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La cultura: eje fundamental en la teoría política de Jorge Eliécer Gaitán
Por Gloria Gaitán Jaramillo - Saturday, Apr. 10, 2010 at 10:46 AM
gaitanjaramillogloria@yahoo.es

Para Gaitán, como para Gramsci, será necesario un cambio CULTURAL para cambiar el sistema político. Así dirá el líder popular colombiano: “Lo que queremos es la democracia directa, aquella donde el pueblo manda, el pueblo decide, el pueblo ejerce control sobre los tres poderes de la democracia burguesa: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial y que, además, garantice la equidad en el aspecto económico. Allí donde el pueblo es el pueblo, el pueblo ordena y ejerce un mandato directo sobre y en control de quienes han de representarlo. Todo esto exige trabajar honda y apasionadamente en el cambio de una cultura que despierte en el pueblo voluntad para regir directamente sus destinos y exige un profundo cambio constitucional para disponer de una Constitución acorde con la necesidad de un mandato popular directo sobre los destinos de la patria, que elimine los filtros que la democracia burguesa establece y defiende”. ¿Por qué, entonces, en los medios intelectuales se asocia únicamente a Gramsci con el tema de la CULTURA y se desdeñan los iniciales y cruciales aportes de Enrico Ferri y el desarrollo que a la cuestión le diera Gaitán? Responderemos con los mismos argumentos que Gramsci expone en su texto sobre Los intelectuales y la organización de la cultura, al que ya nos hemos referido. Allí el político y pensador italiano, retomando su idea sobre la “hegemonía cultural” que ejercen las clases en el poder, afirmará que estos grupos dominantes pretenderán conquistar las mentes de los “intelectuales académicos” que difunden y transmiten los valores a la sociedad, así como lo harán con la educación en general y a través de los medios de comunicación y la propaganda.

Colombia

Orígenes
Jorge Eliécer Gaitán tuvo la suerte de nacer en un hogar muy culto. La familia de Eliécer Gaitán – padre del líder - pertenecía al ala pobre de una familia ilustre, rica y poderosa del Tolima, lo que hizo que éste tuviera una importante formación intelectual que lo llevó – dentro de su precaria condición económica – a vivir de una librería de libros viejos, donde el joven Gaitán pudo familiarizarse con toda clase de lecturas.
Pero también, la circunstancia de nacer en un hogar muy pobre, le permitió compenetrarse, emocional e intelectualmente, con la dimensión de lo que es verdaderamente la miseria. En una conferencia que dictó en la ciudad de Méjico dirá: “Vengo de una familia ilustre pero arruinada. Yo sé de las angustias del hambre. Mi juventud ha sido siempre de combate dentro de una sociedad que puede perdonar todos los crímenes, menos el de la miseria. Mi actitud no es producto de la especulación filosófica, sino producto del recuerdo que me frecuenta cuando en mis años infantiles llegaba a mi hogar y mi madre no tenía qué darme de comer”.

Fue en el negocio de su padre - aquella librería de libros viejos - donde Gaitán, además de la tesis de grado de ENRICO FERRI titulada "Teoría de la Imputabilidad y Negación del Libre Albedrío" - que le sirvió al gran penalista italiano para graduarse en 1878 en la Universidad de Bolonia – encontró otras publicaciones de Ferri como la titulada “Sociología Criminal” (1884 y 1905), además de varios tratados sobre la escuela positiva, de quien fuera Ferri uno de sus fundadores, escuela basada en métodos científicos, en contraposición con el positivismo de Comte, fundamentado en principios filosóficos.
Las tesis de Ferri marcarán, en forma definitiva, el resto de la vida profesional y política de Jorge Eliécer Gaitán.

Enrico Ferri
Ferri, en la Universidad de Pisa, fue alumno de Lombroso. Pero, mientras este último investigó sobre la antropología criminal, Ferri se enfocó en las influencias sociales y económicas del criminal, formadoras – además de otros elementos – de la CULTURA de cada individuo.
Estas investigaciones llevaron a Ferri a proponer teorías de prevención del crimen, en lugar de enfocar el castigo a los delincuentes como método de corrección.
Ferri no sólo era uno de los científicos más destacado de su época, sino un ferviente militante socialista – lo cual igualmente influyó en Gaitán – quien hizo su tesis de grado, para aplicar al título de abogado en la Universidad Nacional, sobre “Las ideas socialistas en Colombia”.

Refiriéndose a esta tesis y a otros debates de Gaitán, escribirá Alfonso López Michelsen: “Quienes tuvimos la fortuna de oírlo en debates parlamentarios, como el que sostuvo con José Mar a propósito de la dialéctica materialista frente al tomismo, controversia que ocupó varias sesiones del Congreso, pudimos apreciar qué tan equivocados andaban quienes creían ver en Gaitán un político con facilidad de palabra. De ahí, también, su perpetua obsesión contra lo que él llamaba la “mecánica política” y su insistencia en que se había “quemado las pestañas” estudiando en los textos todo lo relacionado con las cuestiones económicas y sociales. Y así era. Su obra, de adolescente, sobre las ideas socialistas, es un testimonio vivo de su curiosidad intelectual y de su mente disciplinada, que ponía al servicio de sus concepciones una considerable suma de erudición” .

Doctorado en Roma
Desde que leyó a Ferri, Gaitán se hizo el propósito de viajar a Roma para obtener el título de doctor en ciencias penales, aspiración poco común en su época, cuando no se acostumbraba a realizar post grados y mucho menos se viajaba a estudiar en el exterior.

Desde su primer año de estudiante en la Universidad Nacional, comenzó a aprender italiano y montó, en compañía de su hermano Manuel, para financiar su viaje en barco a Europa y su permanencia en Roma en la Escuela de “especialización jurídico-criminal” de la Real Universidad de Roma, regida por el maestro Ferri, una pequeña farmacia, a la que llamada Veneciana, que abrieron en la calle 12 frente a la entonces llamada Plaza Nariño, así bautizada para honrar el nombre del prócer con ocasión de la celebración de la Independencia en 1910, perdiendo el nombre de San Victorino como “lugar de encuentro” de los santafereños que llegaban allí a comprar víveres y a compartir con los amigos en las chicherías del sector. La plaza recuperará el nombre de San Victorino cuando, en 1948, las autoridades municipales la transformarán en un gran parqueadero. Hacemos esta acotación porque, desde ya, Gaitán escogerá como sitio para su negocio el más populoso y popular de la ciudad, a donde llegaban, cuando viajaban a la capital, las gentes humildes provenientes de los cuatro puntos cardinales del país.

Al llegar Gaitán a Roma, matriculándose en la Escuela de “especialización jurídico-criminal”, Ferri prontamente visualizó en el joven estudiante al destacado penalista y dirigente político en que pronto se convertiría y fue así como asumió el papel de consagrado tutor personal de aquel latinoamericano, poseedor de una inteligencia, disciplina y carácter excepcionales.
Con ocasión de la muerte de Ferri, advenida en 1929, dirá Gaitán que en su quinta “Villa Milla” pasaba “días inolvidables en compañía del genio desaparecido” y anotará que “todos los días, de las dos a las tres de la tarde, nos reuníamos en la rica biblioteca, para no hablar de otra cosa distinta a la ciencia de la cual era él la primera figura del mundo y yo un novicio de la ignorada América”.

Obtuvo Gaitán con “Lode” su doctorado, cursado en el tiempo record de un año, obteniendo laureles y aplausos a nivel mundial con su revolucionaria tesis sobre La Premeditación en el Delito, que le valió el honor de ser incluido en la “Rassegna Penale” de la corte suprema de justicia del reino de Italia, además de que la tesis planteada fue adoptada por el profesor Ferri como parte integral de su escuela.
No al LIBRE ALBEDRÍO
Para Gaitán, como para Ferri, no existe el libre albedrío. El hombre actúa movido, en primera instancia, por su constitución psicológica, la cual está estructurada y modelada por su CULTURA, la cual yace a nivel del subconsciente.

Define Gaitán el término cultura tal como lo dejara consignado en sus memorias como Ministro de Educación al decir:
“… entendemos por cultura, no la adquisición de conocimientos decorativos y vagamente educativos, sino un régimen de convicciones que rigen realmente la existencia de un pueblo”.

En las memorias de una cátedra sobre psicología criminal, al referirse a los principios que rigen la escuela científica a la cual pertenece (la cual difiere radicalmente – como ya lo dijimos - del positivismo sustentado por Comte), dirá: “La escuela positiva no reconoce como fundamento del derecho de castigar el principio de la responsabilidad moral. Considera la voluntad como el último ciclo en el proceso de todo acto humano; es un efecto, pero no una causa de la actuación; empieza en el ambiente, se refleja en la sensación, se liga a la percepción del individuo, se hace idea y se orienta con la voluntad. No es, pues, una inducción seleccionante ni una capacidad que pesa los motivos, que los analiza. Es un producto de una sensación, es un contacto con el mundo que nos rodea, que se proyecta en una afectividad que está influenciada por todos los movimientos de la constitución orgánica, biopsíquica. No puede ser otra cosa que el fruto de un atavismo, de una herencia de elementos constitutivos de orden celular, de orden anatómico, morfológico, fisiológico, dinámico (ontogénico y exogenético). Todos estos elementos dan como resultado una capacidad determinada; orientan su manera de pensar, de comprender, no como calidad sino como cantidad, todo lo cual da como resultado la voluntad, que es la capacidad actuante. La escuela positiva no dice que la inteligencia sea un componente de lo psíquico, sino producto de componentes más o menos diferenciados. La unidad psíquica está integrada por una fuente instintiva o intelectiva, o esferas psicológicas como diría Kant. La voluntad o actuación en el individuo no es sino la resultante de un proceso”.

Confirmación científica

Este planteamiento ha sido confirmado, hoy en día, por experimentos de punta en el campo de la neurociencia, ratificándole a la CULTURA un papel esencial en el análisis del comportamiento humano. El doctor Wolf Singer, director del instituto Max Planch de Alemania, fundamentándose en sucesivos experimentos, afirma que “nosotros somos los últimos que se enteran de lo que nuestro cerebro tiene la intención de hacer”. El profesor Singer plantea que “aquello que el ser humano experimenta como una decisión, no es otra cosa que la justificación posterior de cambios de estado que de cualquier forma sucederían”. Mientras que el profesor norteamericano Benjamín Libet demostró que nuestras acciones se producen segundos antes de que aparezca nuestra voluntad de actuar. La “chispa consciente” se produce, en promedio, entre 0,3 y 0,4 segundos después de la aparición del potencial de alerta. Según Libet, la sensación de que se realizó un movimiento intencionadamente se produce 350 milésimas de segundos después del movimiento. El potencial de alerta para una acción cualquiera se instaura en nuestro cerebro antes de que conscientemente decidamos actuar.

Por su parte el profesor Gerhard Roth, quien investiga el cerebro en la Universidad de Bremen, reitera esta idea diciendo: “la sensación de que yo soy dueño de mis actos, sujeto consciente que actúa, es ilusoria. El cerebro decide antes de trasmitirme la sensación de que quiero hacer lo que me dispongo a hacer”. Roth nos hará saber que “el libre albedrío no es tan dueño de sí mismo como a él mismo le agrada creer. Todo sucede como si el cerebro necesitara “calentar filamentos” durante unas fracciones de segundo antes de que salte el destello consciente. Por tanto, el acto de la voluntad no puede ser la causa del movimiento, sino únicamente una sensación que acompaña el movimiento mismo”.

El doctor Niels Bimbauer, profesor de psicología de Tubinga, reiterará el asunto diciendo “cuando yo digo o pienso “quiero hacer esto” el cerebro ya ha definido su voluntad unos 100 milisegundos antes”.

Del derecho penal a la política

El puesto privilegiado que Gaitán le otorga a la CULTURA y su influencia decisiva sobre las acciones de los seres humanos no se limitará al campo del derecho penal, sino que abarcará el conjunto de los comportamientos sociales. Así, en un discurso suyo pronunciado en el antiguo Teatro Municipal de Bogotá, dirá:

“Hay algo que los psicólogos llaman la constitución psicológica, que no es la idea, que no es el temperamento, que no es la pasión, que no es el conocimiento, que no es la condición volitiva del hombre, que no es siquiera su carácter. No. Que es la predisposición heredada y profunda, acumulada y estimulada por el medio, que recibe en ésta o de la otra manera las riquezas que la vida le entrega en cada momento”

“No creáis tanto en las ideas de los hombres, no creáis tanto en su razonar. Hay un clima que llamamos la constitución psíquica del hombre, que encuentra las raíces de su nutrición en el ayer y en su raza y en el presente y en su educación y que debe su estructura no solamente a razones profundamente espirituales sino a la constitución íntima de sus células, a la calidad y composición de los integrantes de su sangre, a la razón misma de su estructura, a los complejos de su familia y de su atavismo, a las creencias que le enseñaron, al clima que lo envolvió, a la manera de un cielo que le dio su luz, a la manera de las razones geográficas que lo envolvieron. Todo eso llamamos el clima psicológico y toda esa es la razón fundamental de la diferencia de los partidos, uno con el temperamento tranquilo, que frena los impulsos, y otro que integra el temperamento revolucionario que quiere cambiar las cosas y dar fuertes pasos hacia el porvenir”.

CULTURA y constitución psicológica

La constitución psicológica abarca los elementos genéticos heredados en el individuo, mientras que el medio modelará en el individuo esa constitución psicológica inicial a través de las influencias que lo van a rodear, convirtiéndose así en lo que Gaitán definirá como CULTURA o sea “el régimen de convicciones que rigen realmente la existencia de un pueblo”.

No habrá para Gaitán una separación entre inteligencia y sentimiento. Es así como en 1938 dirá en un discurso a los bachilleres siendo Ministro de Educación: “…el hombre, ante ese misterio caleidoscópico profundo que suele llamarse el alma humana, con un método de psicología arbitraria, ha querido dividir el espíritu, la psiquis humana, en fracciones, en compartimentos, en zonas separadas de nuestro pensar, en zonas autónomas y de un alma propia. Así, el hombre habla un día de la voluntad y otro día habla de la inteligencia y habla también del sentimiento y habla del instinto y quiere entender – el hombre de la filosofía que así entiende aquellas cosas – que la inteligencia vive aparte de la voluntad, del instinto. Y yo diría: ¡No! Esa no es la realidad objetiva, ese es el instrumento de trabajo que para comprender los hombres hemos ideado. Ante esa complejidad, nosotros hemos esquematizado los fenómenos y hemos hablado de categorías del espíritu y hemos querido disociar lo que es uno y es un conjunto; y hemos hablado, repito, de la voluntad, de la inteligencia, del sentimiento y del instinto. De ahí, por derivación lógica, se le ha planteado a la humanidad, dentro de los meandros de la filosofía, un gran contraste entre dos tendencias: hay una tendencia que nos dice que lo primero, como virtud creadora dentro de la especie humana, está en la inteligencia; hay otra corriente que nos dice que aquella posición primaria le corresponde al sentimiento. Esta derivación se fundamenta en esa tesis según la cual el instrumento reemplaza el objetivo. Por eso el hombre pretende la vida y las cosas de la vida”.

Por esa misma razón, nugatoria de la separación de unos elementos de otros - en lugar de concebir la vida como un todo orgánico -, Gaitán criticará el método científico del marxismo por establecer leyes como el determinismo económico y dirá: “¿Quiere decir esto que se niega la importancia del determinante económico? No. El es preponderante sin duda alguna. Lo que quiere decir esa comprobación a que aludo es que el factor económico actúa sobre la conducta individual y colectiva, pero lo hace al través del elemento antropológico; se refracta al través de un prisma psíquico según que las cualidades de ese prisma sean de una u otra índole, es decir, según que los factores gerenciales, atávicos y constitucionales del individuo permitan que el determinante económico se oriente en un sentido social o antisocial”.

Ferri y Gramsci

En las dos primeras décadas del siglo XX Italia era un caldero de pasiones políticas. El Partido Socialista Italiano albergaba en su seno fuertes tendencias encontradas, que sirvieron para una encendida polémica que pulió y profundizó las argumentaciones de cada bando, lo cual, indefectiblemente, desembocó en el establecimiento de tres partidos encontrados y claramente diferenciados: el Partido Socialista Italiano, el Partido Comunista Italiano y el Partido Nacional Fascista.

En aquel proceso, el diario Avanti, vocero del Partido Socialista, tuvo gran importancia. De él fue editor Enrico Ferri, director Benito Mussolini y columnista Antonio Gramsci, quienes también se encontraron, como socialistas, en el parlamento italiano.

En el medio era Enrico Ferri, para aquel entonces, el maestro respetado y admirado por todos, por tratarse de un ilustre copartidario, afamado científico, cuyas tesis marcaban el mundo intelectual europeo del momento

Uno de sus planteamientos centrales era el papel de la CULTURA como elemento que impone, en cada tiempo y lugar, la modalidad propia de cada sociedad. Es así como la CULTURA comienza a adquirir un papel central en el pensamiento de los militantes socialistas y en los círculos estudiantiles que lo tenían como maestro.

Cuando Gramsci se separa del Partido Socialista Italiano para crear el Partido Comunista Italiano, llevará consigo muchos de los memes recibidos de Ferri y también lo hará Gaitán al regresar a Colombia, aportándole al tema de la CULTURA nuevas facetas propias, que influyeron en sus tácticas de lucha, como lo veremos más adelante respecto al Partido Liberal.
La diferencia en la dimensión de las teorías de Gramsci y de Gaitán sobre la CULTURA estriba en una circunstancia fundamental, y es que la obra principal de Gramsci la reflexionó y la escribió desde sus recuerdos de lucha en la soledad de su celda, como prisionero del régimen fascista, mientras que Gaitán reflexionó y habló sobre el tema de la cultura en medio de un movimiento de masas, siempre en crecimiento, lo que le otorga dimensiones diferentes, no sin dejar de mantener una gran coincidencia en la esencia del tema. Es así como leeremos en Gramsci, en su ensayo de prisionero titulado Los intelectuales y la organización de la cultura, publicada tan sólo en 1949 - y que hace parte de los Cuadernos de la cárcel -, que la CULTURA es la obtención de una conciencia superior por la cual se llega a comprender el propio valor histórico: el de su propia existencia, en definitiva para propiciar cambios políticos que redunden en liberación.
Por su parte Gaitán dirá en sus Memorias como Ministro de Educación (1940): “Cultura no es lujo, es pura y esencialmente una necesidad vital, es menester imprescindible de la vida humana, es adquirir conciencia de sus convicciones y del medio histórico en que se actúa, es elevar su nivel de vida de acuerdo con su tiempo”.

Para Gaitán, como para Gramsci, será necesario un cambio CULTURAL para cambiar el sistema político. Así dirá el líder popular colombiano: “Lo que queremos es la democracia directa, aquella donde el pueblo manda, el pueblo decide, el pueblo ejerce control sobre los tres poderes de la democracia burguesa: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial y que, además, garantice la equidad en el aspecto económico. Allí donde el pueblo es el pueblo, el pueblo ordena y ejerce un mandato directo sobre y en control de quienes han de representarlo. Todo esto exige trabajar honda y apasionadamente en el cambio de una cultura que despierte en el pueblo voluntad para regir directamente sus destinos y exige un profundo cambio constitucional para disponer de una Constitución acorde con la necesidad de un mandato popular directo sobre los destinos de la patria, que elimine los filtros que la democracia burguesa establece y defiende”.

¿Por qué, entonces, en los medios intelectuales se asocia únicamente a Gramsci con el tema de la CULTURA y se desdeñan los iniciales y cruciales aportes de Enrico Ferri y el desarrollo que a la cuestión le diera Gaitán? Responderemos con los mismos argumentos que Gramsci expone en su texto sobre Los intelectuales y la organización de la cultura, al que ya nos hemos referido. Allí el político y pensador italiano, retomando su idea sobre la “hegemonía cultural” que ejercen las clases en el poder, afirmará que estos grupos dominantes pretenderán conquistar las mentes de los “intelectuales académicos” que difunden y transmiten los valores a la sociedad, así como lo harán con la educación en general y a través de los medios de comunicación y la propaganda.

Y bien sabido es que después de la Segunda Guerra mundial surgen dos bloques dominantes y hegemónicos, el uno por el capitalismo y el otro por el comunismo, y son sus intelectuales, con sus tesis, los que exclusivamente se darán a conocer. Los que no pertenecen a ninguno de los dos grupo – y peor aún, no son marxistas pero son anticapitalistas y antiimperialistas - como es el caso de Ferri y de Gaitán, quedarán sepultados en el olvido e ignoradas sus teorías científicas y políticas y sólo se transmitirá de ellos “imágenes clichés”, que son las que venden y no le hacen daño a los sistemas dominantes.

Así, el origen de las ideas de Gramsci, que tuvieron su génesis en los planteamientos que hiciera el maestro Enrico Ferri dentro del Partido Socialista Italiano, será enterrado. Y, en el caso de Gaitán, además del trabajo sistemático de los historiadores y comunicadores por proyectar en el medio académico, estudiantil e intelectual una imagen “momificada” y superflua del líder popular, se deja deliberadamente de tomársele en cuenta como teórico, para que en el imaginario colectivo sólo quede grabada su mímica y apariencia, asociándolo exclusivamente a la violencia y no a su obra como forjador de CULTURA, en su papel de dirigente de masas, ni a su gran papel como Ministro de Educación y del Trabajo, así como a su importante labor como Alcalde de Bogotá.

Claro que es más difícil estudiar el pensamiento teórico de Gaitán, porque está diseminado en sus intervenciones públicas, en sus debates parlamentarios, en sus defensas penales, en sus artículos de prensa y en uno que otro escrito sistemático. Por eso es que a Gaitán hay que estudiarlo no sólo en lo escrito sino también en sus acciones, como difusor de una nueva CULTURA popular, recorriendo el país hasta sus últimos rincones, llegando a lugares remotos donde, en aquella época, nadie de la capital se había acercado, tal como lo refleja y atestigua su archivo político y personal, además de lo que fueron sus famosos VIERNES CULTURALES, que en aquella época se retransmitían cada semana hasta los más profundos parajes del territorio nacional. Así lo describirá López en su ensayo antes citado: “…me encontraba yo en la población de los Venados, en jurisdicción del actual departamento del Cesar, enclavada en las sabanas de Camperucho, a donde yo había ido de cacería y me sorprendió el fervor con que los campesinos de la aldea, perdidos en aquella inmensidad, escuchaban agolpados en la única casa en donde había un radio de onda corta, las palabras del caudillo, en una manifestación en Bogotá”.

Los “quistes psicológicos” inherentes a la CULTURA

Dejemos que Gaitán hable, en una extensa cita , sobre la dimensión y carácter de lo que él llamaba los quistes psicológicos:

“Comprendo que esta conversación mía requiere ante todo unas previas explicaciones. Se refieren a un hecho no siempre tomado en cuenta y, sin embargo, de trascendencia para la comprensión de ciertos fenómenos sociales. Acabo de emplear la palabra fenómeno y así diré que fenómeno es el hecho externo y éste puede ser estático o dinámico. El hecho externo, eso que llamamos fenómeno, incide sobre nuestra conciencia y entonces se crea en nosotros una idea sobre él. Este proceso sería elemental y fácil si no tuviese tantas complejidades de orden antropológico o humano.”

“¿La recepción que los hombres hacen del hecho, de los fenómenos, es una recepción imparcial, impersonal, querida o, por el contrario, hay una serie de fuerzas antecedentes y concomitantes que hacen que, al llegar a convertirse en idea, no sea la realidad misma externa, sino que esté, por así decirlo, teñida de nuestra propia personalidad? Tenemos en primer lugar el hecho psicológico en sí. Yo tengo una idea, es decir, encuentro que sobre esta mesa está este vaso: he ahí la idea.”

Pero la psiquis encuentra diversidad de fenómenos reales y externos, y percibe no solo el vaso sino el jarrón, el libro. Adquiere una serie de ideas diferentes y por ser ideas diversas sobre fenómenos diversos, se produce el contraste, valoración necesaria de las diversas cualidades esenciales que caracterizan cada uno de esos fenómenos. Entonces, el choque o la comparación de esas diversas ideas entre sí, es lo que solemos apellidar un concepto, o sea la extracción de la sustancia o cualidades esenciales que diferencian un fenómeno de otro fenómeno. Pero el proceso no se detiene ahí. Hay un momento en el cual los hombres comparan estos diversos valores conceptuales, los enfrentan unos a otros y entonces tenemos lo que se llama el razonamiento y ya estamos en el plano de razonar. Ese proceso que va de la idea al razonamiento no es absolutamente nuestro sino que, por el contrario, ha habido una serie de procesos anteriores, de procesos históricos, que han ido grabando en la conciencia de los hombres determinadas ideas, determinados juicios y determinados razonamientos, a punto tal que ellos se hacen herencia por medio de las costumbres sociales, se truecan en hábito mental, que llega a traicionarnos desde el oscuro fondo de la subconsciencia, para impedirnos ver nítida y claramente el hecho externo. Tenemos una personalidad, tenemos un medio en el cual nos movemos; tenemos unos antecedentes históricos y todos ellos limitan, determinan la posibilidad de nuestro razonamiento y hacen que se forme esa especie de quiste psicológico o preconcepto que impide que el hombre localice con plena realidad real el acontecimiento que se le presenta”.

La pasión como herramienta para el cambio de CULTURA

En una defensa penal que hiciera Gaitán al señor Moisés García, que tuvo lugar en 1937, dirá: “El hombre piensa, razona, ama u odia en virtud de un conjunto de motivos que el medio, su educación, su temperamento, su cultura le preparan y le ordenan”, planteamiento que será recurrente en sus exposiciones públicas, en sus escritos y en la aplicación de sus tácticas de lucha, ya que, comprender el por qué se piensa, se razona o se actúa de una determinada manera, le permitirá compenetrarse con los quereres populares, logrando actuar, para modificar su CULTURA, sin ir contra la corriente, sino utilizando ese raudal psicológico para llevar a las masas a un cambio en sus costumbres políticas.

En la misma defensa penal dirá: “¿Qué pasa cuando un hombre, razonada o irrazonadamente, al juzgar los actos de otro está imbuido por un prejuicio en relación con la conducta de éste? Que la realidad externa pierde su fisonomía y al llegar a nosotros cobra el sentido de nuestro estado psíquico”. Y añadirá más adelante: “… al mismo tiempo que la razón es analítica, el sentimiento es por esencia sintético. Polariza todas las fuerzas anímicas, excluye cuanto no le es afín. Diríamos que el sentimiento es a la manera de los remolinos en los ríos, que envuelven y absorben cuanto a ellos llega, sin detenerse a escoger.”

Así dirá que “Para saber cómo procede un hombre en una determinada circunstancia, cómo reacciona, cómo piensa y cómo obra es, pues, necesario llegar a la fuente causal del acto, es decir, a su temperamento o génesis remota y al índice de su CULTURA, o sea la génesis próxima”.

Esta valoración de los sentimientos y la afirmación de que actuamos en primera instancia movidos por el subconsciente, lo llevan a comprender que no es suficiente ni efectivo buscar el cambio de CULTURA únicamente a través de la razón, sino que a ella hay que complementarla con la emoción.

Razón y emoción conforman la pasión y es la pasión la que logra las grandes transformaciones, de ahí que sus discursos – cuyo contenido es frecuentemente de alto nivel académico – estén pronunciados con tonalidades y timbres que despiertan la emoción, como lo hace la música, ya que al subconsciente, o sea el lugar donde anida verdaderamente la CULTURA, no se llega sino tocando los sentimientos,

Por ello afirmará: “La emoción es el “Raptus” – de que hablara Kant -, la reacción súbita al motivo que la provoca. La pasión, al contrario, tiene un elemento crónico. Es errónea la creencia general de que la pasión está en pugna con la razón. Esta creencia puede aplicarse a la emoción, ya que esta sí obnubila la capacidad razonante y las fuerzas inhibitorias en un acto antisocial. Es más, no puede haber pasión sin que sea ésta intelectualmente analizada. En la emoción corren paralelamente el hecho externo y la reacción psíquica; en la pasión no hay este paralelismo entre el hecho afectivo y el elemento intelectual…Diremos, para terminar, que la pasión es la emoción que se coloca alrededor de un objeto y trata de perpetuarse. La pasión es la corriente del río que socava; la emoción también es corriente, pero en forma de remolino cuyo centro atrae y concentra. A él se agarra la dinámica, o sea la fuerza de desarrollo; al paso que la pasión es la fuerza emocional anclada por una gran fuerza intelectual”.

Por lo tanto, para Gaitán era imposible construir un movimiento vigoroso, capaz de derrotar a las clases corruptas y monopólicas imperantes, si no era a través de la pasión, fomentando la conciencia política y politizando los sentimientos.

Quistes psicológicos y táctica política

Algunos se preguntan el por qué, siendo Gaitán declaradamente socialista, ingresa y milita en el Partido Liberal. Su explicación se sitúa en el marco de la CULTURA.

Así lo explicará en 1934: “Nadie va a sorprenderse al comprobar que cuando los hombres gritan un viva al partido conservador o un viva al partido liberal, no están proclamando una doctrina diferente, que ellos no tienen, sino que están apenas confirmando el hecho de que son simple eco de pasadas ideologías que nos legaron la herencia de viejos sentimientos, pero que no pueden legarnos sus viejas ideas, porque la idea es por naturaleza transitoria y mudable. Y están confirmando que esas masas con distintos rótulos están viviendo vida conservadora, es decir, herencia del pasado. Los partidos colombianos han tenido un proceso, han tenido sus antecedentes, sus luchas, han realizado su esfuerzo, parido sus glorias y su historia. Eso ha ido dejando un remanente de subconciencia a la manera del proceso de la moral… Algo que podríamos llamar un comprimidop síquico, una fuerza que puede obrar y obra por reflejo; algo así como el reflejo de Pawlov, que basta para encender la reacción. El que oye pronunciar la palabra conservador o liberal, al reaccionar ante ella, no está respondiendo con criterio ideológico. Está respondiendo su subconciencia, su estrato psicológico, esto es un proceso que se ha acumulado”.

Son, pues, hábitos mentales, de los cuales dirá: “Los hábitos mentales constituyen la vida histórica que se encierra en todo pensamiento individual. El hombre no improvisa, pero obedece a la regularización evolutiva de las ideas. Se diría que en toda actividad síquica e individual (ontogenia sicológica) el hombre reproduce sintéticamente la actividad síquica de la especie que de modo infalible le ha transmitido, evolucionados, sus sentimientos, ideas y fuerza volitiva (filogenia psicológica). Y, en fin, el medio ambiente, que está formado por el influjo determinante sobre la actividad síquica, ofrece, no ya el elemento dinámico o temporal que vimos anteriormente, sino el estático o del espacio, en donde el hombre actúa”.

Gaitán sabe que no es posible enfrentarse a esos quistes culturales de manera distinta que modelándolos, para transformarlos, y no buscando destruirlos abruptamente, porque así sólo se crean resistencias que impiden el entendimiento mutuo y la posibilidad de escuchar al otro. Entrar en comunicación emocional y racional es la clave.

Sabe, igualmente, que los procesos históricos no pueden modelarse de acuerdo a la voluntad individual de unos dirigentes iluminados. Por ello afirmará: “Es pueril el criterio carlyleano que todavía cree que las revoluciones las realiza el caprichoso y autónomo querer de unos cuantos hombres, como si la historia no fuera un proceso, como si los elementos de la transformación, desde lo biológico hasta lo social, no estuvieran íntimamente engranados. Hay que destruir esas concepciones idolátricas que hacen creer que unos cuantos hombres privilegiados hacen su voluntad a despecho de las masas y de la historia y le dan el triunfo a las revoluciones y a los partidos”.

Milita, entonces, en el Partido Liberal y su papel será despertar el orgullo del pueblo y su autoestima para que tome consciencia de que el partido donde milita debe ser “su” partido, dirigido y orientado por él. Así buscará que las masas populares se tomen al Partido Liberal convirtiéndolo en “El Partido del Pueblo”. “Lo que queremos – dirá en reiteradas ocasiones – es que el pueblo conservador se venga para el partido liberal y que la oligarquía liberal se vaya para el partido conservador. Así estaremos claros”.

Formación de una CULTURA participativa

Estructurar una nueva CULTURA, sin violentar bruscamente los hábitos mentales incrustados en el subconsciente colectivo, es lo que se va a proponer Gaitán para alcanzar la meta superior del gaitanismo que se resume en que el pueblo sea el verdadero soberano. Para ello es necesario modelar una CULTURA PARTICIPATIVA que le abra el paso a una Democracia Directa y que sustituya a la CULTURA DELEGATARIA, propia de la Democracia Representativa o Burguesa.

Para ello Gaitán incorporará indefectiblemente al pueblo en TODAS y cada una de sus actividades públicas, tanto como dirigente de un movimiento de masas, como el gaitanismo, como en su condición de alcalde de Bogotá, o como Ministro de Educación y Ministro del Trabajo y Protección Social.

En 1932, siendo aún muy joven, lleno de honores y posiciones destacadas, (a sus 27 años era simultáneamente presidente de la Cámara de Representantes y del Concejo de Bogotá, rector de la Universidad Libre, Primer Designado y miembro de la Dirección Liberal Nacional), oficialmente el Partido Liberal le propuso la candidatura presidencial. Él la rechazó, argumentando que sólo la aceptaría cuando fuera proclamado candidato por un gran movimiento popular, como en efecto sucedió trece años después.

En la preparación de esa meta, estructuró un aparato político donde la participación era la columna vertebral de la organización. Comités populares fueron creándose en todo el país, tal como lo atestiguan las innumerables cartas que le llegaban de toda Colombia, manteniendo siempre un espíritu democrático, como lo señala su secretario privado en carta a un comité de Bogotá donde se lee: “el doctor Gaitán estima que ha pasado ya el momento de mantener jefes de zona, pues éstos, a la larga, necesariamente operarán como caciques de su sector y no querrán, cuando nuestra organización esté llamada a tomarse el partido, que ingrese gente nueva, por miedo a verse suplantados en sus jefaturas. Debe terminarse también la dependencia de los jefes de comités a los jefes de zona, porque éstos, a su vez, impedirán que otros vengan a competir con ellos en el trabajo. No todos los que han sido de los nuestros son los más capaces para enfrentar la gran tarea que se nos avecina. Hay que crear nuevos mecanismo de organización que le abran las puertas a todos los liberales. Es la única forma para que el pueblo se adueñe del partido”.

Las manifestaciones y demás actividades eran financiadas colectivamente bajo el lema: “los centavos del pueblo derrotarán las chequeras de la oligarquía”. Dos actos multitudinarios y participativos se destacan en este proceso, eventos que se realizaron en el Circo de Toros de Santamaría, porque su estructura redonda impedía que hubiera una tribuna que dominara al resto de los asistentes, en una versión moderna de la mesa del Rey Arturo.

El primero de estos actos fue la Convención Liberal Popular de 1945 donde, provenientes de todo el país, llegaron los partidarios de la candidatura presidencial de Gaitán para proclamarlo masivamente, en contraposición con el señalamiento “a dedo” de la candidatura de Gabriel Turbay, que se efectuó por un grupo de notables en la oficina del jefe del momento del Partido Liberal, el doctor Eduardo Santos.

El segundo de estos eventos tuvo lugar en 1947, después de la derrota electoral del 5 de mayo de 1946, cuando Gaitán, al conocer los resultados electorales, lanzó de inmediato su famosa consigna: “Hoy comienza la lucha”.

El acto multitudinario, que le siguió a la derrota, fue la llamada Constituyente Liberal, donde Gaitán invitaba a participar no sólo a quienes habían votado por su nombre, sino también por el candidato liberal oficialista Gabriel Turbay, su contrincante.

Con estas palabras convocó al evento:

“Se necesitará una convención de carácter popular.¿Cuál sería el medio? Evitar esos filtros que desfiguran la voluntad popular. Que directamente el pueblo en una convención sin precedentes, eligiera a sus representantes. ¿En qué forma? Los municipios mandan sus delegados de acuerdo con la proporción que hayan dado en las últimas elecciones sumadas las dos corrientes. Y directamente el municipio se hace representar en una convención popular directa. Desde luego no se va a poder reunir en el Teatro Municipal, ni en el foyer del Colón con cordones de policía. Será una convención numerosa, como las que he visto en otros países.”

“Habrá obstáculos diversos. Se dirá que es demasiado numerosa porque pasará de mil delegados. ¿Por qué no puede ser tan severa como cualquiera otra reducida? ¿Por qué no se reúne en el Circo de Santamaría en presencia del pueblo para deliberar? ¿Qué va a ser difícil pagar el traslado de los delegados? No es difícil. Los elegidos sentirán orgullo de venir a esa convención y sé que a ese orgullo, en el más grande concierto popular del partido, sacrificarán lo que sea necesario sacrificar, porque los liberales darán el dinero necesario para hacerse representar.”

“Me dirán que es difícil la discusión y organización. Niego al margen. Estoy seguro de que en vez de ser una zambra ese trabajo superará en eficacia a lo que antes hayamos conocido…” y sigue describiendo Gaitán cómo funcionará la Convención, tal como funcionó, saliendo de allí una Plataforma, llamada del Colón – porque las comisiones de trabajo se reunieron en el Teatro Colón -.

Aquella plataforma, se convirtió meses después en la Plataforma ideológica del Partido Liberal, cuando en 1947 el gaitanismo barrió electoralmente a las listas oficialistas liberales y conservadoras, imponiéndose así la jefatura única de Gaitán en el liberalismo.

La Plataforma comienza diciendo: “El Partido Liberal es el Partido del Pueblo”. Era el paso soñado por Gaitán hacia la construcción definitiva de un “Partido del Pueblo” que uniera al País Nacional liberal, conservador, comunista y sin partido, mientras se enfrentaba a un partido de las oligarquías conjuntas, liberal y conservadora.

Como administrador de la cosa pública, en su calidad de Alcalde de Bogotá, supo convocar a la ciudadanía para adelantar un trabajo colectivo y disciplinado. En su tesis de postgrado de 1968, para aplicar al título de Master en estudios Inter-Americanos con un “major” en Historia de la Universidad del Pacífico en los Estados Unidos, recogerá la norteamericana Ruth Ann UpdeGraff los testimonios de quienes vivieron la época donde comentarán que “Gaitán era un revolucionario que estaba poco dispuesto a aceptar el desorden”. Y Ruth Ann dirá: “Es por eso que muchos conservadores lo apreciaban. Era un revolucionario pero al mismo tiempo pregonaba el orden. Era un IDEALISTA PRAGMÁTICO”. Y más adelante comentará: “Esperaba del pueblo la misma DISCIPLINA que él tenía”. Y señalará: “Sus decretos tenían todos un aspecto de ACCIÓN COLECTIVA”.

Antes de posesionarse Gaitán, el periódico Pluma Libre le hará un reportaje el 30 de mayo de 1936, donde Gaitán dirá: “mi programa va a ser de ACCIÓN COLECTIVA”. Añadiendo: “Los colombianos deben dejar de ser espectadores, transformándose en actores… y deben trabajar por el bien de la comunidad, más que por sus propios intereses”. Y fue lo que logró, como lo consignará el periódico El Espectador: “Algo ha extirpado nuestro tradicional pesimismo: la fe dinámica del alcalde Gaitán y el descubrimiento del espíritu público en Bogotá. Los bogotanos tienen la tendencia de acusarse a sí mismos de fría apatía, de fuerte egoísmo; de indiferencia e indolencia. La esperanza está prohibida y las ilusiones desacreditadas. Hemos vivido bajo este estigma. ¿Por qué? … existía un espíritu público latente, esperando la voz de alguien que lo despertara. MÁS QUE EL TÍTULO DE HACEDOR DE ESTO O AQUELLO, o de haber inventado la puntualidad, Gaitán merece el título de descubridor del espíritu público”.

Y otro periódico, que hace parte de los álbumes de recortes de su esposa, Amparo Jaramillo Jaramillo que, lamentablemente, no llevan fechas, ni nombres de los medios que publican los artículos, señalará: “Es admirable que Gaitán haya logrado encender el fuego de la mística en el corazón de los colombianos para abrirle paso a intrépidas acciones”.

El mismo espíritu emprendedor, incansable, disciplinado y colectivista, marcará su paso por el Ministerio de Educación y luego por el del Trabajo. En el primero, logrará la participación entusiasta de padres de familia y de empresarios y aún de la Iglesia Católica, que para aquel entonces aborrecía y combatía a quienes, como Gaitán, eran revolucionarios. Y en el Ministerio del Trabajo se dedicará a fortalecer el sindicalismo, ya que su propósito de vida fue la organización popular en busca de su participación en la gestión del Estado, de la economía y de la vida colombiana en general.

Resumen

Gaitán fue un penalista (“yo no soy un político profesional sino un profesional político”, dirá) que empleó su formación en psiquiatría forense para desarrollar una cultura participativa que abriera el camino a la instauración de una Democracia Directa. Para ello utilizó su portentosa voz para transmitir ideas y sentimientos que rompieran paulatinamente los “quistes psicológicos” que mantenían al pueblo bajo la dependencia de sus explotadores.

Buscó despertar la pasión – unión de razón y emoción – para emprender acciones colectivas y cumplió su papel de administrador público y de dirigente de masas para impulsar, mediante la práctica, acciones colectivas y solidarias, donde el pueblo asumiera su papel de protagonista de la vida nacional.

Trabajó arduamente en la implantación de una rígida disciplina en el pueblo colombiano y, como lo señaló acertadamente Carlos Lleras Restrepo, aun cuando lo hizo en tono burlón y de crítica: “pensó que el Ministerio de Educación debía ser el corazón del Estado colombiano”.

por Gloria Gaitán Jaramillo; gaitanjaramillogloria@yahoo.es
6-4-2010

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