|
Estado de excepción en Pakistán
Por Rama ((i)) -
Tuesday, Nov. 06, 2007 at 1:06 AM
elloco22_2000@yahoo.com
Aliado de Bush suspende comicios y detiene a opositores
La historia de Pakistán no parece ser muy distinta a muchas otras de países de la región con gobiernos “títeres” que intentan imponer la democracia burguesa por la fuerza, mientras enfrentan a movimientos islámicos a los que occidente califica como “terroristas”. No parece tan distante de los constantes golpes de estado “ataturkistas” en la Turquía que pretende ser europea, asesinando en nombre de la libertad y la fraternidad “laica” arrasa con otros cultos.
Repleta de golpes de estado, democracias inestables derrocadas por denuncias de corrupción, empobrecimiento e intervenciones de países centrales que no hacen más que agigantar el terrorismo que dicen combatir, parece estar en un laberinto interminable. Paradójicamente la alternativa a esta crisis son actores de la “democracia” que ya han fracasado y tenido fuertes denuncias de corrupción, y hundimiento en la pobreza de sus sectores oprimidos.
El pasado 3 de noviembre, Musharraf declaró el estado de excepción en el país por las "injerencias judiciales". Justificó la decisión porque "el sistema gubernamental del país estaba paralizado por las injerencias judiciales" y a causa del "choque entre las instituciones gubernamentales y el sistema judicial", por lo que se requiere de un "nuevo orden constitucional provisional".
El Ejército y la Policía protegen este estado de excepción proclamado por Musharraf a golpe de detenciones. Hasta 2.000, según algunas fuentes, desde el sábado. Entre los detenidos figuran centenares de abogados, que ayer protestaron con fuerza en varias ciudades paquistaníes, magistrados, responsables y militantes de partidos políticos opositores y figuras destacadas de la sociedad civil.
Todo parece dar a entender que el general Pervez Musharraf está aprovechando esta situación para quitarse de encima al mayor número posible de opositores antes de confirmar la convocatoria de elecciones, tal y como le piden Estados Unidos y la Unión Europea.
La situación en ciudades como Islamabad, Karachi, Rawalpindi o Lahore era ayer muy tensa, a pesar del anuncio gubernamental de que mantiene la fecha de las legislativas para mediados de enero. Pocos creen en las palabras de Musharraf y la presión aparentemente creciente de Washington no convence a nadie. Conviene recordar, en cualquier caso, que, desde los atentados del 11 de setiembre de 2001 en Nueva York y Washington, EEUU ha apoyado económicamente a Musharraf, en el poder desde el golpe de 1999. Al menos, que se sepa, 11.000 millones de dólares desde 2001. De momento, los “programas de asistencia” y la coordinación de los programas militares entre ambos estados continúan en su nivel habitual.
Desde la ONU, por otra parte, llegaron las palabras de la comisionada para los Derechos Humanos, Louise Arbour, quien se mostró “preocupada” por la situación. Mediante un comunicado de prensa, la alta comisionada señaló que derechos básicos como el derecho a la vida, y la prohibición de las detenciones arbitrarias, de la tortura y otros malos tratos, no pueden suspenderse ni siquiera en tiempos de emergencia.
El detonante de la decisión del presidente de decretar el estado de excepción y suprimir las (pocas) garantías constitucionales fue, aparentemente, la decisión del Tribunal Supremo de revisar la validez de la reelección de Musharraf el pasado 6 de octubre por medio de un sufragio indirecto en las asambleas nacionales y provinciales, que el general controla totalmente, lo que el presidente calificó de “injerencia judicial”. A esto debe sumarse la habitual alusión al incremento de los atentados por parte de los “extremistas islámicos”. Musharraf decretó el sábado el estado de excepción, suspendió la Constitución y nombró como nuevo titular de la Corte Suprema, al jurista Abdul Hamid Dogar en sustitución de Iftikhar Chaudhry, conocido por su oposición al presidente. El presidente el Tribunal Supremo de Pakistán, Iftikhar Chaudhry, fue puesto "bajo custodia" en un lugar que no fue revelado poco después de la declaración del estado de excepción en el país, según fuentes judiciales, junto con otros ocho magistrados.
Washington sigue considerando al general paquistaní como su mejor aliado en la zona en la “guerra contra el terrorismo”, pero es obvio que cuando Musharraf muestra su rostro golpista de forma tan descarnada hasta EEUUmuestra inquietud. De ahí que la Casa Blanca, por medio de funcionarios de segundo rango, se viera obligada ayer a sugerir que las relaciones entre ambos países no pueden mantenerse en el mismo nivel y tono si el estado de emergencia se mantiene. En el primer nivel, las reacciones fueron las esperadas: la Casa Blanca instaba al presidente Musharraf a volver a la normalidad institucional y constitucional, al tiempo que Bush realizaba un llamamiento “a la calma a todas las partes implicadas”. Cabría preguntarse, claro está, sobre la hipocresía -o el doble discurso, cuando menos- de pedir calma, en el mismo plano, al golpista y a los que están siendo detenidos de a centenares.
Un representante “nacional”
Paradójicamente, o no, quien es actualmente es el presidente y el jefe del ejército de Pakistán, no ha nacido ni se ha educado en su país. Nació el 10 de agosto de 1943 en Nueva Delhi, India y tras la partición del país asiático en 1947 se mudó con su familia a la ciudad de Karachi, Pakistán. Pervez Musharraf asumió el gobierno de ese país el 12 de octubre de 1999 mediante un golpe de estado.
Entre 1949 y 1956, Musharraf vivió en Turquía, donde su padre fue enviado como diplomático. Allí recibió sus primeros años de educación, que luego completaría en colegios cristianos de Pakistán como el San Patricio en Karachi, y Forman en Lahore.
Participó en dos guerras contra la India a lo largo de su carrera militar y tras presidir el Alto Mando del ejército pakistaní encabezó el golpe de estado de 1999 en contra de Nawaz Sharif, al cual condenó a un arresto domiciliario. El 20 de junio de 2001 se convirtió oficialmente en el presidente de la nación y tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 se convirtió en uno de los principales aliados de los Estados Unidos en su "lucha contra el terrorismo".
Musharraf fue reelegido como presidente el 6 de octubre de 2007, según informó el gobierno local, aunque el resultado definitivo se confirmará cuando el Tribunal Supremo falle sobre la legalidad del proceso. Un día después de ser reelegido, el 7 de octubre, atacó los santuarios talibanes del norte de Pakistán.
Pese a las justificaciones de Musharraf, hay quienes señalan que al hacerlo unos días antes del veredicto del Supremo quiso evitar que éste calificara de inválidas las pasadas elecciones. Al declarar el estado de emergencia y suprimir las garantías constitucionales, apagó las esperanzas de una transición hacia una democracia en este país, que cuenta con armas nucleares.
El intento de retorno de Benazir Bhutto
Otra de las grandes cuestiones pendientes es la actitud real que vaya a adoptar la ex primera ministra paquistaní Benazir Bhutto, que ayer confirmó su intención de viajar a Islamabad para reanudar los contactos con el presidente. Algunas personas creen que su papel puede ser decisivo en esta crisis, pero también hay quienes creen que optará por legitimar de algún modo a Musharraf para llevarse cierta cuota de poder.
En principio, Bhutto ha declarado que las medidas aplicadas por el general son inconstitucionales e inaceptables, y ha asegurado que ella se unirá a otros partidos para oponerse al estado de excepción. Sin embargo, algunas informaciones que circulan en medios políticos paquistaníes apuntan a que el Gobierno de Musharraf quiere reanudar el diálogo con Benazir Bhutto y evitar que ésta lidere una campaña de protestas. De hecho, la ex primera ministra paquistaníes una de las pocas líderes de la oposición que no está bajo arresto domiciliario y hay quien cree que puede ser permeable a los intereses y estrategias de Pervez Musharraf.
Hija mayor de ex-presidente y ex-primer ministro, Zulfikar Ali Bhutto, realizó estudios en Estados Unidos en la Universidad de Harvard (1969-73) y posteriormente en Inglaterra en la Universidad de Oxford, donde obtuvo en 1976 la licenciatura en filosofía, ciencias políticas y economía. Después de su regreso a su país en 1977, su padre fue derrocado por un golpe militar y ejecutado en septiembre de 1979.
El 2 diciembre de 1988, tras la victoria de su partido, fue electa Primera Ministra de su país y pasó a ser la primera mujer en conducir los designios de un país musulmán. En agosto de 1990 fue destituida por el presidente de la República Ghulam Ishaq Khan, bajo acusaciones de corrupción y violación de la Constitución.
En las elecciones celebradas en octubre de 1993 el PPP ganó una importante cantidad de votos, y Bhutto se convirtió otra vez jefe de un gobierno de la coalición. Bajo nuevos cargos de corrupción, de mala gestión económica, y de una declinación en la seguridad pública, su gobierno fue revocado en noviembre de 1996 por el presidente Farooq Leghari.
La reforma constitucional del año 2002 prohibe que un Primer Ministro sirva dos períodos. Esto deshabilita a Bhutto para volver a acceder al cargo, al igual que al ex Primer Ministro Nawaz Sharif.
Bhutto abandonó Paquistan ante la amenaza de una investigación judicial por corrupción poco después de que el general Pervez Musharraf, quien también es jefe del ejército, tomara el poder en un golpe de Estado en 1999. Hasta el 2007 Bhutto vivió en Dubai, Emiratos Árabes Unidos, desde donde mantuvo contactos con el PPP y sus seguidores, y continuamente viaja al extranjero para dar conferencias.
El 18 de octubre de 2007, la ex primera ministra paquistaní retornó a Karachi, después de ocho años de exilio. Su regreso a Paquistán estuvo enmarcado en un acuerdo con el presidente Pervez Musharraf, quien promulgó una ordenanza que anula los casos de corrupción abiertos en su contra. Ese pacto se concluyó antes de las elecciones presidenciales del 6 de octubre de 2007, en las cuales Pervez Musharraf obtuvo la mayoría.
El mismo día de su regreso a Pakistan, la comitiva que acompañaba a la señora Bhutto sufrió una serie de atentados en Karachi, y murieron cerca de 126 personas y más de 400 resultaron heridas.
|