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El Museo restituye restos a una comunidad indígena paraguaya
Por Fuente: GUIAS -
Sunday, Jan. 03, 2010 at 4:58 PM
grupoguias@gmail.com
NOTA DIARIO DIAGONALES DE LA PLATA DEL 18/12
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Un reclamo histórico de los aché
El Museo restituye restos a una comunidad indígena paraguaya
18-12-2009 / El caso emblemático: Damiana, la beba que vivió en el hospital Korn
Damiana, es la niña por la que reclamó la comunidad Aché. Sus restos regresarán a Paraguay
El reclamo de varias comunidades aborígenes es histórico. Tanto como la decisión que tomó ayer la facultad de Ciencias Naturales de la UNLP: restituir los restos humanos que concentra el Museo a la comunidad Aché de Paraguay, que había reclamado formalmente hace más de dos años que sus ancestros regresaran a sus tierras.
Uno de esos restos será el de Damiana, una niña guayaquí capturada y traída a esta ciudad en 1896 cuando era una beba, luego de una matanza que incluyó a su propia familia, y que ahora podrá descansar en su tierra, más de un siglo después de su muerte que se produjo cuando tenía alrededor de 15 años.
“Esto es histórico. Siempre hubo una negación a los pueblos originarios y ahora podrán darle sepultura a Damiana y a los restos humanos de otras dos personas de la comunidad”, contó Fernando Pepe, consejero departamental de Antropología y coordinador del Grupo Guías, que realizó un profundo estudio bibliográfico y de inventariado y se convirtió en nexo entre las comunidades aborígenes y el Museo.
En ese minucioso trabajo (el Museo concentra más de 10 mil restos óseos), el grupo Guías descubrió, en el 2006, el esqueleto de Damiana. “Cuando los líderes de la comunidad Aché se enteraron, hicieron el reclamo formal a la facultad para que esos restos y los de todos sus ancestros se restituyeran”, dijo Pepe.
En rigor, son 4 los restos humanos que reclama la comunidad Aché (“gente”, “persona”). “El tema es que con el cuerpo de la mamá de Damiana vamos a tener que seguir con el inventario para encontrar más piezas, pero en los meses de febrero o marzo se gestionará con Cancillería el traslado de los tres restos ya identificados”, explicó el joven.
“Este es un proceso que duró más de dos años porque es necesario hacerlo con el rigor científico y respeto que se merece el tema. Ahora que ya se tiene la certeza de la identidad de cada resto, se aprobó la restitución de los ancestros a toda la etnia de la comunidad Aché”, contó a Diagonales Silvia Ametrano, directora del Museo de Ciencias Naturales de La Plata.
DAMIANA. Tras la matanza de su familia por un grupo de colonos del Chaco paraguayo, la indiecita fue llevada a la localidad de San Vicente (Buenos Aires), donde vivía la madre de Alejandro Korn, por entonces director del hospital Melchor Romero.
Arrancada de su tierra, familia y tribu, Damiana fue mucama en una quinta de Buenos Aires, interna del hospital Melchor Romero y trasladada a una casa de corrección de Buenos Aires por sus conductas. A los 15 años, muere de una tisis galopante de la que nadie –ni el propio Alejandro Korn– se había percatado.
Pero el martirio de Damiana no terminó con su muerte. La cabeza de la indiecita fue cercenada y enviada a la capital alemana para ser sometida a estudios de musculatura facial, antropometría y disección cerebral, por el célebre antropólogo físico Hans Virchowl, quien finalmente la presentó ante el plenario de la Sociedad Antropológica de Berlín. Damiana fue por entonces objeto de sucesivas publicaciones.
El resto del esqueleto de la indiecita está completo en los depósitos del Museo y fue identificado por el grupo Guías.
DERECHOS. El reclamo de la comunidad Aché llegó en momentos en que las autoridades del Museo mostraron la vocación de revisar la historia de las colecciones y abrirse a los pedidos de restitución cuando demuestren legitimidad.
“El nuevo posicionamiento y el nuevo marco legal habilita y genera la toma de decisiones como ésta. La identificación de los restos ya es un política institucional”, dijo Ametrano.
La ley nacional 25.517 establece que los “los restos mortales de aborígenes, cualquiera fuera su característica étnica, que formen parte de museos y/o colecciones públicas o privadas, deberán ser puestos a disposición de los pueblos indígenas y/o comunidades de pertenencia que los reclamen”.
Pues la comunidad Aché de Paraguay recibirá el próximo año los restos de Damiana y los suyos para rendirle el funeral que les plazca. “Tenemos otros pedidos de otras comunidades aborígenes, así que esto no culmina acá”, prometió el coordinador del grupo universitario Guías.
El último viaje de Damiana
Por Fuente: Alicia Dujovne Ortiz / La Nación -
Sunday, Jan. 03, 2010 at 5:03 PM
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Una reparación moral en el Museo de Antropología de La Plata
Alicia Dujovne Ortiz para LA NACION
Lunes 28 de diciembre de 2009 | Publicado en edición impresa
LA fotografía muestra a una jovencita desnuda, de rostro agradable pero enfermizo y expresión desconfiada, que esconde el brazo izquierdo detrás de la espalda mientras contiene el impulso de cubrirse con el derecho. No se requiere demasiada perspicacia para darse cuenta de que esta criatura tensa y alerta es víctima de un maltrato. Al leer unas notas firmadas por la antropóloga Patricia Arenas y por Fernando Miguel Pepe, este último coordinador del Grupo Universitario de Investigación en Antropología Social (Guias), enviadas por un amigo de La Plata, junto con la fotografía, supe que mi intuición había sido justa. Más tarde, la antropóloga Arenas, actual directora del Instituto de Arqueología de la Universidad Nacional de Tucumán, a la que entrevisté en su calidad de descubridora de esta terrible historia, me dijo que, tanto ella como Fernando Miguel Pepe y sus colegas habían tenido idéntica impresión: el fotógrafo y el verdugo de esta chica era una sola y misma persona.
Faltaba averiguar quién era. Fue una investigación que ellos desarrollaron con absoluto rigor, pero también con una rabia apasionada, indispensable, a mis ojos, para captar la medida de semejante verdad. He aquí la historia tal como Pepe y Arenas, entre otros, han logrado desentrañarla.
En 1896, un colono de Samoa, en el Chaco paraguayo, encontró los restos de uno de sus caballos y no dudó un instante: los culpables eran los indios achés, malamente llamados guayaquis por las tribus enemigas. Junto con un pequeño ejército de paraguayos blancos, el colono atacó el campamento de los indios.
Cuando éstos se dispersaron, en el claro de la selva yacían tres cadáveres (dos hombres y una mujer). Junto a éstos lloraba una nenita de dos años. Como era el día de San Damián, le pusieron Damiana. Un antropólogo holandés, Herman Ten Kate, fotografió a la nena y recogió, algo más tarde, los huesos de su madre, no para darles sepultura sino para estudiarlos con el desapasionamiento característico de su especialidad, en una época en que los criterios raciales servían para justificar la expansión colonial.
Tiempo después, Damiana fue enviada a San Vicente para servir en casa de la madre del filósofo y psiquiatra Alejandro Korn. El Museo de Antropología de La Plata quedaba a un paso. Fundado por el perito Moreno -gran coleccionista de huesos indígenas que "alojó" en el sombrío edificio rodeado por un bosque a decenas de mapuches o de tehuelches, muchos de ellos conocidos caciques que murieron allí (en la actualidad el museo aún posee 11.000 huesos entre esqueletos)-, ese museo se había vuelto un vivero de antropólogos alemanes. El más conocido se llamó Robert Lehmann-Nitsche. Era amigo de Korn y de Ten Kate y gran investigador de nuestros mitos y de nuestras canciones folklóricas, en especial las picarescas, lo que sotto voce le valió el apodo de "el erotólogo".
Sabemos por su diario privado que Lehmann-Nitsche sometió a la niña a prolijos estudios antropométricos, basados en el modelo de una chica alemana de su misma edad. Patricia Arenas piensa que la tomó de conejillo de Indias desde muy pequeñita.
Si su intención era probar la superioridad de la raza blanca con esas mediciones, la niñez de Damiana no le dio el gusto: la indiecita no alcanzaba la altura física de una Gretchen, pero hablaba corrientemente el castellano y el alemán, y su inteligencia se desarrollaba con una normalidad casi apabullante.
Todo se vino abajo durante la adolescencia de Damiana. A los catorce o quince años, la criadita dócil, aunque con súbitos arranques de rebeldía, no tuvo mejor idea que la de enamorarse. Desaparecía de la casa durante días enteros, invitaba al novio a su propio cuarto y, cuando la familia horrorizada le puso en la puerta un perro guardián, ella no vaciló en envenenarlo. ¿Qué cabía pensar? La decretaron loca y la internaron en el hospital psiquiátrico Melchor Romero, dirigido por Alejandro Korn. De allí procede la fotografía donde la chiquilina intenta en vano retraerse a la mirada del hombre de ciencia. ¿Era antropológicamente indispensable fotografiarla desnuda? "La libido sexual se manifestó en ella de una manera tan alarmante -escribió Lehmann-Nitsche- que toda educación y todo castigo de parte de la familia fueron inútiles. Ella se consagraba a la satisfacción de sus deseos con la espontaneidad instintiva de un ser ingenuo." En todo caso, nadie, por mucho que la hubieran observado con lupa, se dio cuenta de que Damiana estaba enferma desde chica.
Meses después de su internación en el Melchor Romero, murió de una "tisis galopante" que ninguno de esos doctores supo prever.
Lehmann-Nitsche se llevó su cadáver al museo, lo descarnó como siempre se hacía (la carne no se estudia, sólo el hueso), y apuntó escrupulosamente las proporciones de su cráneo, de sus extremidades y de su tercer dedo. La doctora Silvia Ametrano, directora del museo, me mostró la página en la que el científico anotó con su esmero habitual: "Entra Damiana". Se refería a su despojo, es claro. A continuación ordenó que le serrucharan la cabeza, se enojó porque le hicieron el corte muy abajo y la envió a la Sociedad Antropológica de Berlín, donde su amigo Hans Virchow le hizo estudios de musculatura facial y de disección cerebral y donde todavía hoy se encuentra expuesta con un cartel que reza: "Cráneo de una india guayaqui de frente y de perfil".
Aché significa "las personas, los que hablan". En la actualidad, los 1400 sobrevivientes de años de persecuciones, durante los cuales se los cazó como a bestias salvajes, se los privó de su selva natal y se los volvió esclavos, han creado una cooperativa avícola, se dedican a la preservación del medio ambiente, rescatan del olvido sus rituales y su religión (cada aché tiene un animal totémico que lo protege) y? exigen la restitución de los restos de Damiana.
El delegado de su asociación, Linaje (Liga Nativa por la Autonomía, la Justicia y la Etica), se llama Emiliano Mbejyvagi. Un investigador francés de origen bereber, Philippe Edeb Piragi, ha sido adoptado por una familia aché y vive junto con ellos. Aconsejo vivamente a los lectores buscar la página de Linaje en Internet: si me sentí convulsionada ante la foto de la muchachita analizada en un laboratorio, no menos profundamente me conmoví ante las imágenes de esas mujeres de rostros dulces y largas cabelleras con el flequillo recortado, que acunan a un bichito desconocido, minúsculo y trompudo, y de esos chicos que escuchan extasiados el relato de un viejo aché.
Durante su estada en el Amazonas, Claude Lévy-Strauss, que acaba de morir a los cien años de edad, comprendió que cada pueblo del planeta ha estructurado su propia cultura, dotada de la lógica necesaria para la comprensión del mundo. Dentro de esa lógica, en la que todo ser humano puede reconocerse, Damiana, que seguramente en su lengua tuvo otro nombre, menos irreverente y aberrante que el del santo en cuyo día se quedó huérfana, no puede continuar en un museo. Su pueblo quiere honrarla con sus antiguas ceremonias y enterrarla a su modo. Tiene derecho. Hasta que eso no suceda, los achés no conocerán la paz. Me gustaría poder decir que nadie la conocerá mientras Damiana no haya vuelto a su casa.
Dentro de pocos días, el Museo de Antropología de La Plata, sensible ante un pedido que se inscribe dentro de un amplio movimiento de reconocimiento de la dignidad de los pueblos originarios, devolverá los restos de Damiana. El trámite no es fácil, puesto que incluye el logro de una documentación capaz de permitir que un cajoncito con huesos cruce la frontera, pero el último viaje de la niña martirizada podrá hacerse realidad alrededor de abril. Es un gesto que la Argentina y Alemania deben a los achés. Por el momento, la única que está dispuesta a cumplir con ese imperativo moral es la Argentina.
Cabe felicitarse por su actitud civilizada, agradecer a los antropólogos de nuestro país que han apoyado un reclamo tan digno de respeto, y desear que las prolijidades burocráticas no prolonguen la tortura de alguien que con las científicas ya padeció bastante.
www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1216044
justicia
Por diego -
Tuesday, Jan. 26, 2010 at 11:47 AM
al fin el museo de la plata responde unos de los tantos reclamos de restitucion que tiene cajoniados en alguna oficina administrativa, si el museo no solo cuenta con el reclamo formal de damiana y sus compañeros de tragedia sino que ademas debe aun responder los pedidos de kalfulcura, indio brujo, casimiro incluso uno realizado por las comunidades del tawantisuyo por una momia que hasta hace poco estaba expuesta.
pedido de la familia calfucura
Por ariel calfucura -
Saturday, Jun. 05, 2010 at 7:41 PM
arielcalfucura@hotmail.com
EL PEDIDO FORMAL DE LOS RESTOS DEL CACIQUE "EMPERADOR DE PAMPA Y PATAGONIA" CACIQUE GENERAL CALFUCURA SERA UN HECHO REAL POR PARTE DE SU FAMILIA RESIDENTE EN LA PLATA.
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