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Sicarios de la tribuna
Por Fuente: Marcha -
Thursday, Jan. 05, 2012 at 9:09 AM
Por Gabriel Casas. Si se confirma, como todo parece indicarlo, que el asesinato de los tres pibes militantes del Frente Popular Darío Santillán en Rosario fue obra de integrantes de la barrabrava de Newell’s (aunque haya sido por equivocación) demuestra una vez más con qué clase de delincuentes se comparte una tribuna cuando se va a ver fútbol.
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Este modus operandi es común entre los sicarios tribuneros. En Rosario, precisamente, en marzo del 2010 acribillaron a balazos a Pimpi Caminos (retratado en la fotografía de arriba), que era el jefe de la barra de Newell’s en la época tenebrosa cuando al club lo manejaba Eduardo López, que también era dueño de radios, un diario, una estación de servicio y un bingo en la ciudad. Un dirigente que además tiene el récord de haber vendido el pase de un jugador en un 140 por ciento. Y que dejó a la institución en ruinas, después de un mandato de 14 años, cuando se tuvo que ir tras perder unas elecciones con el actual oficialismo.
Dicen que Pimpi Caminos era quien le hacía el trabajo sucio a López. Apretar a dirigentes opositores, futbolistas y entrenadores cuando se quejaban por algunos de los tantos incumplimientos del directivo. Y que se manejaba por el club con impunidad sembrando temor, lo que hizo que se alejaran los socios con sus familias.
La lucha por ese poder que antes ostentaba Caminos y que ahora tiene en el medio a Maximiliano “El hijo del Quemado” Rodríguez se dirimen de esta manera: a los balazos (ver nota principal de Marcha). Y no les importa que inocentes que no tienen nada que ver con ellos (como en este caso los pibes del FPDS), sean las víctimas. Hay mucho dinero en el botín que se reparten estos barras por ser los más bravos de las tribunas. O sea, son monos con navajas.
Mientras Newell´s jugaba el primer tiempo ante Independiente en su estadio Marcelo Bielsa, en la tribuna se vivía un episodio clave en la pelea por el control de la barra. Fue un sábado 4 de septiembre de 2010, a la noche, pero las cámaras captaron cómo Diego “Panadero” Ochoa era atacado por los que hasta ese momento eran sus hombres de confianza: en las imágenes se pudieron identificar a Sergio “El Quemado” Rodríguez y su hijo Maximiliano entre los que sacaron a trompadas de la tribuna a Ochoa. Esto generó máxima tensión por espacio de 10 días hasta que “El Panadero” recuperó el espacio de poder en el paravalancha.
El 4 de febrero del 2010, cuando todavía estaba vivo Pimpi Caminos -pero ya fuera del poder en la tribuna-, la interna entre las fracciones se cobró la vida de un menor de 14 años llamado Walter Cáceres, tras una balacera a un micro de la barra de Newell’s cuando regresaba de Buenos Aires. Nadie pudo comprobarlo, pero se rumoreaba que Caminos estuvo detrás de ese ataque.
La investigación de este asesinato llevó a juicio a cuatro personas pertenecientes a la banda conocida como “Los Monos”, que luego fueron absueltas por falta de pruebas. Según el corresponsal rosarino de la revista Veintitrés, Carlos “Chino” Fleitas, Claudio “Pájaro” Cantero y César “Bola” Marchetti fueron acusados de la autoría de los delitos de homicidio, lesiones leves y graves, y daño, todos agravados por el uso de arma de fuego, mientras que Mariano Salomón de partícipe secundario. Para sorpresa de pocos, el abogado de uno de los acusados, Cantero, fue Carlos Varela, penalista que defendió al fallecido Pimpi Caminos y al ex presidente Eduardo López. Actualmente está a cargo de la defensa de Maximiliano Rodríguez, quien fuera baleado el domingo por la madrugada en un BMW, propiedad de Varela, un rato antes del asesinato de los tres jóvenes en el barrio Moreno, en el sur de Rosario.
Con el vergonzoso fallo, el padre de Walter Cáceres se mostró indignado. Juan Carlos Cáceres, según consignó la revista, aseguró que “la Justicia es una mierda, nunca escuchó. ¿A esto le llamas justicia? No hay justicia para mí, están todos pagados, son todos unos hijos de puta, es lo único que puedo decir. ¿Quién paga la muerte de mi hijo?”. Y continuó el padre: “Estas lacras siguen en libertad, ahora van a seguir matando, ¿dónde está la justicia? Tanto que me dijeron los jueces ‘confíá en la justicia’, tanta fe que tuve en ella. ¿A eso le llaman justicia? Esto paso porque a ellos no les mataron un hijo, me lo mataron a mí”.
La violencia dentro de la Lepra tiene también un antecedente peculiar. En el 2003, la barrabrava rosarina chocó con la de River en la ruta 9, en el peaje de Lima. El violento enfrentamiento arrojó dos hinchas de Newell’s muertos y muchos heridos de los dos bandos. Como se manejan con códigos de mafiosos, nadie de Newell’s denunció a famosos integrantes de la barra de River que habrían sido los autores de las muertes. Hubo un rumor que el arreglo entre ambas cúpulas de las hinchadas para el pacto de silencio fue una suma muy importante de dinero.
Es que la mayoría de los jefes de cualquier barra brava importante viven como si fueran empresarios acaudalados. Tienen banca en dirigentes políticos, se codean con los comisarios de la policía que tienen injerencia en su zona de acción, reciben dinero de parte de dirigentes, jugadores y entrenadores. O si no les dan plata, les liberan los estacionamientos de autos o puestos de ventas de comida y merchandising de los estadios para que puedan recaudar cada fin de semana.
El problema es que todos los conocemos. Cualquier hincha normal que va seguido a una popular sabe quienes son los capos de su hinchada. Somos cómplices por temor ante su accionar violento. Los simpatizantes que llevan banderas propias no pueden ubicarlas en el sector que suele utilizar la barra porque sino reciben una golpiza.
Hasta que no haya una verdadera decisión política desde el Gobierno de turno no se acabará con los barrabravas en los estadios. Y como de esa decisión podrían salir salpicados muchos dirigentes políticos importantes del país por su relación con los sicarios tribuneros, es difícil ser optimista al respecto.
www.marcha.org.ar/index.php/desportesypolitica/502-sicarios-de-la-tribuna
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