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la lucha contra la policia como critica la derecho
Por orko -
Friday, Nov. 13, 2009 at 1:46 PM
...contribucion a la critica del derecho y la policia. En solidaridad con las organizaciones populares que luchan contra la policia y los que, sencillamente, se saben perseguidos por la misma. Una nota de Walter Benjamin...
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Los abusos policiales no existen, la policía es la fuerza abusiva del derecho
...¿Y qué es la policía sino el síntoma y la manifestación más “inconcebible, generalizada y monstruosa” de la violencia inherente a las relaciones civiles?; pues las relaciones de derecho son estrictamente eso: relaciones policiales. ¿Y qué hay más violento que los “agentes del orden”?; los policías llevan una vida de violencia, por la violencia y para la violencia. Son la violencia más monstruosa del orden jurídico que, a diferencia de la militar, es continua e ilimitada, la suya es una violencia vital. La policía es la violencia del derecho, una violencia que, cómo hemos dicho ya, circula en forma grotesca, permanentemente y sin limitaciones en las relaciones civiles, la única legitima para este orden de cosas y la que condena como criminal todo violencia que no emane de sí y para sí, la violencia disciplinaria que la ciudadanía celebra con el brazo derecho en alto, quien más, quien menos. En fin, la policía es la fuerza del derecho, la fuerza que criminaliza la política Deberíamos de hacer valer el derecho a dejar de tener derechos...
Walter Benjamin (fragmento de “Para una crítica de la violencia”)
Pues en el ejercicio del poder de vida y muerte el derecho se confirma más que en cualquier otro acto jurídico. Pero en este ejercicio, al mismo tiempo, una sensibilidad más desarrollada advierte con máxima claridad algo corrompido en el derecho, al percibir que se halla infinitamente lejos de condiciones en las cuales, en un caso similar, el destino se hubiera manifestado en su majestad. Y el intelecto, si quiere llevar a término la crítica tanto de la violencia que funda el derecho como la de la que lo conserva, debe tratar de reconstruir en la mayor medida tales condiciones.
En una combinación mucho más innatural que en la pena de muerte, en una mezcolanza casi espectral, estas dos especies de violencia -[se refiere a las violencias fundantes de derecho y las que lo conservan]- y se hallan presentes en otra institución del estado moderno: en la policía. La policía es un poder con fines jurídicos (con poder para disponer), pero también con la posibilidad de establecer para sí misma, dentro de vastos límites, tales fines (poder para ordenar). El aspecto ignominioso de esta autoridad -que es advertido por pocos sólo porque sus atribuciones en raros casos justifican las intervenciones más brutales, pero pueden operar con tanta mayor ceguera en los sectores más indefensos y contra las personas sagaces a las que no protegen las leyes del estado- consiste en que en ella se ha suprimido la división entre violencia que funda y violencia que conserva la ley. Si se exige a la primera que muestre sus títulos de victoria, la segunda está sometida a la limitación de no deber proponerse nuevos fines. La policía se halla emancipada de ambas condiciones. La policía es un poder que funda -pues la función específica de este último no es la de promulgar leyes, sino decretos emitidos con fuerza de ley- y es un poder que conserva el derecho, dado que se pone a disposición de aquellos fines. La afirmación de que los fines del poder de la policía son siempre idénticos o que se hallan conectados con los del derecho remanente es profundamente falsa. Incluso “el derecho” de la policía marca justamente el punto en que el estado, sea por impotencia, sea por las conexiones inmanentes de todo ordenamiento jurídico, no se halla ya en grado de garantizarse -mediante el ordenamiento jurídico- los fines empíricos que pretende alcanzar a toda costa. Por ello la policía interviene “por razones de seguridad” en casos innumerables en los que no subsiste una clara situación jurídica cuando no acompaña al ciudadano, como una vejación brutal, sin relación alguna con fines jurídicos, a lo largo de una vida regulada por ordenanzas, o directamente no lo vigila. A diferencia del derecho, que reconoce en la “decisión” local o temporalmente determinada una categoría metafísica, con lo cual exige la crítica y se presta a ella, el análisis de la policía no encuentra nada sustancial. Su poder es informe así como su presencia es espectral, inaferrable y difusa por doquier, en la vida de los estados civilizados. Y si bien la policía se parece en todos lados en los detalles, no se puede sin embargo dejar de reconocer que su espíritu es menos destructivo allí donde encarna (en la monarquía absoluta) el poder del soberano, en el cual se reúne la plenitud del poder legislativo y ejecutivo, que en las democracias, donde su presencia, no enaltecida por una relación de esa índole, testimonia la máxima degeneración posible de la violencia.
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