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La crisis mundial se recalienta con la desocupación
Por reenvío red eco alternativo -
Saturday, Sep. 05, 2009 at 9:43 AM
Alimentado por el déficit, el achique del consumo popular y la reducción del gasto
social por parte del Estado, se configura el nuevo cuadro que los expertos ya
denominan “La bomba laboral”.
(Manuel Freytes - IAR Noticias) Mundo - La información viene cruzada: Salida débil de la recesión (con potencias que siguen desaceleradas), mercados financieros volátiles (vuelta a la desconfianza del sube y baja), contracción del crédito internacional orientado a la producción, consumo social sin recuperación, bajas de recaudación y subas siderales del déficit, desempleo masivo (y recortes salariales) en ascenso en las diez primeras potencias económicas mundiales. La bomba laboral (emergente de la crisis social con desocupación) ya asoma como el desenlace más lógico de este proceso. Empresas centralizadoras de la actividad económica mundial privilegian la rentabilidad (achicar costos despidiendo personal) y los grandes bancos no utilizan los fondos de ayuda estatal para estimular el crédito, sino para especular en los mercados financieros. Las bolsas mundiales, por su lado, generaron un "microclima" de especulación financiera con los fondos de rescate estatal ("burbuja" en la crisis) que llevó nuevamente al Dow Jones a superar la barrera de los 9.000 puntos, pero, frente a los números en rojo de los déficit, el consumo y el desempleo, han retomado su dinámica de toma de "ganancias rápidas", creando volatilidad y desconfianza generalizada. La nueva escalada de especulación financiera con el petróleo y las materias propias, a su vez, amenaza con un proceso inflacionario que puede potenciar la crisis social acelerando la desocupación y achicando a niveles inéditos el consumo de las mayorías. La bomba laboral De una forma brutal el sistema capitalista (Estado y empresas privadas) descarga el costo del colapso recesivo económico (la crisis) sobre el sector asalariado (fuerza laboral masiva) y la masa más desprotegida y mayoritaria de la sociedad (población pobre con limitados recursos de supervivencia), por medio de los despidos laborales y la reducción del gasto social ("ajustes"), que incrementan los niveles sociales de precariedad económica y de exclusión masiva del mercado laboral. Según la OIT, el impacto social de la crisis global no se atenúa y una de sus mayores consecuencias, el desempleo, ya bate varios récords en diferentes países y dispara los cálculos oficiales sobre las cifras que puede alcanzar. Recientes análisis de la Organización Internacional del Trabajo indican que la recesión terminó con medio millón de puestos de trabajos en los últimos dos meses. En el sector financiero, los despidos rondan ya los 155.000 y en el resto supera los 360.000. De acuerdo con las proyecciones de la OIT, la desocupación anual se ubicará dentro del 6.7% al 7.1% a finales de 2009, frente al 6 % registrado el año pasado. Dentro de esas estimaciones, el número de afectados podría llegar a los 52 millones de personas, mientras un centenar de países enfrentan posibilidades de inestabilidad social y de ingobernabilidad política. Los efectos del aumento del desempleo se reflejan en la quiebra de empresas, despidos y reducción de jornada laboral, según consignan las estadísticas oficiales. La primer ley histórica del capitalismo es la preservación de la rentabilidad (base de la concentración de riqueza en pocas manos), aún durante las crisis. De manera tal que, cuando estallan las crisis de "sobreproducción" (por recesión y achicamiento de demanda) el sistema aplica su clásica fórmula para preservar la rentabilidad vendiendo y produciendo menos: Achicamiento de costos. En esa receta de "achicar costos" sobresalen claramente, en primera línea, los laborales (de las empresas) y los sociales (del Estado) para compensar la falta de ventas y de recaudación fiscal. En este escenario, hay un "costo laboral" y un "costo social" de la crisis capitalista que pagan los asalariados y las mayorías más desposeídas. Alimentado por el déficit, el achique del consumo popular y la reducción del gasto social por parte del Estado, se configura el nuevo cuadro que los expertos ya denominan: La bomba laboral. Una amenaza concreta y matemática a la estabilidad económica y la gobernabilidad del sistema capitalista, a corto plazo.
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