$ 1800 ya. Si tocan a los compañeros, tocan a todos
El Garrahan tiene que ganar
En medio de la campaña electoral y de la pelea entre el gobierno y el
duhaldismo, se está desarrollando una inmensa y heroica lucha. Lo primero que
salta a la vista es que entre el aparato mafioso del duhaldismo y la "renovación
K", casi no hay diferencias. Ambas facciones quieren reventar la lucha y
se disputan a ver quién es más antiobrero. Al gobierno se le terminó de caer la
careta "progre" y apela a todos los medios a su alcance para acallar el reclamo
de los trabajadores. Desde las declaraciones de Ginés, a los fiscales y los
jueces, el consejo de administración, el Ministerio de Trabajo, hasta las tareas
de "ablande" y "apaciguamiento" de la conducción de ATE y CTA. Se trata
de una acción mancomunada de todo el frente patronal burocrático para
reventar a los sectores clasistas que están emergiendo..
La lucha de los trabajadores del Garrahan por los $ 1.800 de básico se ha
transformado en un hecho político nacional, y obliga a tomar posición: o se está
con los trabajadores del Garrahan o contra ellos y con el gobierno. No hay
medias tintas.
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El conflicto cuestiona la política económica y el techo salarial.
El gobierno sabe que esta pelea apunta contra las inmensas ganancias patronales
basada en el deterioro del salario y las condiciones de esclavitud laboral y,
más en particular, contra toda su política económica basada en un superávit
record para garantizar el pago al FMI y a los acreedores. En los dos años y
medio que lleva de gestión pagó más 4.300 millones netos al FMI. Esta política
trae aparejada, como la sombra al cuerpo, el mantenimiento de los ahogos
presupuestarios en las áreas sociales (educación, salud, cultura,
etc).
El deterioro salarial, más la suba de precios y en particular la de los
artículos de primera necesidad impulsa a sectores crecientes de trabajadores
a salir a pelear para recuperar lo perdido. Encima, el gobierno no ha tenido
el más mínimo pudor en responsabilizar a los trabajadores por la suba de la
inflación, según él provocada por los aumentos salariales. El reclamo de $ 1.800
al básico no es antojadizo es lo que cuesta la canasta básica. Es lo que tendría
que ganar cualquier trabajador para vivir dignamente con su familia. El gobierno
no puede permitir que esta sea la base, el piso de cualquier discusión salarial.
La campaña contra el Garrahan es una cruzada contra un salario digno y
para acostumbrar a las masas a vivir en la miseria.
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En lo que va del año hubo un fuerte incremento de los conflictos de los
trabajadores ocupados. Sin ir más lejos, la semana pasada estuvieron también el
fuerte paro de los fraternales, los docentes de varias provincias, etc. El
gobierno (de la mano de la CGT y la CTA) quiere cerrar esta dinámica de
conflictos y la entrada en el proceso de recomposición de los trabajadores
ocupados. Y, fundamentalmente, intenta frenar el desarrollo de un nuevo
clasismo que surge al calor de las huelgas más importantes. Kirchner
busca convertir la lucha del Garrahan en un caso testigo. Intenta marcar una
raya: hasta acá llegó la vanguardia y el proceso de recomposición. Busca hacer
esto con la vista puesta en la tareas post electorales que tiene planteadas para
reforzar el ajuste (tarifazos en los servicios esenciales, más pagos a los
acreedores y el FMI, etc). Intenta parar el avance de las experiencias
independientes. Hoy mide fuerzas en el Garrahan y con la vanguardia. Mañana les
tocará a las más amplias masas. El Garrahan no es un caso aislado: el cuerpo de
delegados del Subte, las directivas rebeldes del SUTEBA, y cientos de delegados
y activistas de diversos sectores, componen esta amplia vanguardia
independiente.
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La burocracia de ATE fue clave en abril para levantar el conflicto y que
los trabajadores acepten sentarse en paritarias. Experiencia que evidentemente
no sirvió para nada. Ahora vuelve a jugar el mismo rol nefasto. Mientras el
gobierno trata de "terroristas sanitarios" a los trabajadores, mientras amenaza
con despidos y declaraciones fascistas, que hinchan de odio a los trabajadores,
ATE-CTA se niega a llamar a un paro. Los llama abiertamente a levantar las
medidas, busca apaciguarlos mientras los aísla firmando un acuerdo para el
Malbrán y el Posadas. Insistimos: no sólo no ha llamado a un ninguna medida de
lucha efectiva, sino que por todos los medios presiona para que se levante el
paro y la junta interna se siente nuevamente a "negociar". Ahora el
argumento (muy similar al usado por sus primos hermanos de la burocracia del
Suteba), es que "se puede redistribuir la masa salarial de manera mas equitativa
y justa". Pero no se trata simplemente de "redistribuir" el mismo presupuesto
miserable. De lo que se trata es justamente de aumentar la masa salarial a
los trabajadores no profesionales. Trabajadores que son la cara del
hospital, los que ponen el cuerpo cotidianamente ante las terribles situaciones
que les toca vivir y que llegan por doquier ante el incremento de la miseria y
la crisis social. No se trata de dibujar los números de otra manera:
se trata de mantenerse firmes para imponer $
1.800 de básico.
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El paro está muy fuerte por abajo. Es un avance inmenso el que se
está produciendo en la cabeza de los compañeros, al calor de la experiencia
riquísima que están haciendo. Toman conciencia de su fuerza, se unen y resuelven
en asambleas masivas. Clarifican sus ideas alrededor del carácter del gobierno y
la burocracia. Y como venimos diciendo, son parte de un proceso más de conjunto,
en el que está despuntando una nueva vanguardia, un nuevo clasismo entre los
ocupados.
Pero para ganar, no hay que depositar ninguna confianza en la burocracia,
ni creer que "están de nuestro lado". No se le puede exigir un paro y sentarse a
esperar. La exigencia del paro ya, inmediato, es correcta pero es táctica. Está
subordinada a crear las condiciones para que surjan organismos independientes
como la experiencia de la Interhospitalaria hecha meses atrás. Porque hoy el
Garrahan es un punto de referencia para organizar al activismo estatal en
general y de los hospitales en particular, profundizando un curso
independiente de la burocracia de ATE y de ruptura política con el gobierno.
Todos los trabajadores de la salud miran al Garrahan y están esperando que
tome la iniciativa. Insistimos: hay que darle un nuevo impulso a la
Interhospitalaria. Porque además, solo así
se le podrá imponer verdaderamente el paro a ATE.
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Para que triunfe el Garrahan hay que responder en el terreno donde lo
colocó el gobierno y la realidad: el terreno político. Al gobierno y la
burocracia no se los derrota con mera táctica sindical. Se los derrota
políticamente y con una orientación justa, ganando el apoyo de los trabajadores
y de la opinión pública. Haciendo valer a los sectores activos de la sociedad
sobre la retaguardia. La pulseada por la opinión pública se gana en la
calle, demostrando el apoyo que tiene esta lucha. No hay que quedarse
"encerrados" dentro del hospital. Por eso es necesario que el Garrahan
convoque a una gran marcha encabezada por ellos, llamando a que se sumen
los hospitales, los docentes, los compañeros del Subte, los movimientos de
trabajadores desocupados combativos y todos los que estén a favor de:
$ 1.800 de básico. Ni un despido: si tocan
al Garraham tocan a todos. Defensa de la salud pública y gratuita. Que renuncie
Ginés. Basta de aprietes y amenazas del gobierno.
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Organizar el apoyo activo al Garrahan es la tarea del momento. Hay que
pelear a brazo partido para que el gobierno y la burocracia no aísle el
conflicto ni avance en su amenaza de despidos. Desarrollar la campaña lo más
amplia posible: pintar pared por pared en apoyo a la lucha y el derecho a ganar
$ 1.800. Y, sobre todo, comenzar a discutir y a hacer asambleas en todos los
lugares de trabajo donde la vanguardia independiente tiene fuerza, como es en el
Subte, en las Seccionales rebeldes del Suteba, en la salud de Córdoba, en las
seccionales opositoras de la Unión Ferroviaria, lo mismo que entre los
movimientos de trabajadores desocupados independientes. La solidaridad activa,
el paro solidario inmediato y cortes de ruta si es que el gobierno se atreve a
comenzar con despidos. Hacer un grito de guerra de todos los trabajadores:
si tocan a uno sólo de los huelguistas del
Garrahan, tocan a todos.