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un cuento chino
Por por otto chino - Tuesday, Mar. 28, 2006 at 8:20 PM

surge en al argentina un quinto relato sobre la dictadura o mejor dicho un cuento chino. anda otto jubilenlo de una vez que lo unico que falta es que se ponga a contar sus viajes y que una vez vio a mao y lo saludo. Aca les pega a todos erpios, montos, vanguarid acomunista,troscos (via el pst al mas y al pts-y eso que desde el 93 no se revindica mas morenista-, peronistas, lopezregusitas.....anda chino loco me imagino lo que debe ser un cc del pcr juajuajau.. un viejo contando boludeces y todos diciendo que inteligente

MUy gracioso el siguiente relato....si no viniera del partido mas isabelsita que existio en la argentina y que ademas apoyo en el 89 a Menem...los dejo con los cuentos del abuelito Otto.
Proyecto de Ley por derogación de los indultos






la actividad, parte de un ciclo organizado por la dirección del PCR, fue preparada por el Partido y la Juventud de la Capital Federal, con el objeto de difundir nuestras posiciones, homenajeando a nuestros mártires y a los que sufrieron largos años de detención en las cárceles de la dictadura.
En un Teatro Bambalinas desbordante de compañeros y amigos del Partido, el acto comenzó con la entonación del Himno Nacional y de La Internacional. Luego se dio lectura a la lista de mártires y presos de la lucha antigolpista y antidictatorial (ver contratapa), homenajeando en ellos a los 30.000 detenidos desaparecidos, a los caídos en la lucha contra el golpe y la dictadura, y los héroes de la gesta patriótica de Malvinas.
Se encontraban presentes compañeros del Partido y la Juventud de Capital Federal y Gran Buenos Aires, así como delegaciones de otras localidades de la provincia de Buenos Aires, Tucumán y Santiago del Estero.


Amigas, amigos, camaradas:
Dentro de pocos días se cumplen 30 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Una de las jornadas más trágicas de la historia argentina. De ninguna manera una fecha para conmemorar con un feriado nacional, como se acaba de disponer.
Y alrededor de este tema del 30° aniversario del golpe de Estado se está desplegando un debate político e ideológico profundo. Como decía Juan B. Alberdi, la falsa historia es la base de la falsa política. Y como no existe la llamada “objetividad”, porque ésta es nada más que una forma extrema de subjetividad, cada clase social enfoca la historia desde su particular punto de vista. Ahora, entonces, hay un gran debate en torno a tres ejes principales.
El primero es el que considera al golpe de Estado como una simple continuidad del gobierno de Isabel Perón. Así como el PC, en la década del ’30, dijo en un primer análisis que el golpe de Uriburu venía nada más que a profundizar la política “fascista” de Yrigoyen, ahora se dice que el golpe del 24 de marzo vino a profundizar la política “fascista” del gobierno peronista. Así, víctimas y victimarios son igualados.
El segundo es que se niegan las grandes luchas durante los años de la dictadura. Pareciera que en esos años en la Argentina no pasó nada. Pero esas luchas son las que explican por qué, mientras la dictadura de Pinochet duró 17 años, y hasta hace poco era senador vitalicio, y la dictadura de Brasil duró más de 20 años –desde el ’64 hasta el ’85–, la dictadura argentina cayó a los 7 años y medio, y ya después del quinto año estaba tambaleándose. ¿Qué es lo que provocó ese colapso de la dictadura violovidelista, que como otras muchas en la Argentina había venido a instalarse por mucho tiempo? Onganía había venido para gobernar un “tiempo económico”, un “tiempo social” y un “tiempo político”, pero se tuvo que ir a la mitad del “tiempo social”. No sólo los gobiernos militares, porque Alfonsín iba a hacer el “Tercer movimiento histórico”, y se tuvo que ir varios meses antes de terminar su mandato.
Esta dictadura tuvo que irse porque aquí hubo un pueblo que luchó; empezando por las Madres de Plaza de Mayo, las madres de los desaparecidos, con sus rondas de todas las semanas.
Y el tercer hecho que se niega, o se oculta, es el marco internacional en que se dio el golpe de Estado. Y así es absolutamente inexplicable lo que sucedió en la Argentina. Se oculta que había una disputa feroz por la hegemonía mundial entre dos superpotencias, los Estados Unidos y la Unión Soviética.
No era el mundo de hoy: los yanquis acababan de ser derrotados en Vietnam. Los rusos ocuparon la base de Danang, que los yanquis tenían allí; hicieron pie en el Yemen; en el Mar Rojo –porque controlaban Etiopía–; con la caída del imperio portugués hicieron pie en Mozambique; también en la ribera occidental del Atlántico, en Angola. Y por la fuerte infiltración habían hecho pie en América Central, en Nicaragua; estaban avanzando, también, en la lucha guerrillera que dirigía Shafik Handal en El Salvador.
Los yanquis estaban en retroceso; iban a estarlo hasta comienzos de los ’80. Pero habían avanzado en América del Sur: habían dado el golpe de Brasil; el golpe de setiembre del ’73 en Chile; el golpe en Uruguay; el golpe en Bolivia; controlaban Paraguay; habían maniatado al gobierno de Velazco Alvarado en Perú.
Y entonces la Argentina había pasado a ser el centro de disputa, por un objetivo estratégico fundamental: el control del Atlántico Sur. Que es lo que llevaría a los dos grandes conflictos que en cierta medida iban a determinar el fin de la dictadura: uno por el Beagle con Chile, donde fracasó el intento de la dictadura violovidelista de llevar a una guerra fratricida a nuestro pueblo; y la guerra de Malvinas, donde también estaba en juego el control del Atlántico Sur. Es imposible comprender la guerra de Malvinas sin este elemento. Porque que un país del tercer mundo controlara Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, y con ello el único paso estratégico entre los dos océanos para los grandes barcos –porque el Canal de Panamá pueden liquidarlo con un misil– eso estuvo en el trasfondo de todos los acontecimientos que determinaron la imposición de la dictadura en 1976.


Es un error tremendo pensar “nunca más”

Aquí tenemos a muchos jóvenes; posiblemente muchos de ustedes nacieron después del 24/3/76, o eran muy pequeños. Yo observo, a veces, la naturalidad con la que llegan tarde a las citas. Es posible que, después de tantos años de democracia constitucional –los de mi generación nunca conocimos un período tan prolongado de democracia constitucional, somos de una generación en que a veces llegar 5 minutos tarde a una cita implicaba la vida de un compañero–, es posible que los jóvenes piensen que eso que nosotros vivimos nunca más va a suceder. Que ahora es un feriado, que algunos van a decir: “che, vamos a comer un asado el 24, que es feriado”. Tal vez consideren que aquello no va a suceder nunca más.
Pero en la Argentina, desde 1930, nunca conocimos un período relativamente prolongado de libertades ciudadanas. En la Argentina había una “calesita”: golpe y contragolpe, golpe y contragolpe; y en los períodos de gobiernos civiles regía el estado de sitio; hasta entrado el gobierno de Frondizi regía la ley 4.144 de expulsión de extranjeros; rigieron leyes represivas anticomunistas... Los gobiernos civiles, incluso el gobierno de Perón, gobernaban con estado de sitio. Sin embargo, es posible que se piense que lo de 1976 no puede volver a repetirse.
Pero la causa de esa inestabilidad institucional es la estructura de la Argentina. El hecho de que éste es un país disputado por potencias imperialistas: ingleses y franceses; ingleses y alemanes, italianos, yanquis más tarde, yanquis y rusos... Y ahora hay una nueva “figurita”, los chinos, que están construyendo su puerto en Timbúes (Rosario), que se quieren quedar con el ferrocarril Belgrano, que por apenas 6 millones y medio de dólares se quedaron con la mina de Sierra Grande en Río Negro. Todos estos imperialismos luchan por el dominio: compran fábricas, compran tierras, compran generales, ministros, jueces, legisladores. Y esa es una de las causas fundamentales de la inestabilidad.
Ahora algunos dicen que la oligarquía terrateniente no existe más. Y lo dicen en ésta época de jauja de la oligarquía terrateniente, porque nunca tuvieron la situación que tienen ahora: contratos orales, con un plazo de un año o de una cosecha, a pagar en efectivo y por adelantado antes de entrar al campo... Y dicen que la oligarquía terrateniente no existe más. ¿Cómo que no existe más? ¡Si están los mismos apellidos! En la Argentina a los linyeras los llamamos “crotos”, por aquel gobernador de la provincia de Buenos Aires que hizo que los linyeras pudieran viajar gratis en los furgones de los trenes de carga para ir a las cosechas; y es un antecesor de este Crotto que fue presidente de la Sociedad Rural. Y el otro día Amancay Ardura preguntó en una reunión si lo conocían a Luciano Miguens, el presidente de la Sociedad Rural; son los Miguens de Chascomús. ¿Cuántas miles de hectáreas tienen los Miguens, desde siempre? ¿Y acaso el sur, además de los Benetton, no sigue estando en manos de los Menéndez Behety y los Braun Menéndez? Al lado de la casa de descanso del presidente de la Nación está la estancia “La Anita” de los Braun Menéndez, de 64.000 hectáreas, donde en la huelga de la Patagonia les hicieron cavar un pozo a más de 500 peones y los fusilaron.
¿Acaso ustedes piensan que en la provincia de Jujuy puede haber un gobernador que gobierne sin consultar cada acto importante con los Blaquier, que tienen 260.000 hectáreas y son los dueños de la provincia? ¡Fellner ni suspira sin pedirle permiso a los Blaquier!
Y esta oligarquía terrateniente, el otro día se dio el lujo, al más vanidoso de los presidentes que hemos tenido los argentinos en décadas, que es éste que tenemos ahora, de borrarle las firmas que le habían hecho en un documento porque no estaban de acuerdo. Y el vanidoso se calló la boca y entró a hacer gambetas, como está haciendo en el problema de la carne.
Entonces ¿existe o no existe la oligarquía terrateniente?
Y existe la disputa interimperialista. Por lo tanto, compañeros, sobre todo los jóvenes, no crean que “nunca más”. Mientras eso exista, cuando sea necesario para las clases dominantes y no puedan gobernar de otra manera, habrá golpes y contragolpes de Estado.
Además están los jueces, los fiscales... Este Strassera, que defendió a Ibarra, ¿no es el mismo fiscal que dio la orden de allanar el CELS? ¿No es el mismo fiscal que cuando, al final de la dictadura, nos hicieron juicio a nosotros y nos dictaron orden de captura, estaba trabajando con el juez de la dictadura Nicasio Dibur?

Y ¿cuántos hay de esos, compañeros? El otro día, Eduardo Schiaffino, jefe de la Aeronáutica, hizo un acto de “arrepentimiento” formal, y leyó una declaración donde la Aeronáutica, que todavía no lo había hecho, hace “autocrítica” de su posición en la dictadura. Se “olvidó” de decir la palabra “repudia”: dijo que fue por un problema de lectura... Eduardo Schiaffino fue uno de los que colaboraron en el intento de golpe de Capellini en diciembre de 1975. Es un pichón de fascista que recitaba los libros de Bruno Genta cuando era joven; y que en diciembre de 1976, cuando murió Mao Tsetung, hizo un brindis por esa muerte. ¿Y ustedes creen que este Schiaffino está “arrepentido” de haber participado en el golpe del ’76? ¿Que tenemos una figura “democrática” encabezando la Aeronáutica argentina?
Sería un tremendo error creer eso. No hay que creer que el 24 de marzo es apenas el recuerdo de una jornada trágica que nunca va a volver a repetirse. Tenemos que conocerla bien precisamente porque puede volver a repetirse.


El golpe vino a aplastar el gran auge de masas
¿A qué vino el golpe de Estado? Vino, en primer lugar, a aplastar el gran auge de masas que estalló en la Argentina en la década del ’60. En realidad, la década del ’60 en América Latina empezó el 1° de enero de 1959, cuando triunfó la Revolución Cubana, y una gigantesca oleada de rebeldía conmovió a América Latina. Entonces vimos que era posible, en el “patio trasero” del imperialismo yanqui, que triunfara una segunda revolución de liberación nacional. Y ese 1° de enero del ’59 cuando Fidel, el Che, Raúl, Camilo, bajaron de la Sierra, comenzó un nuevo momento en América Latina.
Allí se abrieron dos grandes corrientes: igual que está sucediendo ahora en América Latina. Una corriente que se montó en ese auge de masas: se había llevado a cabo el XX° Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética –este año se cumplen 50 años de su realización–, que planteó la posibilidad de destruir el poder del imperialismo, la burguesía intermediaria y los terratenientes por la vía pacífica, tomando el gobierno por elecciones y por el camino parlamentario. Este camino se intentó en Brasil con Joao Goulart, y fue interrumpido por el golpe de Estado de 1964; y en Uruguay con el Frente Amplio, interrumpido con la “bordaberrización”, como se llamó cuando rodearon al presidente Bordaberry con un gobierno de militares; y también fue interrumpido en Chile con el golpe de Pinochet contra el gobierno de Salvador Allende, en setiembre de 1973.
Pero ya también habían cambiado las cosas en la Unión Soviética: ellos trabajaban “con dos fierros en el fuego”: no sólo el camino pacífico, sino también el de los golpes militares, que avanzaron en resolver el problema de la reforma agraria y de la liberación del imperialismo: con Torrijos en Panamá, con Velazco Alvarado en Perú, y con Torres en Bolivia. Ese camino también fracasó.
Pero esa fue una gran oleada, así como hoy hay una gran oleada de luchas en América Latina, y tenemos una poderosa corriente reformista que se ha montado en eso: el llamado “neodesarrollismo”, con Lula, Kirchner, Tabaré, y ahora también Michelle Bachelet.
Y también surgió entonces una poderosa corriente revolucionaria, que tuvo dos vertientes principales. Una, la de los que siguieron el camino de la lucha llamada guerrillera, del terrorismo urbano, o agrario, que hicieron una lectura apresurada y simplista de la Revolución Cubana y transformaron el “foco agrario” –que en realidad fue una base agraria en la Sierra Maestra– en lo que se podría llamar el “foco agreste”, es decir un foco de un grupo de revolucionarios que se instala en un lugar, para enfrentar a un ejército muchas veces superior sin apoyarse en las masas. O posteriormente el camino del terrorismo urbano.
Esta vertiente, por caminos muy complicados –como se vio en la Argentina con el caso de Montoneros y otros– fue “ensillada” por el socialimperialismo soviético. Porque sus dirigentes consideraban que la Unión Soviética era amiga de los pueblos. Los trotskistas hasta hace poco hablaban de “estado obrero con deformaciones burocráticas”, después de 20 o 30 años que la URSS era un país imperialista, no sólo por sus inversiones de capital y su penetración sino por haber invadido países como Checoslovaquia y Afganistán. “Ensillaron” a esa corriente: esto es muy importante para entender lo que pasó.
Y la otra fue la corriente revolucionaria de masas. Una gigantesca explosión, donde apareció lo que siempre aparece cuando la clase obrera sale al combate: los cuerpos de delegados –o consejos obreros, o soviets–, que cuando son dirigidos por el clasismo y por una fuerza revolucionaria se transforman en un instrumento impresionante para que la clase obrera pueda jugar un rol de dirección en un proceso. Nosotros tuvimos aquí el proceso más avanzado en Córdoba, donde se recuperó el Sindicato de Mecánicos (Smata) con la dirección del camarada René Salamanca, y los cuerpos de delegados de todas esas fábricas –que no eran fábricas esqueléticas como ahora sino que trabajaban 8 o 9 mil obreros, como en Renault–; cuerpos de delegados como el de Sitrac-Sitram en Fiat; y estaba el cuerpo de delegados de Luz y Fuerza, y el que surgió en el Área Material Córdoba, y el de ferroviarios. Y Córdoba se transformó en una ciudad proletaria donde esos cuerpos de delegados jugaban un papel importantísimo.
Y hubo un movimiento estudiantil, que fue un elemento fundamental para que esto sucediera. Había asambleas multitudinarias, como una de Ingeniería de Córdoba con 8 o 10 mil estudiantes, con un Centro de Estudiantes que entonces dirigía el Faudi.
Se generalizaron los cuerpos de delegados. Hay que recordar que la Fotia fue dirigida por la izquierda revolucionaria; que ingenios importantes fueron dirigidos por esos cuerpos de delegados: el Fronterita, entre otros. Había fábricas como Grafanor en Tucumán, que las dirigía el clasismo orientado por la “1° de Mayo”. O el cuerpo de delegados y la dirección clasista del sindicato del Ledesma, en Jujuy.
Esto estuvo en el trasfondo de esas puebladas que conmovieron a la Argentina. Primero arrancaron con el Correntinazo. En el momento en que Perón había dicho que había que “desensillar hasta que aclare”, y el peronismo decía que no había otro camino que la resistencia, porque Vandor y compañía estaban enlazados con la dictadura militar de entonces, nosotros dijimos que había un polvorín bajo los pies de la dictadura, que parecía que nadie la podía parar (habían arrasado el conflicto portuario, el ferroviario, habían intervenido la Universidad). Dijimos que bajo los pies de la dictadura había un polvorín, y trabajamos para que estallara.
En ese entonces nosotros dirigíamos la Federación Universitaria Argentina, que presidía el compañero Rocha, y la de Corrientes, donde nuestros compañeros –Paillole, Gigli y otros que hoy son dirigentes de nuestro Partido– produjeron la gran lucha que terminó en el Correntinazo, donde cayó Juan José Cabral. Y eso se generalizó con el Rosariazo, que fue obrero y estudiantil, y luego el Cordobazo. Y de allí no se pudo parar más: hubo Rocazo, Mendozazo, Salteñazo, Catamarcazo, se instaló un gobierno popular en Gral. Roca (Río Negro) tras la pueblada de Roca, y otro con asamblea popular en Chubut después del Chubutazo.
Eso tenía el trasfondo de los cuerpos de delegados. No sólo obreros. Porque aquí en Buenos Aires se creó la Federación de Villas y Ocupaciones: nosotros dirigíamos la ocupación del Complejo 17 en La Matanza, con el compañero Aureliano Araujo, que aquí se mencionó entre los compañeros que estuvieron detenidos, y fue brutalmente torturado. El fue el presidente de la Federación de Villas y Ocupaciones del Gran Buenos Aires, que dirigía las principales villas y ocupaciones de la Ciudad. Y hubo cuerpos de delegados en la Universidad, como el de Filosofía de Buenos Aires, que fueron históricos por el papel que jugaron, y movilizaron a centenares de estudiantes.
Fue un proceso generalizado, y que creaba condiciones sumamente favorables para el camino que propugnábamos –y propugnamos hoy–, el de la insurrección armada como camino para la liberación del pueblo argentino.


¿Quiénes empujaron el golpe de Estado?
Al mismo tiempo estaba la disputa interimperialista entre yanquis y rusos. Los prosoviéticos trabajaron para el golpe institucional; lo hicieron porque tenían mucha fuerza en el movimiento popular, producto de un trabajo de muchos años; mientras que los yanquis eran muy débiles en el movimiento popular.
Trabajaron para el golpe institucional, pero los yanquis los fueron apretando. Es cuando Capellini da el golpe en diciembre de 1975. Los soviéticos tuvieron que aceptar también que no tenían otro camino que el del golpe militar abierto, para dirimir la disputa con los yanquis. Y por esa razón se fue al golpe.
Desde ya que hubo un pacto de mafiosos. Eso es algo que muchos no pueden entender: ¿cómo es que la dictadura militar prosoviética, prácticamente aniquiló a gran parte de los mejores cuadros, amigos de Cuba, en el movimiento popular, Montoneros, ERP, etc.? Ahí hubo un acuerdo “sagrado”: “si tu hijo, general Julio Alsogaray, está en la guerrilla y lo agarramos, lo fusilamos”. Y lo fusilaron. “Si tu sobrina, Lanusse, saca los pies del plato, la matamos”; y la mataron a Elena Holmberg, y también al jefe de prensa de Lanusse, Edgardo Sajón. En ese terreno se dirimió la disputa entre yanquis y rusos.
Los soviéticos eran hegemónicos en la Argentina desde 1971, cuando el general Lanusse, apoyándose en el Cordobazo, que hirió de muerte a Onganía, llega a comandante en jefe del Ejército. Es muy interesante leer el libro “Mi testimonio”, para entender las ideas “socialistas” –digamos así– de Lanusse. Hay que recordar que sus abuelos habían prestado sus almacenes para guardar las armas de la Revolución del Parque en 1890.
Lanusse toma el comando del Ejército. Y aquí viene lo que antes mencioné al pasar, de cómo fueron montados algunos grupos militares. Los Montoneros trabajaban por un lado, planteaban la vuelta del general Perón, y el ERP trabajaba por otro: era antiperonista. ERP y Montoneros sólo realizaron dos operaciones conjuntas en esos años: una, la de Monte Chingolo en 1975; pero antes otra, donde ejecutan al general Sánchez en Rosario, en 1972, y que permite a Alcides López Aufranc –un hombre del grupo de Lanusse que después sería un empleado de los Acevedo y los frigeristas en Acindar– llegar a jefe del Estado Mayor. Así los prosoviéticos pasan a controlar el Ejército. Aunque no lo controlan totalmente, porque controlan más los “timbres” que las unidades de combate. Pero pasan a controlar, y crean las condiciones para los acontecimientos posteriores. Porque fueron ellos los que trabajaron para traer al general Perón, en ese juego de Lanusse de decir que a Perón “no le daba el cuero para venir”.
Perón tuvo que optar –por la edad que tenía, y ya muy enfermo– entre ceder la candidatura a presidente y obtener el derecho a retornar, o ser candidato presidencial y que le vetaran la fórmula. Y optó por la fórmula Cámpora-Solano Lima, y después volvió.
Claro, cuando triunfó la fórmula Cámpora-Solano Lima y asumió el gobierno el 25 de mayo del ’73, ese movimiento de masas poderosísimo que existía en la Argentina desbordó por todos lados. Y hay un editorial del diario La Prensa, donde ese que era el más gorila de los diarios argentinos le ruega al general Perón que tome la presidencia de la nación, y que desplace a Cámpora. Y suceden esos acontecimientos extraños de Ezeiza (en los que no nos vamos a detener), y entonces el general Perón toma el gobierno.
El sabía muy bien todo lo que sucedía. Porque una vez se llevó a un visitante a caminar por la quinta de Puerta de Hierro, y le dijo: “Mirá, vamos a conversar aquí, porque allí en la casa, mi mucamo es de la KGB y el sirviente que tengo es de la CIA”. Todos los líderes burgueses de entonces estaban en esta situación. Recientemente me contó un ex dirigente del PC, que una delegación de ese partido, encabezada por Rubens Iscaro, tuvo una entrevista antes de las elecciones de 1973 con Perón y éste les dijo: “Ustedes ya van a tener el Ministerio de Economía”, como diciendo Gelbard es de los soviéticos, yo ya arreglé con los soviéticos... “Así que les puedo dar el Ministerio de Educación”. Se armó gran debate en el PC, si apoyaban o no apoyaban. (Yo creo que en las elecciones del ’73 el PC apoyó a la Alianza Popular Revolucionaria para dividir los votos de la oposición y permitir que ganara el frente de Cámpora y Solano Lima).
Yo cuento una anécdota –aunque sé que a los que les gustan las exposiciones académicas les suele disgustar; pero a veces una anécdota ilustra más sobre una situación que cien páginas escritas para una academia–: cuenta Julio González, para entender cómo era la situación de ese gobierno de Perón, que Perón solo podía trabajar unas pocas horas por día, y tenía que firmar el despacho diario. Por primera vez en la historia el ministro de Economía tenía despacho en la Casa de Gobierno. Y el secretario Legal y Técnico era Gustavo Caraballo (el que les sacó la tierra a los qom de Salta y tiene ese latifundio, que ahora se movilizan los compañeros pidiendo la expropiación); al que llamaban “el mulato”; era el hijo de Leonor Hirsch, del grupo Bunge & Born, pero era un empleado de Gelbard; antes había sido secretario de la presidencia de Cámpora y de Lastiri. Perón se dio cuenta de que cuando le traían el despacho diario a las 7 de la mañana, le hacían firmar cualquier cosa. Y entonces lo llamó a Julio González, que era el secretario privado, y al coronel Vicente Damasco, y les dijo: “Yo les voy a pedir un favor. Hagan un sacrificio: vengan a las 5 de la mañana –porque a Perón le dejaban el despacho a la noche– y revisan el despacho. Si es una cosa que yo no puedo firmar, le hacen un puntito con lápiz negro. Y si es una cosa que tengo que estudiar le hacen un agujerito con un alfiler”. Entonces venía Caraballo con el despacho diario, a las 7 de la mañana; y Perón lo miraba y le decía: “Esto lo vamos a estudiar, Caraballito”. O “esto no va, Caraballito”. Y Caraballo volvía al despacho de Gelbard hecho una furia: “¿Cómo hace este viejo de... para saber lo que tiene que firmar o no tiene que firmar?”.
Así se movía el general Perón en ese gobierno. El era el líder, pero él no controlaba ese gobierno. Por eso Brezhnev condecoró a Gelbard con la Orden de Lenin, en el Kremlin, un día domingo, un hecho totalmente inusitado: la verdad que el hombre se lo merecía...


Dos trincheras: golpismo o antigolpismo
Perón resistía. Y entonces lo pusieron en el blanco. Y le hicieron como cuando se caza un puma, se usan los cuzquitos garroneros, y el puma se vuelve loco, se “empaca” y se asusta, y el paisano no precisa ni pegarle un tiro para matarlo. Lo pusieron en el blanco a Perón y le “tiraron” las organizaciones armadas. Desde ya, como pasa siempre con la izquierda, tiene que haber una teoría para que hagamos algo. Vanguardia Comunista explicaba que el enemigo era la “gran burguesía”. Y ¿quién era la “gran burguesía”? El general Perón. Por eso, cuando Perón los echó de la Plaza de Mayo, los Montoneros se fueron cantando “Vea, vea, vea, qué manga de boludos, nos gobierna una puta, un brujo y un cornudo”. El blanco era el general Perón. Le hacían el juego del cuzco. Por eso se volvió loco Perón cuando le mataron a Rucci: porque era lo único propio que tenía.
Cuando murió Perón, sonó la hora del golpe. Nosotros ya advertimos, en la Declaración que sacamos con motivo de la elección de Perón, en setiembre del ’73, que a partir de ese momento comenzaba la cuenta regresiva hacia el golpe de Estado.
La situación era la siguiente. Isabel era presidente. Estaba López Rega –que era su alter ego–, y el Partido Peronista lo dirigía Duilio Brunello, que era un empleado de Gelbard. La CGT, después del asesinato de Rucci y de la muerte de Adelino Romero que lo había sucedido, la dirigía Casildo Herreras, que era un empleado de Bunge y Born; el que cuando vino el golpe se fue al Uruguay y quedó para la historia por su famosa frase: “Me borré”. Y le dirigían el gobierno con Gelbard. Y Balbín se sentaba al lado de la viuda, para darle consejos... Por eso hay peronistas que dicen: “ese gobierno no era peronista, porque nosotros no gobernábamos nada”.
Pero a diferencia del general Perón, que estaba muy claro de la situación internacional, y hacía su juego en ese marco, Isabel resistió. Resistió más de lo que esperaban Gelbard y compañía. Era un gobierno heterogéneo, donde había sectores fascistas como el de López Rega, Ivanissevich y Ottalagano, y donde había un sector prosoviético, con Gelbard y compañía. Era como todos los gobiernos de burguesía nacional; como el de Nasser en Egipto, que a la derecha tenía a Anwar Sadat, proyanqui, que después lo reemplazó en la presidencia; y a la izquierda a otro que era prosoviético. Como le había dicho Perón a ese amigo: de un lado y de otro, lo tenían cercado.
Isabel fortaleció YPF, argentinizó las bocas de expendio de la Shell y de la Esso, argentinizó la ITT y la Siemens. Aprobó el Código de Trabajo, que fue una de las primeras cosas que derogó la dictadura cuando se instaló, que establecía la jornada de 8 horas incluso para los trabajadores rurales, que fueron ganando las 8 horas en muchas explotaciones; porque se habían formado cuerpos de delegados también en el campo, de campesinos pobres y se habían fortalecido los obreros rurales. Y mejoró las condiciones del servicio doméstico. No firmó empréstitos; en la Argentina sólo cuatro gobiernos no firmaron empréstitos: el de Luis Sáenz Peña, por motivos particulares, el del general Perón, el de Illia y el de Isabel Perón. La presionaron para que acordara con el FMI, cuando vino el Rodrigazo: fue un plan de ajuste terrible, pero sin ir al FMI. Y mandó a la Cámara de Diputados el proyecto para que se derogara la concesión de Aluar que le habían hecho a Madanes y Gelbard –es decir a los prosoviéticos–, la concesión del monopolio del aluminio. La participación de los asalariados en la renta nacional, que hoy anda alrededor del 19 por ciento, se elevó a algo menos del 50% con Gelbard; pero en la época de Isabel, en febrero del ’75 cuando se firmaron los convenios colectivos, bordeó el 50 por ciento. Me acuerdo que Salamanca dijo: los compañeros se van de vacaciones con más plata que nunca. Y que una compañera del frigorífico de Berisso se vino por primera vez con toda su familia a conocer la Boca y a comer en una cantina.
Entonces ¿cuál era el enemigo? ¿Era el gobierno peronista, Isabel Perón, o eran los golpistas? Nosotros en ningún momento dejamos de luchar: Armando Ricciotti, el primer nombre de los asesinados que acá se leyeron, cayó en una manifestación por la reapertura de la Universidad que había cerrado Ottalagano. Pero al mismo tiempo, en noviembre de 1974, nosotros hicimos pública nuestra posición antigolpista que decía: No a otro ’55; junto al pueblo peronista, contra el golpe prorruso o proyanqui, para avanzar en el camino de la liberación.
El gobierno peronista, de Isabel Perón, era un gobierno de burguesía nacional. Participaba en el Movimiento de Países No Alineados –en esa época la Argentina era muy activa en ese movimiento tercermundista–, pero eran conciliadores. (Todavía se discute por qué Perón en definitiva no armó a los obreros en el ’55, y confió en el general Lucero y en lo que tenía en las Fuerzas Armadas. En ese momento Perón vaciló mucho, no es que no pensó en armar a los obreros).
En una única ocasión nosotros tuvimos una entrevista con gente del gobierno de Isabel. A nosotros nos trataron de “lopezrreguistas”, pero nosotros nunca lo conocimos a ese ciudadano, nunca lo vimos, ni siquiera para que nos curara alguna dolencia, porque decían que era brujo...
Isabel estaba internada en Ascochinga, enferma. Había asumido la presidencia Italo Luder, que es quien decretó la movilización de las tropas. Se había hecho una reunión del Senado, que fue histórica porque, como chicos que juegan a las escondidas, se metieron por una puerta de servicio para reunirse y designar a Luder presidente del Senado para que quedara en la línea de sucesión.
Con esto los soviéticos creían que ya tenían el camino totalmente despejado para el golpe institucional. Y entonces esos dirigentes peronistas nos dijeron: “Isabel va a volver de Ascochinga, pero el golpe no se puede parar; va a triunfar, porque yanquis y rusos están de acuerdo en el golpe, y contra ellos no se puede hacer nada”. Nosotros les discutimos, pero ellos dijeron: “Nosotros vamos a trabajar para salvar el Partido Peronista”. Que fue lo que hicieron, con un famoso congreso en el que eligieron presidente del PJ a Deolindo Bittel, y lograron mantener la estructura del peronismo.
Dante Gullo, que ahora es kirchnerista; fue menemista, uno de los que recibía los sobres de la “cadena de la felicidad” durante muchos años, y ahora es un activo jefe kirchnerista. Fue a dar una charla en Misiones con dirigentes intermedios de la JP, y dijo lo siguiente: “Vamos a hablar claro. Acá habrá un golpe de Estado. Va a triunfar, no tengan ninguna duda; va a triunfar. La mina se va a rajar. Van a resistir el PCR, grupos armados que ha organizado López Rega, y algunas fábricas del Gran Buenos Aires. Los ‘fierros’ van a salir de los cuarteles”. Un compañero peronista que estaba ahí le dijo: “Perdón compañero: ¿y la clase obrera?”. Gullo se sonrió y contestó: “La vamos a ganar desde el gobierno, con un programa antiimperialista”.
Todas estas fuerzas trabajaron activamente para que triunfara el golpe de Estado.
¿Dónde estaba el enemigo? Cuando se encrespa la polémica nos acusan de lopezrreguistas. Yo, cada vez que me acusan les digo: “Seguro que vos fuiste videlista”. ¿Qué planteó el PO? Cuando se produjo la crisis en junio del ‘75, cuando renunció López Rega y se fue, el PO planteó “el gobierno a la CGT”; o sea: el gobierno a Casildo Herreras y de Lorenzo Miguel. Se han olvidado ahora de esa consigna.
Y el PST, que era el antecedente del MAS y del PTS, planteó: “Al gobierno, un senador obrero”; porque estaba el golpe institucional, y ellos tenían como candidato a Afrio Pennisi, un senador peronista de Santa Fe.
El P”C” planteó “gobierno de coalición cívico-militar”, consigna que mantendría durante toda la dictadura, junto con Alfonsín, que escribió un libro para explicar esta consigna. El P”C” también sacó un folleto, el “folleto negro”, de Jorge Bernstein, explicando la misma consigna.
Fue una lucha muy dura, porque a nosotros nos empezaron a matar a los compañeros. Y fue el heroísmo de compañeros como Enrique Rusconi y como Daniel Winer que, en ese momento que define la vida de una persona, señalaron a los golpistas como culpables de su asesinato. Y el centro de ésto estaba en La Plata y en la provincia de Buenos Aires, con el gobierno provincial de Calabró.
Para presionar el golpe abierto, el 18 de diciembre Capellini da el golpe, atrincherándose en la base de Morón y en Aeroparque. Nuestra posición antigolpista no era verbal, sino de combate: 400 compañeros y amigos de nuestro Partido, armados, rodearon la base de Morón para participar en la lucha contra el golpe de Estado de Capellini, golpe proyanqui, fascista. Ese golpe acorraló a los soviéticos. Muchas fábricas pararon espontáneamente y los obreros ocuparon las fábricas. Y, con la oposición de Casildo Herreras, la CGT decretó un paro con permanencia en las fábricas el día 22 de diciembre, que conmovió a la Argentina, contra el golpe de Estado.
Ese era el camino para parar el golpe. Pero ante eso, el 24 de diciembre se produjo el ataque al Regimiento de Monte Chingolo: una acción “cantada”, donde murieron muchos muchachos inocentes, porque estaba “cantada” esa acción y participaron Montoneros y ERP, unidos otra vez, y ahí pasaron a la ofensiva los elementos golpistas. Videla felicitó a Calabró por su posición de apoyo al golpe. Y hubo una gran acción de prensa; porque ellos tenían un “boletinero”; pero no como Sarmiento que fue boletinero del Ejército Grande; acá hubo un boletinero de los golpes: del de Onganía, del de Lanusse y de éste, que fue Jacobo Timerman. Por eso cuando lo nombran a Videla comandante en jefe, Videla llama por teléfono a Timerman y le dice: “Con el primero que quería hablar era con usted, para agradecerle lo que ha hecho para que yo sea comandante en jefe”.
Y entonces el golpe se aceleró, y pasó, el 24 de marzo. Y como cuentan los compañeros, el compañero Gigli por ejemplo, que estaba en el sur, los presos festejaban en la cárcel el golpe de Estado; incluso se habían hecho la lista del orden en que iban a salir en libertad. Y como contó Roque Romero hace pocos días, en el acto de homenaje a Salamanca, en el penal de Resistencia se hizo un gran festejo de los Montoneros y ERP que estaban presos, porque creían que era un golpe de militares “peruanistas”, como decían, de militares democráticos. Y cuenta Romero que, desgraciadamente, a uno de los compañeros que festejó a los pocos días lo sacaron para matarlo; y cuando lo llevaban –cuenta– gritó: “Lanusse nos traicionó”.


La dictadura y los colaboracionistas Así fue el 24 de marzo del ’76.
Nosotros tuvimos una posición clara. Nos reunimos apenas triunfó el golpe: ya la noche antes se habían desplegado las tropas; ya venían haciendo rastrillajes después de lo de Monte Chingolo, entrando a las villas, revolviendo los roperos de los trabajadores. Nosotros sacamos una posición contra el golpe.
Hay que decir que el Partido Comunista tuvo una posición terrible, de apoyo al golpe, que explica esto que estamos diciendo del carácter prosoviético del sector que lo hegemonizó. Hubo una declaración del P”C”, el 8/4/76, en Tribuna Popular: “Todo el país escuchó con sumo interés el discurso inaugural de Videla. En cuanto a sus formulaciones, afirmamos enfáticamente que constituyen la base de un programa liberador que compartimos. El general Videla no pide adhesión, sino comprensión. La tiene”.
Roberto Vallarino, dirigente del P”C”, junio del ’78, revista Cambio 16 en España; le pregunta el periodista sobre la caracterización de la dictadura: “Muy sumariamente diría que hay por un lado elementos pinochetistas ultrarreaccionarios, y por el otro elementos progresistas, de tendencia democrática”. “¿Quiénes son esos elementos progresistas?”, pregunta el periodista. “Si quiere nombres le diré: Videla, Massera, Agosti, Suárez Mason, por ejemplo”. ¿Eso quiere decir al fin y al cabo –dice el periodista–, en cuanto a tendencia, que el gobierno actual de la Argentina es un gobierno progresista? Respuesta: “Es un gobierno en el que hay elementos progresistas, que de hecho son hegemónicos dentro de él”. Claro: lo más importante que ellos levantaban eran las relaciones con la Unión Soviética.
Y en 1978, Athos Fava y Fernando Nadra viajaron a los Estados Unidos a explicarle a los yanquis... Porque así como la URSS, y Cuba, defendían en todos los foros internacionales a la dictadura videlista y no permitían que se la condene, los yanquis la atacaban y mandaban delegaciones de derechos humanos (nosotros salvamos la vida de algunos compañeros, en gestiones con esas delegaciones, cuando estaba el gobierno de Carter). Fava y Nadra, viajaron a los Estados Unidos para explicar que no había que confundirse, que era una dictadura “progresista”. También Arnedo Alvarez, secretario general del P”C”, dijo cosas parecidas. Por ejemplo en setiembre del ’76 dijo en la revista Fundamentos: “Las fuerzas más reaccionarias, aleccionadas por la CIA y bajo su dirección, han desatado una campaña terrorista de intimidación, y una intensa acción psicológica, tratando de influir en el estado de ánimo de las masas y de ciertos dirigentes, haciendo correr el desaliento y la voz de que esto ya es una dictadura”. Esto cuando en la Argentina se mataban entre 40 y 70 personas por noche.
Y acá tengo la revista América Latina, que publicaban los soviéticos, el Instituto de América Latina de la Academia de Ciencias, que en realidad era un departamento del KGB. Acá a Orestes Ghioldi, en el año 1981 –¡no 1976!– le hacen un reportaje: “En esas circunstancias los comunistas dijimos que el dilema era ‘democracia o pinochetismo’. Advertimos contra el peligro de un golpe similar al que asolaba a Chile, y proclamamos nuestra decisión de luchar por una democracia renovada. Señalamos que era auspicioso que se hubiese desechado en ese instante una solución pinochetista; pero que nadie debía desarmarse, que en el seno de las fuerzas armadas y fuera de ellas se esconden también pinochetistas en acecho que sueñan con un baño de sangre”. Esto en 1981, compañeros.
Entonces la autocrítica –fraternalmente lo digo, porque estuve hablando con un compañero del PC aquí, antes de dar la charla, le dije “mirá, yo tengo que decir algunas cosas...”–, yo creo que la autocrítica del P”C” fue formal. Porque ¿cómo van a acusar a la Conferencia Sudamericana de Partidos Comunistas de 1929 de la posición que tomaron respecto de Videla? Porque “planteaba la alianza con la burguesía”, dicen. Mentira, compañeros, al revés, esa Conferencia no planteó la alianza con la burguesía; al contrario, planteó la incapacidad de la burguesía para dirigir el proceso revolucionario. Pero ¿qué tiene que ver la burguesía con Videla-Viola, con esta dictadura asesina?
Pero ¿por qué no hacen autocrítica a fondo? Porque para hacer una autocrítica a fondo tendrían que decir que tomaron esa posición porque era la posición de la Unión Soviética, y ellos eran fieles soldados –para no usar otra palabra– del socialimperialismo.
Cuando los soviéticos invadieron Afganistán, los yanquis declararon el embargo. Pero la dictadura argentina hizo un convenio para garantizarle a la URSS la provisión de 5 millones de toneladas de cereales por año, pasara lo que pasara en la Argentina. Es decir, transformaron a la Argentina en cantinero del ejército ruso que había invadido Afganistán. Para hacer una autocrítica a fondo, el Partido Comunista tiene que ir a la autocrítica de esto; cosa que me parece muy difícil, porque son los mismos dirigentes que estaban entonces. Y muchos de otras organizaciones de izquierda, que hablaban de la “potencia amiga”, tendrán también que hacerlo, porque no solamente el P”C” decía eso. Hay un último periódico del ERP, previo a la dictadura, en cuyo editorial se habla del papel “progresista” que cumplía la Unión Soviética en el mundo. Esto es lo que llevó a ese callejón sin salida. Porque la Unión Soviética era precisamente la que hegemonizaba el golpismo.
Les cuento otra anécdota. Era en tiempos de Martínez de Hoz. Yo estaba con un amigo que era gerente de una empresa importante. “Explicame una cosa –me dice–, ¿cómo es eso de que esta dictadura es proyanqui? Porque las empresas en la Argentina las está comprando el banco de Greco (que se había adueñado de la vitivinicultura cuyana), el banco de Trozzo (el Banco de Intercambio Regional, BIR), el banco de Luis Oddone (que llegó a monopolizar la industria del jabón y la perfumería)...”.
Isabel había dicho: “¿A qué viene el golpe? A bajar las chimeneas”. Luis Oddone compró la empresa Flor de Lis, no para producir yerba, sino para apropiarse del edificio que Flor de Lis tenía en Paseo Colón, para instalar allí sus oficinas. Y en determinado momento gran parte de las chimeneas habían sido volteadas, y esas empresas habían caído en manos de esos bancos. Y cuando esos bancos se derrumbaron, el sector prosoviético que hegemonizaba la dictadura se derrumbó, en 1981. En una noche, el general Videla firmó un decreto por el que le concedió 5.000 millones de dólares a Greco para salvar el Banco de Los Andes. Los yanquis habían estado un año discutiendo en la Cámara de Representantes de Estados Unidos si le daban o no 1.000 millones de dólares a la Chrysler para salvarla de la crisis; y Videla le dio 5.000 millones a ese grupo por un decreto. Y el grupo de Trozzo hizo un vaciamiento, se fue a México, y puso a “Marianito” Grondona al frente de su banco, el BIR. Esa fue una política de relaciones estrechas con la Unión Soviética.


El PCR se quedó para luchar contra la dictadura
Nosotros nos quedamos aquí: decidimos hacerlo. Esa fue otra discusión. Nuestros compañeros presos no ejercieron el derecho de opción a salir del país. A Horacio Ciafardini, para que ejerciera el derecho de opción, le ofrecieron trabajo en algunas de las más renombradas universidades de Europa; y él no aceptó, y se quedó preso hasta el final de la dictadura, en condiciones que después iban a provocarle la muerte. Nosotros nos quedamos y luchamos junto a nuestro pueblo.
Porque acá hubo muchas luchas. Lucharon los ferroviarios, los de Ford, los del Smata. Hubo la gran lucha de Luz y Fuerza, una lucha heroica donde secuestraron al dirigente Oscar Smith. Luchas como las de los obreros de Peugeot, durante 23 días; donde fue el ejército, y 4.000 obreros se sentaron en la fábrica; el ejército disparó al aire, los obreros no se movieron, y les tuvieron que aflojar. Y estuvo la huelga larga de la carne en el frigorífico de Berisso, en 1979, que duró 32 días, donde participaron activamente compañeros de nuestro Partido. Y pocos días antes del desembarco en Malvinas, el 30 de abril, hubo esa marcha donde mataron al obrero Flores.
Acá se luchó, y en primer lugar las Madres de Plaza de Mayo. Y con ellas, desde el primer día estuvieron las compañeras de nuestro Partido, en todas las rondas de las Madres, en Buenos Aires y en todo el país. También hubo luchas agrarias importantes.
Estuvo la lucha para impedir la guerra del Beagle, donde nosotros jugamos un papel muy activo, aliados –digamos así– con el Vaticano, cuando vino el cardenal Samoré (atrás estarían los yanquis, me imagino), cuando la dictadura llevaba a la Argentina a una guerra fratricida contra Chile. Ya las tropas argentinas se estaban moviendo cuando se llegó a un acuerdo para impedir la guerra del Beagle. Ese era el sueño de los soviéticos, pero hubo dos hechos que los derrumbaron, los hicieron colapsar: la crisis económica, y el fracaso del intento de guerra con Chile. Por eso ese clima patriotero en el Mundial ’78, que fue el momento más difícil de nuestra vida, cuando las masas salían a la calle gritando “¡Argentina, Argentina!”, y sabíamos que estaban preparando el clima para la guerra con Chile. Pero se impidió esa guerra, compañeros. Y ahí comenzó a colapsar la dictadura.
Después vino la lucha de Malvinas. La heroica guerra de Malvinas. Es difícil entender lo que pasó en Malvinas y lo que pasó después sin entender lo que estuvimos viendo. La dictadura decía ser “occidental y cristiana”, pero en los foros internacionales la defendían la Unión Soviética y Cuba, y la atacaban los yanquis. La dictadura nos ilegalizó a nosotros y a otras organizaciones revolucionarias, pero le dejó funcionar los locales al Partido Comunista. Y una vez que un grupo militar fue a allanar la Editorial Siglo XXI, no recuerdo qué general lo llamó al oficial que había hecho el operativo y lo hizo hacer autocrítica pública. El general Vaquero le había dicho a un amigo de nuestro Partido: “Acá vamos a dar el golpe, pero los únicos que nos van a apoyar van a ser la Unión Soviética y el Partido Comunista. Por eso tenemos que ser cuidadosos”.
Eso no quiere decir que no cayeron muchos militantes comunistas; porque esta era una dictadura “overa”: si estabas en Córdoba, gobernaba el general Menéndez, y él ponía en el blanco a quienes quería poner. Y entonces, muchos militantes comunistas cayeron, y son mártires también de la lucha antidictatorial; como los chicos de la “Noche de los lápices”, etc.
La dictadura era “occidental y cristiana”. Pero hete aquí que cuando el Ejército argentino se encuentra por primera vez en el siglo en una guerra en serio, en una guerra contra otro ejército, resulta que es contra Inglaterra apoyada por los Estados Unidos. A muchos oficiales del ejército argentino eso les produjo una “diarrea nerviosa”; pero de ahí nació una corriente nacionalista muy poderosa en la Argentina, en la que había un sector “khadafista” –es decir antiyanqui–, y otro “khomeinista” –o sea antiyanqui y antirruso–. Esa corriente sacó muchas lecciones de lo de Malvinas: del heroísmo con el que se tuvo que luchar ahí, y de la traición de esos “occidentales y cristianos”, del papel que jugaron, y del papel también que jugó la Unión Soviética, e incluso China, en esa época, que no vetaron en el Consejo de Seguridad la posición de los ingleses.
Nosotros, compañeros, creo que no nos equivocamos cuando apoyamos la guerra de Malvinas. Porque nosotros nos basamos en la experiencia nacional, en los patriotas de Mayo. Ellos ya estaban conspirando contra los españoles cuando los ingleses invadieron; pero ellos no se confundieron de enemigo. Fue cuando Belgrano dijo su famosa frase, de que no iban a cambiar de amo. Y movilizaron al pueblo contra el invasor inglés, y esa movilización –que fue la garantía para expulsar a los piratas ingleses– fue posteriormente la base para el triunfo de la Revolución de Mayo.


El ejemplo de nuestros mártires
La dictadura quedó herida de muerte después de Malvinas. Nosotros planteamos que no debía quedar piedra sobre piedra de esa dictadura, pero los acontecimientos siguieron otro rumbo: el peronismo y el radicalismo acordaron con la dictadura y se fue a la salida constitucional.
Nosotros tuvimos mucho mártires –recién se leyeron sus nombres– cuyo ejemplo no debemos olvidar nunca, compañeros. Porque sabemos muy bien cómo se comportaron. Ahora que sabemos la forma en que lo mataron a Gody Alvarez... Yo cuento por ahí que, estando con Gody en una delegación, asomados a un balcón, me decía: “Nosotros no tenemos un Partido preparado para enfrentar la muerte. Que te agarren por ejemplo así, en este balcón, y te digan ‘te tiramos’, y vos te dejás tirar”. Y él demostró que eso no eran palabras. Porque ahora que conocemos la forma en que lo torturaron, y que prácticamente lo quemaron vivo y como no murió lo tuvieron que tirar al río Luján, ahora se comprueba la profundidad de aquello que él decía, y cómo él se preparó para ese momento: no para morir –porque el secreto del torturador es no dejar morir al torturado; se preparó para eso que sucedió; porque ahora se descubre que incluso cuando cayó al río Luján, Antonio todavía estaba vivo.
O compañeras como María Eugenia Irazusta, a la que mataron sin sacarle una sola palabra, porque ella sabía dónde estaba el mimeógrafo donde hasta hace muy poco han impreso sus volantes los compañeros de Córdoba. Y murió heroicamente en la tortura.
Y también los compañeros humildes, compañeros, no sólo los héroes. Porque el Nueva Hora salió regularmente cada 15 días, y cada 15 días se distribuía en todo el país. Hubo compañeros que cayeron en coma en la tortura porque les preguntaban cuál era el contacto que tenían en Buenos Aires, porque nosotros hasta cobrábamos el periódico, compañeros, y tenían que mandar un giro para pagarlo, porque nosotros no teníamos quien nos sostuviera. Y ese periódico había que imprimirlo; después, en esa Argentina, con las razzias en la calle, había que trasladarlo, hacer los paquetes, distribuirlo. Y no sólo esos compañeros clandestinos: los que estaban en el trabajo legal. Había que organizar, como organizaron las compañeras, la conferencia de prensa en el ’78 durante el Mundial de Fútbol, para las Madres de Plaza de Mayo y para los presos de la dictadura. Tenemos compañeras, que uno las ve y dice: “un ama de casa”, que cada 15 días iban a ver a un dirigente peronista, que tenía un policía en la puerta porque estaba con libertad vigilada, y le llevaban el Nueva Hora en su ropa, y nunca le faltó el Nueva Hora a la dirección del partido peronista.
No solamente los mártires, sino los miles de militantes, esos compañeros por ejemplo que fueron radicados por nuestro Partido en pueblitos... Yo hablaba hace un tiempo con uno y le pregunté: ¿cómo era eso? Y dice: “Bueno, cuando a las 3 de la mañana paraba un coche cerca, te imaginás; todas las noches esperábamos que nos vinieran a levantar”. Fueron muchos los compañeros que resistieron.
Por eso digo: acá se resistió, acá se luchó, se enfrentó a la dictadura. Y por eso se derrotó a la dictadura, compañeros.


Algunas conclusiones
Algunas conclusiones sobre este proceso. Como dijo Cornelio Saavedra cuando envenenaron a Moreno y lo tiraron al mar: “Hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego”. Tuvo que correr tanta sangre para apagar el auge revolucionario iniciado en los ’60 en la Argentina.
Esta es la conclusión de fondo de lo de la dictadura. Las clases dominantes estaban espantadas con lo que llamaban los “soviets de fábrica”. “Es imposible seguir así”, decían. “Comenzás una obra de construcción, vienen los obreros, arman el fuego para el asado, y lo primero que hacen es elegir el delegado”. “Vas a la fábrica y te recibe el delegado, con los obreros atrás, y te dice ‘queremos guardapolvos’”. “Bueno, se los vamos a dar”. Después vienen y te dicen: “queremos de otro color”. “¿Hasta cuándo vamos a seguir con esto? Ellos mandan, gobiernan en la fábrica”. Lo mismo en las universidades, en el campo, en los complejos de vivienda, en las ocupaciones. Como en el Complejo 17, donde se había organizado un sistema, con los compañeros nuestros, de los ayudantes de salud, pasillo por pasillo. Un gran proceso de masas, de miles, de millones.
Había que terminar con eso, y para eso vino la dictadura.
Otro problema, compañeros, es que las masas confiaban en Perón. A veces en la izquierda nos costaba comprender esto. Había grandes manifestaciones, y en ellas se coreaba una consigna: “Luche, luche, luche, no deje de luchar, por un gobierno obrero, obrero y popular”. Pero la mayoría de los que manifestaban entendían por gobierno popular el regreso de Perón, que estaba en Madrid, expulsado de la Argentina durante 17 años.
Ellos confiaban todavía en el general Perón. Perón decía: “En vez de sangre vamos a usar el tiempo”. Y dijo: “Antes de liberarnos, tenemos que reconstruir el país”. Y creyeron en eso. Aunque lo veían enfermo a Perón: por eso hubo una asamblea famosa en Berisso, de obreros de la carne, donde estaba Zorila hablando, y un obrero le gritó desde el fondo: “Y cuando se muera Perón ¿qué va a pasar?”. Silencio.
Eso estaba en las grandes masas, y el nuestro era un Partido pequeño, joven y relativamente inexperto. No estaba en condiciones de poder dirigir ese proceso de masas. Este fue el tercer elemento.
Yo creo que estos son los tres elementos principales.


Kirchner: que algo cambie para que todo siga igual
Dos cosas sobre la situación actual: sobre Néstor y Cristina.
Cuando vino el golpe, ellos se quedaron. Pero, como dijo Cristina en la campaña electoral de octubre: “Néstor me dijo: ‘nos tenemos que quedar porque yo me quiero recibir, para ganar dinero porque quiero ser gobernador de Santa Cruz”. Es decir que hubo quienes nos quedamos y cavamos trincheras para combatir, y hubo otros que buscaron trincheras para esconderse.
¿Cómo se podría definir, en pocas palabras, la política de Kirchner? Se podría definir con la famosa frase del Gatopardo, del Príncipe de Lampedusa: que algo cambie para que todo quede igual.
Esa es la política de Kirchner: pagar por adelantado al Fondo –como pidió el Fondo– y decir que eso es “desendeudarnos”. Subsidios; como dijo Macaluse en la Cámara de Diputados: el total de subsidios directos e indirectos para el año 2006 asciende a 23.668 millones de pesos, el 40% para los grandes grupos económicos (Peugeot, Citroen, Volkswagen, General Motors, Cargill, Dreyfus, Repsol, entre otros), y sólo el 33% a la parte más desprotegida de la sociedad; el 62% de los subsidios que dio el gobierno en el 2005 fue para Aluar. Ha dicho Claudio Lozano, el economista de la CTA: “estamos peor que en los ’90”. Aprovechando el boom sojero, la economía argentina ha remontado, pero –como se publicó– la diferencia entre los que más tienen y los que menos tienen es mucho mayor que en la década del ’90. Incluso ahora, que han aumentado el mínimo no imponible, para ser como en épocas de Menem, para los solteros tendría que ser de 3.200 pesos y para los casados de 5.100. Es decir: efectivamente estamos peor que en los ’90.
Y ¿qué ha cambiado de las políticas de los ’90, en esencia? Porque hay mucha presión a las privatizadas, pero para que los amigos del gobierno: Werthein, Mindlin, Elsztain, se queden con una parte de las privatizadas, y vaya a saber con qué participación de algunos amigos íntimos del gobierno, como el caso de Montoto, Taselli y otros. Las dos leyes de educación –la de Educación Superior y la Federal– siguen vigentes. Estamos cerca de un 50% bajo el nivel de pobreza, que actualmente está en 844 pesos. Ahora tenemos lo de la Gendarmería en Santa Cruz. El cura Luis Viciego, de la parroquia de Las Heras, ha dicho que ni aún en la dictadura militar sucedía esto. Allí reina el terror; en estos días llegó a haber 100 personas viviendo en la iglesia porque están perseguidas, los detienen por portación de cara, como en la época de la dictadura.
Y tenemos un gobierno de cuatreros. Cuatrerean gobernadores, diputados, intendentes. Como dice el paisano, no les preocupa ni estado, ni pelo ni marca: Atanasoff y Ruckauf, D’Elía y Depetris, Tumini y Jorge Pereyra. Eso sí: cuando están adentro del corral, que no molesten, porque cuando molestan les saca el saludo, como le hizo a Acevedo; no le contesta el teléfono, como le hizo a Bonasso, a gente que es muy amiga de él. Se enoja, es muy vanidoso, y cuando no lo respetan se enoja. ¡Cuidado con corcovear cuando están en el corral! No le hizo lo mismo a Luciano Miguens, claro, pero a los que metió en su potrero los castiga, los reta, es malo. Algunos en privado te dicen “yo, la verdad, tengo discrepancias”; sí, pero en privado, en público nada.
Tiene un punto débil: la heterogeneidad de su base de apoyo. Todo lo que ha logrado arrear es muy heterogéneo. En reuniones con sus íntimos él dice: cuidado, no se vayan a creer que el 19 y el 20 de diciembre están sepultados. Y ahí está lo que pasó en Haedo, en Chascomús, en Las Heras, ahora en San Vicente.
Y crece una oleada de lucha proletaria: la de telefónicos, del subterráneo, de Terrabusi, del SEOM de Jujuy, de Cerro Dragón, de Las Heras, que es lo que preocupa al gobierno. Porque al fin y al cabo la lucha del Garrahan fue lo que puso en debate la consigna de 1.800 pesos de básico, y eso hoy es un reclamo nacional. Y la lucha de Las Heras obligó a que levantaran el piso del impuesto a las ganancias. Y eso, compañeros, crece en todo el país. Y grandes luchas populares como la de Cromañón y la de Gualeguaychú.
Eso, en el marco de un mundo que está asistiendo al heroico combate del pueblo iraquí, y a la resistencia generalizada al imperialismo yanqui en todo el mundo.
Y crece la oleada revolucionaria en América Latina. Tardan en informar, pero no es solamente los que se han montado en el movimiento de masas, sino la lucha de los obreros, de los campesinos, de los originarios –por primera vez en muchos años–, en América Latina, como muestra ahora el caso boliviano.
Nuestro Partido ya no es tan pequeño. Para nuestro gusto, es muy pequeño. Tiene que crecer mucho más, e invitamos a todos nuestros amigos a que engrosen nuestras filas. Pero ya es un Partido nacional, arraigado nacionalmente, y que está en condiciones de crecer y de jugar un papel.
Por eso compañeros, voy a terminar con una frase del presidente Mao Tsetung: “El camino es sinuoso, pero el futuro es luminoso”.
Nada más.

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gracias
Por yo - Tuesday, Mar. 28, 2006 at 8:47 PM

supongo qu no era tu fin, pero te agradezco que ayas publicado este disurso; la verdad es que me gusto mucho

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Otto para cuando la verdad
Por otto krauss - Tuesday, Mar. 28, 2006 at 11:57 PM

el sendero sera luminoso o no sera dijo mao tse tung y no se equivoco...
Para cuando otto la insurreccion de las masas campesinas???
la revolucion es un sueño eterno (dijo otto vargas que sufre de insomnio)
repitio: la revolucion es un sueño eterno (dijo otto vargas que sufre de insomnio)
y repitio:
la revolucion es un sueño eterno (dijo otto vargas que sufre de insomnio)

ahi se acerco un chinito y le dijo las pastillas otto las pastillas otto
y otto lo miro y le dijo:
la revolucion es un sueño eterno (dijo otto vargas que sufre de insomnio)

Extraido de dialogos con otto vargas, 500 tomos acerca de lo que piensa otto vargas

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no me cierra
Por chinito - Wednesday, Mar. 29, 2006 at 9:04 AM

Hay algo que no me cierra del discurso de Otto, y lo digo sinceramente.
¿Porque si Videla-Viola y comapania, eran (segun el PCR) pro Rusos, contrajeron emprestitos con el FMI y el unico favorecido fue el Imperialismo Yankee?

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Este texto es espectacular
Por Milton Fridman. - Wednesday, Mar. 29, 2006 at 2:24 PM

Hay un monton de cosas que no entiendo.

¿ Por que los Rusos estarian a favor de un golpe de estado y no de un gobierno popular de masas no alineado?

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El arbusto esconde el "Bosque" peronista
Por Mosca Cojonera - Wednesday, Mar. 29, 2006 at 2:30 PM
fliegecojonera@hotmail.com

Ya me harté de esta autohumillación de la izquierda histórica...de víctimas a victimarios: que el PC, que el morenismo, que el PCR...cuando la discusión compañeros es desvelar la verdad histórica del papael contrrrevolucionario del Peronismo. El mejor cuento del Pocho fue buscarnos la culpa de¡l golpe en la izquierda...¡Increíble! Es como una servidumbre ideológica voluntaria¡¡¡¡...Discutamos el rol del PJ, de la UCR, reabramos el papel de silencio histórico pactado de la CONADEP, etc...Cortenla con las "culpas" y "errores históricos" de la izquierda¡¡¡¡¡ Qué podía hacer la izquierda institucional en la "normalidad" peronista de 1973-1976: casi 100 asesinados por mes¡¡¡¡¡¡ Las desapariciones de militantes aumentaron en un mes, octubre de 1974 un 700 POR CIENTO¡¡¡¡¡ ¿De qué mierda hablamos? Dejense de boludear y abramos la discusión en serio.

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Los unicos veneficiados los yanquis??????
Por rioseco - Friday, Mar. 31, 2006 at 1:10 PM

Los mas veneficiados por la dictadura los yanquis?? eran yanquis madanes, bulgueroni, los de aluar,clarin, y muchos mas, y los barcos con trigo argentino para la guerra en afganistan????? veneficiaron a los yanquis?????
por favor......
dejen de repetir como loros lo que les enseñaron desde la embajada rusa.....

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