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Brukman: hasta el amanecer
Por sebastian hacher ((I)) -
Saturday, Apr. 19, 2003 at 2:31 PM
sebastian@riseup.net
Apuntes de la defensa de Brukman.
Es dificil decir y escribir. Son casi 20 horas de vigilia, de una madrugada inesperada bajo la lluvia, de una mañana tensionante, de una tarde de lucha bajo la lluvia. Fue el día mas largo de los últimos meses para todos nosotros, pero especialmente para nuestras compañeras de Brukman, esas obreras hermosas que nos han enseñado el poder de la dignidad.
Así que este reporte no quiere -no puede-. ser una nota periodistica, sino apenas algunos apuntes de una de las 3000 almas que sintieron la necesidad de congregarse hoy para defender una fábrica bajo control de 55 trabajadoras y trabajadores que mostraron al país y al mundo la realidad y el poderío de aquella vieja frase que reza que "el mundo puede funcionar sin patrones".
La vida nos dio dias intensos en los ultimos tiempos. El dia mas intenso de todos quizás haya sido el 20 de Diciembre del 2001, que significó un quiebre en nuestras vidas, abriendo una nueva etapa donde miles de personas entendieron (o entendimos) que podiamos cambiar las cosas con nuestras propias manos. Eso, que aprendimos e la calle tirando a un presidente y poniéndole el pecho a las balas es lo que significa y representa Brukman.
Recuerdo el 20 de diciembre como un día soleado y anárquico, con olor a gas lacrimógeno y libertad. Y ahora, casi un año y medio después, mientras escucho como el viento pega sobre la ventana, intento pensar como recordaré estos momentos, este largo día que acaba de terminar.
A la una de la mañana salimos con un coche para comprobar si era verdad la noticia que acababamos de recibir. Llovia a cantaros, y sólo cuando cruzamos Belgrano entendí lo que significaba. Vallas cruzadas de lado a lado, cientos de policias que se camuflan un poco con el color del asfalto al que no le pega la luna, y un grupo de compañeros que habían salido volando para la fábrica y con los que nos concentrabamos para empezar a protestar.
Y los trabajadores que llegaban de a poco, que se mezclaban entre jóvenes y mujeres que venían a defender su fábrica, desafiando a la noche, a la lluvia, al feriado y los 300 efectivos que venieron a restaurar el viejo regimen de los talleres de confección de nuestra ciudad.
Golpeaban las rejas con odio y amor esas costureras hermosas, que hasta hace un ano soportaban sobre su espalda un trabajo que no era suyo, por el que no le pagaban a veces, y que de la vida aprendieron que nada se consigue sin luchar.
Y como lo aprendieron. Con ojos fieros avanza Santiago, de esa voz suave que todavia habla de francia en su acento, y esa sonrisa que lo asemeja a ese abuelo que uno siempre quizo tener. Y Celia, que ahora no frunce el seno y abraza a una companera para darle calor y animo.
Y bueno, se hace dificil escribir. A Yuri lo encuentro en una esquina oscura. Lo sigue una compañera, una con la que nunca hablamos pero que nos conocemos y saludamos de tanto cruzarnos em todas partes. Van apurados, casi corriendo bajo la lluvia que afloja las baldozas que cargamos. Dicen que del otro lado, por la esquina de México, estan tratando de sacar un camión, y que posiblemente haya cosas de la fábrica que se estan llevando. "Hay que cargar lo que se pueda" dice Yuri sin perder la sonrisa mientras arrancamos baldozas que rescatamos tanteando las veredas del barrio.
Y el camión ya se fue, y los pibes se sentaron en el piso, y se defendieron con piedras, pero eran pocos y el camión se fue, y entonces a seguir aguantando y a quedarse ahi. Hay mas compañeros que llegan de a poco, alertados por llamados de amigos, por planes cambiados, por nocturnas visitas a internet. Una pareja me ofrece ir a su casa para buscar bolsas para la lluvia. ¿Son del barrio? les pregunto, y me responden que sí, que no tienen "nada que ver con nada" pero que lo de Brukman no podía ser.
Y arriba una vecina, desde su solitario balcón convertido en tribuna privilegiada del despliegue policia, golpea una cacerola como senal de protesta. Siento algo de alivio; no estamos solos, y el ruido de la cacerola, la explicación simple y tan natural de la pareja de la bolsa de residuos me sirven como alimento para seguir la jornada.
Somos casi unos 500 cuando la lluvia no da un alivio. Comienzan a llegar algunas personalidades, que van desde diputados hasta periodistas. Cantamos, nos damos animo, y ya la lluvia para a tener un efecto secundario sobre los que, pegamos a las vallas, decimos que "Brukman es de los trabajadores, y al que no le gusta se jode".
La policía quiere cambiar la guardia; unos 70 infantes estan formados en frente nuestro, casi dispuestos a voltear las barricadas que armamos con carteles, paneles de señalamiento y tambores que estaban tirados por ahi. Abren su corralito, y los 70 milicos salen formando un rectángulo, de modo tal que nos atropellan y se producen algunos forcejeos.
Es un ballet extraño y sin ninguna gracia que avanza histérico tratando de mostrar algo de fuerza. Nadie se va, nadie corre; nos amuchamos y cantamos y saltamos mas fuerte, y le demostramos que no nos vamos a ir. Dos policias con itakas se destacan de los que están entrando; patean cosas y cada tanto apuntan al cuerpo de algún manifestante. Y nosotro seguimos ahí.
Alguien me dice que son las siete, pero el cielo gris todavía parece de madrugada. Comienza el día, un día que será tan largo como la noche que acabamos de vivir.
Las columnas van llegando de a poco. A las 11 diputados, dirigentes de diferentes organizaciones hablan frente a unas mil personas que nos congregamos allí. Todos coinciden en algo; es mucho lo que nos estamos jugando con Brukman. "Acá nos estamos jugando todo, cada compañero que hizo un cacerolazo, cada piquetero que conquistó algo en la ruta, cada obrero que ocupó una fábrica no estamos jugando todo acá y ahora, y tenemos que estar todos aquí". (continuará hasta la victoria)
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