políticos y los referentes históricos que guían su acción cultural, con explícitas referencias a la figura de Gleyzer.
En http://argentina.indymedia.org/news/2002/04/22432.php un artículo que demuestra que la memoria del cine de Gleyzer nutre la acción (y la concepción de la acción) de las nuevas generaciones de documentalistas argentinos.

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Muchas Gracias
Por Andres - Tuesday, Jun. 18, 2002 at 11:31 AM

Muchas gracias por el trabajo que hicieron. Sin duda debemos conocer la historia porque nunca empezamos de cero.
Los nuevos cineastas y documentalistas tenemos acá un aporte del camino que podriamos empezar a recorrer.

nuevamente gracias.
Andres

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Un documental sobre Raymundo Gleyzer
Por Skoll - Monday, Nov. 04, 2002 at 10:29 PM

Tuve la oportunidad de ver el estreno de un documental sobre Raymundo Gleyzer que se presentò el viernes pasado en la facultad de Bellas Artes de La Plata.
Pido mil disculpas por no recordar los nombres de los realizadores (sè que eran de Quilmes) como tampoco el nombre del emotivo documental...
Nada, que siempre estoy encontrandome con cosas que hacen comprometerme màs y màs... La vida militante de Raymundo Gleyzer es un ejemplo y como dice Hebe, los desaparecidos vuelven todo el tiempo, no sè mucho sobre cine pero estamos viendo como conseguir sus peliculas, las necesito.

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Comentario sobre el Documental sobre Glezyzer
Por pierpa - Tuesday, Nov. 12, 2002 at 9:59 PM

El pasado jueves 7 de noviembre, dentro del ciclo de cine inédito argentino que organiza la revista haciendocine, se exhibió gratuitamente ( la entrada era un alimento no perecedero para un comedor infantil) en una sala del Hoytts del Abasto la extraordinaria película documental "Raymundo, cine de la base", realizada por Ernesto Ardito y Virna Molina. Tras cuatro años de investigación, trabajo y hallazgos impresionantes ( desde lo documental y desde lo ciinematográfico) Ardito y molina han reafirmado el puente entre la memoria y el presente. Con honestedidad, con emoción, con un bien entendido didactismo (en lo que ha cuestiones históricas se referie, necesaria para el conocimiento de la nuevas generaciones).
Raymundo no es un film sobre la ausencia, sino sobre la presencia, no sobre la memoria sino sobre la actualidad de la memoria. Imágenes inéditas de Gleyzer, extractos del crudo de Los traidores, La tierra quema, México la revolucion congelada, cartas (leídas en off por el hijo de raymundo), textos, grabaciones caseras ( imposible no conmoverse con las grabaciones de los díalogos entre Raymundo y su hijo), testimonios, animaciones, componen una sinfonía visual, sonora, polítca y sobre todo poética. Poética que Gleyzer no olvidaba ni reducía en su cine militante. Ardito y Molina, pueden sentirse continuadores legítimos de esa línea. Y su película es un ejemplo para los múltiples colectivos de documentalistas que trabajan actualmente en la Argentina, acompañando las luchas sociales, tendiendo puentes que la inundación neoliberal amenza inutilmente por derribar. Raymundo, es sin lugar a dudas una película esencial en la producción documental de la historia cinematográfica argentina ( si tengo que pensar en otro ejemplo de tal envergadura, aunque de distinto tono me remontaría a "Juan, como si nada hubiera sucedido", de Carlos Echeverria, de fines de los 8O). Ahora el film viaja a Toronto, y ha sido invitado al festival de cine latinoamericano de Toulouse del próximo marzo del 2003. La intención de su autores es exhibirlo ademas en cuanto medio alternativo sea solicitado. Informaré donde y cuando se efectuen las nuevas proyeciones y la manera de ponerse en contacto con el material.

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gleyzer
Por fernando ramirez - Tuesday, Jan. 09, 2007 at 10:42 AM
pilatos@hotmail.com 4809.1756 capital federal

La verdadera historia de Gleyzer ha sido escrita en el libro "Santucho entre la Inteligencia y las armas ", creo que del 2001.
Allì integraba el ERP y era una fanatico de la violencia y antiperonista.

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estas cosas valen mucho
Por maru - Thursday, Sep. 27, 2007 at 9:53 PM

Me pareció genial la idea de este sitio. creo que es muy importante que nosotros, que somos los que tenemos que pelearla, conozcamos a los que dieron su vida por razones comunes, y lucharon hasta el final. ojalá se los siga nombrando, tanto a Gleyzer como a todos los que se comprometieron. si alguien me puede dar algun dato de donde puedo conseguir alguna de sus peliculas, lo agradeceria. hace tiempo que las estoy buscando y cuesta mucho encontrarlas.

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Saludos desde México
Por Cine militante - Wednesday, Nov. 07, 2007 at 7:16 PM
fr_ee_omyourself@yahoo.com.mx

Hola muchísimas gracias por la labor de investigación y subirlo a la red. Todo lo comentado y las ligas me parecen muy interesantes. En México tenemos un cineclub en C.U. y vamos a pasar una serie de cortos de Raymundo Gleyzer. Tuve la oportunidad de ver México la revolución congelada y su valor es extraordinario.

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algunas obras de gleyzer para descargar
Por rosquero - Friday, May. 02, 2008 at 10:04 PM

en este link podes encontrar 3 obras de gleyzer:

http://www.revolutionvideo.org/agoratv/especiales/videos/gleyser/los_traidores_30a.html

y acá otra:
http://www.taringa.net/posts/tv-peliculas-series/918038/Raymudo-Gleyzer---Me-matan-si-trabajo___-(documental).html

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gracias
Por Noelia - Thursday, Apr. 30, 2009 at 4:47 PM
pizarnik_1978@hotmail.com

gracias por este blog, es realmente maravilloso, Raymundo está en nosotros y con nosotros.
mi blog es: http://www.noelia-textos.blogspot.com

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