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NO OLVIDEMOS PALESTINA
Por Rebelion - Saturday, Aug. 04, 2007 at 8:47 AM

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Publicado en Ediciones Bajo Cero
Prólogo a "Textos antisionistas" de Agustín Velloso


Alberto Cruz
Rebelión

Un espacio de conflicto. Así es como se sitúa a Palestina en el marco de la investigación académica, de la información en los medios. Un espacio de conflicto en el que es necesario rescatar la construcción de la paz, se dice desde los valores y actitudes -preñados de mala conciencia- de la sociedad bienpensante. El fácil discurso de las dos violencias, del manido concepto de paz en su vertiente negativa (ausencia de conflicto) en vez de en su vertiente positiva (resolución de las causas que dan origen a ese conflicto). El reconocimiento, en definitiva, de que gran parte de la literatura y de la práctica refleja los valores y actitudes pretendidamente liberales pero siempre vinculados a los intereses estratégicos y económicos de los grandes poderes. Por eso es necesario fijar posiciones y dejar atrás las pretensiones de objetividad y neutralidad, así como a la falsa equiparación entre opresor y oprimido haciendo caso omiso al sistema de opresión.


Decía Edward Said que "la tarea del intelectual crítico es no caer en la incapacidad de evaluar y sopesar la evidencia comparativa entre el pecador y su víctima, el decir de manera sosa que todo el sufrimiento humano es igual". No. Lo importante es ver lo que hace la parte más fuerte y cuestionarla, no justificarla argumentando que la parte más débil hace lo mismo (tal vez habría que decir ¡ojalá pudiera!, puesto que eso provocaría un cambio en la correlación de fuerzas que llevaría, inevitablemente, a un acuerdo de paz duradero). El pedagogo brasileño Paolo Freire iba más allá y criticaba los pretendidos esfuerzos académicos y educativos en pro de la paz "si en lugar de revelar el mundo de injusticia, lo que hace es opacarlo y cegar a sus víctimas porque, la reflexión, si es verdadera, conduce a la práctica". Y es en esta línea en la que hay que ubicar los textos de Agustín Velloso. Es fácil hablar de lo que ha ocurrido en Palestina desde la creación del Estado de Israel, el éxodo forzado de millones de personas a quienes se niega no sólo el derecho al retorno a su tierra, sino a su propio reconocimiento como pertenecientes a un pueblo; el genocidio sistemático a que se enfrenta y la muerte de toda una generación de jóvenes, la destrucción de su cultura y modo tradicional de vida. Pero no lo es tanto de la necesidad de ayudar al pueblo palestino impulsando la necesidad de cambios fundamentales en las políticas de los países de occidente, presos del discurso maniqueo y falso del "terrorismo y la lucha antiterrorista" proveniente del centro neurálgico de la globalización (EEUU) y donde se define como terrorista cualquier lucha contra la injusticia o por la dignidad y liberación nacional y social. Si el 11-S de 2001 marca el punto de inflexión, en el caso de Palestina este discurso viene de mucho más atrás, como bien se pone de manifiesto en el primer artículo que recoge este libro, "El poderoso impone su ley a sangre y fuego", escrito casi un año antes.

Con Palestina venimos asistiendo desde hace más de una década a una asunción del discurso israelí, según el cual paz equivale a seguridad. Con ello se invierte la lógica del conflicto: ya no estamos ante la ocupación militar de unos territorios (Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este) sino ante una cuestión de simple terrorismo. Da igual que los combatientes palestinos ataquen un tanque, un convoy de soldados, un asentamiento de colonos, un comercio o un autobús de línea. Todo es terrorismo y, por lo tanto, hay que acabar con ello como sea. Da igual que la resistencia palestina contra la ocupación esté amparada por el derecho internacional o a que exista proporcionalidad entre los medios utilizados por los palestinos, que no tienen Ejército -en virtud de los tan alabados Acuerdos de Paz de Oslo de 1993, condición que mantiene la "Hoja de Ruta"- y los objetivos perseguidos, que no son otros que la retirada israelí a las fronteras de 1967. En este sentido es muy gratificante leer el repaso que hace Velloso a cómo la ONU ha venido tratando a Israel, las decenas de resoluciones aprobadas de las que Israel ha hecho caso omiso "sin que por ello se aprecie un avance en el cumplimiento de los fines de la Carta de las Naciones Unidas", como dice el autor, lo que significa, en la práctica, un aval a la política de hechos consumados que viene impulsando el régimen sionista. Ahí está el hecho sangrante de la resolución del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya en contra del muro del apartheid y sin que aún se haya implementado. El muro avanza y, con él, las fronteras de un Israel cada vez más grande y una Palestina cada vez más pequeña mientras occidente mira complacido hacia otro lado.


Es el prêt-à-porter ideológico, ese que nos dice lo que tenemos que pensar, cómo tenemos que comportarnos, cómo vivir. Un prêt-à-porter ideológico en el que la lucha armada no está bien vista, y menos la palestina: indignémonos por la violencia de respuesta con más intensidad que con la que la origina. En este sentido, el artículo titulado "La Intifada española del dos de mayo de 1808: lecciones para la Intifada palestina" supone un soplo de aire fresco y un llamado a la conciencia, que se repite a la hora de abordar otras acciones armadas recogidas en el apartado "La resistencia". Si la distribución de los artículos en tres partes ayuda a una cabal comprensión de la interpretación combatiente de la realidad palestina, la última es la más completa puesto que pone de manifiesto la hipocresía de quienes piden concesiones a los combatientes, a los resistentes y no a los ocupantes.


Los artículos de Agustín Velloso nos sitúan en el dilema dialéctico legalidad-tolerancia ante los hechos consumados. La tragedia palestina es consecuencia de una política imperialista globalizadora basada en la opresión, la ocupación y el apoyo ilimitado que recibe Israel para convertirse en el instrumento de occidente para controlar la región de Oriente Medio mediante la negación de los derechos humanos, tan proclamados en otras partes, la ocupación militar y la agresión también por la fuerza de las armas. A Palestina se le ofrecen planes que no son de paz, sino de rendición, y se inscriben una y otra vez en la lógica imperialista de crear y sostener regímenes políticos -como el de Abbas- en los que la legitimidad por contar con respaldo popular brilla por su ausencia y la única legimitidad legítima, valga la redundancia y el juego de palabras, es su adecuación y sumisión al imperio. Si como muestra vale un botón, recuérdese el papel de la UE en el boicot a que se ha sometido al pueblo palestino tras el triunfo de Hamás en las elecciones ("¿Todos contra Hamas? No, todos contra los palestinos").


Un intelectual español, José Bergamín, respondió a quienes le criticaron que en su calidad de católico apoyase al gobierno de la II República que "existir es pensar y pensar es comprometerse". Eso es lo que nos muestran los textos de Agustín Velloso, sobrios, rigurosos y decididamente combativos, alejados del pragmatismo de quienes piensan que hay que hacer del caso de Palestina un nuevo ejercicio de viabilidad y relegar la lucha de liberación nacional a los libros de historia. El reconocimiento de los derechos nacionales del pueblo palestino representa una amenaza para la existencia colonial de Israel, por lo que hay que desnaturalizarlos. Ya no se denomina a Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este como Territorios Ocupados, pero lo están y esa es la raíz del problema y el hilo conductor de los artículos que se recogen en este libro, indispensable para comprender desde el compromiso más activo una realidad mucho más desconocida de lo que a veces creemos.


Sobre Palestina se ha escrito mucho, desde el Estado español poco. Agustín Velloso es una de las excepciones. Y sus artículos, parte de los cuales están recogidos en este oportuno libro, deberían ser de obligada lectura para todas aquellas personas que creen en la paz (en su sentido positivo), en la justicia social, en la soberanía y en la autodeterminación de los pueblos.

Noticia relacionada:

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=54439

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claridad....
Por Alicia - Saturday, Aug. 04, 2007 at 1:59 PM

hay que poner y lo primero es no reconocer el estado de Israel, reconocerlo es aceptar la derrota y la consolidacion del proyecto reaccionario de occidente y repito lo que conte tantas veces mi abuelo judio vivia en Siria y contaba que jamas le hicieron cuestion alguna por serlo hasta que llegaron como dcìa el los rusos y los polacos e inventaron todo
lo que sabemos, etc etc pero repito lo primero es no aceptar la existencia como yo le enseño a mis hijos, para que vuelva esa zona a ser Palestina y convivan las distintas creencias como era antes

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Doctor
Por Jean Jacques - Tuesday, Sep. 04, 2007 at 5:33 PM
ketezurzzan@gmail.com 0043578484

¿Ratas de laboratorio? ¿Comparar a la población palestina con los internos de los campos de concentración? ¿Equiparar al pueblo de Israel con los nazis europeos?



Deshumanizar a Israel equiparando a su población con los nazis de Europa es una estrategia que han estado utilizando desde hace unas cuantas décadas los negadores del Holocausto; con un objetivo absolutamente distinto del de proteger a la población civil palestina de los abusos del ejército israelí.



Aún existen numerosas pruebas y testimonios de la existencia de un asesinato industrializado de judíos en los años 30 y 40 del siglo XX, existen pruebas de la frialdad cruel, sistemática e inigualada ni antes ni después.

Existen pruebas y testimonios de que una parte de la población civil europea era consciente de un modo u otro, que este asesinato se estaba llevando a cabo, dónde se estaba llevando a cabo y cómo se estaba llevando a cabo.



Desaparecían los vecinos. Vagones de madera transportaban a masas de población por todo el continente europeo, ante los ojos de todos. Los cadáveres incinerados apestaron regiones durante años. ¿Cree usted seriamente que eso es comparable a lo que está ocurriendo en Palestina? ¿Relativamente sí?



Regresemos al Holocausto, al que usted hace desgraciada referencia. Dada la contundencia del Hecho Holocausto, los negacionistas persiguen borrar la memoria colectiva, entre otras maneras, mediante la equiparación sistemática de la población civil israelí, y por lo tanto mayoritariamente judía, con el ejército nazi. Esta primera parte se está consiguiendo y se pone de manifiesto, por ejemplo, cuando mueren civiles israelíes en un atentado. La compasión no aflora porque "se lo tenían merecido".



El objetivo primario, que era la relativización del Holocausto (¿el holocausto le resulta relativamente parecido a la situación de guerra en Palestina-Israel?), ha sido un importante e inesperado éxito, llegando a arraigarse en el subconsciente de la mayor parte de la población europea un gran resentimiento hacia Israel por haberse "aprovechado" del supuesto – y, claro, relativo - Holocausto para construir su existencia, siempre, claro está, a costa de los palestinos, que encarnan, en esta percepción a la víctima inocente ultimativa. Siendo Israel, hombres mujeres y niños incluidos, el verdugo ultimativo, muy inferior moralmente a los nazis europeos.



No hay que olvidar que, probablemente, el actual objetivo de los negadores del Holocausto es deslegitimizar completamente al estado de Israel para completar así una percepción absoluta de que el Holocausto nunca existió.

Para conseguir este objetivo, se han venido regando semillas de odio ya sembradas muchos siglos atrás y dirigidas, una vez más, al pueblo judío.


Porque no lo olvidemos; mientras que en el conflicto entre israelíes y palestinos no para de hablarse del pueblo palestino, nunca se habla de un pueblo israelí.

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Testimonios
Por Adolfito el del bigotito je - Tuesday, Sep. 11, 2007 at 9:23 PM

Estimado Doctor, testimonios sobre el holocausto hay a montones, lo que pasa es que las pruebas que tienen hacen agua por todos lados. Hubo un genocidio, pero fue menos de un millón y ustedes la exageran para seguir con su política usurera de indemnizaciones. Por ejemplo, sin ir mas lejos el diario de Ana Frank está escrito con bolígrafo, que no existía en esa época. Y así hay un montón de cosas. Seguramente habrá leído el informe Leuchter. que ustedes no tienen forma de retrucar.

De todos modos, explicarle esto a usted es un ejercicio inútil porque seguramente responde a algún interés que no le permite ver la realidad de las cosas. Pero sinceramente deberían ponerse a pensar porque la gente los odia tanto, miren su interior y tal vez encuentren la respuesta.

PD: Aguante Ernest Zundel, el mejor revisionista de los últimos tiempos, encarcelado injustamente por presentar pruebas irrefutables sobre el holocausto.

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x fin!
Por Rodriguez Peña - Tuesday, Sep. 11, 2007 at 9:29 PM

por fin pude leer un post del bigotito antes de que lo borren a la mierda!

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Gracias camarada
Por Adolfito el del bigotito je - Tuesday, Sep. 11, 2007 at 9:33 PM

Gracias camarada, a bigotito no lo vence ni Gillette ja ja.

También ando de gira por los otros Indymedia, haciendo justicia por internet así que si me quiere leer dese una vuelta por el de santiago, uruguay o Venezuela.

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OK!
Por Rodriguez Peña y Corrientes - Tuesday, Sep. 11, 2007 at 9:37 PM

chaGRRRRRACIASS!

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