Donate / Donar / Doar / Donner / Spende | http://www.sfccp.net/wiki/Join
El Carnaval, otro Desaparecido en Democracia : Argentina Indymedia (( i ))
CMIargentina.indymedia.org Dijimos Nunca Más. ¿Donde está Julio López?
Quienes somos Contacto Subscripciones Calendario Donaciones Publicar
en negroen blancoen rojoayuda temas

Translate this page using Google:


Sindicacion
Sindicacion


New Global Vision
versión para imprimir - envía este articulo por e-mail

El Carnaval, otro Desaparecido en Democracia
Por Rubén Bocasucia (((ca))) - Thursday, Oct. 04, 2007 at 9:22 AM
autroja@hotmail.com

CARNAVAL NO RIMA CON MILITAR (¿Y CON DEMOCRACIA?)
Jornada Cultural por la Restitución del Feriado de Carnaval

- actuación de la murga platense TOCANDO FONDO
- proyección del documental TODA DICTADURA PROHÍBE ALEGRÍA (estreno)
- debate posterior

Domingo 7 de Octubre de 2007 - 17 hs.
Centro Cultural Estación Provincial - 17 y 71
Entrada Libre y Gratuita

Hace más de 30 años, también le ponían la capucha a Momo. Mediante el Decreto-Ley Nº 21.329/76 la Dictadura genocida prohibía -entre otros- el feriado de Carnaval. Desaparecía una verdadera fiesta popular que duraba cuatro días y cinco noches. Y esto era algo que quienes intentaban edificar una sociedad ordenada, disciplinada, manejable, no podían permitir.
Pero la memoria nos salvó del abismo. Y la rebeldía nos llevó por buen camino. Así, el reclamo por la restitución del Feriado de Carnaval nos fue juntando a bailar y protestar, a divertirnos y a luchar. Como sucede en nuestra ciudad, donde desde hace varios años, cada primer sábado de Diciembre se realiza la Marcha Carnavalera, convocando a decenas de murgas de todo el país bajo un mismo motivo: ¡Queremos el Carnaval!
Este domingo 7 de Octubre de 2007, en el Centro Cultural Estación Provincial y desde las 17 hs., habrá una cita más para reclamar lo que nos quitaron. Para bailar junto a los murgueros de "Tocando Fondo" en el playón adoquinado de la Vieja Estación, para ver el mediometraje documental "Toda Dictadura Prohíbe Alegría" y para debatir junto al realizador del mismo sobre un derecho que, aún en Democracia, sigue prohibido: el derecho a la Alegría.

Si querés saber algo más sobre el documental entrá a:
http://argentina.indymedia.org/news/2007/09/549504.php


EL CARNAVAL
OTRO DESAPARECIDO EN DEMOCRACIA
Es imposible imaginar hoy, 2007, lo que era el feriado de Carnaval y todo lo que se generaba alrededor del mismo, porque para eso sería necesario imaginarse otro país. Un país donde, por ejemplo, a una familia tipo le alcanzaba más o menos con un sueldo para vivir tranquila, un país donde se dormía masivamente la siesta o donde no pasaba nada si uno dejaba una noche sin llave la puerta de entrada a la casa. Nada que ver con esta realidad de tanta gente hiper-explotada y alienada, o tanta gente desocupada y marginada; realidad de agencias de seguridad, casas enrejadas, patovicas y rock-uailers; realidad de tanta polarización social, de tanta injusticia institucionalizada. Tendríamos que ubicarnos en una dimensión totalmente distinta a la actual, en la cual existía un doble feriado de verano (lunes y martes de alguna semana de febrero) que junto al sábado y al domingo previos (antes no se laburaba el fin de semana) hacían cuatro días inolvidables, a lo mejor y para muchos, los más esperados del calendario.
En la era de las cámaras ocultas o del Gran Hermano, cuesta ubicarse espacialmente en coordenadas donde la gente era verdadera protagonista de la Alegría. Porque hoy, a lo único que tenemos derecho es a ver inmóviles en la pantalla cómo se divierten otros, unos pocos, en un espectáculo tan obsceno como degradante. La Alegría se vive y se comparte; es imposible mirarla cómodamente sentado frente a un televisor.
Era tal la prioridad que se le daba al feriado de Carnaval, que llegaba a condicionar hasta las vacaciones de una familia al punto de tenerlo en cuenta para elegir convenientemente la fecha de las mismas, porque... ¿Con quién ibas a jugar al Carnaval en Córdoba o en Mar del Plata? Carnaval era en las calles de tu barrio, con tus amigos, tus vecinos, tu gente. Y nadie se lo quería perder. Quizás, si este feriado existiera hoy, sería rotulado frívolamente por los medios como “fin de semana largo” y la televisión fascista que tenemos pondría más énfasis en mostrar la caravana de autos por las rutas 2 y 11 hacia la costa atlántica, que en mostrar los festejos populares y los corsos barriales de los que no se pueden ir a ningún lado, es decir, de la mayoría.
Existía toda una mística respecto al Carnaval que impregnaba fuertemente la cotidianeidad del verano: si bien oficialmente eran esos cuatro días, desde el primer fin de semana de febrero ya había corsos y bailes por todos lados, que iban generando un clima previo de mucha ansiedad y excitación. Como contrapartida, lo realmente triste, lo que te ponía bastante bajón, era el final de fiesta de esos cuatro días locos, porque lo que quedaba por delante era la cuenta regresiva hacia el comienzo de las clases y hacia el comienzo del Otoño.
Como nací en abril del ’63, este relato será una serie de visiones de un chico de 5, 8, 10, 12 años que no vivía en el centro de la ciudad, sino en uno de los tantos barrios de La Plata, barrios en los cuales el Carnaval se disfrutaba como una verdadera fiesta popular. A decir verdad, más que un barrio era una cuadra (61 entre 2 y 3) a la que concurrían pibes de otros lugares cercanos. Actualmente, no se puede considerar a la misma cuadra como barrio, ya que se ha llenado de edificios, desaparecieron los adoquines bajo el oscuro asfalto y además ahora existe un muro macizo de autos (en algunas cuadras son dos los “auto-muros”), que hasta impide saber quién vive enfrente; sin contar todos los coches que son estacionados en la vereda (algo que antes tampoco ocurría), y que ha transformado al espacio público en un caótico campo minado de chatarra muerta, por toneladas. Pero lo fundamental por lo que hoy no se la puede considerar barrio a esa cuadra, es porque la gente perdió todo tipo de contacto, de vínculo entre sí; se vive tan tabicado, fragmentado y aislado que a lo mejor, algo que sucede en el barrio más de uno se lo entera leyendo los diarios por internet, que charlando con el verdulero o con los pibes de la esquina.

CARNAVALES ERAN LOS QUE PROHIBIÓ LA DICTADURA
La cosa arrancaba el viernes por la noche con los corsos barriales y después de la una, con los bailes en los clubes y las boites hasta la madrugada o el amanecer. También seguía en los hoteles alojamiento y albergues transitorios (que esos días reventaban de gente) aunque algunas parejitas, aprovechando el calor, terminaban copulando desinhibidamente en una plaza o un parque.
Recuerdo que más de una vez, para empezar o terminar los festejos de Carnaval, se organizaba una colecta de dinero casa por casa a lo largo de toda la cuadra, plata con la que se compraba un montón de asado y achuras, ensaladas de todo tipo, bebidas de todos los colores, y se hacía un gran almuerzo en el medio de la calle. Se cortaba el tránsito en la esquina de 3 y 61 con autos atravesados por sus dueños, bloqueando la circulación y listo: la calle era nuestra. Cada familia traía una mesa que se unía a otras y se formaba una gran mesa común de 40, 50 metros, una especie de gusano loco y gigante que serpenteaba por los adoquines. Era emocionante ver a toda la gente sentada alrededor de la misma y sobre una de las veredas (en la que había sombra) a un grupo que se encargaba de preparar el fuego y las parrillas para cocinar la carne. Mientras se esperaba que los asadores trajeran algunos choricitos, lo que entretenía a la concurrencia eran los incontables brindis que proponían hasta los vecinos más tímidos y callados (varios de ellos ya completamente en pedo) que despertaban carcajadas y aplausos de los numerosos comensales. Al rato, iban pasando de mano en mano las bandejas con la lechuga y el tomate, los panes felipes, el asado, las damajuanas, la ensalada de frutas, las tortas, hasta el café. La sobremesa de ese almuerzo colectivo duraba horas, con chistes y anécdotas que desnudaban a cada uno en su costado más íntimo, algo imposible de lograr en otras circunstancias.
Año tras año, una suerte de “tradición carnavalera” establecía la siguiente costumbre que se cumplía a rajatabla: desde el sábado y durante los cuatro días de Carnaval, existía una especie de tregua por la mañana, que se aprovechaba para hacer los mandados, las compras para el almuerzo. Desde los parlantes de los Wincofón y de los Combinados, salían a través de las ventanas abiertas de las casas la música y los ritmos más variados: desde la música beat de la Joven Guardia hasta un tango de Julio Sosa; desde una chacarera de Horacio Guaraní hasta un tema melódico de Aldo y los Pasteles Verdes. Era una época tan alegre y vital que hasta los discos de vinilo (tradicionalmente negros) ¡eran de varios colores!.
Después del almuerzo, los vinitos con soda y el postre, los adultos enfilaban directo al dormitorio para la siestita de dos horas, dos horas y media, con los ventiladores Yelmo prendidos al máximo. También lo hacían los jóvenes, para no dormirse por la noche en alguna pista de baile. Pero la pendejada no dormía siesta; los chicos (que nos habíamos levantado un rato antes de almorzar) salíamos a la calle con los baldes llenos de bombitas de agua, dispuestos a no perdonarle la vida seca a nadie. Y vaya si éramos consecuentes: cualquier mujer de 1 a 90 y pico de años que se atreviera a circular por “nuestra” calle, recibía inevitablemente una serie de bombazos que la dejaban empapada de arriba a abajo. Y que no se le ocurriera armar mucho bardo, porque entonces se llevaba un balde de sombrero. A veces corríamos chicas más de 100 metros y no aflojábamos la marcha hasta reventarle una bombita certeramente en la espalda. Como en más de una ocasión, una mujer que doblaba de golpe en la esquina, al ver semejante cantidad de pibes con bombitas de agua dio marcha atrás y salió rajando salvándose por muy poco, lo que hacíamos era escondernos en árboles y canteros cerca de ambas esquinas, para esperar que “nuestra presa” cayera en la trampa. Cuando quedaba en la mitad de la cuadra, salíamos todos de golpe desde ambos lados y la mina no podía evitar su trágico destino; varias lo tomaban como algo lamentablemente divertido, pero también había alguna que lloraba, otra que intentaba inútilmente negociar, alguna otra que se refugiaba en una casa durante un buen rato pensando que nos íbamos a cansar de esperar a que saliera; incluso algunas mujeres al borde de un ataque de nervios se abalanzaban sobre uno de nosotros para reventarnos la bombita en la mano, pero como éramos más de veinte, cuantitativamente, no significaba nada importante para ella. Todas, probecitas, se iban puteando y las más sacadas hasta tirándonos piedras. Éramos pendejos densos, bien densos, pero también la ligábamos duro: desde balcones y terrazas, llegaba la inevitable venganza justiciera a manos de algunas chicas, pero también madres, padres y hasta abuelas que no nos perdonaban nunca y nos sorprendían con bombazos desde arriba, con una puntería envidiable. Cuando nos queríamos acordar, estábamos todos empapados hasta los calzoncillos.
Alrededor de las cinco de la tarde la calle empezaba a llenarse de mucha más gente; salían los siesteros y la escenografía cambiaba completamente. Se armaban verdaderas trifulcas de agua, que en un momento podían ser de varones contra mujeres, otras de grandes contra chicos y viceversa; después de una cuadra contra la de enfrente, o de una familia contra la otra; más tarde los de Gimnasia contra los de Estudiantes, en fin, infinidad de variantes y posibilidades. Había vecinos que quizás en todo el año, su única relación con otra familia de enfrente era la costumbre de saludarse mañana-tarde-noche, pero en esos cuatro días, eran capaces de cruzar corriendo la calle con un balde lleno de agua para terminar empapando a toda una familia, incluida la nona. Algunos años hacía tanto calor en esos días, que más de uno casi casi agradecía el baldazo fresco en todo el cuerpo. Las viejas que durante el año limpiaban la vereda, esos días usaban la manguera para mojar a todo el mundo; y esas sí que no perdonaban a nadie, ni a los perros. Las veredas quedaban completamente mojadas durante un buen rato, lo que generaba patinadas permanentes de vecinos en ojotas o directamente en patas, que terminaban cayéndose de culo, en medio de masivas risotadas de todo tipo (esto hoy también sería imposible de realizar, porque ahora el agua corriente ya no es gratuita, se cobra y cada vez son más las casas y los comercios que tiene medidores). La cuadra parecía una guerra de bomberos locos, donde no importaban las edades, el sexo o los tamaños. Todos contra Todos, Todos con Todos. Todos felices.
Pasadas las siete de la tarde, la gente despacito se iba retirando hacia sus respectivos hogares. Había que bañarse, vestirse y cenar temprano, para poder ir al corso. En nuestro barrio, concurríamos todos al que organizaba la biblioteca Euforión en la diagonal 79, entre las calles 1 y 118. A las 21 hs. en punto, estallaba en el cielo una bomba de estruendo que avisaba a toda la zona que el corso había empezado. Si no habíamos terminado de comer, volaban los platos y los cubiertos para cualquier lado y ya nos preparábamos para ir al corso, a tan sólo dos cuadras y en pleno barrio Mondongo. El corso desde ya, era con entrada libre y gratuita; quienes lo organizaban cubrían sus gastos con la concesión de los puestos que vendían nieve, caretas y papel picado, y los puestos que vendían gaseosas, vino y choripán. Miles y miles de personas concurrían puntualmente cada noche.
En el corso te podías encontrar al papá de algún amigo disfrazado de mujer (con un vestido de su esposa, una cartera, una peluca y un plumero), tirándole nieve al papá de otro amigo. También te podías cruzar, entre murga y murga, con una familia que con su coche o su camioneta completamente forrado con cartón o papel de diario pintado había armado una carroza precaria, pero muy ruidosa y llamativa. Durante las cuatro horas que duraba el corso el recorrido de las murgas era por una mano de la diagonal-avenida, y la vuelta, por la otra mano. Desde el palco (montado en la rambla de la diagonal, frente a la biblioteca), un relator enfervorizado transmitía como si fuera un partido de fútbol, el paso de las comparsas. Pegadito al palco y aguantando estoico día y noche estaba el Rey Momo, un muñeco gigante lleno de petardos, triangulitos y cañitas voladoras que se quemaba el martes a la una, cuando terminaba la última noche de corsos, tan sólo hasta el año que viene. Había que parapetarse con tiempo en el cordón de la vereda, porque cuando la murga se iba acercando una multitud de gente quería estar en primera fila. Durante la noche desfilaban varias murgas de La Plata y al final, siempre había una comparsa grande de Gualeguaychú o de Corrientes. Hasta recuerdo que una vez vino una de Paraguay, que tenía unos trajes espectaculares. Las murgas estaban integradas por un montón de coloridos bailarines, un infaltable “hombre de goma”, muñecos gigantes que amagaban caerse sobre la gente, la reina que desde lo alto de una carroza saludaba a todo el mundo, el lanzallamas, un par de disfrazados de monstruos o verdugos (que se encargaban de asustar especialmente a los chicos), la banda de música integrada por bombos, redoblantes y algunos trombones y trompetas, las sensuales y maquilladas chicas que desfilaban en bikinis con plumas y lentejuelas, y también los travestis, que hasta eran aplaudidos y puntillosamente fisgoneados por pudorosas señoras y recatados señores. Pasada la una de la madrugada y con la última comparsa ya subiéndose a los micros, explotaba otra bomba de estruendo y desde los parlantes se anunciaba la finalización del corso hasta el día siguiente a las 21 hs. Era tanta la gente que se iba de golpe que más de una vez, en el desbande, algún chico se perdía de sus padres.
Pero cuando el corso terminaba y nosotros, los más guachos, nos íbamos a casa a dormir, nos cruzábamos con las chicas y los chicos más grandes (de 15, 16 en adelante), que salían para los bailes enfundados (ellos) en sus impecables pantalones Robert Lewis (blancos, negros o vaqueros), que tenían abajo amplias botamangas que casi no dejaban ver los zapatos con plataforma, y que arriba eran súper ajustados, ocasionando en casi todos los casos, que se les marcaran llamativamente los huevos. Arriba, una camisa de cuello ancho y desabrochada casi hasta el ombligo. Las chicas, con infaltables minifaldas y anchos cinturones, vinchas, medallones de todo tipo y blusas tan holgadas como transparentes. Todos, hormonalmente vitales. Al otro día, los más chicos los acorralábamos a preguntas sobre dónde habían ido, qué habían hecho y cómo la habían pasado, queriendo saber detalles sobre nuestro posible futuro, un futuro que fue terriblemente distinto.

CARNAVAL NO RIMA CON MILITAR
Si bien el Decreto-Ley Nº 21.329 que prohibía (entre otros) al feriado de Carnaval se sancionó en Junio del ’76, en el barrio tuvimos noticias concretas del mismo, recién en el carnaval de febrero del ’77. La misma bandita de veintipico de pendejos que todos los años mojábamos a cuanta chica osara pasar por “nuestro” territorio y que no sabíamos qué carajo era un presidente, un ministro o un general, seguíamos firmes nuestro rito carnavalero. Pero, ante la denuncia de una estudiante universitaria a la que empapamos, prontito terminamos todos en cana: de un patrullero que apareció vaya a saber uno de dónde, bajaron tres milicos y uno gordo y bigotudo nos apuntó con una itaka, obligándonos a marchar a todos en fila derechito a la novena, la comisaría de la zona. La mayoría tenía sólo zapatillas y pantalón corto, y algunas bombitas de agua, que nos hicieron tirar inmediatamente. Los vecinos miraban sorprendidos la escena por las ventanas y desde el umbral de las puertas; incluso alguno de ellos intentó en vano, convencer a los policías de que nos dejaran ir. Al llegar a la comisaría (en 5 y 59) nos alojaron en un pasillo y como todos éramos menores, llamaron por teléfono a nuestras familias con tono severo y prepotente. Mientras nuestros padres nos iban retirando, los milicos les explicaban con lujo de detalles los alcances del nefasto decreto y además amenazaban con que la próxima vez, no iba a ser tan fácil sacarnos de la taquería. Ahora la Argentina era un país “civilizado, moderno, ordenado”, del primer mundo; por eso estaba prohibida esta práctica tan “salvaje, bárbara, cavernícola” que teníamos. La prohibición del Carnaval llevada a cabo por los milicos en el poder, fue parte de un proceso de “deslatinoamericanización” que aplicaron sobre nosotros. Por eso también se suprimió el Carnaval, esta festiva práctica popular que en países limítrofes como Uruguay, Brasil, Paraguay o Bolivia continuó y continúa desarrollándose, para felicidad de esos pueblos.
Un imperativo bajaba con fuerza desde el Poder: la gente debía ser desalojada de la calle, porque era ahí el sitio donde se producía el contacto entre las personas; las paredes de los frentes (llenas de pintadas y grafittis) fueron blanqueadas con pintura a la cal por soldaditos de uniforme que bajaban de camiones verdes del Ejército. El pueblo, encerrado en sus casas, era una presa fácil de la manada hitlerista que con su discurso único, copó los medios de comunicación: Mirtha Legrand, Neustad y Grondona, José María Muñoz, Susana Jiménez, Palito Ortega, Mauro Viale, Cacho Castaña, Chiche Geldblun, Carlitos Balá, entre otros; ellos tuvieron vía libre y audiencia cautiva para decir cualquier barbaridad. La Alegría popular es muy peligrosa para cualquier tipo de régimen autoritario.
Pero no era esta la única razón, ni la principal, para prohibir el Carnaval. Haciendo la investigación a través de internet, sobre el Decreto-Ley Nº 21.329 del 9 de Junio de 1976 que lo prohibía, me encontré con una reveladora sorpresa; con este decreto no se prohibía específicamente este feriado, sino que eran varios más: el 6 de Enero (“Día de los Reyes Magos”), el 15 de Agosto (“Día de Corpus Christie”), el 1 de Noviembre (“Día de todos los Muertos”), el 8 de Diciembre (“Día de la Virgen”, restaurado en 1994 durante el gobierno de Menem). En este pequeño detalle se puede ver la matriz pro-empresarial del Golpe de Estado genocida. La consigna era “Basta de tanto feriado, todo el mundo a trabajar”; aumentar la jornada laboral, aumentar los día de trabajo. Aún perjudicando a un necesario aliado de la Dictadura como lo fue la Iglesia Católica, ya que la mayoría de los feriados anulados eran de origen religioso. Obviamente, un feriado como el de Carnaval (que encima era un doble feriado) donde no sólo la gente no iba al trabajo a que le chupen la sangre sino que además, se divertía y confraternizaba con los vecinos durante cuatro días y cinco noches, tenía todas las de perder con una Dictadura que llevó adelante el genocidio más atroz del siglo, en especial contra los jóvenes, que eran quienes más participaban de la alegría contagiosa del Carnaval.

TODA OPRESIÓN GENERA REBELDÍA
Algunos más temprano, otros más tarde, fuimos muchos los que durante los ’80 y los ’90 nos dimos cuenta que este régimen “democrático” no era muy distinto en esencia, al régimen de los milicos. Una pequeña gran prueba de esto es que a casi 24 años de reinstaurada la “Democracia”, y pese al reclamo popular, el decreto que prohíbe el feriado de Carnaval sigue vigente, como tantas leyes autoritarias que hace mucho deberían haber sido derogadas. Tan sólo un delgado maquillaje oculta al monstruo capitalista, que continúa moviendo los piolines desde atrás del escenario. Pero el reclamo carnavalero, muy a pesar de los gobernantes, no murió en el olvido.
A partir de la segunda mitad de la década del ’90, en las marchas y protestas sociales empezaron a notarse cambios importantes, que algunos atribuyeron a la renovación generacional de la militancia pero que tenían más que ver con otras cuestiones profundas, de cuando la masa deja de ser masa y se transforma en multitud (de múltiple). En esto tuvo mucho que ver la irrupción en las mismas de la agrupación HIJOS (hijos de desaparecidos), chicos de 18, 20, 22 años, muchos de los cuales se enteraban de golpe sobre el pasado trágico de sus padres e incluso de ellos mismos, y por lo tanto tenían poca o nula experiencia en concurrir a manifestaciones, mucho menos conocer sus férreas y monótonas tradiciones. De las marchas rígidas y disciplinadas, con histéricos cordones de seguridad, recorrido rutinario y cánticos repetitivos y aburridos, se fue mutando a otra situación donde la gente y los activistas concurren solos o en pequeños grupos (cada cual con su bandera y sus rasgos singulares), y donde el reclamo y la lucha reivindicativa empezaron a ser acompañados con arte y alegría, espontaneidad creativa, música, soltura corporal, algunos divertidos malabares, teatro, irónicos muñecos-esculturas, color y baile.
Por esta grieta abierta se colaron las murgas en las marchas. En vez de concurrir como anónimos manifestantes, participaban (como otros) desde lo que hacían, desde lo que les gustaba. En La Plata, la primera murga que resurgió producto de este proceso fue “Los Farabutes del Adoquín”, actualmente desaparecida, pero que en su mejor momento llegó a contar con casi un centenar de integrantes. Sus trajes rojos y verdes pegando saltos por el aire al ritmo de los bombos y tambores, predisponían a la manifestación de manera completamente distinta; los cuerpos bailaban, el zurdo sacudía, las sonrisas afloraban.
Pero llegó el día en que el director de los Farabutes vio el curro y se le dio por transar con la Municipalidad: transformó a la murga en una especie de “unidad básica cultural” organizando, por ejemplo, espectáculos en el Teatro Coliseo donde actuaban junto a murgas uruguayas, con grandes escenografías y cobrando entradas caras. Obvio que lenta pero inexorablemente, dejaron de participar en marchas y protestas sociales. Incluso las letras de las canciones de la murga empezaron a suavizarse en todo lo que tuviera que ver con denuncias a funcionarios. Ante este giro, dos grupos de integrantes se pelean con el director por el rumbo tomado y se apartan de los Farabutes. Un grupo formó la murga “Sospechosos del Barrio” (rojo, amarillo y azul) y el otro la murga “Tocando Fondo” (negro y amarillo). Ambos grupos cuestionando el rol de director déspota, pero eligiendo caminos distintos sobre cómo evitar nuevos abusos: “Sospechosos” se armó con director rotativo (cada 30 días cambiaba), para que todos sepan la función de director y nadie pueda acumular poder, y “Tocando” se organizó sin director, decidiendo todo en asamblea. Los dos grupos tratando de hacer lo mismo: Dispersar el Poder.
Así fue como estas dos jóvenes murgas hicieron prácticamente su presentación pública con una iniciativa novedosa y pionera, una marcha propia: la primera Marcha Carnavalera por la Restitución del Feriado de Carnaval y los Corsos Gratuitos. Cuando en Marzo del ’98 me topé sobre la avenida 13 con un afiche de la Marcha pegado en un árbol, no sólo celebré que hubiera gente que reflotara el tema del Carnaval y su prohibición, sino que además, lo reivindicara como oda a la Alegría. Yo sabía (como tantos otros) de qué se estaba hablando cuando se pronunciaba la palabra Carnaval. Ahí concurrí el domingo 15 de Marzo del ’98 y las murgas que organizaban eran Sospechosos del Barrio, Tocando Fondo y una murga invitada de Capital, los rojiblancos de Pasión Quemera. Se partió desde la plaza de 13 y 60 (que nunca sé cómo se llama) por 60 hasta calle 12, y por calle 12 hasta un poco más allá de avenida 53, a todo ritmo, baile y entusiasmo. Calculo que entre murgueros y gente suelta, éramos 300 o 400 personas, no más. Allí, frente a la Municipalidad, se subió hacia el centro de la plaza Moreno (es que todavía en el ’98 no había costumbre de cortar la calle como la hay ahora) y ahí las murgas pudieron desfilar y presentar sus canciones de alegría y protesta, haciendo bailar a todo el mundo, provocando adhesiones y sorpresa. Desde entonces creo que no he faltado a ninguna Marcha Carnavalera.
A partir de la segunda Marcha (que se realizó el domingo 13/12/98) se empezaría a hacer siempre en Diciembre. Fueron diez las murgas que participaron en esta ocasión (cinco de La Plata y cinco de Capital Federal), estableciendo el recorrido que sigue vigente hasta la actualidad: desde plaza Italia por calle 7 hasta calle 50 y luego concentración frente al Pasaje Dardo Rocha. Con los años, la Marcha Carnavalera ha ido creciendo en convocatoria tanto de murgas como de público y se ha transformado en un punto de referencia no sólo para todo el movimiento murguero, sino para el movimiento social en general.

Y CARNAVAL... ¿RIMA CON DEMOCRACIA?
La Dictadura venía a masacrar un pueblo; y lo hizo. Con 30.000 desaparecidos y millones de sojuzgados, logró aplicar el plan económico de Martínez de Hoz, el otro genocidio. Fue terrible; el pueblo perdió como en la guerra. Pero la Dictadura, supuestamente, terminó el 10 de Diciembre de 1983. A partir de entonces un régimen distinto venía a reemplazarla, ya que ese era el deseo de la mayoría (sobre todo de la juventud), que salió masivamente a la calle para que se vayan los milicos corruptos y asesinos. Pero bastaron apenas los primeros meses del ’84 para que muchos nos diéramos cuenta que el régimen que se inauguraba si bien no era una Dictadura, tampoco era algo muy distinto.
Entre esta Democracia y aquella Dictadura, hay muy poca diferencia; alcanza sólo con rasgar un poco la cáscara, para encontrarse con el mismo país autoritario e injusto de antes. Por momentos pareciera, que a esta Democracia sólo le faltan los bigotes de Videla. La misma matriz pro-empresarial del Golpe de Estado del ’76, ha alumbrado esta falsa Democracia, esta estafa, que no es la Democracia que el pueblo trabajador necesita. Continúa y hasta aumentó la desigualdad social, la concentración de la riqueza, la frustración para millones. Los genocidas se mueren cómodamente de viejos, y Momo sigue desaparecido.
Por eso, en un país donde hasta la cultura oficial sigue estando basada en el miedo, donde incluso la mayoría de los feriados son para celebrar la muerte, la Alegría resulta subversiva, trastocadora de un orden ruin.
Será una lucha larga, porque el derecho a la Alegría no se logra reclamando el Feriado de Carnaval; ese es sólo el comienzo. Porque no puede haber Alegría en un país donde tantos chicos trabajan como adultos, en un país donde Julio López continúa desaparecido. La Alegría se logra con un pueblo feliz. Pero de la manera en que está planteada esta lucha, recorrer el camino será tan reconfortante y formador como llegar a la meta. Los medios que justifican el fin.



agrega un comentario


la verdad es una sola
Por fernando manuel riveros - Sunday, Dec. 16, 2007 at 3:36 PM
fernandoriveros323@hotmail.com

Me presento, soy fernando manuel riveros, me gustaría sobremanera poder conversar con quién corresponda sobre el tema leído recién.
No te olvides que la verdad es una sola. Ubicame y charlemos que seguramente podremos sacar algo en limpio si nos vemos a las caras
el papi
fernando

agrega un comentario


Sobre los Farabutes del Adoquin
Por Maria Rivera "Pampa" - Sunday, Dec. 16, 2007 at 9:34 PM
chuleta_87@hotmail.com

Me dirijo a Ruben Bocasucia o a quien halla realizado este escrito para contarle algunas cuestiones equivocadas en cuanto a la cuestión de Los Farabutes.

El 12 de Diciembre cumplimos 15 años. Desde 1992 hasta el día de hoy, Los Farabutes del Adoquin persisten. En el artículo afirmaste que era una murga desaparecida. Yo ademas de pertenecer a esa murga, estudio periodismo y creo que como requisito básico antes de escribir sobre un tema que te interesa, tendrias que informarte un poco para no caer en éste tipo de errores.
Los farabutes nunca desaparecieron. Ni ayer, ni hoy.

Por otra parte, cuestionaste la forma de organización interna de los farabutes, que es la que nosotros elegimos: con un director a la cabeza que nos enseñe. Acá no hay despotas ni demagogos, sólo personas dispuestas a compartir años de experiencia, justamente de MURGA como expresión artística y no como una protesta social.
Creo también que la manera de organizarse hacia adentro es propia de la identidad de cada murga, por ello no cuestionaria las jerarquías de las demas murgas.

Esto es lo que yo pienso, siendo parte de los Farabutes del adoquin, y por eso te dejo mi comentario. Desde una forma constructiva y con buena onda para que quienes lean tu nota tengan más objetividad. O lo que llamamos en periodismo "las dos campanas de una cuestión".

Atte. María Rivera "Pampa".

agrega un comentario


CMI Network: www.indymedia.org Africa: ambazonia canarias estrecho nigeria áfrica del sur Canada: alberta hamilton maritimes montreal ontario ottawa quebec thunder bay vancouver victoria windsor winnipeg Asia del Este: japón manila qc Europa: alacant andorra anveres atenas austria barcelona bélgica belgrado bristol bulgaria croacia chipre estrecho euskal herria galiza alemania grenoble hungría irlanda estanbul italia la plana liege lille madrid marseille nantes holanda niza noruega oost-vlaanderen paris polonia portugal romania rusia escocia suecia suiza tesalónica gran bretaña west vlaanderen America Latina: argentina bolivia brasil chiapas chile colombia ecuador méxico peru puerto rico qollasuyu rosario santiago sonora tijuana uruguay valparaiso Oceania: adelaida aotearoa brisbane darwin jakarta manila melbourne perth qc sydney Asia del Sur: india mumbai Estados Unidos: arizona arkansas atlanta austin baltimore binghamton boston bufalo charlottesville chicago cleveland colorado danbury, ct washington, dc hawaii houston ny capital idaho ithaca ciudad de kansas los ángeles madison maine miami michigan milwaukee minneapolis/st. paul new hampshire nueva jersey nuevo méxico nueva orleans north carolina north texas nyc oklahoma filadelfia pittsburgh portland richmond rochester rogue valley san diego san francisco bahía de san francisco santa barbara santa cruz, ca seattle st louis tallahassee-red hills tennessee urbana-champaign utah vermont western mass worcester Asia del Oeste: beirut israel palestina proceso: discusiones fbi/legal al día indymedia faq listas de correo documentación técnico voluntarios proyectos: impresos radio tv satelital video regiones: oceanía estados unidos temas: biotech

Copyleft © 2001-2008 Argentina Centro de Medios Independientes (( i )). Copyleft: Se permite la copia, distribución y uso de los contenidos de Indymedia Argentina, siempre y cuando NO se utilice con fines comerciales, a no ser que se obtenga permiso expreso del autor y en todos los casos se reconozca la autoría (poniendo como fuente http://argentina.indymedia.org ). Las opiniones o artículos vertidos por lxs visitantes o colaboradorxs en el sitio pueden no reflejar las ideas de Indymedia Argentina. Usamos software libre. sf-active v0.9.4 Descargo | Privacidad