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"Nelson
Mandela DD. HH."
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NO DAMOS AGUA
COMUNIDADES INDIGENAS DE "EL
IMPENETRABLE"
El Paraje Techat Centro está ubicado a aproximadamente 15 kilómetros
de la Localidad de Miraflores. La inmensa mayoría de los pobladores son
indígenas, de raza wichi. Las condiciones en que sobreviven son verdaderamente
extremas; sin embargo, continúan intentando la vieja aventura de sobrevivir
en condiciones inhóspitas y totalmente desfavorables para el desarrollo
de la vida humana.
Otiku
Con todas las limitaciones del caso, repetidamente las comunidades aborígenes
ensayaron organizarse a lo largo de los últimos años. A veces lo lograron,
aunque en la mayoría de las ocasiones volvieron al punto de partida o
más atrás. En torno a este fenómeno siempre giraron algunos especuladores
y personajes del campo político, que cada tanto buscaron votos. De esta
manera fueron dándose las cosas, hasta que por acumulación se ha llegado
al actual estado de desastre social y sanitario.
Así nació Otiku, que es una expresión de las comunidades en la necesidad
de organizarse y de esperanzarse. Varias veces se ha pretendido dividirlos;
en todos los casos se ha querido encolumnarlos, casi siempre con falsas
promesas y ofertas de prebendas, las que finalmente -no siempre- se tradujeron
en magros bolsines de alimentos para unos pocos y algunos otros conchabos.
La constante ha sido que no cuentan con representantes genuinos en el
terreno político, que hegemónicamente es manejada por los blancos.
Sala de primeros auxilios
En el corazón del Techat Centro existe una cancha de fútbol, en cuyos
costados encontramos la sala de primeros auxilios y la cisterna comunitaria
que construyera la Administración Provincial del Agua (APA) a mediados
de la década de los noventa.
La salita es absolutamente precaria, muy pequeña, de 3 x 3 metros, construida
con ladrillos asentados en barro; carece de toda infraestructura, bienes,
elementos, insumos y servicios. Nos recuerda imágenes de los lugares más
pobres de Centroamérica o África. Honradamente y de buena fe no se puede
discutir la historia común y la pertenencia al tercer mundo de estos espacios;
el parecido es elocuente. Sin embargo, quiénes viven en las ciudades y
pueblos más importantes del Chaco mayoritariamente desconocen o descreen
de estas realidades.
Cuentan que la salita tenía una radio para la comunicación con Miraflores,
que luego se llevaron. Un letrero escrito en castellano marca la identidad
sanitaria, aunque la inmensa mayoría de la población es indígena y analfabeta.
En el mes de diciembre de 2006 se colocó un pequeño letrero en el frente
de la salita, que decía "ESTOY EN LICENCIA DESDE 18 de DIC. 2006 HASTA
EL 12 de ENE. 2007... EN CASOS de urgencia llegar asta mi casa. Aguero
Ruben.".
El encargado de la salita es "promotor de salud" en la zona; esforzadamente
-y casi impotente- desempeña esa vital tarea como contraprestación para
cobrar un Plan Jefe de Hogar, dicen sus vecinos. Así las cosas en el sistema
de salud pública de la Provincia del Chaco; mientras tanto, se lleva adelante
un festival de compra desordenada de aparatos, instrumentos y servicios,
como si fuera el último día de gestión, distribuyéndose intensamente formularios
de asignación de fondos. Luego, los aparatos e instrumentos son destinados
a cualquier punto de la provincia, de acuerdo a necesidades que pocos
entienden y que nadie controla. Gana la lógica de los negocios y de los
acuerdos con los proveedores.
La salita tiene escasa concurrencia médica, marcadamente insuficiente.
Cuando el médico se hace presente, son muchos los que se presentan para
ser atendidos. Deben esperar pacientemente. La regla es que no cuenten
con asistencia médica plena. Esto se suma a la inadecuada atención que
se brinda a las comunidades aborígenes en el Hospital de Miraflores. El
esquema de crisis socio-sanitaria se potencia con las enfermedades endémicas
y no endémicas de la región (tuberculosis, chagas, bronquitis agudas,
neumopatías, elevada presencia de enfermos con hipertensión arterial,
infecciones, etc.).
¿Existe atención primaria en
salud?
La cruda realidad de las comunidades que viven en el Paraje Techat Central
descubre claramente el déficit o la ausencia de la atención primaria en
salud, a pesar de los esfuerzos excepcionales que efectúan algunos agentes
sanitarios.
La infraestructura sanitaria es pésima; como contrapartida, la demanda
espontánea es muy elevada. La acción a actividad sanitaria es definidamente
deficitaria. Los medicamentos están ausentes. Todos los factores demuestran
que sobresale un bajo compromiso en salud. Si a esto se suma y se asocian
los generalizados cuadros de deshidratación, desnutrición y enfermedades
infecciosas que prevalecen en las comunidades, componemos una situación
socio-sanitaria muy compleja y degradada. Los niños y adolescentes no
cuentan con el tiempo biológico y cronológico suficiente para el desarrollo
de algunas de las enfermedades que requieren de mayores plazos para que
se manifiesten, como el caso de las cardiopatías chagásicas; sin embargo,
es evidente que no están sanos y, lo más grave, es que no fueron evaluados.
Si se pretendiera desvirtuar esta realidad, las objeciones que se puedan
intentar serán falsas y caerán por su propio peso. Es que si la atención
primaria hubiera sido organizada y estuviera en etapa de ejecución, se
efectuarían controles periódicos de salud, decrecería la demanda espontánea,
disminuirían las necesidades insatisfechas, mejoraría el estado de hidratación
proponiéndose el suministro de agua potable, mejoraría el estado nutritivo
de la población, se habrían desplegado programas de fumigación y vigilancia
epidemiológica, se suministraría en forma sostenida las medicaciones para
los enfermos crónicos (cardiópatas, hipertensos, diabéticos, enfermos
pulmonares y de tiroides, entre otros) y no existirían tantos enfermos
de chagas y tuberculosis.
A.P.A
Cisterna comunitaria
Las comunidades refieren que la cisterna fue construida por el APA en
el año 1996. El sistema cuenta con perforación, pozo complementario y
tenía instalado un motor para bombear la extracción del agua que se alimentaba
a energía solar, generado a través de la instalación de paneles muy modernos
y costosos.
Poco tiempo después de inaugurarse la obra desapareció el motor o fue
retirado del lugar donde estaba instalado. No se conocen bien los detalles
sobre este tema; los motivos o las causas de la desaparición o del retiro
del motor formaron parte de las muchas especulaciones que se volcaron
sobre este tema. De cualquier manera, pasaron varios años y el motor no
apareció, ni fue restituido. El resultado de todo esto, es que el sistema
no funciona y las comunidades aborígenes, como en la antigüedad, continúan
tomando agua barrosa y contaminada que sacan de las represas y de los
charcos y de las lagunas.
La cuestión se complica cuando no llueve en los cortos períodos o estaciones
normales, que cada vez son menos. Rápidamente se genera una marcada crisis
hídrica que complica y potencia la crisis sanitaria, continua y permanente,
que se instaló en la región, con marcadores e indicadores extraordinariamente
negativos en materia de salud/enfermedades.
El panorama se agrava notablemente cuando no llega el camión cisterna
que transporta agua desde Miraflores, lo que es muy frecuente porque gana
la desidia o porque no da abasto para asistir una región tan extensa.
Lo sorprendente es que las comunidades indígenas se acostumbraron a
no tomar agua; le sigue la deshidratación como cuadro generalizado que
potencia las enfermedades endémicas y no endémicas.
Como animales y enfermos
Como ocurre en otras regiones y en otros parajes de nuestra provincia,
el APA construye obras públicas pero no entrega agua suficiente y segura.
Al igual que en salud, en este tema también prospera la lógica de los
negocios, de los contratistas y de los proveedores. Sigue lo peor; parece
que se decidió no entregar agua, con lo cual fracasará cualquier programa
o plan socio-sanitario porque se carecerá aún más de agua. Conviene recordar
que esta amplia región, la más pobre y marginada de la provincia del Chaco,
no quedó comprendida en el proyecto preliminar del acueducto centro oeste
chaqueño, de manera que efectivamente está condenada y sometida a los
recurrentes ciclos de crisis hídrica continua y permanente, profundizada
en los últimos años como consecuencia de los cambios climáticos.
En otras palabras, las comunidades aborígenes deberán continuar tomando
agua barrosa y contaminada de charcos, represas y lagunas que comparten
con los animales, enfermándose de manera continua para luego ser pésimamente
asistidas por un sistema de salud que hace agua por todos lados y que
expresa un bajo compromiso en salud. El resultado o la síntesis de todo
este esquema significa que, ganan las enfermedades y la muerte.
RESISTENCIA, 03 DE ABRIL DE 2007.-
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