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Discurso de cierre del Encuentro contra el Abuso Policial
Por CADDHH -
Monday, Nov. 02, 2009 at 4:35 PM
Córdoba, 1 de noviembre de 2009
Compañeras y compañeros:
Hoy se mezclan muchos sentimientos, tristeza, alegría, responsabilidad. Tristeza de que el tema que nos convoque hoy acá sea la represión y los abusos que sufren, principalmente, nuestros jóvenes y aquellos y aquellas que eligen vivir sus opciones sexuales libremente por un lado, y los movimientos sociales y políticos por otro, es decir, eso que se conoce como criminalización de la pobreza y de la protesta. Alegría, que ante tanto atropello e injusticia, por fin, hayamos dado este paso y estemos acá hablando, mirándonos las caras y animándonos a pensar que es posible frenar esto, cambiarlo, construir algo distinto. Y responsabilidad ante semejante desafío. Muchos y muchas de las que estamos acá hoy, creemos que sólo uniéndonos todos y todas, pero absolutamente todos y todas las que tenemos acuerdo en cambiar este estado de cosas (que es un Estado policial, mafioso, hechos por y para los ricos), sólo con la unión de todos y todas es que vamos a poder cambiarlo, y en ese sentido irán todos nuestros esfuerzos. Unidad, unidad y unidad, no sin discusión fraterna, no sin intercambio de ideas; no torpe amontonamiento, sí unidad en y desde la diversidad.
Y cuando los compañeros y compañeras de Alta Gracia me pidieron si podía encargarme de estas palabras, lo único que se me vino en mente, era la necesidad, la urgencia, de denunciar la gravedad de lo que está sucediendo en esta provincia, que sabemos se repite, quizás en menor grado, en el resto del país. Y para denunciarlo no encontré mejores palabras que las de la compañera Marti, docente de un barrio pobre de Córdoba, que mientras tratábamos de buscarle una vuelta a un caso terrible de abuso policial en Villa Urquiza, me decía al borde del llanto la semana pasada: “Sergio, esto es terrible, yo viví la dictadura, y esto es igual, en los barrios pobres de la ciudad hay una dictadura”. Y yo me pregunté a la noche de ese miércoles ¿qué implica una dictadura? Implica toque de queda, implica no dejar que ciertas voces se escuchen, prohibición de reuniones, arbitrariedad de las autoridades, uso de la fuerza, abusos, torturas, vejámenes, restricción de la libre circulación, corrupción, robo, falta de elección de las autoridades (¿quién elige jueces y comisarios?), implica no respetar la división republicana de poderes y que sea la misma autoridad la que te detenga, te juzgue, te aplique la pena, la haga cumplir, implica desinformación a los familiares de los detenidos, supone desprecio, implica secuestrados y muertos. Antes de dormir estaba seguro que Marti tenía razón, los sectores populares de esta provincia estamos viviendo una dictadura. Una dictadura sin tanto verde oliva, una dictadura con mucho, mucho azul, azul policía. Y no nos damos cuenta, y no tomamos real dimensión de eso, y no tomamos medidas que estén a la altura de la gravedad de los hechos. Hoy es una primer medida: juntarnos, escucharnos, reconocernos y proyectar juntos cómo cambiamos esto, cómo le ponemos freno a la dictadura de un sistema que está matando masivamente a nuestros jóvenes, y que está imponiendo el miedo al resto.
Lo que los poderosos en su soberbia no pueden ver, nunca a lo largo de la historia lo vieron, es que ninguna dictadura es eterna, que ninguna forma que niegue lo más preciado del ser humano puede durar, que nadie puede ir contra la libertad, el amor y la solidaridad eternamente, y esta reunión es un ejemplo claro que esta dictadura tiene fecha de vencimiento. No sabemos cuando. Sí sabemos que no es sentándose a esperar como las dictaduras y las injusticias cesan, sabemos que debemos ponernos en movimiento, organizarnos, cada uno desde su lugar, desde su barrio, desde su trabajo, su familia, su lugar de estudio. Organizarnos en todos lados para poder hacer frente a esto que individualmente no podemos enfrentar de manera eficaz. Esta lucha la vamos a dar con todas las herramientas que tengamos a mano, con todas. No vamos a escatimar esfuerzos, no lo venimos haciendo. Nuestras voces, nuestros cuerpos, nuestros corazones, todo están ahí alineados para frenar tanto atropello. Necesitamos unirnos, organizarnos y luchar. Necesitamos cambiar las cosas. En eso andamos, estos no son los primeros pasos, pero sin lugar a dudas es un paso fundamental para provincializar la lucha que ya venimos librando cada uno de nosotros y nosotras en nuestros pueblos y ciudades. Hoy estamos poniendo el primer ladrillo para una nueva etapa de esta lucha.
Quiero terminar saludando a todos y todas las presentes, y sobre todo un abrazo fraternal a todos y todas las cumpas que hicieron posible este encuentro, a los cumpas de Alta Gracia, que nos recibieron en su casa y que tanto hicieron para que esto sea posible, a las cumpas de Villa María, de San Francisco y las compañeras y compañeros de Córdoba con quienes desde hace tres años tengo el orgullo y la alegría de estar compartiendo los mates y las calles diciendo basta a los atropellos policiales.
No puedo terminar acá, en Alta Gracia, donde supo vivir el Che, sin repetir junto a él que, si el presente es lucha, el futuro es nuestro.
¡Basta de atropello policial!
Discurso pronunciado por Sergio Job
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