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¿Cultura del trabajo o trabajo de la cultura?
Por COMUNA Colectivo de Comunicación Autogestiona - Wednesday, Jul. 25, 2012 at 10:48 PM
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En diciembre del año pasado el intendente de la ciudad, Gustavo Pulti, intentó aprobar un grotesco proyecto de ordenanza. La regresiva medida impedía, sin más vueltas, la utilización de los espacios públicos para el desarrollo de actividades de toda índole: políticas, culturales, sociales, deportivas, entre otras cosas. A más de 7 meses de ese intento privatizador, COMUNA se acerco para charlar con Ernesto Iche, uno de los referentes de la Asamblea por un Arte y una Cultura Independiente, para saber como continúa el conflicto y como entienden el rol de los artistas.

Ernesto, coméntanos de que se trató esta ordenanza que impulso Pulti a fines de diciembre del año pasado.

A fines de diciembre el gobierno municipal, por orden del ejecutivo a través del consejo deliberante, puso en discusión un proyecto de ordenanza en el cual se intentaba cobrar un canon por la utilización de espacios públicos, para eventos de cualquier índole. Dicha ordenanza se dio en el marco de la aprobación de la ley antiterrorista a nivel nacional y el intento de flexibilizar las condiciones de trabajo de los artistas en función de nuevas formas de comercialización de la cultura a través de Internet y de eventos masivos financiados por empresas asociadas a poderes políticos. Cosa que venimos caracterizando desde la agrupación Músicos Organizados que funciona en varias partes del país. Acá en Mar del Plata, veníamos de una experiencia previa con lo que habían sido las murgas, el circuito del carnaval, en el que efectivamente el municipio termina auto arrogándose la organización de los corsos y para eso subcontrata a una empresa amiga. No me acuerdo el nombre de la empresa pero el empresario es Baldini y terminó pagando este año, por ejemplo, 600 mil pesos para la organización de los carnavales marplatenses.

¿Nada más que para la organización?

Nada más que para la organización, que en realidad ni siquiera hizo un trabajo de organización porque cada murga organizó su propio corso, es decir, el empresario terminó cobrando 600 mil pesos para trasladar los elementos con los que después los murguistas y la gente de los barrios armaban los escenarios y el sonido. Eso nos salió a todos nosotros 600 mil pesos.

¿La mano de obra la ponían los murguistas?

Claro. Los murguistas terminaron siendo mano de obra gratis para este empresario que se llenó de plata con el evento. Entendimos en ese momento que era un paso más en esa política, que apuntaba a cobrar un canon y reservar el espacio público para los negocios de los empresarios amigos del gobierno. Es decir, que el único que pueda poner un escenario en la plaza x sea el amigo Baldini y no el artista que quiere difundir una obra determinada. De modo que esto fue entendido así por una gran cantidad de artistas y fue un signo muy positivo porque al otro día ya hubo asambleas y movilizaciones en repudio a este intento de ordenanza. Masivas, estamos hablando de asambleas de más de 150 personas, una cosa que, creo yo, fue inédita en la ciudad. 150 artistas movilizados y organizados en función de una lucha sectorial fue algo inédito y ya de por si marca que hay un grado de movilización y de toma de conciencia de los artistas en cuanto a su condición de trabajo mucho más avanzado que en otros momentos.

¿Hubo experiencias previas de los trabajadores de la cultura movilizándose de esta manera?

Hubo movilizaciones de los murguistas en los años anteriores por las cuestiones de carnaval. Yo no recuerdo, no quisiera ser categórico porque tal vez las haya habido y yo no las conozco, una movilización de artistas por defensa de intereses sectoriales, artistas movilizándose en conjunto con otros sectores por determinada causa. Y hubo una movilización muy grande y se logró un triunfo importantísimo, a poco de andar, que fue la derogación o el retiro de ese proyecto de ordenanza. La ordenanza no sale. El municipio empezo a dar excusas irrisorias como que se había mal interpretado, como que estaba mal redactado, etc.; y se da marcha atrás con este intento de cobrar por la utilización de espacios públicos.

La ordenanza había sido aprobada con mayoría de Acción Marplatense, ¿no?

No recuerdo si había sido aprobada, creo que sí, pero si no había sido aprobada el día de la movilización era el día en que se estaba por tratar. Bajó el secretario de cultura de ese momento, a hablar con la asamblea. Lo cierto es que se logró frenar este intento. Este y otro más, porque enganchado de este proyecto de ordenanza vino otro que pretendía aumentar el canon a los dueños de locales donde se presentan bandas, lo cual venía encadenado con esto y apuntaba al mismo lugar. Si bien nosotros como artistas no levantamos la bandera de defensa de los dueños de los locales que no cumplen con las condiciones que deberían cumplir, entendimos que era una medida que apuntaba a barrer del escenario marplatense todo intento de organización de cultura por fuera de los empresarios amigos del gobierno. Se volteó esto y fue un triunfo enorme. A partir de ahí que no nos alcanza con que se haya derogado una ordenanza porque eso nos deja en la misma situación en la que estamos ahora, que es una situación de tremenda precarización laboral: los artistas tienen un grado de afiliación gremial inexistente. Le cuesta considerarse a si mismo como un trabajador. Tiene esta concepción, muchas veces, de que el artista se encuentra por encima de la sociedad y es una especie de semidios que esta en una nube mirando lo que les pasa a los demás. Yo creo que eso está impulsado desde ciertos sectores de poder para que no se tome esa conciencia de que el artista es un trabajador. Lo que ocurre es que hoy nos encontramos con una situación que es tremenda: un artista en la ciudad de Mar del Plata no solo no tiene lugar donde tocar -cuando hablo de que no tiene lugares para tocar hablo de un espacio estatal, público, o un circuito público en el cual los artistas de la ciudad puedan mostrar lo que hacen-. Hay salas privadas, que cobran y además si tenés la suerte de afrontar el costo, no siempre tienen lugar porque se prioriza el tipo de espectáculo rentable. Digamos, una sala privada tiene una concepción del arte y la cultura, empresarial. Quieren ganar plata, no quieren que la gente vea algo lindo. Les importa muy poco. El Estado debería garantizar el acceso a la cultura, al arte y promover aquellas agrupaciones o grupos artísticos que surgen en los lugares. No hay sala, ni lugares donde ensayar, no hay ningún tipo de ayuda estatal, y no solo eso sino que, si bien no te cobran, no te dan el permiso para tocar en la calle. Si querés armar algo vienen los inspectores a echarte. Esta es la situación concreta en la que estamos hoy. Todo esto en el marco, además, del autobombo en referencia a un aumento del presupuesto para la cultura del que se jacta la ciudad.

De ese aumento del que hablás ¿se sabe hacia donde va destinado? ¿Ven como contradictorio el hecho de que se privatice la cultura a la vez que existe cada vez más una espectacularidad de los actos gubernamentales?

Yo creo que hay, que en este sentido, tanto a nivel municipal, como provincial y nacional, un doble discurso permanente. Por un lado nos muestran a una secretaría de cultura de la ciudad, que se ha hecho de una serie de artistas cercanos, amigos, con los que organizan distintos eventos en los que se les paga y por ahí organizan un evento público y trae a la banda sinfónica de no se qué, pero eso en realidad lo que hace es lavar la cara a la verdadera política con relación a la cultura, y es que Baldini se llevó en el último verano más de 600 mil pesos para organizar eventos culturales. Aquí habría que ponerse a definir como debería ser una política cultural en función de acercarla a la población, de un determinado lugar. Digo, a mí como ciudadano marplatense me interesa más que el municipio invierta en las bandas locales, en la cantidad de gente que hace teatro, distintas actividades artísticas; a que se gaste un millón y medio de pesos para que venga Diego Torres en el verano. Es decir, a donde apuntamos es en qué se gasta ese presupuesto. Porque cuando uno dice “queremos que se aumente el presupuesto en cultura” está bien, pero que lo aumenten para que sea destinado a determinadas cosas y no para que los empresarios amigos se lleven más plata. Lo que ha pasado es que se ha aumentado el presupuesto de cultura en función de los negocios de los mismos empresarios de siempre. Y además del presupuesto de cultura hay algo muy curioso que se da en Mar del Plata y es que los eventos culturales que se organizan en el verano e incluso. Los carnavales marplatenses son organizados por el EMTUR, el Ente Municipal de Turismo. Es decir, para el gobierno, los corsos y carnavales marplatenses no son un hecho cultural sino un hecho turístico. Lo mismo ocurre con los mega eventos que se hacen en el verano. A nosotros como artistas marplatenses; si bien no tengo nada contra los artistas que vienen de afuera, incluso algunos me pueden gustar, nos parece hasta doloroso enterarnos que se gastan la cantidad de dinero que se gastan para que vengan Diego Torres o el Bahiano o quien sea, cuando sabemos que hay cantidad de jóvenes en los barrios de la ciudad queriendo expresarse artísticamente y que no encuentran los medios y la posibilidad para hacerlo. Entonces habría que repensar qué es preferible: si nos gastamos 10 millones de pesos para que vengan artistas ya reconocidos o si es preferible, por ejemplo, invertir 10 millones de pesos en salas de ensayo públicas y gratuitas para las bandas de la ciudad o para los grupos teatrales. Esta es la discusión que la asamblea quiere empezar a plantear. Por eso es que se denomina “por un arte y una cultura independiente”. Nosotros decimos que indefectiblemente el arte tiene que estar separado del Estado, independiente del gobierno y los empresarios. El artista no puede estar de la mano del Estado, el gobierno y los empresarios, porque las concepciones son diferentes. Nosotros lo que estamos reclamando puntualmente es un circuito público, gratuito, estatal, de música y actividades artísticas en los barrios, rotativos, con financiamiento de infraestructura, sonido, a cargo del Estado, con cache para los artistas que participen pero con la organización artística de la grilla y de quienes participan en mano de los propios artistas para que esto no se transforme en un elemento de presión en función de si sos amigo mío, yo te contrato y vos cantás –que es lo que esta pasando hoy- .

¿Cuál ha sido la respuesta del gobierno municipal, en torno a esta propuesta que ustedes están desarrollando y trabajando?

El gobierno municipal, a nosotros como asamblea, no nos dio ninguna respuesta concreta. Sí entendemos que la asamblea ha influido en varias de las decisiones y en varias de las políticas que la secretaría de cultura ha empezado a tomar a partir de este conflicto con las ordenanzas que intentaban implementar. Claramente una de las propuestas de los petitorios era esto de que el gobierno tenía que pagarles a los artistas que participaban de los festivales y demás. La secretaría de cultura lo tomó y ha organizado algunos festivales en los que llama a artistas de la ciudad y les paga un caché para participar. Lo cual está bien. Lo que no está bien es que sea la Secretaría de Cultura la que llame y diga “vos si”, “vos no”. Por eso es que nosotros decimos que es fundamental que las cuestiones de organización artística estén en manos de los propios artistas y de los propios barrios. Si vamos a hacer un festival en “X” barrio y en ese barrio hay una banda, tiene que tocar esa banda. Y tiene que cobrar por tocar. El trabajo del artista es un trabajo que está muy bastardeado. La clásica: le preguntan a cualquiera “¿Qué haces?”, “yo soy músico”, “¿y de qué trabajas?”, preguntan después. Los artistas tienen que cobrar por el trabajo que hacen y es obligación del Estado sostener y financiar los emprendimientos artísticos desde su origen hasta que llegan al público. A partir de ahí pasa a ser propiedad de todos. Es responsabilidad del Estado permitir que aquel que tiene interés en desarrollar una actividad artística, tenga los medios y la oportunidad de hacerlo. Deberían financiarse esas actividades como así también, salas de ensayo, salas de teatro, lugares donde tocar, festivales públicos. Una política realmente en función de una cultura que surja de la propia comunidad para la propia comunidad, y no en función de negocios privados que es lo que ocurre actualmente.

¿Qué funcionalidad está teniendo la asamblea hoy y cómo esta trabajando?

Nosotros nos reunimos periódicamente en función de actividades concretas, de especificar algunos puntos que salen a la discusión. Estamos trabajando en la idea de organizar a partir de esa consigna que hemos estado elaborando. Para explicar un poco: una asamblea cuando es una construcción colectiva en la que participa tanta gente, obviamente tiene una heterogeneidad muy grande. Muchas veces es muy difícil ponerse de acuerdo en cuestiones concretas. En fácil ponerse de acuerdo en qué cosas no queremos, pero muy difícil en aquellas que queremos y cómo las vamos a ir a buscar. Esto fue todo un período en la asamblea que llevó a ciertas delimitaciones internas, ue hay que mirarlas de frente y sin ningún tipo de ocultamiento. Hubo compañeros artistas en las formas de encarar, de ver, de entender cuál debería ser el rol de la asamblea, del arte y la cultura en el municipio, y por lo tanto la asamblea se fue autodelimitando. Si bien en un punto se redujo en número, ganó en claridad conceptual y política, en hacia donde se dirigía. En función de esto nosotros hemos armado este petitorio, con este simple punto y enunciado, porque entendemos que es un punto y un enunciado con el que la gran mayoría de artistas de la ciudad tienen que estar de acuerdo: cobrar para hacer su trabajo, tener un circuito estatal y público que acerque la cultura a los barrios, y que además apunte al corazón de la política privatizadora del gobierno. Cuando el gobierno nos está diciendo que quiere cobrarnos por tocar, nosotros le contestamos que no sólo no nos va a cobrar por tocar, sino que él nos tiene que pagar a nosotros. Es un petitorio que rompe con el eje de la política privatista del gobierno municipal y por eso lo adoptamos como una de las consignas más fuertes. La idea es trabajar este petitorio durante el año y llegar, en la medida de lo posible, a las fechas veraniegas con un petitorio firmado por una gran cantidad de artistas de la ciudad y a partir de allí pedir una entrevista con la Secretaría de Cultura para que se haga efectivo. De lo contrario empezar una serie de movilizaciones y de festivales artísticos callejeros, en reclamo del cumplimiento de este punto. En este sentido, la asamblea es un hecho inédito porque, si bien como siempre en este tipo de organizaciones los que están activos no son el cien por ciento de los que después participan en las movilizaciones o convocatorias que se hacen desde la asamblea, es notorio el debate y la profundidad del mismo. El grupo ha ido ganando cada vez, un lugar de referencia para los artistas de la ciudad. Ante determinadas cuestiones está lo que dice el gobierno y lo que dice la asamblea, y los artistas empiezan a ver qué es lo que dice la asamblea al respecto. Eso nos parece un avance enorme y fenomenal. Nosotros apuntamos a lograr esta serie de festivales públicos y a romper con esta política de privatización de la cultura, que entiendo yo, no sólo es municipal sino también nacional e, incluso, mundial y que tiene que ver en algún punto con las nuevas formas de explotación que está buscando el capitalismo en un momento de crisis mundial evidente. El otro día veía una movilización de músicos en Holanda, de miles de guitarras levantadas, algo que a uno, en otra época, le parecía un cuento, algo difícil de imaginar. Lamentablemente ocurren cuando las condiciones materiales se complican más. Es una respuesta a un recrudecimiento de las condiciones materiales de vida de los músicos. La buena noticia frente a esto es que los músicos están empezando a tomar una conciencia de si mismos como trabajadores y a enfrentar esas políticas. Yo llamaría, no solo a los artistas; porque esto no es algo que nos atañe sólo nosotros, sino al conjunto de la población. Luchar contra la precarización de la cultura y contra la privatización en general deberían ser las funciones inalienables del Estado.

Por último, ¿Qué es la agrupación de Músicos Independientes?

Es la agrupación sindical de músicos orientada por el Partido Obrero. PO más independientes en la que se agrupan músicos con la intención de intervenir en forma organizada en estos procesos de los que hablamos y que además plantea toda una línea de intervención sindical. Es decir, entendemos que los músicos son trabajadores y que los trabajadores deben organizarse gremialmente y recuperar sus sindicatos. Ergo: Hay que recuperar o poner en pie sindicatos de músicos independientes del Estado. Además de intervenir en los procesos de lucha de todos los artistas y de los trabajadores en general.

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