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12 MOVIMIENTO ASAMBLEARIO – PARA DEBATE REPORTAJE A HORACIO TARCUS
Por Nicolás - Tuesday, Sep. 30, 2003 at 9:21 AM

Es una crítica importante a la Izquierda. Se defiende también la posibilidad de que la Izquierda pueda gestionar espacios de Poder dentro del Estado. Se nombra al PT brasilero y al Frente Amplio en Uruguay.

12 – REPORTAJE AL HISTORIADOR HORACIO TARCUS.

Este es el último artículo que llegó a la casilla de la Asamblea. Es una crítica importante a la Izquierda. Se defiende también la posibilidad de que la Izquierda pueda gestionar espacios de Poder dentro del Estado. Se nombra al PT brasilero y al Frente Amplio en Uruguay.
A muchos de ustedes le puede parecer un artículo reformista, pero justamente lo quiero compartir con ustedes para también generar debate en ese sentido, ya que aunque sea en forma indirecta tiene mucha relación con los posibles futuros del Movimiento Asambleario.

Saludos revolucionarios,
Nicolás.

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EL HISTORIADOR HORACIO TARCUS PROPONE MAS PENSAMIENTO CRITICO Y MAS GESTION

“La izquierda vive y sobrevive de los homenajes”

En un reportaje para la polémica, Horacio Tarcus sostiene que hay una
“sobresaturación de la memoria”. El historiador de la izquierda descarta que
haya que olvidar todo, pero sugiere pensar en una izquierda “capaz de
construir poder social”, sin miedo a creer que la gestión es una “práctica
reformista” que funcione sólo como “una plataforma para construir poder por
otro lado”.

Por Martín Piqué

–¿Se puede pensar todavía en un modelo alternativo al capitalismo?

–Los problemas son muchos. Cuando, hasta hace quince años, había en la
izquierda un consenso de lo que sería el socialismo –con todas las variantes
que podía haber entre comunistas, trotskistas, maoístas– todos estaban de
acuerdo en que China, la URSS, Cuba, de modo ideal o de modo más o menos
deformado, más o menos burocratizado, representaban un modelo económico
alternativo, viable y superior al capitalismo. Y de lo que se trataba era de
plantear algún término de régimen económico que sirviera como transición a
un modelo de este tipo. Hoy está visto que ese modelo fracasó. Pero fracasó
de raíz, no porque fue mal aplicado, sino porque tenía problemas
estructurales.

Hoy, sectores de avanzada de la izquierda, fundamentalmente en Europa y en
menor medida en los propios Estados Unidos, están intentando pensar cómo
funcionaría una sociedad no regida en lo fundamental por valores
mercantiles. Son todavía ensayos de laboratorio y hay que ver cómo se
articularían con experiencias concretas de gestión, por ejemplo en ciertas
fábricas.

–¿Un reflejo de eso no es caer en cierto alternativismo que se automargina
de la sociedad, como algunas experiencias de los movimientos piqueteros, que
renuncian a disputar el poder como los hippies en los ‘60?

–Sí, estoy de acuerdo con usted. El autonomismo a ultranza nos lleva de
algún modo a una nueva forma de socialismo utópico. A creer que es posible
crear islotes de grupos humanos que funcionen con otras reglas y con otros
valores. Eso fracasó en el siglo XIX, cuando el capitalismo no tenía la
potencia que tiene a principios del siglo XXI. Hoy es absolutamente
inviable. Y esto vale también para las fábricas autogestionadas. Esto valió
para el movimiento cooperativo, porque van pasando generaciones de utopistas
y cooperativistas pero el movimiento o estalla o queda asimilado a las
reglas del sistema, y las cooperativas se transforman muchas veces en
sociedades comerciales que no se diferencian en su funcionamiento de las
propias sociedades anónimas capitalistas.

–¿Cuál sería la salida a esos islotes?

–Mantener esta tensión entre la autoconstrucción de un movimiento que trata
de defender sus propias formas de organización, sus valores, sus relaciones
al interior, con una voluntad de transformación que implica algún tipo de
contaminación. Lo que critico del movimiento de Luis Zamora es que muy
rápidamente se presentó a la arena electoral confiando más en el carisma de
Zamora como candidato. Eso, en realidad, abortó muy rápidamente la gestación
de un movimiento autónomo de varios años de articulación de los distintos
movimientos sociales y políticos, y culturales, emergentes en la sociedad
argentina. En ningún momento hay que perder de vista que, en definitiva, hay
que transformar la estructura social y el propio Estado burgués. Además, es
imposible una situación de coexistencia eterna entre un orden capitalista y
un orden estatal capitalista con movimientos autónomos. Es el equilibrio
inestable en el que, salvando las distancias, se encuentra el movimiento
zapatista. El ejemplo del PT es un ejemplo interesante de gestación de
movimientos sociales desde abajo articulados con un movimiento de
transformación política. Pero aquí estamos a años luz de un proceso similar.

–Usted subraya que “hay que generar una nueva izquierda” y dice que la
izquierda tradicional está muerta o en agonía. Pero ese fenómeno que usted
observa no parece repetirse en el resto de América latina, donde la
izquierda está más organizada, es menos sectaria y tiene más posibilidades
de dialogar con la sociedad. En muchos países hasta es –o forma parte de–
una opción masiva de poder. ¿Solamente en la Argentina es necesaria una
“nueva izquierda”?

–El fenómeno del PT logra poner en juego elementos de lo que yo llamo esta
nueva izquierda con ciertas prácticas de la izquierda tradicional, y ciertas
estructuras de la izquierda tradicional, pero transformándolas
profundamente.

–¿Cómo?

–Dentro del PT hay una corriente trotskista muy significativa, que es
Democracia Socialista, la DS. Ahora, si usted compara el trotskismo
argentino con el trotskismo brasileño, las diferencias son extraordinarias.
Las dos son expresiones de la vieja izquierda, pero esa vieja izquierda
reprocesada por la experiencia del PT no tiene nada que ver con la lógica
sectaria del trotskismo argentino. Los trotskistas brasileños, primero,
llevan veintipico de años de una experiencia muy particular, que es
constituir una tendencia interna dentro de un partido de masas. No se lo
plantean como una especie de fracción que parasita al partido con la
especulación de hacer entrismo, romper e irse, sino con el objetivo de
construir lealmente una organización política con corrientes que están al
interior de ese partido con las que comparten cierto plafond básico de lo
que sería un partido de clase. Un partido de los trabajadores, pero que no
comparten la totalidad del programa político.

Ellos consideran que Lula, por ejemplo, a quien respetan como líder
político, es expresión de una vertiente reformista, pero esa vertiente
reformista al mismo tiempo expresa a un sector importante de las masas
brasileñas. Creen que la mejor forma de dirimir las diferencias con él es al
interior de un partido, apostando a construir una mayoría democrática con
los métodos de la democracia socialista. Es una izquierda que ha participado
en experiencias de gestión, porque dio, por ejemplo, nada menos que al
intendente de Porto Alegre, Raúl Pont. Esto para la izquierda trotskista
tradicional era una contradicción en los términos.

–¿Cuál es la contradicción?

–¿Cómo un dirigente marxista trotskista podía ser alcalde de un régimen
burgués? Esto tiene que con una ruptura de lo que son los cánones de la
izquierda tradicional, que le tenía horror a la gestión. Los viejos
términos, los términos de la vieja izquierda sobre la diferencia entre
reforma y revolución, entre gestión reformista al interior del orden burgués
y revolución mediante el asalto al Palacio de Invierno, están totalmente
caducos.

–En la Argentina hasta suena extraño vincular a la izquierda con la gestión.

–Se puede hacer una gestión transformadora, revolucionaria, sin pensar en un
asalto al orden burgués. Lo que le falta a la izquierda argentina, entre
otras cosas, es una capacidad de gestión que trotskistas, comunistas e
izquierdistas brasileños vienen ensayando. Acá, en la Argentina, no existe
ni la experiencia de gestionar con éxito una sección gremial o un centro de
estudiantes. Fíjese que cuando un sector de la izquierda tradicional
argentina gana un centro de estudiantes lo pierde al año siguiente. ¿Por
qué? Porque no es una izquierda pensada para llevar adelante algún tipo de
gestión. Piensan que es una suerte de práctica reformista, y que la gestión
es un escalón, una plataforma para construir poder y que ese poder lo van a
construir por otro lado. Por eso, al mismo tiempo que pienso en una
izquierda radical –que se salga de los cánones de representación– al mismo
tiempo estoy pensando en una izquierda que tenga capacidad de gestión.

–¿Qué tipo de gestión?

–Una capaz de construir algún tipo de poder social. Por supuesto, un
candidato suelto en el Parlamento no hace nada más que propaganda. Ahora, un
candidato que llega respaldado por un movimiento social que se está
movilizando por detrás de él sí es una pieza clave al interior del sistema
de poder. Si se generalizan experiencias de este tipo, en las distintas
instancias de la pirámide de poder, pero apoyados con un proceso de
movilización social, el proceso puede ser por demás interesante. Más allá de
las diferencias que desde la lógica de la izquierda tradicional se puede
tener de la gestión del PT, lo que hay que hacer, en primer lugar, es
aprender de esa experiencia. Es cierto que esa experiencia no responde
totalmente a los cánones de lo que yo estoy intentando definir como una
“nueva izquierda”.

–Entonces, ¿por qué hay que prestarle tanta atención?

–Tiene mucho de “nueva izquierda” y de algún modo la “nueva izquierda”
participa activamente en los Foros de Porto Alegre, que son impulsados por
el PT. En nuestro país, la vieja izquierda muestra una incapacidad
estructural de transformarse en algo que se asemeje al PT. Los encandila el
proceso del PT y les gustaría armar una opción de poder como el PT, pero eso
implicaría una trasformación tan grande en su lógica política que estamos a
años luz de eso.

–Rodolfo Walsh decía que las clases dominantes querían imponer a las
dominadas la sensación de que no había historia, que siempre había que
empezar de cero. Al hablar de “nueva izquierda” usted está diciendo que nada
de la “vieja izquierda” (o sea, la actual) o de las izquierdas que
fracasaron, como las de los ‘60 y los ‘70, no tienen nada para aportar a la
gestación de la “nueva izquierda” que imagina. ¿Es así?

–No. No hay un riesgo de pérdida de la memoria. Un poco dándole vuelta su
pregunta, el riesgo es la sobresaturación de la memoria. La izquierda
argentina vive y sobrevive de la memoria. Le va a resultar paradójico que yo
le plantee esto, que soy un historiador y que he dedicado mi vida a juntar
los papelitos y las fotos y los afiches de la izquierda. Pero hay una
sobresaturación de pensar a partir de la conmemoración, de discutir a partir
de la cita y de sostenerse a partir de las viejas figuras arquetípicas.
Rodolfo Walsh, y lo tomo como ejemplo porque usted lo incluyó en la
pregunta, me parece un gran escritor y además un hombre por el que tengo
políticamente el mayor de los respetos. Me parece una figura dignísima e
interesante, que merece ser leída y reconocida, pero no participo ni del
culto de Walsh, ni del culto del Che. Los grandes iconos tapan la
posibilidad de un diálogo crítico y de una reflexión crítica con nuestro
propio pasado. Hay que bajarlos a tierra y discutirlos.

–Pero yo más que a los mitos me refería a las continuidades.

–No, ahí ya sería más que paradójico, sería suicida que un historiador de la
izquierda se plantee esto. Pero de veras. A mí me convocan permanentemente
para los homenajes, y soy muy receloso del espíritu con el que se convoca a
los homenajes. Porque tenemos una izquierda nostálgica que vive y sobrevive
de los homenajes. Por eso, el riesgo es la sobresaturación de la memoria. En
el culto a la memoria a veces el lema que levanta el movimiento de derechos
humanos es “prohibido olvidar”. “Prohibido olvidar” es una tortura. Para
recordar necesitamos olvidar. Y el drama de la izquierda argentina es que
está condenada a recordar. En la medida en que aquí no ha habido plena
justicia después del genocidio, después del terrorismo de Estado, en la
medida en que gran parte de los asesinos todavía están sueltos, no hemos
conquistado esa justicia y no conquistamos, por lo tanto, el derecho de
olvidar. Entonces no podemos dar vuelta la página...

–...Y pensar en el futuro y en el presente.

–Claro, exactamente. Y éste es el drama que nos tiene paralizados. Hay que
hacer un ajuste de cuentas generoso, pero al mismo tiempo profundamente
crítico, con las experiencias del pasado, con las figuras del pasado, y con
las organizaciones políticas del pasado. No se va a construir nada nuevo si
no hay ese balance. Es condición. Ahora, paradójicamente, o dialécticamente
como decíamos en otra época, ese balance es muy difícil de ser planteado si
uno no empieza por instalarse en otro terreno y en otra lógica política.
Porque si se sustenta en la misma, se cae en la lógica del culto de la
memoria y del culto de los héroes del pasado. Un síntoma de esto es que la
candidata a presidente durante la última década del Partido Comunista y de
una organización trotskista como el MST sea Patricia Walsh, que no
representa otro emblema que ser la hija de Rodolfo Walsh. No es una
luchadora... Con todo el respeto hacia ella. Es una persona magnífica pero
no una luchadora social que se haya destacado por su propio peso. Y sin
embargo es una figura indiscutida, ¿Por qué? Por llevar este apellido. Sí,
hace falta esta historia crítica y este balance crítico de un modo
imperioso. Pero intente usted hacer un balance crítico sobre el Che en unas
jornadas de homenaje sobre el Che. Yo lo he intentado y me he ligado
muchísimas críticas. No soy el único, hay mucha gente que lo intenta, pero
es muy difícil instalar esto sin una nueva cultura de izquierda. La
militancia nueva que surge en diciembre de 2001 tiene un gran respeto por
las figuras de la izquierda pero no tiene ese temor sagrado de los viejos
militantes de la generación de los ‘60 y ‘70.

–Pensar que algo debe empezar desde la nada, rompiendo con todo lo
existente, también es un discurso político, una estrategia política. Como lo
que hizo Zamora, que confrontaba con los partidos de izquierda en bloque y
los descartaba como aliados por anticipado...

–Zamora se ha movido mal porque de algún modo pactó con el MAS y con dos
organizaciones políticas para que le ayuden a juntar las firmas necesarias
para lanzar su partido y después se cortó solo. Pero no me quiero centrar en
lo de Zamora, que es una experiencia puntual. No creo que haya que hacer una
política de hostilizar a la izquierda tradicional y creo que cualquier nueva
forma de la política seguramente va a recuperar a lo mejor de esa
militancia. Y hasta es posible que se den fenómenos de transformación tan
profunda de una organización como el caso del trotskismo brasileño. Hasta
puede existir una organización que mantenga el mismo nombre del periódico y
de la organización, los mismos dirigentes, pero que se transforme de un modo
muy profundo. Y eso sería profundamente auspicioso. Ojalá yo me equivoque y
la izquierda tradicional dé algún tipo de señales de vocación o necesidad de
autotransformación que yo no esté leyendo.

–¿Usted cree que se está equivocando?

–Por lo que logro descifrar a través de lo que leo en los periódicos o de
dialogar con alguno de sus militantes, o de ver cómo funcionan hoy dentro de
las asambleas o del movimiento piquetero, la lógica de los partidos de
izquierda es una lógica instrumental de la política, es una ética pragmática
y es un modo de hacer política a expensas del movimiento social, parasitando
el movimiento social. No hay una política concebida en términos más
generosos de construcción del movimiento social.

–¿Quién sí la hizo?

–La izquierda socialista o anarquista que surgió a fines del siglo XIX, que
contribuía a crear organizaciones obreras. Era una política generosa. No es
que capturaba las organizaciones existentes, contribuía a construir e
intentaba justamente no capturarlas, porque sabía que si las capturaba las
sofocaba. Hoy veo una izquierda que funciona así. Que es solidaria con los
movimientos en el momento inicial pero que enseguida funciona, aunque no se
lo proponga, como la fábula de la ranita y el escorpión. Pareciera que está
en la naturaleza de la vieja izquierda parasitar al movimiento social,
tratar de capturarlo, ponerle su sello y decir “lo controlamos nosotros”.
Eso es la demostración de poder, y eso es lo que tiene que revisar la
izquierda. Además de poner en cuestión la noción de poder.

–¿De qué manera?

–Tenemos una izquierda pre-foucaultiana, entre otras cosas. Los aportes de
autores como (Toni) Negri o como (John) Holloway la izquierda no los ha
procesado en lo más mínimo. Los dos plantean una crítica al viejo modelo
leninista de partido, de política y de poder que caracterizó a toda la
izquierda. Hasta la izquierda peronista, o la izquierda castrista, o la
izquierda guerrillera estaba imbuida de esta lógica leninista. Más allá de
que adoptase la forma de partido político o la forma de guerrilla rural,
urbana o foco guevarista. La lógica es la lógica leninista de asalto al
poder. Y Holloway trata de volver a una lógica que es previa al leninismo,
simplemente que él la está aggiornando, actualizando, que era la lógica de
construir un poder –si se quiere un contrapoder social– que vaya
transformando las relaciones de poder en la sociedad de modo que la
transformación del Estado no sea un asalto a un aparato burocrático.

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Tarcus, el gran teorico argentino
Por Bertold - Tuesday, Sep. 30, 2003 at 10:29 AM

Claro, Tarcus es post fucoltiano, él sí la tiene clara. En reconocimiento de su claridad Clarín, el gran diario argentino, le da prensa para que escriba toda esta serie de amarilladas.
Con gusto a nuestra oligarquía le vendría bien ver a nuestra izquierda convertida a imagen y semejanza del PT de Brasil o del Frente Amplio. El doctrinarismo y sectarismo del trotskismo argentino no es más que una coartada para convertirse en la "voz de la nueva izquierda".
Señor Tarcur, Ud. no tiene idea de lo que pasa en los barrios bonaerenses, Ud. no tiene idea de cómo están reprimiendo al MST en el marco de la "capacidad de gestión" del PT brasileño.

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tarcus, basura
Por Morite - Thursday, Oct. 23, 2003 at 2:09 PM

Tarcus pedazo de ladrón, cobra un sueldo de Ibarra y esta aliado a el, y ademas esta entongado con una bequita de la fundación Guggenheim. Ya sabemos que este tipo de fundaciones sirven para evadir impuestos. Anda a votarlo a ibarra pedazo de basura.

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Yo contra Tarcus
Por Philidor - Sunday, Nov. 23, 2003 at 1:07 PM

Argentina Centro de Medios Independientes

Original article is at http://argentina.indymedia.org/news/2003/09/132064.php
Critica a Tarcus
por Philidor • Monday September 08, 2003 at 11:58 AM

Critica hacia los pensamientos del señor Horacio Tarcus
El diccionario de Horacio Tarcus debe de ser bastante pobre, yo no gastaría plata en el. Si bien no defiendo a la izquierda me parece que decir que toda ella embrutece los conflictos sociales es una generalización típica de un desinformado antes que de un intelectual. No toda la izquierda tiene tácticas ultraizquierdistas de lucha. El hecho de que ciertas agrupaciones hallan influido en el fracaso de Brukman (por poner un ejemplo) no quiere decir que todas las demás organizaciones usen esas tácticas suicidas típicas de dogmáticos y ultraprincipistas que no saben caracterizar la situación y por lo tanto no saben medir las fuerzas, o bien de gente que tiene intereses foquistas y que hace de las acciones espectaculares su caballito de batalla, lástima que las acciones espectaculares solo sirven para la noticia de la tarde y después pasan a ser una efemérides sin que se halla podido acumular fuerzas de ningún tipo.
En cuanto a que Zamora no tiene un sostén teórico sólido, no se si estoy de acuerdo, creo que si bien Zamora no tiene intenciones (por ahora) de construír un partido Leninista, pienso que sus tácticas con respecto al parlamento burgués y la manera en que se deja manipular y a la vez manipula a los medios es, a mi modo de ver, una táctica muy Leninista (leer al Lenin post 1917). El que crea que no se puede manipular a los medios ignora que los medios son construidos y manejados por humanos que cometen errores y que están inmersos en luchas interburguesas que tenemos que aprovechar.
Que Zamora no tiene una estructura partidaria sólida, es verdad, o por lo menos así lo veo yo, ese es su talón de aquiles.
Después Tarcus dice que el riesgo de Zamora es que se convierta en un personalista (si es que no lo es ya) pero después en el mismo párrafo Tarcus dice que también el riesgo es que Zamora y su discurso se vaya acomodando a la demanda de la gente que lo vota. ¿En qué quedamos Tarcus? O es personalista y se hace lo que el dice o acepta las demandas de la gente o que?.
Por otro lado, decir que es posible un trasvasamiento (de valores) entre Zamora y Macri porque ambos se muestran como ajenos a la corporación política (independientemente de si esto es verdad o no) es un insulto a la capacidad mental de gran parte de los que votaron a Zamora, capacidad mental que seguramente es mucho mas grande que la de Tarcus que se cree muy inteligente pero que no lo es. Tarcus menciona la palabra “acuerdo” (Zamora-Macri) refiriéndose a las cualidades de transparencia, democracia, acto de servicio como si el hecho de que ambos tuvieran esas cualidades (por supuesto que no las tienen) fuese un “acuerdo” en sí, el uso de esta palabra apunta a confundir al lector de la entrevista. Señor Tarcus, es usted el que apunta a confundir y no Zamora, sépalo bien.
Que la crisis de representatividad tiene potencialidades que pueden ser extraordinarias pero que también puede haber otras que son terribles es verdad pero yo apuntaría más a las abstenciones, a los votos en blanco y nulos antes que a la gente que votó por Zamora, hubo pueblos con alto voto bronca en el 2001 que este año salieron a la calle a pedir que venga la gendarmería a reprimir, hubo distritos ultra conchetos de capital federal que en las elecciones de octubre del 2001 se expresaron con el voto bronca (Belgrano con el 30,56%, Barrio Norte con el 29,52%, Recoleta con el 28,83%; al revés en Villa Lugano la cifra fue del 22,84% bastante por debajo del promedio porteño que es de 27,2%) esos distritos son los que hicieron que el cerdo, perdón, perro Murphy gane en capital federal las elecciones presidenciales de este año. Ahí esta la crisis de representatividad en su máxima expresión y no tanto (aunque no eximida del todo) en el voto a Zamora.
Consultado Tarcus sobre que valores encarna Zamora para que pueda llegar a ser atractivo por gente de derecha, responde que la imagen de honestidad y de estar fuera de los negocios es lo atractivo para esa gente. Señor Tarcus, empiezo a dudar de su inteligencia, usted considera que las personas de derecha valoran a alguien que esta fuera de los negocios?. Por otro lado, usted cree que esa gente de derecha por más confundida que pueda estar ideológica o políticamente no vea en el binomio Bullrich-Murphy o en Macri una opción más cercana a su derechismo?. Usted es estúpido o solo intenta confundirnos o ganar plata vendiendo diccionarios?.
Cuando usted dice que hay un punto de contacto entre Macri y Zamora porque la gente supuestamente los “impulsó” para que prestaran “servicios” a la sociedad, dice que la gente hizo una “demanda” de ellos. Eso es totalmente FALSO en el caso de Macri ya que a Macri lo crearon los medios (y el dinero que compró esos medios) mientras que a Zamora no lo crearon los medios en el 2001 (si bien durante el 2002 le dieron mucha pero mucha manija a Zamora) en el 2001 Zamora fue votado masivamente pero no gracias a la televisión y ciertamente no gracias al dinero. Esa es la diferencia con Macri y eso es lo que usted es incapaz de analizar señor Marcus porque se nota que le falta mucha calle además de neuronas.
Es verdad que la mayoría de los votantes en este momento votan por la imagen y no por un programa político, eso es verdad aunque habría que analizar también porque el resto de la izquierda que hizo una campaña a toda máquina (y que también venden imágenes) logró una elección pésima.
Tarcus dice que Zamora no tiene ninguna propuesta para hacer, que su propuesta es hacer lo que la gente decida. Bueno, entonces Zamora TIENE una propuesta que es la de hacer lo que la gente decida, acaso es eso antidemocrático?, no se si es Leninista esa propuesta pero es una propuesta al fin, aunque sinceramente por lo que me han contado no creo que Zamora valla a hacerla realidad, aunque pudiese. Se lo puede acusar de prometer cosas impracticables pero no de no tener propuestas, además cualquiera que halla recibido un volante por la calle de Autodeterminación y Libertad sabe que Zamora si tiene propuestas.
Que las masas hallan apoyado a grandes dictaduras es verdad (y así les fue) pero entonces ya entraríamos a discutir Schopenhauer y Nietzsche.
La gente no sancionó a Zamora por no presentarse a las elecciones presidenciales y por no votar la anulación de las leyes que amparan a los genocidas porque esta desinformada, pero de haber conocido el argumento que Zamora dio para estos actos tampoco lo hubieran sancionado, todo lo contrario, lo hubieran apoyado más aún ya que sus argumentos son de lo más lógicos. En cambio que argumenta usted señor Tarcus para presentarse a las presidenciales?.
La izquierda no esta condenada a la desaparición, cierta izquierda sectaria esta condenada al fracaso pero en sí la izquierda tiene para rato es mentira que los militantes se mueren de viejos y no hay quien los continúe, se nota que el señor Tarcus nunca se molestó en ir a ver un mitín político de izquierda se hubiera percatado de que esta lleno de pendejos. Tarcus, no hable de lo que no sabe.
Tarcus dice: Al inicio del siglo XXI, comunismo y trotskismo no quieren decir nada, son realidades del siglo XX totalmente superadas.
A mi me parece que Zamora utiliza métodos Leninistas y también otros métodos ligados al autonomismo. Lenin escribió que hay que ser flexibles en las tácticas (capítulo X del Infantilismo). Zamora debió aprenderlo de el y el resto de la izquierda envidia a Zamora por su éxito, el MAS recientemente lo llamó un “tapón”, yo creo que el tapón son ellos con sus comportamientos ultraizquierdistas en las pocas asambleas a las que van.
Que una suma de sectarismos hacen uno grande es verdad y no solo en la izquierda se ve esto, también hay grupos de autonomistas (no todos) que son extremadamente sectarios y su unión (si es que fuera posible porque veo que tienen los mismos vicios que la izquierda) daría lugar a un sectarismo gigante (asúmanlo muchachos, las masas no son autonomistas, sino porque creen que gana el PJ?) (y no digo con esto que hay que pasarse al PJ).
En cuanto a que la izquierda fractura los movimientos, es verdad, pero algunos autonomistas y el resto de la gente también lo hacen, me parece que es una endemia nacional.
Con respecto a que es necesario negociar en el momento de mejor relación de fuerzas, es verdad Tarcus, por fin concuerdo en algo con usted y por fin usted concuerda con Lenin, los sectarios y los ultras (sean de la ideología que sean, autonomistas, izquierda, etc.) no entienden esto, pero sectarios y ultras hay en todos lados, no toda la izquierda es sectaria y/o ultra y no todos los autonomistas son sectarios y/o ultras.
Y no toda la izquierda le tiene horror a la palabra negociación, el que usted me diga esto me demuestra que solo conoce una parte de la izquierda, entonces puedo decir que usted NO CONOCE A LA IZQUIERDA y si escribió un diccionario sobre ella seguramente es cualquier cosa y el que lo compre estará tirando el dinero.
Adjunto a continuación el texto con el que intento polemizar.
http://www.lafogata.org/
Tarcus y las elecciones
"La izquierda tiene el cerebro oprimido por el pasado"
Horacio Tarcus, director del Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierda (CEDINCI) analiza las últimas elecciones porteñas y la participación de la izquierda. Cree que "el éxito de Zamora es proporcional a su vacío político" y le encuentra puntos de contacto con el voto a Macri.
Sobre el resto de la izquierda, dice: "Fue más gente a escuchar a Fidel que lo que recolectaron en las urnas." Considera que la izquierda "embrutece los conflictos sociales" al empujarlos a situaciones imposibles, en lugar de buscar soluciones reales. Reconoce la voluntad de los militantes, pero sigue sin encontrar una izquierda "pluralista, democrática, inteligente, que
recupere el sentido común". Un análisis polémico sobre el presente y el futuro.
LAVACA.ORG
Horacio Tarcus acaba de ganar la beca Guggenheim con el proyecto de elaborar un diccionario biográfico de la izquierda argentina. Su meta es terminarlo en un año. Antes de iniciar esa enorme y meticulosa tarea, se tomó un tiempo para analizar qué significó el tercer puesto de Luis Zamora y la pésima elección de la izquierda tradicional en las elecciones porteñas.
El director del Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierda (CEDINCI), la biblioteca más importante sobre socialismo, anarquismo y marxismo que existe en el país, conoce el paño como pocos y aceptó este diálogo en el que -también meticulosamente- no deja
Militante con cabeza.
-¿En estas elecciones le llegó el "que se vayan todos" a la izquierda?
-Creo que en parte se mantiene abierta la crisis de representatividad que estalló en diciembre de 2001. Ya no hay la efervescencia social, ni el movimiento de asambleas que se suscitó entonces, pero el tercio de
ciudadanos que no fue el domingo a votar habla de que aquello sigue existiendo. Puede ser que para algunos no era imprescindible votar en esta instancia, y sí lo harán en la segunda vuelta.
También que una parte del ausentismo se deba a la falta de depuración de los padrones, pero lo cierto es que el índice de ausencia fue más alto que el esperado. Y también diría que parte del voto a Macri y del voto a
Zamora puede expresar a sectores inmersos en esa crisis de representatividad.
-¿No fueron votos ideológicos?
-No. Por supuesto que no. Se dieron dos cosas: por un lado la virtual licuación de los grandes partidos, el peronismo y el radicalismo. Por otro lado, hubo una desideologización de la política, expresada en el voto
que va a veces a la centro izquierda o a la centro derecha pero no por cuestiones ideológicas. Los discursos de los candidatos, de forma más o menos
consciente, expresan esto. Que Zamora insista en que no es de izquierda es una expresión equívoca, porque él no elaboró un discurso teórico de la post-izquierda.
Entonces, cuando alguien que es una figura emblemática de la izquierda dice que no es de izquierda, invita a la confusión. Se está moviendo sin un sostén teórico sólido, sin una estructura partidaria que lo sostenga,
sin un campo de debate. En cambio, se mueve mucho con el diálogo con la gente.
Suele responder a las preguntas de los periodistas diciendo: "El otro día me paró un señor en la calle y me dijo...". Por un lado eso es bueno porque habla de una persona que está dispuesta a escuchar a la sociedad, pero tiene un riesgo, además del riesgo narcisista y personalista: que el discurso se vaya acomodando a las demandas de las personas que lo votan. Con Macri pasó
algo parecido, tampoco se admite como un representante de la derecha.
-Y ahora Macri convoca a Zamora. ¿Es mero oportunismo, como le dijo Zamora, o expresan algún valor común? ¿El hecho de que los dos se muestren como ajenos a la corporación política los hace ver como parecidos por alguna parte del electorado?
-Creo que se lo puede leer como un síntoma de un trasvasamiento posible.
¿Por qué no? Si hay ciertos acuerdos básicos sobre la transparencia, la democracia, el acto de servicio. Hay un margen de votantes de Zamora que puede votar por Macri o un candidato más a la derecha. La crisis de
representatividad tiene potencialidades que pueden ser extraordinarias pero también puede haber otras que son terribles.
-¿Qué valores encarna Zamora que pueden ser atractivos para un ciudadano de derecha?
-Zamora construyó este apoyo electoral sobre la base de una imagen de honestidad, de transparencia, de confianza, de estar fuera de los negocios y, de algún modo, también había logrado colocarse por fuera de las
internas de la izquierda. Su salida silenciosa y no ostentosa del MST le permitió volver a emerger como una figura independiente, crítica, que escuchaba a los
vecinos y que aparece públicamente por demanda de la propia gente: "La gente lo impulsó".
Ahí hay un punto de contacto con Macri: un empresario que estaba tranquilo, en su casa, con su familia, y es llamado a prestar servicio a la sociedad.
Hay contacto en esa personalización de la política. Y el votante, cada vez elige más por este tipo de imágenes, de identidades, y no por líneas políticas o programas. Se vota una cabeza y ahí vienen los demás. Nadie sabe
quiénes son los ocho legisladores que ingresan con Zamora. Ni siquiera los que seguimos de manera más profesional la vida de la política y de la izquierda.
-¿En un momento donde no se le perdona nada a la clase política, ¿por qué Zamora no tuvo costos electorales por haber dividido su bloque, por haber revertido su posición de no presentarse a elecciones y por haberse
abstenido de votar por la anulación de la Obediencia Debida y el Punto Final?
-Tiene que ver con la misma despolitización que mencionaba. Un típico candidato izquierdista se hubiese visto en la obligación de argumentar ampliamente sobre esto, de escribir, de discutir. Él aprendió a moverse
como un político mediático, a no hablar de esto aún cuando le pasaban la factura en el mismo debate entre candidatos. Lo sacó fuera de la agenda.
Siguió postulando su imagen, la plebiscitó, sigue construyendo con eso.
Y toda esta discusión quedó en el terreno más político-ideológico, entre quienes están al tanto de este tipo de debates. En realidad, yo diría que en el tema de las leyes se abstuvo porque aplicó la lógica de la vieja
izquierda trotskista de la cual proviene. Argumentó que él había presentado una ley más completa, que la había redactado antes, dando a entender que Patricia Walsh se había apropiado de su ley, que hubo una negociación a
la que a él no invitaron.
Es una argumentación pobre, sectaria. Su lógica política sigue siendo la del viejo izquierdista, pero hay una gran habilidad para aparecer como una figura mediática, desideologizada, honesta. Pero no tiene ninguna
Propuesta para hacer. Su propuesta es: "nosotros vamos a hacer lo que la gente quiera hacer, lo que la gene decida". Las propuestas del MAS en los 80, eran exactamente lo mismo.
Pero es casi una paradoja de Russell. Porque vos también sos parte de la asamblea. ¿Qué le proponés a la asamblea, qué quisieras? ¿Que la asamblea vote cualquier cosa? La masa puede ser sumamente voluble. Aún las grandes dictaduras tuvieron apoyos de masas. Esta postura tiene dos problemas.
Por un lado el costado demagógico y, por el otro, que es una forma muy hábil y mediática de esconder que no se tiene qué proponer. El éxito de Zamora es proporcional a su vacío político. La gente no lo sancionó porque creo
que esto se ha naturalizado.
-¿Y por qué se sancionó a los partidos de la izquierda tradicional?
-Excepto Patricio Echegaray, mantuvieron su vieja identidad ideológica, política y organizativa. El número de votos que obtuvieron es inferior a la gente que movilizan. Va más gente a escuchar a Fidel que lo que
recolectaron en las urnas. Esas estructuras ya no organizan, no comunican. ¿Zamora es la solución? Si se trata de meter personas de izquierda en la legislatura
o en el parlamento, es un éxito. Pero me parece que es otra vez como la experiencia del MAS en los 80, un gigante con pies de barro.
Los partidos tradicionales de izquierda no tienen crecimiento, esos viejos militantes de izquierda se van muriendo y sus hijos no continúan esa pauta de comportamiento. Diría que esto, si no tiene un techo político, tiene un techo biológico... Esa izquierda está condenada a la desaparición. Yo creo que el éxito de Zamora se debe a que se corrió de esa franja y le habla
al ciudadano común, en términos democráticos, con un vago discurso autogestionario.
-¿Por qué marca una excepción con Patricio Echegaray?
-Echegaray lleva a cabo una gestión muy curiosa, vinculándose a los grupos de militantes que promovieron la Ley de Unión Civil. En principio resultó muy llamativo que el comunismo, un partido con una estructura tan tradicionalista en cuanto a la sexualidad y la vida cotidiana, un partido tradicionalmente antifeminista, antiminorías sexuales, con una ideología
patriarcal, consiga un diputado y ese diputado se vincule a feministas, a transexuales...
Me parece importante señalarlo y ver todo lo que tiene de positivo. Lo curioso es que este tipo de políticas no tengan correlato con estructuras, pensamientos y programas de organización política. Uno no sabe si es
una iniciativa personal de un diputado, cosa rara en un partido tan centralista y jerarquizado como el Partido Comunista. Sin atreverme a decir que se trata de una política oportunista, porque la verdad es que el giro es
bastante grande, lo que no se ve es congruencia.
-Ese giro tampoco se tradujo en votos. Echegaray quedó afuera.
-Es verdad. Me parece que ese giro no tuvo gran visibilidad. Y para el electorado tradicional del Partido Comunista, por lo menos para gran parte, debe ser un horror. Mientras que para los más jóvenes, que ven esto positivamente y lo alientan, votar a las viejas estructuras no tiene demasiado sentido. Es solo una pequeña brecha, una pequeña lucecita que uno ve en una estructura muy antigua. Solo le podría sumar votos en otros sectores que no lo visibilizan.
-¿La izquierda tiene vocación de crecimiento? ¿O la conquista del poder es una cuestión retórica?
-Hace muchos años que es retórica. Incluso, en términos históricos. El Partido Comunista Argentino la última vez que habrá soñado con tomar el poder fue en los años 20. Después, se transformó en un grupo de apoyo de los
intereses soviéticos en la Argentina. A lo sumo había una intención a formar parte de gobiernos de coalición donde el comunismo podría acceder a algún ministerio o representación parlamentaria. Distinto es la izquierda de los años '60 o '70, ahí sí hay vocación de poder. El trotskismo hace décadas que la perdió.
En el MAS hubo una especie de imaginario insurreccionalista a destiempo, bastante trasnochado. El MAS se derrumbó por esa distancia que había entre ese imaginario insurreccionalista y la realidad. Se derrumbó y se partió en mil pedazos. Hoy hay como una especie de interna trotskista, donde cada una de las fracciones en las que se dividió el MAS y el Partido Obrero pretenden
mostrarse como el camino más correcto de la reconstrucción del verdadero partido de masas. Eso es imposible para el mundo de hoy.
Al inicio del siglo XXI, comunismo y trotskismo no quieren decir nada, son realidades del siglo XX totalmente superadas. Me parece que a la izquierda
tradicional, Zamora la desconcierta porque demuestra una fórmula exitosa, desembarazándose del trotskismo, de la izquierda. Esto incomoda a la izquierda porque le demuestra que es posible un crecimiento. ¿Pero crecimiento a qué precio? Al precio de un gran vacío, de ser un síntoma más de la crisis de representatividad.
-¿No hay otro camino que el vacío político o la fórmulas dogmáticas y arcaicas?
-Ese es el gran dilema y apuesto a que haya otro camino. Pero no veo en este momento, ni siquiera en forma incipiente, la corriente política que comience a acumular en este sentido. Hay muchos que no sabemos qué votar, dónde poner una cantidad de energía militante y vocación política y social. Entre el vacío político de Zamora y el dogmatismo congelado en el tiempo, ¿no es
posible construir una izquierda seria, democrática, pluralista, crítica, inteligente, que recupere el sentido común? Es un espacio vacante y no se vislumbra que vaya a surgir por reformulación de los partidos
tradicionales.
-¿Se equivocó o acertó Zamora al no aceptar aliarse con la Izquierda Unida?
-Desde su lógica de acumulación, acertó claramente. Desde el punto de vista de la recomposición de la izquierda se podría decir que se perdió una oportunidad, como dijo Vilma Ripoll al día siguiente a las elecciones.
Pero yo creo que las alianzas electorales entre grupos de estas características tienen un techo muy bajo.
Uno podría decir que la experiencia de Izquierda Unida es mejor que nada.
Pero no hay voluntad de construir espacios frentistas reales. Son partidos que se unen electoralmente pero siguen jugando una pulseada interna. No necesariamente tienen políticas comunes en el frente de militancia.
Esto tiene una larga tradición, desde el FREPU en el 85. Aquí los frentes son más paródicos que reales y una sumatoria de sectarismos puede formar un sectarismo gigante.
La lógica misma por la que están construidas estas organizaciones, la matriz leninista de pensar la política que tienen tanto el Partido Comunista como las organizaciones trotskistas choca con la idea de un frente. Una izquierda que hace de su diferencia con el grupo de al lado su punto de honor, es difícil que esté dispuesta a luchar codo a codo con otras corrientes.
Tienen una lógica de permanente diferenciación y difícilmente puedan hacer un frente, porque ya bastante le cuesta sostener su propia organización del riesgo de la división permanente.
-¿A qué se debe esa necesidad de diferenciarse con tanta vehemencia?
-Es una mezcla de cosas. Estas organizaciones necesitan
autoreproducirse a toda costa. Los tipos que hoy se siguen definiendo como comunistas, trotskistas, maoístas, tienen una carga sobre sus espaldas gigantesca.
Son como los últimos depositarios de una tradición que se ha muerto en casi todo el mundo, los últimos mohicanos de una batalla que se perdió.
Hoy el mundo es otra cosa y si bien siempre hay luchas sociales y políticas, tienen otra forma, otros sujetos y otra simbología. Creo que estos tipos están sosteniendo una mochila tan pesada, una identidad tan rígida que
-como decía el viejo Marx- les oprime el cerebro. Es el pasado el que les oprime el cerebro. Dentro de esa lógica hay una suerte de disputa imaginaria de un
patrimonio y un poder igualmente imaginarios. Disputan una herencia que ya no existe, ya no hay nada por cobrar.
-La izquierda estuvo más presente en todas las luchas sociales después del 19 y 20 pero eso tampoco se tradujo en votos ¿Por qué?
-Por un lado hay que reconocer esa voluntad militante que los ennoblece: van, ponen el cuerpo cuando les pegan, el esfuerzo, los pocos recursos que tienen, van presos... Pero al mismo tiempo esa lógica política de
fracturar los movimientos los lleva a una intervención muy exterior, muy desde afuera.
Es una lógica que se termina mostrándose improductiva, mezquina e impotente para los propios actores sociales del conflicto, salvo en aquellos casos que son ganados por las organizaciones.
Porque la lógica es intervenir el conflicto, tratar de dirigirlo y ganar la mayor cantidad de dirigentes para, dentro de esa pulseada de la izquierda, decir en su periódico implícita o explícitamente: "nosotros controlamos este conflicto". Además cuando la lógica de los propios actores del conflicto intenta una solución negociada, lo más digna posible dada la relación de fuerzas, la izquierda suele intervenir forzando el conflicto y llevándolo hasta una situación imposible. Creo que esto le hace un enorme daño al conflicto social.
-¿Cómo se evidencia ese daño?
-Le hace un enorme daño no entender que siempre hay una relación de fuerza y que los conflictos no se pueden sostener durante un tiempo muy largo.
Es necesario negociar en el momento de la mejor relación de fuerza, y negociar conquistas. Después hay que volver a una cierta normalidad, para volver a la lucha cuando se recuperen fuerzas y se esté en mejores condiciones.
La lucha del conflicto permanente, que dura semanas, meses, años, la pueden sostener los aparatos pero no los sujetos sociales. Las personas necesitan trabajar, vivir, volver a sus casas. Los únicos que viven en conflicto las 24 horas, en asamblea permanente, en la puerta de la fábrica, en vigilia, son los activistas profesionales. Una izquierda que le tiene horror a la
palabra negociación muy difícilmente pueda llevar adelante un conflicto.
Porque lo impulsa y se sacrifica en el momento heroico de la lucha, pero imposibilita la negociación. Teniendo en cuenta la derrota que se vive, en el retroceso en que estamos, con la desocupación que tenemos, en la crisis
que vivimos, se necesitan conflictos que se resuelvan positivamente.
Aunque no se consiga el cien por ciento de las conquistas.
Hoy los trabajadores no necesitan derrotas heroicas sino victorias parciales. Pero los generales de esta izquierda son los generales de las derrotas heroicas. Yo tengo más confianza en la sensatez de los sujetos
sociales que están dentro de los conflictos que en las líneas que bajan las organizaciones.
Cuando las organizaciones políticas capturan a un dirigente, la sensatez de ese dirigente, su experiencia, su credibilidad, su sentido de la solidaridad, se ven mediatizados por esta influencia. En vez de politizarlo,
lo que hace es aislarlo de sus compañeros. En ese sentido, la intervención de la izquierda es negativa. Pongo en la balanza las dos cosas: ponen el cuerpo heroicamente, se bancan la cana, la represión; pero embrutecen el conflicto.
-La izquierda dice que lo esclarece
-No lo esclarece. Cada uno de estos grupos quiere hacer un emblema de la lucha parcial y cuando este movimiento es derrotado van a hacer la lucha a otro lado. Van los mismos militantes a otro conflicto, hoy se plantan en la
puerta de una fábrica y mañana van a otra. Pero ahí quedan los sujetos sociales. A mi me interesa una izquierda que logre avanzar sobre seguro y ayude a reconstruir a los sujetos sociales en cada conflicto. Que crezca, en todo caso, como resultado de esa construcción. No sobre la base de la captura de los dirigentes.
-Pero si uno habla con los militantes de izquierda dicen que no se trata de captura, sino de construcción, de crecimiento político de los sujetos sociales.
-Una cosa es que un grupo de izquierda intervenga en una asamblea, que es totalmente legítimo, aportando su experiencia, prácticas, habilidades que el ciudadano que participa por primera vez no tiene: capacidad oratoria,
conocimiento para imprimir volantes, distribuirlos. Creo en una izquierda que se pone al servicio de la ciudadanía. Una izquierda que reconozca la crisis de la que se viene. Sobre la base de ese reconocimiento, debe
socializar lo que se tiene para aportar.
Otra cosa es hacer uso de esos saberes, habilidades, experiencias para controlar asambleas. Si el diagnóstico es que se viene de una derrota muy grande, de una crisis de identidad programática, teórica, y se intenta contribuir a una nueva cultura política es distinto. Más que captar, hay que hacer un nuevo tipo de dirigente, no profesional. La izquierda podría promover una construcción social de participación y liderazgo
colectivo.
-¿Para esta nueva izquierda el instrumento seguirá siendo el partido?
-Para nada. La forma está por inventarse, seguramente se apropiará de ciertas formas de los partidos, de formas más movimientistas y más moleculares. Sin duda, no tendrá la identidad rígida de la izquierda del siglo XX.



conclusion
por ... • Monday September 08, 2003 at 12:37 PM

por como habla el que inicio esta nota y por sus palabras, me voy a comprar el diccionario de Tarcus.
Ladran Sancho...



Los que ladran son ustedes
por Philidor • Tuesday September 09, 2003 at 12:31 PM

Los que ladran son ustedes, el que inició la discusión fue Tarcus y me parece que si me querés contestar podrías hacerlo con argumentos y no con frasesitas. Eso solo demuestra que no se tienen argumentos para contestar.



Yo si contesto
por Juan Salvo • Tuesday September 09, 2003 at 09:24 PM

Sobre lo que dijo Tarcus:
-Discrepo que el tercio que no fue a votar no habla de ningun salto positivo de conciencia, sino de los que esperaron hasta votar en el ballotage. Seguramente, muchos que se quedaron el domingo en el country (o haciendo cualquier otra cosa) y este domingo si votara. Aun si no fueron a votar porque no creen en el sistema, me queda la duda si ese acto (en esta eleccion en particular) es una muestra positiva de conciencia.
-Coincido en la caracterizacion del masivo voto desideologizado y del sectarismo criminal de Zamora.
-Coincido, lamentablemente, en la caracterizacion que hace de la crisis de la izquierda. Hay partidos con dirigentes viejos a pesar de la numerosa juventud (mas que nada universitaria) en las bases. Si esos dirigentes viejos se mueren, esos partidos se dividirian en pequeñas sectas. Si no hay una renovacion en la dirigencia, si se siguen privilegiando los intereses de aparato y de burocratismo interno, si no se ejercita verdaderamente el centralismo democratico (o sea, si las bases no lo hacen respetar, porque el centralismo democratico no es una mera regla administrativa del estatuto del partido), entonces ¿de que nos sorprendemos?
-En cuanto a la relacion de la izquierda con los movimientos y los conflictos sociales, tambien tiene razon. Hablando especificamente desde las asambleas, Tarcus ha definido muy bien en sus ultimas palabras lo que yo y muchos otros asambleistas hemos visto y sufrido. La no aceptacion de esa realidad sigue siendo una gran falla politica y moral en la izquierda partidaria.
-No creo que el comunismo sea una realidad del siglo XX superada. El capitalismo es una idea superada del siglo XVIII, en todo caso. Hay una gran crisis historica de las vanguardias revolucionarias.
En cuanto a Philidor:
-Hay gente que voto a Lopez Murphy en abril y a Zamora el 24/8 porque a ambos les ve lo de la honestidad. Hay mucho voto desideologizado. Incluso votantes de Macri que lo corren a Ibarra por izquierda, pero terminan votando a la derecha. El argentino es muy contradictorio.
-No creo que Zamora sea el tema mas importante de la nota. Personalmente no me interesa si Zamora se caga muriendo mañana. Yo creo que Zamora es excesivamente personalista dentro de su microemprendimiento (lease AyL) y oportunista en algunas cosas (lo de "escuchar a la gente"). Y eso es todo lo que voy a opinar de el.
-Y desde donde decis "La izquierda no esta condenada a la desaparición" hasta "no toda la izquierda es sectaria y/o ultra y no todos los autonomistas son sectarios y/o ultras" coincido con todo. Salvo lo del MAS, pero no porque los defienda sino porque personalmente no me consta esa actitud ultra en las asambleas.



critica a tarcus
por philidor • Thursday September 11, 2003 at 12:34 PM

Gracias por contestar Juan.
No se si el hecho de que los dirigentes nuevos se mueran pueda disparar un división de los partidos, creo que las divisiones son por otros motivos. Vamos a tener que esperar a que se empiecen a morir para comprobarlo.
Que la izquierda no acepta la realidad y que divide y entorpece es verdad, pero en el caso de mi asamblea te puedo asegurar que fueron los autonomistas los que entorpecieron y dividieron la asamblea, ellos tampoco saben ver la realidad y empiezan con que con el gobierno no se debe negociar y no dejan hacer nada, pareciera que ignorasen que los MTDs que ellos tanto admiran se la pasan negociando con el gobierno para recibir los planes trabajar. Y los vecinos no dieron batalla contra los divisionismos. A veces me da la sensación de que el que intenta luchar es más agredido que el que se sienta en su casa a mirar televisión.
Hay mucho voto desideologizado, sí, pero eso no significa que sea la mayoría.



coincidimos
por Juan Salvo • Thursday September 11, 2003 at 12:57 PM

Creo que algunos autonomistas radicales pueden tener las mismas practicas retrogradas y autoritarias que a veces ejercen algunos militantes de los partidos de izquierda.
Ellos se dicen "antidogmaticos" porque traen una ideologia "nueva": ignorar al Estado, no tomar el poder, economia paralela, realzar al individuo sobre la accion y pensamiento colectivo, y a la subjetividad sobre la organizacion y la estructura. Pero ademas se dicen horizontales, sin embargo suelen monopolizar los debates con su oratoria rimbonbante y menosprecian cuando alguien trae una propuesta "no autonoma".
Asi que en los hechos, ellos tambien aparatean. Cuando impiden con discusiones eternas que una asamblea funcione con mandato o que tome una resolucion colectiva, eso es aparatear.
Y tambien rompen, como en el caso de tu asamblea pero tambien en el caso de encuentros interasamblearios. Cuando van a los encuentros como los de las asambleas autonomas a paranoiquear con lo de la Interbarrial y a decir que el enemigo no es la clase dominante, sino que el enemigo esta dentro nuestro (!), tambien rompen... las pelotas.



Es verdad
por Philidor • Friday September 12, 2003 at 03:18 PM

Es verdad Juan, estoy totalmente de acuerdo.
Che, muy bueno el eternauta. Un saludo.

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zamora
Por Héctor - Sunday, Aug. 12, 2007 at 3:35 AM

Zamora, Zamora, Zamorita: ¿alguien olvidó que este señor cuando el asalto a La Tablada se mostró solidario con el personal policial que masacró a aquellos militantes de izquierda?.

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Valioso aporte
Por Augusto Ruiz Zevallos - Thursday, Jul. 29, 2010 at 6:56 PM
aruizzevallosz@yahoo.es 4717599 Tomas Guido 597 - 202

Muy valiosas las declaraciones de Horacio Tarcus. No he eleído su libro, pero estoy muy motivado después de lo anterior. Lo encargaré. Solo quería pedirles algo. ¿Pueden retirar los comentarios que llevan insultos contra Tarcus? Un abrazo
Augusto Ruiz Zevallos
Historiador
Lima

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