En nombre de todos los paraguayos en la Argentina, inmensas gracias. Por otro lado, apoyo total al cuerpo médico, enfermeros y administrativos de los hospitales públicos de la provincia del Chaco, adelante compañeros, sigan luchando por sus reivindicaciones y su espíritu solidario sin igual
Durante 61 años Paraguay se convirtió en un fósil, un cuerpo sin vida que se fue descomponiendo. 61 años de un mismo tipo de gobierno que impuso una cultura política llena de malas costumbres que formaron eso que se entiende por “política” en Paraguay.
Una de las más comunes malas costumbres es utilizar los cargos públicos con una finalidad exclusiva de clientelismo electoral: Se consigue el cargo para ocuparlo uno o darlo a los líderes de base que sabemos que nos consiguen o nos conseguirán votos, no importa el perfil profesional; los estudios o la preparación; lo importante es que el que ocupa el cargo pueda conseguirnos votos. Casi todos los partidos políticos en Paraguay siguen esta costumbre, que forma parte de la cultura de la corrupción, cultura que el gobierno de Fernando Lugo tiene como principal amenaza y prisión.
En países más democráticos e institucionalizados la función pública se respeta en su jerarquía y especialización, existe lo que se llama carrera administrativa, limitándose el electoralismo a los altos cargos de confianza. No existe una cultura e institucionalidad así en Paraguay.
Dentro de la función pública están los servicios de relaciones exteriores, que exige carrera diplomática y protocolar en los altos cargos como el de ministro, embajadores, secretarios y agregados de embajada.
En un rango inferior está el servicio consular, que tiene una función más burocrática y de gestión administrativa antes que diplomática y de negociación internacional[1]. La actividad consular implica y exige un perfil profesional especializado en leyes y trámites económico-contables. Pero este es un perfil general que varía según las circunstancias especiales de cada relación internacional.
En el ámbito del MERCOSUR, en el caso específico del consulado paraguayo en la provincia argentina del Chaco, ya casi no existe justificación para su existencia; habida cuenta de lo avanzado de los procesos de integración y de la consecuente simplificación de los trámites administrativos entre Argentina y Paraguay.
Sin embargo, luego de una breve investigación nos encontramos con que sí hay sobradas razones para la existencia del citado consulado; razones que poco tienen que ver con lo aduanero o puramente burocrático en cuanto a documentaciones identificatorias. Resulta ser que 61 años de malas costumbres políticas anularon hasta los más mínimos servicios de salud pública en Paraguay. Literalmente no hay hospitales públicos paraguayos, no merecen tal nombre lo poco que existe en Paraguay.
Es así que el servicio de salud pública paraguayo está en la Argentina, principalmente en la provincia del Chaco, la única con los hospitales públicos enteramente gratuitos y entre los más grandes del nordeste argentino; como lo son el Julio C. Perrando (comparable al pediátrico Garrahan de Buenos Aires, aunque mucho más amplio en atención) o al pediátrico Avelino Castelán.
En los citados hospitales decenas y hasta cientos de paraguayos, por mes, llegan para recibir una atención completamente gratuita. Ninguno de ellos jamás recibió siquiera una voz de aliento del consultado paraguayo en Resistencia, capital del Chaco argentino. Se dirá que no es función del consulado tal cosa, pero es que ni siquiera existe el consulado para la atención que le corresponde. No podía ser de otra manera, desde su origen el consulado paraguayo fue y es un cargo hecho para operadores electorales, no para personas que quieran ayudar a su prójimo.
Tanto es el abandono que el consulado paraguayo de Resistencia hace hacia los paraguayos enfermos, que hasta los directores médicos, de los hospitales citados, se quejan de ello.
La señora Lucía Velaustegui, presidenta de la casa paraguaya en Resistencia y una mujer de una solidaridad sin parangón, nos recordó el triste caso de un bebé paraguayo que murió un sábado en la tarde y cuyo certificado de defunción necesitaba del visado consular para la correspondiente repatriación. El bebé no pudo ser repatriado hasta el lunes porque los fines de semana no existe el consulado paraguayo. Al parecer no viven en Resistencia sus funcionarios. Por este ejemplo es que siempre se estableció que el cónsul de un país debe vivir en la ciudad y país dónde funciona el consulado; algo que nunca se habría cumplido en Paraguay.
Gracias a un gran sacrificio, que costó no pocas vidas, soplan nuevos vientos de cambio en Paraguay. Ya se inició la democracia, pero con la consabidacultura de malas costumbres políticas. Por algunos años más no habrá hospitales paraguayos del nivel de complejidad y gratuidad del Perrando o el Castelán. Hospitales de tal envergadura no se pueden hacer de la noche a la mañana; no se trata solo de equipamientos o infraestructura, sino de personal calificado y experimentado en terapias y tratamientos totalmente desconocidos en Paraguay.Por ello es claro que por un largo tiempo más muchos paraguayos irán al Chaco argentino, a buscar la atención médica que no obtendrán en su país.
Por el motivo citado está claro que el perfil necesario para el consulado paraguayo en Resistencia no es excluyentemente el de un profesional en leyes y materias aduaneras, es especialmente el de un ser humano que tenga trayectoria solidaria y activismo por el prójimo, además de tener que vivir siempre y en todo momento en la capital chaqueña; al menos este es el perfil requerido para el consulado paraguayo en el chaco argentino.
No hay que preocuparse por el posible choque con la cultura política de 61 años, para los operadores electorales está el cargo de vice-cónsul, con un sueldo tan jugoso como el de cónsul. Luego está el cargo de la secretaría del consulado, que lógicamente requiere de un perfil netamente profesional, eso si superamos la cultura de malas costumbres políticas.
¿Superamos la cultura de malas costumbres políticas de 61 años?
En la foto se observa a Lucía Velaustegui con su esposo Tati Lezcano. Son paraguayos que adoptaron a la Argentina como su nueva patria, aunque al fin y al cabo desde el río bravo hasta Tierra del Fuego solo hay una sola Patria Grande. A pesar de la humildad y no pocas carencias ella preside la casa paraguaya en Resistencia, ayudando a los paraguayos y no paraguayos que llegan desesperados al Chaco, buscando recuperar no solo la salud, sino el corazón y la alegría, devueltas por médicos, enfermeros y administrativos chaqueños de una solidaridad heroica y fraternal.
En la foto una anciana mujer es ayudada a abordar una lancha para cruzar la vena viva y morena del río Paraguay, ruta de infortunio que tantos paraguayos, formoseños y chaqueños conocen como el nutriente del colosal Paraná. Litoral de polkas y chamamés dolientes, amenazado por más hidroeléctricas, sojales transgénicos y deforestación, dónde la salud es un periplo estoico para los que nada tienen en su tierra y todo lo esperan en el Chaco argentino.
¿Hasta cuándo el Paraguay seguirá expulsando de su territorio sus compromisos?
Los médicos del Hospital Central, hasta ya piensan en edificar un Hospital en Las Palmas, Chaco, Argentina para atender a los ciudadanos paraguayos enfermos que vienen a internarse en este nosocomio porque no tienen en su país los servicios de aquí.
Yo nací en Pilar y me da vergüenza que mis compoblanos tengan que venir aquí para trabajar, para estudiar o para curarse.
Por qué el Paraguay no invierte en estos servicios en vez de desviar todos los fondos hacia los bolsillos de los de siempre. Que van a seguir siendo los de siempre aunque cambie de presidente?
Necesita contacto (por e-mail o teléfono) con la Pta. de la Casa Paraguaya de Resistencia para orientarnos sobre atención médica en esa ciudad para un niño de 5 años, con problema de la vista.