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Durante
la tarde del jueves 30 de marzo, un taller textil ubicado en Luis Viale
1269 (entre Fragata Sarmiento y Paysandú, Ciudad de Buenos Aires)
ardía en llamas y seis personas de nacionalidad boliviana -4 de
ellas menores- morían calcinadas.
Desde
el 2001, la edificación de dos plantas de la calle Viale estaba
habilitada como taller de bordado y otras actividades del rubro textil,
a nombre de Jaime Geiler y Daniel Fischberg. Sin embargo, funcionaba como
centro de producción y como vivienda, lo que constituye una primera
irregularidad. Según informó la Unión de Trabajadores
Costureros, en el taller de Luis Viale trabajaban 25 personas, quienes
junto con sus familias conformaban un grupo de 50 personas. La
jornada de trabajo era de 16 a 18 horas, sin descanso, y confeccionaban
jeans para la firma JD a 0,80 centavos por prenda.
La Unión
de Trabajadores Costureros detectó y denunció en octubre
del año pasado la existencia de más de cien talleres, cuyas
características generales son: falta de higiene, deficiencias habitacionales,
no contar con seguridades mínimas o sistemas contra incendios,
de ventilación o de extracción de aire, que termina siendo
puro polvillo emergente del propio trabajo textil.
Muchos
ciudadanos de origen boliviano llegan a la Argentina atraídos por
avisos laborales en los que se les promete trabajo estable y salarios
en dólares. Al suponer que podrán ahorrar cierta cantidad
de dinero en un corto plazo, las personas no se preocupan por el tema
de la documentación. Sin embargo, cuando arriban a nuestro país,
el panorama es distinto: son explotados laboralmente en jornadas extenuantes
y no se les reconoce ningún derecho laboral (salario digno, aguinaldo,
jubilación, obra social, escolaridad, vacaciones).
"Los
trabajadores se sienten sin salida"
En diálogo
con ANRed, Guillermo Mamani, director de
Renacer (periódico de la colectividad
boliviana en la Argentina), relata que los avisos clasificados o radiales
para traer gente salen en ambos países, "pero
en Bolivia es notorio porque piden gente para trabajar, a la que le van
a dar tanta plata y se encargan de llevarlos allá", afirma
Mamani y agrega que "el aviso dice: 'Se necesita
gente joven, emprendedora, que quiera trabajar en la Argentina con un
buen sueldo'. Y se les paga el pasaje. Y ahí hay toda una maquinaria
entre la gente que los va a llevar. O sea, el tema de migraciones: ¿cómo
hacen para llegar con toda esa gente? No hay control ni seguimiento, porque
tampoco parece que hubiera habido interés. Ese es el problema.
Y no llegan a ver este problema, esta desgracia social, hasta que pasan
estas cosas. Y cuando pasan estas cosas, ven la desgracia social en el
otro, pero parte por culpa de uno que existe esa situación y eso
lo tenemos que ver todos".
El periodista
señala que los talleres textiles están generalmente ubicados
en el sudoeste de la capital y que "hay diferentes
tipos: familiares; medianos; grandes, como el de la tragedia. La gente
cobra por prenda, por trabajo, no por cantidad de horas". Y
expone que "mucha gente, que vino en la época
de la convertibilidad, le convenía trabajar en los talleres porque
se cobraba por producción y ellos optaban por 6, 8 o 12 horas.
A veces, el tiempo era una cuestión de elección de los que
venían porque querían hacer dinero para mandar a sus familias.
Este trato de empleador-empleado, durante la convertibilidad, no pasó
a mayores problemas porque, si bien lamentablemente las
personas trabajaban más horario del que debían, trabajar
era como una elección en última instancia... Aunque sabemos
que esto no es así: de alguna manera tenían que pagar su
alquiler, la alimentación, y únicamente trabajando
esa cantidad de horas podían llegar a ahorrar y sobrevivir en Buenos
Aires".
Pero,
como le sucedió a la mayoría de los trabajadores, tras la
devaluación, el salario real cayó fuertemente. Por eso,
"después de la convertibilidad, es otro el
panorama. El sistema cambió, los salarios son más bajos
y el tema de que cada uno de los talleristas por ahí traía
gente, a la que le quitaban los documentos y los hacían trabajar
en jornadas extenuantes", cuenta Guillermo.
En este
sentido, asevera que "hay casos -que fueron sostenidos
por personas explotadas- en que los talleristas arreglan
con la policía. Les pagan coimas y se aseguran de cualquier tipo
de denuncia por parte de los 'esclavizados'. Si van a una comisaría,
no sólo no prospera nada; es más, va a tener más
problema porque el policía está con el tallerista que los
explota. Los trabajadores se sienten sin salida". Esto mismo
sucede con vecinos que realizan denuncias: "muchos
vecinos sabían esta situación y hacían las denuncias
pero no pasaba nada. Se silenciaba esta situación
y se la permitía en última instancia. Y ahí hay mucha
responsabilidad del Estado", indica el director de
Renacer.
Cabe
destacar que Mamani reseña que "la historia
de la colectividad con la policía es terrible. Se le tiene mucho
miedo, sobre todo porque les piden documento. Hace poco tiempo pasó
que la misma policía casi mata a un joven boliviano y lo tiró
al riachuelo y eso no salió en ningún medio. Si ese muchacho
hubiera estado muerto, nadie reclamaba. El boliviano
tiene menos derechos que el argentino para la visión de los policías,
del Estado y de la población. Uno encuentra testimonios en los
que de pronto de dice 'no es lo mismo uno que es extranjero'. Por eso
puede prosperar este tipo de sistema: porque lo tolera la sociedad misma".
Con respecto
a las condiciones de trabajo en cuanto a lo habitacional, Mamani afirma
que "supuestamente tienen que tener controles. Supuestamente
muchos no están en condiciones de funcionar porque no tienen las
condiciones de seguridad, pero funcionan. Hay una parte de los talleres
que sí funcionan en regla. Pero, como en el del caso que pasó,
si bien estaba habilitado, no había un control
periódico necesario. Si tienen un permiso del 2001, ¿qué
pasó entre ese año y el 2006? ¿Estaba permitida
la construcción de arriba? ¿Podía vivir gente? Si
está legislado o no, hay que adecuar las normas a la situación
real. Y si hay cosas que no están escritas, como el tema de la
vivienda, hay que escribirlas. Porque sino quedan cuestiones que atentan
contra la seguridad de vida".
"No
tienen documentos y, por ende, tienen menos derechos"
Guillermo
Mamani también explicó a ANRed el tema de la documentación
de los ciudadanos bolivianos residentes en la Argentina. A pesar de que
la Constitución Nacional establece en el artículo 20 que
otorga a los extranjeros los mismos derechos que a los nacionales, ningún
gobierno asumió el problema de los llamados "inmigrantes ilegales",
porque al ser indocumentados no figuran en censos.
"De
estos casos, este es en particular desesperante porque no tienen documentos,
y por ende tienen menos derechos. Lo que hace que estas personas también
estén explotadas es que no tienen una documentación que
les permita sobrevivir en Buenos Aires y cuando se encuentran en situaciones
como estos casos, como el de la esclavitud, tienen pocas opciones de poder
salir de ese círculo vicioso. El Estado no les da esa posibilidad.
El Estado es en esta instancia cómplice de
quienes explotan a la gente. Cuando digo Estado, me refiero al argentino
y al boliviano, a la institución Estado. Los reclutan
en Bolivia y poco hacen allá para llegar a una solución
y poco hicieron acá... porque se llegó a estas muertes.
Estas denuncias nosotros las venimos publicando en el periódico
hace más de 5 años".
Por eso
Guillermo señala que "hay un montón
de irregularidades, no solamente el trabajo esclavo. También está
la seguridad, cómo llegó esa gente ahí, el tema del
DNI. Hay un montón de variantes de por qué se da esta situación.
Hay algo más profundo. En el rubro textil,
esta gente trabaja para un explotador, pero el que se beneficia es la
empresa grande. Y de alguna manera el gobierno apaña esa situación
al no permitirles tener el DNI. Muchos vienen en forma ilegal.
Al tener el DNI sería diferente. Sería diferente el miedo".
"Hace
poco hubo una visita de dos viceministros de Estado, que asumieron con
Evo Morales. De alguna manera, uno de los rasgos interesante que hubo
-y que ojalá que prospere y ojalá no quede en palabras-
es que se comprometieron a que en la agenda esté el tema de los
migrantes. Ningún gobierno anterior lo puso como tema a tratar
con el gobierno argentino" -dice Mamani- "Es
un punto que los dos gobiernos tendrán que charlar y más
ante este situación. El gobierno boliviano
está enterado de estas situaciones, el tema es cómo va a
accionar en forma conjunta con el gobierno argentino, porque no hay otra
forma de poder trabajar para encontrar soluciones ante los dramas sociales
que viven los bolivianos con el tema de la explotación,
de la discriminación y otros problemas ligados a la pobreza y al
acceso al DNI, que acá en la Argentina -aunque todos opinen distinto-
hace diferencia tener o no tener DNI".
"Ellos
creen que si cuidan la seguridad de sus patrones están cuidando
la propia"
El periodista
también declaró que "hay una omisión
por parte del gobierno boliviano, representado por el consulado. Dejó
mucho que desear en los últimos años y ante estos casos
se ve desbordado. Tampoco actúan de la manera que sería
la ideal. Lo que pasa es que ellos responden a algún tipo de apoyo,
que viene de más arriba, del gobierno boliviano. Tienen
poco presupuesto y terminan actuando de mediadores, cuando su función
no es mediar. Y de alguna manera sale favorecida la gente que tiene el
poder económico, los patrones" -y continúa-
"También hay muchos patrones que son bolivianos
y van a mediar al consulado y arreglan por unos 'mangos' y es como si
fueran curas haciendo la señal de la cruz. Parece que con eso está
todo bien: arreglan y siguen. Esto viene hace un par de años. Nosotros
lo criticamos y por eso no tenemos acceso a determinadas informaciones
y hay gente dentro de la colectividad que está
muy pegada al consulado y que trata de hacerle el caldo gordo a esta situación
o trata de apoyarlo".
En este
sentido, cuando ANRed se acercó a la Asociación Deportiva
Altiplano (ADA, Gregorio de Laferrere 3300, Ciudad de Bs.As.) para dialogar
sobre las condiciones laborales con los trabajadores del taller incendiado,
distintas personas de la colectividad boliviana se acercaban y no permitían
continuar las entrevistas y hacían hincapié en que "estaba
todo bien" y que "lo de la explotación es una mentira".
Para
Mamani, "el tema es que ellos (los trabajadores),
para resguardar su seguridad, tratan de resguardar la seguridad de sus
patrones. Ellos creen que si cuidan la seguridad
de sus patrones están cuidando la propia. Y pueden llegar a decir
cosas que en realidad no son cómo así. A mí
no me extrañaría de que estén haciendo algún
lavado de cabeza. El sistema de la supuesta protección
-porque supuestamente dan la pauta de que están protegiendo- en
realidad está cubriendo determinadas situaciones de determinadas
realidades. No sé cuál es el objetivo".
Y añade que "ni el cónsul (Álvaro
González Quint) ni el encargado de negocios (William Torres) -quienes
se presentaron en ADA- se juntaron para hablar con ellos. Lo
que quedo fue el tema del listado, de los subsidios, como para remediar,
silenciar y poner el tema sobre ese lado".
Con respecto
al papel del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, hoy encabezado por
Jorge Telerman, Mamani afirma que "personalmente
me preocupa el después. El gobierno de la Ciudad anuncia una caza
de brujas: 'vamos a buscar a todos los explotadores y los vamos a encerrar'.
Cuando en realidad esto es producto de una situación económica
que hace que alguna gente tome este tipo de medidas y que se vea favorecida
por la estructura económica vigente. Esta
gente que explota a otros necesita de cómplices directos e indirectos.
Si no se desactiva esa coincidencia de intereses, poco vamos a solucionar
con unas razzias en talleres de costuras, que es por lo que creo
que apunta el Gobierno de la Ciudad, lamentablemente".
De hecho,
al día siguiente del incendio en el taller de la calle Viale, el
gobierno porteño clausuró otro taller de los mismos dueños,
ubicado en Galicia 1241. "Al gobierno porteño,
por un golpe de efecto, le conviene clausurar talleres
de costura como para demostrar que están trabajando. Y
esto es un problema de toda la sociedad, no solamente de los bolivianos
y de las textiles", describe Mamani y agrega que "tiene
que ver con un sistema de trabajo que se supone que se superó,
que no puede existir, pero que existe a metros de la Casa Rosada. Esto
es como las políticas represivas. Lo mismo con la discriminación.
Por mandar preso al tipo no se encuentra la solución.
Hay otras formas de llegar a soluciones a largo plazo pero más
efectivas, que tienen que ver con el lado de la prevención y de
la educación".
Por último,
Guillermo Mamani indicó: "La gente está
en un sistema carcelario y si salen están controlados por los patrones,
que son de todo tipo: bolivianos, argentinos, coreanos... Nosotros
sabemos que la cuestión va más allá de la nacionalidad,
pero poca gente lo ve. Del lado argentino, de los medios, se
hace hincapié en la explotación de los bolivianos. Pero
este trabajo en negro lo hace el 45% de la población
argentina".
Para
mayor información: www.renacerbol.com.ar
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