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“No somos triunfadores somos luchadores, luchadores por algo que nos pertenece”
Por Hernán Scandizzo -
Wednesday, Feb. 27, 2008 at 8:32 PM
herscan@yahoo.com.ar
Franco Curiñanco tiene 12 y conoce al detalle la lucha por Santa Rosa, desde el inicio acompañó a sus abuelos Atilio Curiñanco y a Rosa Rúa Nahuelquir. Acordeón en mano la tarde del 14 de febrero a puro chamamé se encargó de abrir el festival para celebrar el primer aniversario de la vuelta al territorio. La música impregnó el paisaje y el baile se extendió hasta la noche. Ante 300 personas arrancó los primeros aplausos y afafán; emoción, nervios, alegría, experimentaba en simultáneo.“Nunca me imaginé que iba a volver”, confesó. Rosa también alguna vez imaginó que no volvería, o al menos pensó en poner fin a esa lucha tan dispar con Compañía de Tierras Sud Argentino, pero en Atilio nunca hubo lugar a la duda. Contagiados aun de la alegría del festival el matrimonio habló con Indymedia de esta vuelta que cumplió un año y ya empezó a caminar.
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-Se ha cumplido el primer aniversario de la vuelta al territorio, ¿cómo los tomó este año de estar en el territorio?
R: Fue un año duro, un año de esfuerzo, un año de lucha, un año de resistencia y un año de seguir en esto que habíamos proyectado: la recuperación de nuestra tierra, la recuperación de nuestra cultura. Eso lo estamos llevando día tras día, desde que sale el sol hasta que entra, es una experiencia más que estamos viviendo en este lugar.
Ha pasado un año y el festejo fue comenzado con nuestra cultura, empezamos haciendo la rogativa. Vinieron abuelos de distintas comunidades, fue una rogativa muy fortalecida. Cuando volvimos el 14 de febrero a recuperar nuestra tierra y este 14 de febrero pasó casi lo mismo con el tiempo, la naturaleza nos mostró que hay algo bueno en nosotros, hay algo bueno en este lugar, hay algo bueno con todos los que nos vinieron a acompañar en la ceremonia. Estuvo el viento, estuvo la lluvia, estuvo el arco iris, estuvo el sol, estuvo la nube que aquel 14 de febrero de 2007 estuvo.
A: A pesar de que es un año duro, como siempre esperábamos cuando decidimos emprender la lucha, también escuchamos seguros el pedido de nuestra mapu y estamos haciendo todo lo que sentimos como sangre del nativo. El hecho de haber vuelto al territorio por ahí puede ser una palabra de triunfo pero nosotros nunca queremos tomar una palabra así tan de golpe sino que la tomamos como luchadores. No somos triunfadores sino que somos luchadores, luchadores por algo que nos pertenece, que nuestros abuelos siempre dijeron y fueron ellos los guardianes.
Muchas veces hemos perdido muchísimo contacto con nuestra naturaleza, con nuestra cultura, pero este es el momento preciso para poner en marcha todo lo que sentimos. Porque más que nada nosotros sentimos un llamado de atención, un llamado a la reflexión, porque llevamos la sangre directa del indio. Por eso nos afirmamos en lo que decían ellos siempre, los abuelos, con gran respeto hacia la Madre Tierra y hacia toda la humanidad que rodeaba. Hasta lo último de los abuelos que conocimos el respeto nos mostraban a nosotros, que era primero la naturaleza y después a quienes los rodeaba. Nunca ellos trataron de faltarle el respeto como así descubrimos en aquel winka traidor y todos aquellos malintencionados que nos llevaron por delante, nos faltaron el respeto.
Siempre ellos tuvieron con la idea que nosotros teníamos que respetar todo, nosotros vamos a respetar lo que la naturaleza diga y lo que nosotros sintamos por nuestra Madre Tierra y por toda nuestra gente que ha pagado con su sangre defendiendo los territorios. Los alaridos que daban quedaron grabados en los cerros. Justamente esta mañana pensaba en lo que decía mi mamá, que nosotros en nuestra rogativa hacemos los gemidos que daban nuestros abuelos cuando eran torturados, cuando eran despedazados de manera muy criminal. Lo decían de esta manera: “jeee, jeee, jeee, jeee”.
-Ustedes hablaban de los ancianos que vinieron de otras comunidades para levantar la ceremonia, también se veían muchos jóvenes en la actividad.
R: Si, bueno, también había jóvenes en [la organización] de la actividad, que son jóvenes mapuches de Esquel que también están comenzando a reconocerse, a reconocer la cultura, a aprender. Y eso fue muy lindo porque fueron chicas de 16, 22 años que demostraron que también los jóvenes pueden hacer ellos mismos, con sus propias ideas, con su propio esfuerzo. Y eso es muy lindo, hay que saber valorar lo que los jóvenes están haciendo.
-Y además de los jóvenes que organizaron los que se acercaron a acompañar el festejo.
R: Sí, hubieron muchos jóvenes que vinieron de Lago Rosario, a mí me sorprendió mucho porque es una comunidad que está tan lejos de acá y llegaron unos 12 jóvenes, con muchos de ellos estuvimos hablando y dijeron – a veces a mí me da un poco de no sé qué... - que nosotros somos ejemplo de la fuerza y eso a mí por ahí... no sé... ojalá que sea un ejemplo que lo puedan llevar muy dentro de su corazón. Si este ejemplo le sirve para ellos, bueno, que el día de mañana también sea para mis nietos, que son todos chiquitos y al llegar a su edad también puedan tener la fuerza para seguir en esta lucha, para seguir aprendiendo, para que no se pierda este pequeño esfuerzo que hemos llevado adelante. Esta pequeña lucha que llevamos hoy por hoy está dando sus frutos.
-Y los abuelos que han venido, qué han podido recorrer el campo, ¿qué han dicho, qué impresión se llevaron de acá?
A: Los abuelos se fueron muy contentos porque dicen que en este lugar hay mucho newen, hay mucha fuerza, y dicen que ellos también se llevaron ese newen que hay en este lugar. Se fueron muy contentos porque dicen que ellos no pensaban ver tanta siembra, muchas cosas que ellos observaron.
-¿Qué trabajos se hicieron durante todo este año?
A: El tema de los trabajos los teníamos muy presentes, nosotros teníamos que demostrarle a la mapu que veníamos a trabajar tal cual como lo hacían nuestros antepasados. En principio con el tema de siembra, de buscarle la forma de cómo nos manejábamos para el riego, sabiendo que todo aquí se hace a pulmón. Pero con muchísimas ganas de satisfacer a nuestra Madre Tierra.
También hemos mejorado nuestros toldos, como en aquel momento decían. Hemos emprendido la construcción de un centro comunitario que ya está bastante avanzado, hemos logrado el desmonte alrededor de nuestra ruka y un montón de cosas más que hacen a lo que siempre apostamos nosotros. Y también para demostrarle al enemigo una vez más que el indio también puede, que el indio también sabe, no tan sólo con maquinaria y con ingenieros sino que nosotros nos manejamos con nuestros pensamientos, con nuestra voluntad. Y eso es lo que le pedimos siempre a nuestros hermanos, hay que poner mucha voluntad para taparle la boca al enemigo. El enemigo usa muchos fundamentos [argumentos] que hacen que el indio de alguna manera se bajonee demasiado, y eso no puede ocurrir en nosotros, tenemos que pensar siempre en lo que decían los abuelos. Por eso nosotros ponemos aquí de manifiesto todo lo que debamos y podamos hacer.
Estamos muy fortalecidos por haber concretado lo que hasta aquí nosotros apuntábamos, más el acompañamiento y la gran ayuda que nos ha prestado la sociedad en general. Por eso en nuestro día de cumplir el año la alegría comenzó desde muy temprano, con la rogativa, con el acompañamiento que nos mostró la naturaleza el 14 de febrero de 2007 se vuelve a repetir en el 2008. Y después con la concurrencia de gran número de gente mapuche y no mapuche que se acercó al lugar y nos seguía dando el aliento, ese newen que también nos traían otros hermanos mapuche de otras comunidades - abuelos, jóvenes - y eso es lo que siempre esperamos nosotros, que los newenes del lugar los acompañen también a muchos de los que nos acompañan a nosotros.
-El 14 se festejó un año del regreso pero esta es una lucha que empezó mucho antes, en 2002. Primero con toda una serie de papeleos, después con el ingreso, después con el desalojo, el juicio, la cantidad de idas y de vueltas. ¿Volverías a laburar en Texcom, aquella fábrica de la que te despidieron antes de venir a Santa Rosa?
R: Justo hoy estaba recordando que me preguntaron los periodistas si yo me sentía mal porque dejaba de trabajar en Texcom y para mí era algo que yo salía de una cárcel. Le dije a los periodistas: “Para mí no, todo lo contrario, porque yo he salido de la cárcel, me voy a liberar de la cárcel”. Y también me preguntaban si no me sentía mal porque me iba a quedar sin trabajo, me preguntaban de qué iba a vivir, y yo le dije: “Yo voy a vivir de lo que sea, trabajaré de lo que sea, pero no me voy a morir de hambre”. En ese momento también me preguntaban si yo iba a andar pidiéndole algo al gobierno, y mi idea siempre fue, de muy chica, de no andar pidiéndole al gobierno ni andar pidiéndole a la municipalidad, siempre fue mi idea de trabajar y ganarme por mi propio esfuerzo todo lo que yo tenía. En ese momento al gobierno no le pensaba pedir nada, yo iba a trabajar y así lo hice.
En 2002 con mis hijos empezamos la idea de volver a la tierra, fue una idea que tomamos mis hijos y nosotros, los seis. Tomamos esa idea de volver y hacer un proyecto familiar, así lo pensamos cuando empezamos en este lugar. También nos tuvimos que comer los tragos amargos del desalojo, del juicio y de muchas cosas, pero más que nada Atilio nunca bajó los brazos. Yo en un momento es como que había bajado un poco los brazos: “Bueno, dejemos esta lucha, dejemos de luchar, dejemos de pasar malos momentos”.
-Hasta la enfermedad venciste. [Sufrió un pico de presión a principios de 2005.]
R: Sí, yo vencí hasta la enfermedad. A pesar de que los médicos me dijeron que me iba a quedar de por vida en silla de ruedas, que ya nunca más iba a caminar, pero a los tres meses ya andaba caminando. Nadie lo podía creer, ni los médicos. Pero bueno, ahí también me demostraba aquella fuerza, aquel newen, que yo en mi momento no lo podía descubrir y tal vez con eso también me demostró que tenía que confiar un poco más en el newen, en la fuerza con que habíamos venido por primera vez en este lugar.
Atilio me decía que teníamos que seguir en esto porque ya habíamos comenzado. Y yo en un momento le dije: “Yo te voy a acompañar, te voy a seguir acompañando en esto y vamos a seguir adelante”. Y así fue como volvimos a recuperar el lugar el 14 de febrero del 2007.
-¿Atilio vos extrañas el frigorífico Esquel?
A: No, de ninguna manera, ya que es una firma más de las 20 firmas que tuve la oportunidad de recorrer cuando uno era laburante, el frigorífico fue una firma más donde uno termina de descubrir que la falta de cumplimiento de derechos también está en el laburante. Todo esto hace que nosotros hoy por hoy, si bien no le estamos pidiendo dinero o comida al Estado de la manera más fácil, le exigimos el reconocimiento de nuestra posición que nuestro Pueblo necesita, porque en realidad es la parte del derecho que siempre nos han negado.
Nosotros somos humanos, estamos con muchas ganas de trabajar y de ahí sacaremos nuestro esfuerzo para subsistir los días de vida que nos tocarán vivir. Jamás nosotros, desde muy chicos, aspiramos que nos den dinero de arriba o nos den la comodidad para engañarnos sino que siempre queremos demostrarle al enemigo y a muchos que podemos trabajar, que sabemos trabajar, que sabemos buscarnos de alguna manera la subsistencia. No queremos depender de ellos porque tenemos muy claro de que eso no nos sirve de ninguna manera. Yo sé que es un caramelo que en el fondo tiene un gusto muy amargo.
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