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El golpe del 24 de marzo de 1976
Por Raúl Isman - Sunday, Mar. 26, 2006 at 3:07 PM
raulisman@yahoo.com.ar (Casilla de correo válida) 15-5720-4273

análiisis del golpe y sus consecunecias.

El golpe de estado
del 24 de marzo de 1976
Por Raúl Isman
Docente. Escritor.
Miembro del Comité de
Redacción de la Revista Desafíos.
raulisman@yahoo.com.ar

No existe un lugar llamado futuro,
al que hay que llegar. La cuestión con el futuro,
siempre es saber construirlo.
Mempo Giardinelli. Escritor Argentino contemporáneo.

En los siguientes dos capítulos se analizan dos hechos fundacionales de la Argentina contemporánea: el golpe de 1976 y la guerra de las Malvinas. El primero como punto de partida de la profunda recomposición económica y social a la que fue sometido nuestro país y que subsiste nuestros días. El segundo porqué, desde el punto de vista político, las raíces históricas de la debilidad e inconsecuencia de la democracia nacen de dicha situación bélica que significó el retroceso de las fuerzas genocidas por su propia incapacidad, tontería e impericia y no por haber sido derrotadas por el pueblo movilizado en su contra, pese a la existencia de una cierta rebeldía popular en los últimos tiempos de la dictadura.

El golpe: sus métodos y objetivos

El 24 de marzo de 1976, todo el país fue puesto bajo el control jurisdiccional de las Fuerzas Armadas, como constataba el comunicado oficial de los asaltantes del poder. Los antecedentes y las causas hay que buscarlas en la impotencia de un gobierno peronista jaqueado por la crisis económica, la consiguiente puja sectorial, la violencia política y las constantes peleas internas.
Una etapa para la cual cuesta encontrar los calificativos adecuados estaba comenzando en la Argentina. La tortura- incluyendo la que se realizaba con mujeres embarazadas, delito aberrante si los hay-, el robo y secuestro de niños pequeños o nacidos en cautiverio, la ausencia total de libertades: de expresión, de reunión, la prohibición de funcionar para los partidos políticos y sindicatos de trabajadores, la liquidación de las instituciones democráticas, la anulación de conquistas laborales de larga data, la subordinación de la justicia y muchas otras violaciones a los derechos humanos que se resumen en la más cruel de todas: la desaparición forzosa de personas. En efecto, la palabra desaparecido se dice en castellano en todos los idiomas del mundo para recordar a los 30.000 seres- entre ellos, los jóvenes estudiantes secundarios de La Plata, en el episodio conocido como la noche de los lápices- que fueron secuestrados en sus hogares, lugares de trabajo o estudio o en la propia vida pública. Ya en 1977, el periodista y escritor argentino Rodolfo Walsh denunciaba estas violaciones a los derechos humanos en su último texto, escrito poco antes de caer prisionero de la dictadura para convertirse en un desaparecido más. Este texto sigue siendo un modelo de periodismo riguroso, exhaustivo y de compromiso con las necesidades del pueblo , realizado en las durísimas condiciones de clandestinidad que el régimen imponía. Allí dice Walsh que la represión de los militares tenía una finalidad precisa, definiendo indubitablemente los verdaderos objetivos del golpe de estado...
En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada (subrayado nuestro).
Dicha política económica, impulsada por el ministro José Alfredo Martinez de Hoz durante el lustro que va de 1976 a 1981, coincidente con la presidencia del general Jorge Rafael Videla, tenía principalmente dos finalidades. Estas eran:
a) Provocar una drástica redistribución del ingreso, favoreciendo a los sectores empresarios y perjudicando a los asalariados. Para ello, fue modificada la Ley de Contrato de Trabajo aprobada durante el gobierno anterior, se liquidaron distintas conquistas sectoriales de los trabajadores, se liberaron los precios y se congelaron los salarios. La virulencia de la represión garantizó el éxito de esta primer operación.
b) Alentar la valorización financiera en detrimento de la actividad productiva. Los instrumentos para lograr este objetivo fueron la Ley de Entidades Financieras y la llamada tablita cambiaria. Por efecto de la ley citada, el estado garantizaba los depósitos realizados en moneda nacional de todo el sistema bancario, con lo cual se alentó la proliferación de instituciones sin solvencia que prometían altos intereses y el ahorrista de todos modos acudía a estos llamados en razón de la garantía estatal. Además, se vivió una euforia constante y consistente en dinero que venía al país a obtener durante un mes, las tasa que en el primer mundo se conseguían en un año de colocaciones en el sistema bancario.
La tablita financiera era una pauta progresiva de devaluación que permitía a los especuladores extranjeros maximizar sus ganancias en lo que ya se llamaba bicicleta financiera y luego recomprar sus dólares más las pingues tasas que no existían en ninguna parte del universo. El círculo fue cerrado con la estatización de la deuda externa privada, medida impulsada y aprobada por el entonces presidente del Banco Central, Domingo Felipe Cavallo.
Gran parte de la sociedad fue ganada por la pretensión de vivir sin trabajar y estas personas vendieron sus propiedades para vivir de los intereses. Mientras tanto, una porción significativa de los que no entraban en esta utopía reaccionaria se hundía en la miseria. Además de la inviabilidad económica de semejante pretensión, en lo que ya por aquellos años se llamaba la plata dulce, anidaba una crisis moral que corroía- y corroe hasta hoy- las bases morales de toda la sociedad.
La garantía última de toda esta aberración presentada como política económica era la capacidad represiva de los militares, intacta durante los cinco años de la presidencia de Videla. En este contexto, tiene un rol central la desaparición forzosa de personas, método que no fue exclusivo de los genocidas argentinos y tenía varias finalidades. Algunas de ellas fueron:
1) Si partimos que todos los operativos se hacían con un indudable carácter oficial, ya que se realizaban con las calles cerradas por la policía, exhibiendo vehículos de las fuerzas armadas, con efectivos uniformados y se invocaba la pertenencia a las distintas fuerzas de “seguridad” para entrar en un domicilio; en resumen todo convergía en un punto: el objetivo central era aterrorizar a la población. El mensaje resultaba claro: si existía cualquier tipo de compromiso con alguna actividad opositora, todos seguirían el mismo camino. Cuando se llevaban a alguien a la vista de todo el vecindario el objetivo era transmitirle a quienes quedaban que podrían seguir el camino del desaparecido.
2) Demostrar a la población y al mundo entero que los militares podrían ir- si era necesario- más allá que los propios nazis. Efectivamente, estos criminales alemanes solían entregar los cadáveres de sus víctimas. En el caso argentino, miles de madres y otros familiares a un cuarto de siglo, aún anhelan justicia y quieren saber acerca del destino que tuvieron sus seres queridos.
3) Siguiendo con lo antedicho, en toda cultura, el duelo está aceptado como forma de despedida del fallecido. Al ocultar definitivamente el cuerpo, los represores instalaron en la memoria colectiva de la sociedad civil, y particularmente entre los seres queridos del desaparecido, la sensación de un dolor desgarrador, continuo y sin final. Al no poder despedir a su hijo, toda madre espera que en algún momento reaparezca. Esta es una herida que sangra permanentemente y que, como tal, genera terror. Paradójicamente, también originó una forma de resistencia hasta entonces desconocida: la de las madres de Plaza de Mayo. Acerca de este movimiento, volveremos más adelante.

Los responsables del horror

Cuando los militares se hicieron con la suma del poder público, faltaba menos de un año para el momento en que debían realizarse elecciones que además podían ser anticipadas. Por lo tanto, la crisis económica y social que vivía el país podía- y debía- ser encausada sin pisotear la voluntad popular. Pero la tragedia que comenzaba a vivir la Argentina tenía culpables por acción u omisión, además de los altos oficiales de las fuerzas represivas. Estos solos no pueden gobernar si no lograban el consenso de al menos una parte de la sociedad. Quienes favorecieron la acción de los represores fueron los siguientes actores de la política argentina:
1) Los partidos políticas mayoritarios resultaron responsables de la imposibilidad de mantener la capacidad de autodeterminación de nuestro pueblo. Y esto es así por miopía , falta de grandeza , egoísmos mezquinos , colaboración con los represores e incapacidad para preservar las instituciones democráticas .
2) Una fracción de los empresarios, los más poderosos monopolios, nucleados en lo que en aquellos momentos se llamó Alianza permanente de entidades gremiales empresarias (A.P.E.G.E.), quienes tensaron y agitaron la situación económica, debilitando al gobierno de Isabel Perón porqué habían apostado a la salida golpista.
Este sector se había disuelto en los inicios del proceso democrático de 1973 en la Confederación General Económica (C.G.E.), organización que nucleaba al empresariado nacional, pero frente a la crisis del gobierno peronista reapareció impulsando la solución represiva.
3) Una dirigencia sindical históricamente alejada en sus modos de vida de sus bases y que apostó a la defensa del salario, como si esta lucha pudiera darse independientemente del contexto político del país. Por ello, el golpe sorprendió a algunos sectores sindicales... haciendo una huelga por aumento de salarios.
4) Una guerrilla que se embarcó en una espiral irracional de violencia que hacía caso omiso de los sentimientos y deseos del pueblo y no preservó la democracia como marco necesario para que los sectores populares resuelvan sus problemas. El sector llamado Ejercito Revolucionario del Pueblo (E.R.P.) afirmaba que ya había comenzado- hacía al menos un lustro- la guerra popular revolucionaria. Bastaba comunicarle esta novedad a todo integrante del mencionado pueblo para tomar conciencia del profundo abismo que existía entre esta guerrilla y la población del común. No menor era la desconexión entre los Montoneros- la guerrilla peronista- y la sociedad civil.

Los resultados del terror

En la necesidad de producir una profunda reconversión en la economía y la sociedad en su conjunto radicaba una de las causas del golpe. En estas condiciones es que el estado argentino demostró toda su capacidad para disciplinar a los actores sociales, sea por medios legales o transgrediendo- como ocurrió en la mayor parte de las ocasiones- su propio orden jurídico. Existía la pena de muerte, aún en la torva legalidad encarnada en la ley marcial. Pero ni siquiera esta parodia de legalidad fue aplicada. Los treinta mil desaparecidos son inocentes puesto que ninguno fue juzgado, ni aún por un juez castrense y en nuestro sistema legal existe la presunción de inocencia. Nadie es culpable hasta que queda demostrado en un juicio justo que obviamente incluye el derecho de defensa.
Seis años después y luego de la oprobiosa derrota de las Malvinas, los genocidas debían batirse en retirada. Entonces la Argentina era un país profundamente modificado. Para realizar estas transformaciones es que se produjo el baño de sangre que la dictadura significó. Algunos de esos cambios eran los siguientes:
1) De ser un país centralmente industrial, la Argentina pasó a tener una economía centrada en la valorización financiera, como afirmamos precedentemente. Esto es que la industria dejó de ser la principal fuente de ganancias para pasar a ser la especulación con el dinero y los intereses que de él podían obtenerse. Por ello:
2) Se produjo un alarmante crecimiento en los índices de pobreza y desocupación al descender la inversión productiva. Hasta la dictadura, la Argentina era un país casi sin desocupación. A partir de este desgraciado gobierno, la desocupación estructural se instaló hasta nuestro tiempo.
3) La deuda externa pasó de ser aproximadamente ocho mil millones de dólares a casi sesenta mil millones. La mayor parte de la deuda externa fue contraida por grupos económicos que realzaron enormes ganancias con estos capitales puestos en la ruleta financiera. Luego transfirieron estos dineros al exterior y procedieron a estatizar la deuda . Piénsese que este es el principal factor condicionante de la economía argentina hasta los días que corren.
4) Creció un poder económico que incluía rasgos diferenciales con relación a etapas anteriores de nuestra historia . Este poder económico, un conjunto de grandes empresas monopolistas, resultó el principal impulsor y beneficiario de los cambios que el denominado proceso de reorganización nacional infligió en la distribución del ingreso y en toda la sociedad. Por algo lo apoyó hasta en sus aspectos más bárbaros. Podemos mencionar, por ejemplo, la complicidad de la empresa Mercedes Benz con la desaparición de obreros de su planta de González Catan, problema que se investiga judicialmente... en Alemania. En aquellos años era vox populi que oficiales uniformados iban a las distintas empresas a recabar listas de operarios, para ellos indeseables por su actividad en defensa de los derechos de los trabajadores. Con honrosas, pero muy escasas excepciones, los jefes de personal brindaban la información solicitada y la desaparición de estos trabajadores era seguramente cuestión de horas.
5) La sociedad civil quedó profundamente herida por el terror generado. Esto pudo comprobarse cuando en 1992 existía un importante movimiento en defensa de la educación pública; Carlos Menem, por entonces presidente, amenazó a los concurrentes con que se convertirían en los próximos desaparecidos. Luego de esta intervención, en la marcha siguiente, la concurrencia se vio profundamente disminuida.

Educación, barbarie y los movimientos por la vida

Indudablemente los acontecimientos que hemos reseñado no deben quedar en el olvido. Con gran acierto, la legislatura de la Provincia de Buenos Aires- por medio de una ley impulsada por el diputado aliancista Eduardo Sigal- instituyó con carácter obligatorio el recuerdo del 24 de marzo como jornada de reflexión sobre los derechos humanos en los establecimientos educativos de su jurisdicción. Este ejemplo debería ser imitado por el Parlamento Nacional, las otras legislaturas provinciales y los Concejos Deliberantes de todos los municipios del país.
Impulsado por idéntica motivación, el ensayista argentino José Pablo Feinman, en una serie de notas dedicadas al recuerdo de la dictadura procesista y la barbarie nazi, escribe parafraseando al filósofo alemán Theodor Adorno: La exigencia de que la ESMA no se repita es la primera de todas en la educación (donde Feinman escribe ESMA , Adornó apunto Auschwitz, el nombre del más terrible campo de concentración nazi, aclaración nuestra).
Interpretando este espíritu, se aprobó la ley citada. La educación o sirve para crear espíritu reflexivo y crítico o no es más que un instrumento para perpetuar las condiciones de injusticia y sometimiento. Y para gestar este ámbito reflexivo es fundamental no olvidar: el olvido es la gestación de nuevos horrores. No es casual que el organismo que nuclea a los hijos de los desaparecidos se llama H.I.J.O.S., sigla que significa hijos por la identidad y la justicia contra el olvido y el silencio. Olvido y silencio son las dos caras de la impunidad, una enfermedad que corroe el cuerpo social.
En lo que queda de este capítulo, reflexionaremos sobre un problema decisivo: ¿Cómo fue posible este horror? Tal vez muchos jóvenes- que no vivieron la época- se formulen esta pregunta habida cuenta de que ningún gobierno- por despótico que fuera- puede sostenerse sin contar con un cierto consenso en una fracción importante de la sociedad.
Feinman contesta que La sociedad en su actual estructura no se funda en la atracción sino en la persecución del propio interés en detrimento de los intereses de los demás (...) La incapacidad de identificación (aquí identificación se entiende como sentir como propio el dolor de otro, aclaración nuestra) fue sin duda la condición psicológica más importante para que pudiese suceder algo como la ESMA (...) Lo que suele llamarse ‘asentimiento’ fue primariamente interés egoísta: defender el derecho propio antes que nada y, para no correr riesgos –¡eso no!–, cerrar la boca. Es ésta una ley general en relación con el orden establecido. El silencio bajo el terror fue solamente su consecuencia.
La frialdad de la mónada social (monada aquí se entiende como individuo aislado de los demás, sin crear vínculos solidarios, aclaración nuestra), del competidor aislado, en cuanto indiferencia frente al destino de los demás, fue precondición de que sólo unos pocos se movieran. Bien lo saben los torturadores .
La reflexión es más que inquietante: el egoísmo individual y la falta de solidaridad fueron la causa principal de que el horror fuese soportado y tolerado por la sociedad civil... y esto, lejos de haber cambiado en la realidad de nuestro país es tal vez mas fuerte que en 1976. El haber instalado estos disvalores entre nosotros ha sido tal vez el más importante triunfo de los asesinos.
Lo contrario del individuo solitario, aislado y temeroso lo constituyen los organismos defensores de los derechos humanos, en especial las madres de Plaza de Mayo. Nacidas- como organismo colectivo- del dolor de buscar pertinazmente a sus hijos arrancados por las fuerzas represivas, se convirtieron en una realidad cualitativamente distinta a la simple sumatoria de su condición de mujeres individuales. Desafiaron la furia homicida del régimen, la amenaza, el aislamiento, el insulto y se convirtieron en un ejemplo y un símbolo para la conciencia ética de toda la humanidad.
Desde el punto de vista del análisis académico, siguen atrayendo el interés de distintos investigadores. El último de los textos dedicados a las madres es un capítulo de un libro reciéntemente publicado. Allí se afirma... las Madres de Plaza de Mayo protestaron como pocos hombres osaron hacerlo. Los militares argentinos intentaron disolver al movimiento y desacreditarlo. Sin embargo, sus manifestaciones callejeras persistentes, así como las huelgas de hambre, contribuyeron a derrocar al régimen represivo argentino . (Subrayado nuestro) No podemos compartir la afirmación que los militares fueron derrocados, pero indudablemente la lucha de las mujeres que se reúnen en la plaza todos los jueves fue decisiva para aislar y desprestigiar a los genocidas.
Las madres de la Plaza de Mayo como los resistentes al nazismo- en especial, los partisanos del gueto de Varsovia- demostraron y muestran con su ejemplo y su entrega desinteresada a toda la humanidad que es cierto lo que dijo el músico argentino Fito Paez:
Quien dijo que todo está perdido
Yo vengo a entregar mi corazón
En la actualidad, el ejemplo de las madres es retomado y desarrollado por el movimiento de los piqueteros, quienes luchan también por no desaparecer, ahora no tragados por los grupos de tareas, si no por la auténtica guerra social que el poder económico libra contra el pueblo argentino.
Por todo lo antedicho, una temática de debate decisiva es pensar como es posible que cada uno de nosotros no cree y recree las condiciones del horror. Feinman- parafraseando a Adorno- lo resuelve con una reformulación del imperativo categórico ideado por otro gigante del pensar: el filósofo alemán Inmanuel Kant (1724-1804). El imperativo categórico Kantiano- máxima fundamental de la ética del pensador alemán- afirma la necesidad de actuar de acuerdo a un precepto que se quiere transformar en máxima universal. . Es decir que no debe haber excepciones o dobles discursos. Para decirlo en otros términos: haz lo que yo digo y lo que yo hago.
Este imperativo podría formularse así: actúa de tal modo que ninguno de tus actos pueda contribuir a crear las condiciones de posibilidad de otro Auschwitz .
Crear lazos de solidaridad, no enfrentarse inútilmente entre víctimas de los abusos de poder, sentir como propia toda violación a los derechos humanos cometida en los sitios más lejanos son sólo algunas de estas tareas para hacer realidad el mencionado imperativo categórico reformulado de acuerdo a las necesidades del pasado siglo XX- la centuria de barbarie más terrible que conoció la humanidad- y el presente siglo XXI que se nos aparece como no menos horroroso.
Dice Feinman ya transitando este nuevo milenio:
Quienes piden que maten a los otros para vivir en una sociedad segura están instaurando el régimen que puede devorarlos. Cuando una vida pierde su valor, la pierden todas .
Quienes reclaman mano dura irracionalmente frente a cualquier circunstancia, quienes justifican alegremente matar a los delincuentes o a los simples sospechosos, quienes postulan que no puede hacerse nada para resolver los problemas acuciantes de la realidad actual, quienes predican una vuelta a la cerrazón de la vida familiar y privada, están- consciente o inconscientemente- creando las condiciones para que el horror vuelva a mostrar su rostro sediento de sangre.
Como se ve, sólo desde la reflexión contemporánea de los problemas se podrá aportar a que se hagan realidad las palabras del Fiscal del juicio que en 1985 se realizó contra los comandantes de las juntas militares asesinas, Julio Cesar Strassera, quien finalizó su alegato pidiendo:
Nunca más










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golpe 1976
Por roque - Sunday, Mar. 26, 2006 at 7:03 PM

que facil que es ahora decir las cosas asi, es parecida a la teoria de los 2 demonios del diario la nacion, creo que no hace falta decir mas nada.

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