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Huelga de profesores en Chicago. Dossier
Por Fuente: Sin Permiso -
Friday, Nov. 16, 2012 at 6:09 AM
Huelga de profesores en Chicago. Dossier
Dossier compilado y traducido por Sin
Permiso. Autores: Micah Uetricht · Harold Meyerson ·
Eugene Robinson · Sam Pizzigati ·
Fotos: Indymedia Chicago
23 de Septiembre de 2012
La huelga de enseñanza de Chicago, concluida después de una semana
a satisfacción, en principio, de su robusto sindicato, ha supuesto una prueba
de fuerza entre sus miembros y aquellas autoridades que, tal como ponía en guardia
Michael Hudson en su reciente artículo publicado en SP [La guerra de Wall Street
contra las ciudades], se disponen a reducir prestaciones y derechos de los trabajadores
de servicios urbanos esenciales en los Estados Unidos.
Perspectivas, situación
y avances

Por Micah Uetricht | Profesores y estudiantes del sistema
escolar público de Chicago volvieron a las aulas el miércoles [19 de septiembre]
por la mañana después de que los delegados sindicales votasen el martes por
concluir una huelga que había durado siete días. El sindicato consiguió una
serie de victorias significativas, entre ellas una disposición según la cual
las pruebas de puntuación de los estudiantes no contarán más de un 30% en la
evaluación de los profesores, y otra que concederá los profesores mayor sueldo
a cambio de jornadas y años escolares más prolongados. El contrato propuesto
debería ultimarse y aprobarse en las próximas semanas. No obstante, de acuerdo
con casi todas las estimaciones, en su pulso con el alcalde Rahm Emanuel [1]
el sindicato aparece como claro vencedor.
Uno de los escollos en las negociaciones se refería las evaluaciones
de los profesores y el papel que la puntuación de las pruebas de estudiantes
tiene en ello. Emanuel está entre aquellos reformadores nacionales que contemplan
a los sindicatos como un obstáculo para la mejora del rendimiento de los estudiantes
y que subscriben la filosofía de que lo que más necesitan los distritos escolares
pobres, de bajo rendimiento, son mejores profesores. Los profesores de Chicago
han subrayado a lo largo de su lucha que quieren sopesar el debate de la reforma
educativa y que su misión en lo que eso respecta rebasa con mucho el contrato
individual.
Con una militancia recién movilizada, extendidas relaciones con grupos
comunitarios, y gozando de la confianza de buena parte de la opinión pública,
el Chicago Teachers Union (Sindicato de Profesores de Chicago) se ha situado
en condiciones de desempeñar un papel de guía en los debates de la ciudad, que
dispone de un sistema escolar enormemente estratificado entre colegios públicos
especializados y privados bien financiados y aquellas escuelas de barrio que
se caen a pedazos, en el que más del 91% de los estudiantes de colegios públicos
son niños de color, más del 90% asisten a escuelas hipersegregadas, y el 82%
son lo bastante pobres como para tener derecho a un almuerzo gratuito o de precio
reducido. Sus esfuerzos podrían abrir camino para que los profesores de otras
ciudades se organizasen del mismo modo.
Mientras iban saliendo los delegados sindicales de la reunión del
martes por la noche, muchos declaraban estar aliviados por volver al trabajo.
Los profesores se abrazaban unos a otros en el aparcamiento, y sus partidarios
daban gritos mientras portaban carteles en los que se leía: “Estamos orgullosos
de vosotros, CTU”. Los profesores empezaron inmediatamente a hablar de cómo
traducir el impulso de la victoria en el asunto del contrato a un movimiento
más amplio. Estos profesores quieren replantear el debate de la reforma educativa
que se ha concentrado en el rendimiento del profesorado para pasar a encarar
las barreras estructurales a los logros estudiantiles, entre las que se cuentan
los recursos enormemente desiguales asignados a estudiantes pobres y estudiantes
de color en los colegios públicos de todo el país. Los reformadores educativos
han presentado a los sindicatos de profesores como un problema para los estudiantes
de los colegios públicos urbanos; el sindicato de Chicago quiere presentarse
como solución.

Los padres estuvieron en gran número del lado de los profesores durante
la lucha. A principios de 2012 formaron una organización de apoyo, Parents 4
Teachers [Padres con los Profesores], para respaldar los contratos de los profesores
y mostrar que no veían como enemigos a los maestros ni a sus sindicatos. La
activa Chicago Teachers Solidarity Campaign (Campaña en solidaridad con los
profesores de Chicago) movilizó a aquellos miembros de la comunidad que no eran
padres en apoyo del sindicato. Grupos comunitarios como la Kenwood-Oakland Community
Organization y Grassroots Collaborative (Colaboración de base) tuvieron
un papel clave en la organización de manifestaciones y reuniones públicas.
Estos vínculos no son fruto de una apresurada casualidad a fin de
dar una pátina de apoyo sindical desde los barrios. Se basaban en relaciones
a largo plazo desarrolladas desde que el Congress of Rank and File Educators
(CORE, Congreso de Educadores de Base) tomó el control de la dirección sindical
en 2010 y puso de relieve en su programa su oposición al cierre de escuelas
y a una usurpadora privatización mediante la apertura de nuevas escuelas autónomas
(“chárter schools”), [2] —reformas impulsadas durante años por el antiguo
alcalde Richard M. Daley y la anterior directora (hoy Secretaria de Educación)
de los Chicago Public Schools (Colegios Públicos de Chicago), Arne Duncan—,
además de recalcar las sólidas relaciones con asociaciones comunitarias y de
padres. Si bien los profesores tienen limitaciones legales para hacer huelga
sobre cuestiones económicas, Karen Lewis y los demás dirigentes sindicales insistieron
desde el principio de las negociaciones sobre contratos en que su lucha rebasaba
lo que pudiera conseguirse en este terreno.
“Ese contrato sólo rige sobre una parte de aquello por lo que estamos
luchando. Estamos luchando por la educación pública misma”, afirma Eric Skalinder,
delegado y profesor de música de la Kelly High School de Brighton Park, un barrio
pobre, mexicano en su mayoría, del sudoeste de Chicago. Skalinder mira hacia
los aliados buscando un rumbo para las próximas luchas del sindicato. “Estos
socios dentro de la comunidad y las alianzas de los padres son nuevos”, cuenta.
“Nunca hemos estado más movilizados o unificados. Tenemos que centrarnos en
combatir las privatizaciones, abogar por escuelas de barrio, todo eso”.
Es sobre todo el cierre de escuelas el que preocupa a delegados sindicales
y organizaciones comunitarias. El alcalde Emanuel ha propuesto cerrar de 80
a 120 escuelas públicas y abrir, en cambio, 60 escuelas autónomas, lo que muchos
consideran un plan no demasiado sutil para debilitar a los sindicatos de profesores
e impulsar la privatización. Fuera de los locales sindicales de un distrito
industrial del barrio chino en los que se reunieron los delegados, Kirstie Shanley,
terapeuta ocupacional de la Walt Disney Magnet School [Escuela Especializada
Walt Disney], [3] afirma que la terminación de las negociaciones sobre
contratos debería conducir a un rápido desplazamiento de la movilización para
luchar contra estos cierres.
“La comunidad, medicos, padres, profesores, a todos les hace falta
saber que hay un límite”, dice Shanley. “Rahm y [Jean-Claude] Brizard [jefe
de las Escuelas Públicas de Chicago] tienen que ser conscientes de que cada
vez que anuncian el cierre de una escuela para convertirla en autónoma, estaremos
listos para movilizarnos y contraatacar”. Afirma que existe un movimiento significativo
a favor de un referéndum que exija terminar con lo que ella denomina los “abusos”
de la junta escolar no electa de la ciudad.
Sea cual sea su próxima batalla, los 26.000 profesores parecen estar
listos, tal como sugería un mensaje de aviso que circuló entre ellos el martes
por la noche ya tarde: “ALERTA CTU: Id el miércoles vestidos de
rojo. Quedad en el aparcamiento antes de entrar en liza. Que vayan todos JUNTOS.
Esto es el principio”.

[1] Recuérdese que Rahm Emanuel fue un peso pesado de la campaña
y el equipo de Obama, desempeñando el papel de Jefe de Gabinete de la Casa Blanca
entre 2009 y 2010, puesto que abandonó para presentarse a la alcaldía de Chicago.
Antes había sido miembro por Illinois de la Cámara de Representantes en el Congreso
Federal entre 2003 y 2009.
[2]
Las llamadas “charter schools”, punto esencial de disputa en estos conflictos,
son colegios de enseñanza primaria o secundaria, semejantes a los denominados
“concertados” en el Reino de España, que reciben fondos públicos (aparte de
donaciones), pero pueden no atenerse a las reglamentaciones y disposiciones
de los colegios públicos a cambio de comprometerse a impartir ciertas materias
o conseguir determinados resultados que se fijan en sus estatutos (“charter”).
[3] Las “magnet schools”, literalmente “escuelas imán”, son
colegios especializados que atraen a los estudiantes del distrito interesados
en las enseñanzas específicasque imparten.
Micah Uetricht,
licenciado en sociología por la Loyola University de Chicago, es colaborador
de publicaciones como In These Times, Alternet y TheNation.com.
Traducción para www.sinpermiso.info:
Lucas Antón
www.ctunet.com,
blog, 21 de septiembre de 2012
Chicago, guerra civil entre los demócratas
Por Harold Meyerson | Se acabó la armonía del Partido Demócrata.
Sólo unos días después de una convención que hizo ostentación del
partido como una gran familia feliz ha estallado la guerra civil en Chicago
entre alas dispares de los demócratas.
Rahm Emanuel, imprevisible alcalde, bien poco amigo de los sindicatos,
y puntal nacional del Partido Demócrata, y la sección local, casi igual de imprevisible,
de la American Federation of Teachers (AFT, Federación Norteamericana de Profesores),
otro puntal del Partido Demócrata a escala nacional, están enfrentados por el
futuro de las escuelas y profesores de Chicago. La huelga escolar que comenzó
el lunes [10 de septiembre] debería ser un toque de atención en la noche para
los demócratas por doquier.
En juego se encuentran en este conflicto no solo el futuro de la
reforma educativa sino también el papel de los sindicatos en el seno del Partido,
y por extensión, del país. El transparente deseo de Emanuel de reducir el papel
del sindicato de profesores en los colegios de la ciudad no tiene casi nada
de original. Lo comparten otros alcaldes demócratas, como Antonio Villaraigosa,
de Los Ángeles. Hay incluso otras ciudades bien demócratas, como San José, en
California, que han reducido las prestaciones de las pensiones de sus empleados.
Lo que se está cocinando es una batalla entre la gerencia del Partido Demócrata
(alcaldes sobre todo, respaldada por una parte significativa de la opinión pública.
Si hay una hipótesis en la que puedan salir todos ganando, el partido y sus
públicos harían bien en encontrarla.
Que salgan todos ganando, sin embargo, no parece el tipo de solución
a la que se inclina un alcalde de Chicago que no hace prisioneros. Para dirigir
las escuelas de la ciudad, Emanuel contrató a Jean-Claude Brizard, jefe escolar
de Rochester, Nueva York, donde se ganó un voto de censura del 95% de los profesores
de la ciudad. Tras tomar posesión de su cargo, Emanuel canceló los aumentos
de sueldo previstos para los profesores y maniobró para prolongar la jornada
escolar en un 20%. La jornada escolar de Chicago, una de las más cortas del
país con seis horas, debería sin duda alargarse, pero imponer este cambio sin
discutirlo con los profesores y sin un aumento proporcional en su sueldo o prestaciones,
representaba la esencia de una gestión autocrática.
Los profesores de Chicago podrían también haber sacado la conclusión
de que se la tenían jurada cuando la asamblea legislativa del Estado aprobó
una ley que exigía que los profesores, y solo a los profesores, un umbral de
un 75% en cualquier votación sindical para autorizar una huelga. La falta de
respeto y la irrisión suelen engendrar una reacción violenta, y Chicago no fue
la excepción a esta regla: la sección local eligió a una dirección más militante,
y cuando llegó el momento de votar por la huelga, más del 90% de los profesores
de la ciudad votaron a favor.

Si hubiera un argumento contundente en favor del tipo de reformas
escolares que están promoviendo Emanuel y sus muchos aliados, entonces podría
tener algún peso su jugada de llevarse por delante a los sindicatos de maestros.
A buen seguro, habrá algunos profesores horribles imposibles de mejorar que
no deberían seguir en sus supuestos en virtud de un contrato. Pero no hay ninguna
evidencia de que los resultados de enseñanza y educación en las escuelas públicas
autónomas (“charter schools”) carentes de sindicatos, o en estados en
los que los profesores no pueden recurrir a la negociación colectiva, sean en
algo mejores de lo que son en bastiones de fuerza sindical. En California, las
escuelas de secundaria e institutos públicos autónomos tienen una alucinante
tasa de un 50% de substituciones, un indicador en bruto, de acuerdo, pero que
sugiere no todo va bien en las mismas escuelas que muchos reformadores insisten
que son la solución a nuestros problemas.
Dicho esto, hay distritos escolares y escuelas públicas autónomas
en los que no se contraponen reforma educativa y sindicatos, en las que, en
realidad, cada una refuerza a la otra. En New Haven, Connecticut, el contrato
entre el distrito escolar y la sección local de la AFT exige una rigurosa evaluación
de los profesores, pero se trata de un proceso que entraña un seguimiento y
tutoría regular de las clases por parte de administradores y antiguos profesores,
así como pruebas de evaluación. En Nueva York, la sección local de la AFT tiene
un contrato con un operador de escuelas públicas autónomas, Green Dot Public
Schools, por el que evalúa a los profesores tanto como en New Haven; los maestros
se implican en el proceso de contratación de sus colegas; y los administradores
pueden despedir a un profesor por causa justificada, con un proceso de apelación
que queda fijado en un máximo de 90 días. La presidenta de la AFT, Randi Weingarten,
promociona estos contratos como prueba del compromiso de reforma de su sindicato,
aun cuando ponga por las nubes la nueva página en red de desarrollo profesional
de su sindicato, www.sharemylesson.com,
como indicación del compromiso de la AFT de elevar la categoría de la enseñanza.
No es, por desgracia, el método de Chicago. Allí el alcalde dejó
desde un principio claro que no tenía interés en trabajar con los profesores,
y los profesores reaccionaron como parte enojada y agraviada. Si esta guerra
dentro del Partido Demócrata se extiende más allá de Chicago, no augura nada
bueno para el futuro de la educación ni del Partido. Si los demócratas insisten
en cometer un suicidio, el método Emanuel de reventar sindicatos parece una
ocasión estupenda para empezar.
Harold
Meyerson, columnista del diario The Washington Post y editor general
de la revista The American Prospect, está considerado por la revista
TheAtlantic Monthlycomo uno de los cincuenta columnistas mas influyentes
de Norteamérica. Meyerson es además vicepresidente del Comité Político Nacional
de Democratic Socialists of America y, según propia confesión, "uno de los dos
socialistas que te puedes encontrar caminando por la capital de la nación" (el
otro es Bernie Sanders, combativo y legendario senador por el estado de Vermont).
Traducción para www.sinpermiso.info:
Lucas Antón
The Washington Post, 12 de septiembre de 2012
En defensa del profesorado
Por Eugene Robinson | Los profesores son héroes, no villanos,
y ya es hora de dejar de demonizarlos.
Se ha puesto de moda culpar de todos los múltiples pecados y maldades
de la sociedad a los “sindicatos de profesores”, como si fuera posible separar
estas organizaciones supuestamente malvadas de los entregados servidores públicos
que pertenecen a las mismas. Noticia de última hora: el problema no es la negociación
colectiva y dejarles a los profesores sin ella no va a arreglar los colegios.
Es cierto que los profesores de Chicago se han cerrado en banda a
las exigencias de “reforma” del alcalde Rahm Emanuel, algunas de las cuales
son razonables. También yo me plantaría si me estuvieran sermoneando todo el
santo día los cruzados santurrones cuyo conocimiento de la crisis escolar de
las zonas marginales proviene de una película de Hollywood.
Los problemas que afligen a la educación pública van bastante más
allá de lo que George W. Bush llamó, de modo memorable, “la suave intolerancia
de las bajas expectativas”. Van más allá de cualquier grado de esclerosis institucional
que pueda atribuirse a la permanencia en el puesto, más allá de los inevitables
caso de quienes se queman, más allá del hecho de que en algunas jurisdicciones
los maestros ganan en realidad la mitad de lo que son salarios decentes.
El hecho es que a los profesores se les está cargando con expectativas
absurdamente altas. Algunos estudios han mostrado la correlación entre el rendimiento
de los estudiantes y la “efectividad” de los profesores, dependiendo de cómo
se mida tan esquiva cualidad. Pero hay todo un cuerpo de literatura académica
que demuestra una correlación más fuerte entre rendimiento estudiantil y una
variable mucho más importante: los ingresos familiares.
Sí, estoy hablando de pobreza. Siento ser tan inoportuno, pero cuando
los maestros señalan la relación entre ingresos y logros, no están eludiendo
su responsabilidad. Se limitan a manifestar una verdad incómoda.
De acuerdo con las cifras recopiladas por el College Board (Junta
Escolar), los estudiantes de aquellas familias que ganan menos de 200.000 dólares
alcanzan resultados 300 puntos más altos, de media, en los SAT [Scholastic Aptitude
Test, pruebas de aptitud para entrar en la mayor parte de las universidades]
que los estudiantes de familias que ganan menos de 20.000 dólares al año. Existe,
de hecho, una clara relación a lo largo de la escala: todo incremento de la
renta familiar se traduce en más puntos en las pruebas.
Sean
Reardon, del Center for Education Policy Analysis, de la Universidad de Stanford,
concluía en un estudio reciente que la brecha entre los logros de los estudiantes
de altos y bajos ingresos está, en realidad, haciéndose más grande. No queda
claro por qué podría estar sucediendo esto; tal vez se deba al aumento de la
desigualdad de renta, tal vez la relación entre ingresos y logros se ha vuelto
más fuerte de algún modo, tal vez haya otra razón.
Cualquiera que sea la causa, la respuesta de nuestra sociedad parece
consistir en decir: leña a los maestros.
El movimiento de “reforma” de brie-y-chablis querría hacernos creer
que la mayoría de los profesores de colegios de bajos ingresos y bajo rendimiento
son incompetentes, y por extensión, que la mayoría de los maestros de escuelas
de alto copete, en los que los estudiantes rinden bien, son un dechado de virtudes
pedagógicas.
Pero algunos de los profesores más entregados y talentosos que he
conocido trabajaban en escuelas “fallidas” de zonas marginales. Y sí, en escuelas
galardonadas con premios, en las que, como en Lake Wobegon, “todos los niños
están por encima de la media”, he conocido a algunos maestrillos sin imaginación
a los que no habría que dejar acercarse a un aula.
Es razonable hacer responsables de su rendimiento a los profesores.
Pero no es razonable — o, en último término, productivo — hacerlos responsables
de cosas que están muy lejos de su control. Es justo insistir en que los profesores
consideren su labor asumiendo que cualquier niño, rico o pobre, puede tener
éxito. No es justo esperar que los profesores corrijan todos los desequilibrios
y pongan remedio a todas las patologías que se producen como resultado del aumento
de la desigualdad en nuestra sociedad.
Nada de esta realidad se veía en Waiting for Superman, [1]
el documental de 2010 que sostenía que deberíamos “resolver” la crisis educativa
estableciendo más escuelas públicas autónomas y, por supuesto, pisoteando a
los sindicatos de maestros. Tampoco se verá a a finales de este mes en la película
Won´t Back Down, con Viola Davis y Maggie Gyllenhaal como protagonistas,
que aboga por leyes de “gatillo para los padres” [2] destinadas a crear
todavía más escuelas públicas y a impulsar más ataques a los maestros.
Siempre me he considerado un apóstata de la ortodoxia liberal en
cuestiones de educación. No tengo objeciones fundamentales en contra de las
escuelas públicas autónomas (“charter schools”), mientras tengan resultados.
Creo en la centralidad y primacía de la educación pública, pero me parece inmoral
decirle a los padres, en efecto: “Lo sentimos por sus hijos, pero ya arreglaremos
los colegios un día de estos”.
Pero retratar a los profesores a guisa de villanos no ayuda a un
solo niño. Ignorar las razones de la brecha educativa en este país no es forma
de cerrarla. Y hay modos mejores de saber más sobre la crisis que ir al cine.
Visitemos, en cambio, los colegios.

Notas del t.:
[1] El documental de Davis Guggenheim ponía al descubierto
los fallos y limitaciones de la enseñanza pública y se ha utilizado como forma
de propagar la idea de las “charter schools”. Guggenheim produjo Una verdad
incómoda, el documental de Al Gore que ganó el Oscar en 2007, y realizó
varios videos biográficos promocionales de la campaña presidencial de Obama.
[2] Literalmente,“parent trigger”, es el mecanismo que permite
a los padres de un colegio escoger la que estimen mejor opción para reformarlo
en el siguiente año escolar con sólo conseguir las firmas del 50%. Véase www.theparenttrigger.com
.
Eugene Robinson (1955)
es comentarista político de televisión y periodista desde 1980 del diario norteamericano
The Washington Post, en el que desde 2005 escribe una columna de opinión
por la que ganó el Premio Pulitzer en 2008 cubriendo la campaña presidencial.
Afroamericano nacido en Carolina del Sur, entre sus libros se cuenta Coal
to Cream: A Black Man’s Journey Beyond Color to an Affirmation of Race [De
carbón a crema: el viaje de un hombre negro más allá del color hacia la afirmación
de la raza] (1999) Disintegration: The Splintering of Black America
[Desintegración: el astillamiento de la Norteamérica negra] (2010) y
un volumen sobre Cuba Last Dance in Havana: The Final Days of Fidel and the
Start of the New Cuban Revolution [Último baile en La Habana: los últimos
días de Fidel y el inicio de la nueva revolución cubana] (2004)
Traducción para
www.sinpermiso.info:
Lucas Antón
The Washington Post, 17 de
septiembre de 2012
Mano dura con los profesores:
la psicología de la desigualdad
Por Sam Pizzigati | En una sociedad en la que la riqueza y los
ingresos están concentrados de forma apabullante en la cúspide, los ricos tenderán
casi siempre a burlarse de los servicios públicos y de los hombres y mujeres
que los prestan.
Los profesores
de Chicago se manifestaron el sábado siguiente al comienzo de su huelga del
10 de Septiembre. El año pasado los legisladores estatales hicieron todo lo
posible para hacer imposible una huelga de profesores en Chicago. Promulgaron
una nueva ley que requería como mínimo un 75 por ciento de los profesores de
la ciudad para aprobar una huelga.
¿Cómo
respondieron los profesores de Chicago? En una votación temprana a principios
de junio, el 92 por ciento de los profesores de la ciudad votaron y el 98 por
ciento de estos profesores votaron la huelga si las negociaciones contractuales
fallaran.
Este apoyo
prácticamente total a la huelga que empezó la semana pasada muestra lo intensamente
frustrados que han llegado a estar los profesores de la ciudad. Han estado enseñando
durante años en escuelas horriblemente equipadas para dar servicio a los estudiantes
de la ciudad.
La inmensa
mayoría de estos estudiantes, el 87 por ciento, están clasificados de “bajos
ingresos”. Muchos de ellos no tienen libros en sus casas ni un lugar tranquilo
para estudiar. Algunos –más de 15.000– ni siquiera tienen casa.
Los políticos de Chicago no han hecho lo suficiente para ayudar a estos
profesores para que a su vez puedan ayudar a estos estudiantes a aprender. Más
de 160 escuelas de Chicago no tienen biblioteca. Para ayudar a los niños sin
casa o con situaciones familiares inestables, los 350.000 estudiantes de las
escuelas de Chicago disponen solamente de 370 trabajadores sociales.

Los profesores
han estado constantemente reclamando más recursos. Pero los funcionarios de
la enseñanza, empezando por el alcalde de Chicago Rahm Emanuel, han apostado
totalmente por un programa de “reforma” que rechaza cuestiones como las clases
demasiado numerosas y ayuda inadecuada al estudiante. Las escuelas no necesitan
mejores recursos. Lo que necesitan, según los reformadores tipo Chicago, son
mejores profesores.
Esta posición
“reformadora” promueve tests estandarizados sin fin para identificar a las escuelas
y los profesores “de baja calidad” que no parece que mejoren los resultados
de los estudiantes. Hace ya una década que los funcionarios de Chicago están
cerrando escuelas que consideran “fallidas” y reemplazándolas con escuelas concertadas
privadas.
En las
fiestas de los ricos se ha vuelto culturalmente predominante una cierta demonización
informal de los profesores.
El jefe
de la escuela de Chicago que inicialmente promovió este surgimiento de las concertadas
es actualmente el Secretario de Estado de Educación y esta tendencia pro-concertadas
y pro-tests se ha convertido en el espíritu de la reforma de la educación convencional
de los círculos políticos de élite, tanto en el partido republicano como en
el demócrata. A pesar de una manifiesta falta de evidencia de que este espíritu
convencional funcione realmente para los niños.
“Si realmente
queremos mejorar las escuelas”, tal como la analista Melinda Henneberger apuntó
la semana pasada en el Washington Post, “deberíamos hacer lo
mismo que hace Finlandia, puntera en educación: subvencionar también a las escuelas,
valorar más a los profesores y no utilizar casi nunca los tests estandarizados.”
Entonces
¿por qué el espíritu de la reforma de la educación convencional –“sed duros
con los profesores y los sindicatos que los protegen- encuentra tanto apoyo
por parte de las élites políticas norteamericanas?
Una razón:
El pensamiento convencional puede ser inconvencionalmente rentable para los
ejecutivos de las corporaciones que dirigen las cadenas de escuelas concertadas
que se expanden rápidamente. En épocas de campaña estos ejecutivos adoran mostrar
su admiración por ellas.
Pero el
apoyo al pensamiento convencional de duro-con-los-profesores va mucho más allá
de las filas de los que esperan aprovecharse directamente de la privatización
de las escuelas públicas. En los círculos de las fiestas de ricos, tal como
la revista New Yorker señaló la semana pasada, “una cierta demonización
informal de los profesores ha pasado a ser lo suficientemente predominante a
nivel cultural como para convertirse en indiscutible”.
Actualmente,
añade el análisis del New Yorker, los que tienen pasta hablan
de reventar los sindicatos “con el mismo entusiasmo social” que normalmente
se utiliza para recomendar “una nueva clase de Zumba”.
Los ricos se resienten soberanamente de tener que pagar impuestos para
mantener unos servicios públicos que ellos no utilizan.

Esta dureza
con los profesores se ha ido extendiendo desde hace ya unas cuantas décadas
desde que Estados Unidos empezó a crecer de una forma mucho más desigual en
los años 80. Esta relación no debería sorprender. Hay dos fenómenos básicos
– un rico que se hace más rico y un rico volviéndose cada vez más hostil a los
servicios públicos y las personas que los prestan – que siempre han ido de la
mano.
Después
de todo, la gente rica no utiliza demasiado los servicios públicos. No se sirven
de los parques públicos o de la educación pública. Pertenecen a clubes privados
y envían a sus hijos a escuelas privadas y se resienten soberanamente de tener
que pagar impuestos para apoyar unos servicios públicos que no utilizan.
Estos
acaudalados necesitan racionalizar este resentimiento, y vapulear a los profesores
es una racionalización ideal. No tenemos que “poner dinero” en las escuelas
con problemas, reza el argumento. Lo único que tenemos que hacer es buscar y
despedir a todos estos pésimos profesores.
Es interesante
observar que, volviendo la mirada a los Estados Unidos de los años 50, mucho
más igualitarios, sí que “poníamos dinero” en las escuelas, y mucho.
En 1958,
después del shock del lanzamiento del Sputnik soviético, los legisladores no
se metieron con los profesores. A través de la ley de Educación para la Defensa
Nacional, asignaron miles de millones a reforzar las escuelas. Media docena
de años después, la ley de Educación Primaria y Secundaria aumentó significativamente
los fondos para los estudiantes con bajos ingresos.
En contraste,
hoy en día, en unos Estados Unidos profundamente no igualitarios, nuestras élites
políticas no solamente no financian sino que vapulean. Desde el punto de vista
educacional, este vapuleo no tiene sentido. “Acusar a los profesores del fracaso
de las escuelas” es tan absurdo, como señala Rebecca Mead, del New
Yorker, como “acusar a los médicos por las enfermedades que intentan tratar”.
Pero la mano dura tiene sentido para los ricos y en una plutocracia
los ricos dirigen el debate, hasta que los demás nos levantemos y cambiemos
de conversación. En Chicago, los profesores han hecho esto precisamente.
Sam Pizzigati es
miembro del Institute for Policy Studies de
Washington DC y editor del periódico Too
Much
Traducción para www.sinpermiso.info:
Anna Maria Garriga
www.toomuch.org,
15 de septiembre de 2012
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Chicago: Lecciones de la huelga en la enseñanza pública
Por Lee Sustar -
Friday, Nov. 16, 2012 at 7:44 AM
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Lee Sustar
Domingo 30 de septiembre de 2012
Ha llegado la hora de realizar el balance, extraer lecciones, de lo que ha significado la huelga de la enseñanza en Chicago que echó para atrás la reforma educativa. No sólo para los trabajadores y trabajadoras de la enseñanza o de los servicios públicos, sino para el movimiento obrero en su conjunto.
Pero antes de entrar a valorar el impacto que pueda tener esta victoria en las luchas venideras, aprovechemos el momento para saborear una de las luchas sindicales más importantes desde hace años.
Empecemos por el primer día, cuando decenas de miles de afiliados y afiliadas del sindicato de enseñanza de Chicago (CTU), ataviados con sus camisetas rojas, y sus simpatizantes paralizaron el tráfico frente la sede de la Junta Escolar y el Ayuntamiento, en lo que un reportero de una radio local calificó acertadamente como “una versión más madura y respetuosa del Occupy Chicago”.
En realidad, los lemas de las pancartas y los cánticos dirigidos contra el alcalde Rahm Emanuel que comenzó a meterse con las y los enseñantes de Chicago incluso antes de acceder al cargo, no parecían tan respetuosos.
El segundo día, hubo otra marcha masiva. Tras los piquetes matinales en las escuelas de cada barrio por toda la ciudad, la gente se dirigió al centro y en esta ocasión se dedicaron a dar vueltas alrededor de la Fuente de Buckingham y luego se concentraron a la orilla del lago para recordar las históricas luchas de los obreros de Chicago.
Al día siguiente, hubo tres grandes manifestaciones en las escuelas secundarias del Sur, del Oeste y en los populosos barrios habitados fundamentalmente por latinos y afroamericanos. El soporífero calor veraniego no quebró la determinación de los enseñantes para movilizarse, ni la de la gente para aclamarlos.
El entusiasmo no sólo se vivió en las grandes manifestaciones. Quien se acercara a los piquetes de huelga en las escuelas podía observar no sólo la impresionante solidaridad entre el personal docente, sino también el gran apoyo cosechado por la CTU entre los padres, las madres y la mayoría de la gente. En la calle, la gente paraba a los huelguistas con camisetas rojas de la CTU, o del colectivo por la Solidaridad con los maestros de Chicago, para agradecerles lo que estaban haciendo. También se oían bocinazos amistosos desde los coches.
Cuanto más aumentaba el apoyo a los maestros, más bajo caía Rahm Emanuel
Este hombre, conocido por su dureza, intentó provocar una reacción violenta de los padres contra los huelguistas mediante interminables ruedas de prensa al inicio de la huelga. Pero eso no funcionó. Los comentarios insultantes de Emanuel, sudoroso y bebiendo compulsivamente una botella de agua, sólo consiguieron ampliar el apoyo de la población a la CTU.
Cuando, al entrar la huelga en su segunda semana, el alcalde solicitó una orden judicial para poner fin a la misma, el juez no se plegó al alcalde y optó por no tomar una decisión en tanto no se reuniera los delegados de la CTU y llegaran a un acuerdo.
Hemos informado profusamente de los detalles de este acuerdo, pero merece la pena señalar que publicaciones como el Wall Street Journal tienen claro que quién ganó fue la CTU y no Emanuel.
Ya cuando era jefe del personal de la Casa Blanca, Emanuel ayudó a acelerar la reforma escolar a través del programa Race to the top impulsado por la Administración de Obama. Desde el comienzo de su campaña para la alcaldía, Emanuel dejó clara su intención de desarrollar una gestión empresarial para las escuelas de Chicago a la que los enseñantes tendrían que adaptarse; de lo contrario…
Pero la CTU se negó a someterse a Rahm y comenzó a prepararse para una confrontación larga mucho antes incluso de que se iniciaran las negociaciones.
A principios de año, cuando Emanuel y su Junta Escolar fijaron el cierre o la reconversión de 17 centros escolares, la CTU, junto a las asociaciones de padres y otros colectivos, comenzó a impulsar las movilizaciones. Esto permitió reforzar los lazos con los grupos que apoyaban críticamente la huelga. Entre tanto, los dirigentes de la CTU (que pertenecen a la oposición que desbancó a la antigua dirección del sindicato en 2010) desarrollaron una campaña para movilizar a toda la base del sindicato.
Todo esto dio sus frutos en un convenio que puso límites a la agresiva política de Emanuel. Si bien la CTU tuvo que aceptar dolorosas concesiones en lo que respecta a las indemnizaciones de los profesores despedidos, el alcalde no pudo imponer medidas que para él eran más importantes: vincular los salarios a los “méritos”, utilizar los resultados de los exámenes para evaluar al profesorado y despido-exprés para aquellos cuyos alumnos obtuvieran malos resultados.
También tuvo que aceptar que la mitad de las nuevas contrataciones fueran profesores despedidos afiliados de la CTU, a lo que se había opuesto repetidamente de forma categórica. En la letra pequeña del acuerdo, también se reconoce el poder de la CTU en áreas clave, e incluye una disposición contra el acoso escolar que permitirá a la gente defenderse de los abusos excesivos.
No ha sido sólo una gran victoria para la CTU sino también para todos los maestros y maestras que se oponen a las concesiones de sus sindicatos en estas importantes cuestiones.
Lecciones para el movimiento obrero en general
Sin lucha, no hay victoria. Durante los cinco años que llevamos de crisis económica, las concesiones de los sindicatos se han convertido en el pan nuestro de cada día. Al margen de que la patronal sea un gobierno estatal o local con escasos recursos o una multinacional rentable como Caterpillar o Verizon, las medidas son parecidas: se congelan o rebajan los salarios, se reducen las pensiones y se incrementa el precio de atención sanitaria.
Los maestros de Chicago nos muestran que hay otra alternativa. Es cierto que una huelga no garantiza automáticamente una victoria (hace poco, la Asociación Internacional de Maquinistas sufrió una severa derrota en Caterpillar tras seis semanas de huelga). Pero la renuncia a la lucha sólo garantiza nuevas concesiones.
No basta con luchar, hay que organizarse. En los últimos 20 o más años, el “modelo de movilización” sindical era una norma para las organizaciones laborales progresistas. Para muchos sindicatos la realización de grandes manifestaciones y la construcción de alianzas con la comunidad y los movimientos sociales se han convertido en una práctica habitual.
Existe una gran diferencia entre enviar autobuses llenos de gente a una manifestación y el esfuerzo sistemático por organizar a la gente dentro y fuera de la empresa. El trabajo interno de la CTU estuvo orientado a hacer del sindicato un instrumento útil, ágil y eficaz en cada centro escolar; cuando llegó el momento de organizar los piquetes, se vio la utilidad del trabajo desarrollado.
La implicación de los sindicatos en los movimientos sociales es esencial; especialmente en el sector público. Desde mediados de 1990, la marginación de los sindicatos les llevó a impulsar las luchar junto a organizaciones comunitarias y religiosas. El apoyo que otorgaron a Occupy Wall Street el otoño pasado fue un paso importante en esa dirección.
Pero la CTU fue más allá. El grupo que lidera el sindicato, el Caucus de Educadores de Base (CORE); comenzó a luchar contra el cierre de escuelas años antes de llegar a la dirección del sindicato, y cuando llegó continuó en la misma línea. Si bien la lucha para salvar las 17 escuelas a principios de año fracasó, el sindicato estrechó los vínculos con los grupos comunitarios opuestos al cierre y esos grupos le apoyaron en el momento del acuerdo.
La CTU explicó su alternativa para la educación pública en Chicago en el documento “La escuela que necesitan los estudiantes de Chicago”, exigiendo su completa financiación pública, la reducción del número de alumnos por aula y la mejora de los planes de estudio.
La no aceptación de las concesiones impuestas por los dirigentes nacionales. Oponiéndose a la vinculación de los salarios a los méritos y defendiendo el derecho a la titularidad, la CTU se mantuvo firme allí donde la Federación Americana de Maestros (AFT) había claudicado.
Las negociaciones en Chicago comenzaron con los negociadores de la Junta Escolar poniendo sobre la mesa una copia del “acuerdo colectivo” de New Haven, Connecticut, conocido como el “contrato fino”; un convenio que anulaba derechos laborales del personal docente ganados en las décadas anteriores. Randi Weingarten, presidente de la AFT, se implicó personalmente en las negociaciones de New Haven, que consideraba “modélico”. La CTU se opuso a ese acuerdo e impulsó la huelga para defender los derechos.
Los sindicatos del sector público no tienen por qué aceptar concesiones porque las exijan los políticos demócratas. Los gobernadores demócratas Jerry Brown, de California, y Andrew Cuomo, de Nueva York, lograron concesiones salariales importantes y beneficios por parte de los sindicatos del sector público. Los líderes sindicales las aceptaron argumentando que era mejor aceptar algunos sacrificios que tener a alguien como el gobernador republicano de Wisconsin, Scott Walker, tratando de suprimir completamente el derecho a la negociación colectiva.
La CTU se opuso a ello explicando que los demócratas están tan comprometidos como los republicanos en la ofensiva contra los sindicatos de la enseñanza en nombre de la “reforma”.
Los sindicatos del sector público pueden liderar al conjunto de la clase obrera en la lucha contra la austeridad. Desde que Scott Walker justificara la reforma educativa por razones presupuestarias, tanto los Republicanos como los Demócratas afirman que hay que estrujar a los sindicatos para beneficiar a los contribuyentes.
La huelga de la CTU dio la vuelta a ese argumento al obtener el apoyo popular y afirmar que el verdadero problema está en ver donde se sitúan las prioridades para la ciudad: en el recorte de los impuestos o en la financiación de la educación. Si los sindicatos del sector público quieren poner freno a la ofensiva actual, tendrán que seguir el ejemplo de la CTU y explicar que los servicios que prestan son en beneficio del conjunto de la clase obrera.
La democracia sindical es fundamental para reconstruir un movimiento obrero combativo. Como en la mayoría de los sindicatos, el presidente de la CTU tiene un poder enorme. Sin embargo, desde el principio, el equipo que dirige actualmente el sindicato trató de ampliar al máximo la democracia sindical. Desde que el viejo equipo dio paso al nuevo, la dirección colectiva se ha revitalizado y las reuniones de las delegadas y delegados se han convertidos en verdaderos foros de debate donde se discute la política del sindicato.
Estos delegados y delegadas tomaron la decisión de prolongar la huelga una semana más para disponer de tiempo y poder debatir la posibilidad del acuerdo escuela a escuela. Durante esos días, delegados de cientos de escuelas organizaron reuniones al aire libre para debatir los pros y contras del acuerdo. Toda una lección de democracia sindical que es un ejemplo para todo el movimiento obrero.
Para ser eficaces, las huelgas deben bloquear la actividad y ejercer presión sobre el patrón. La CTU asombró a Rahm Emanuel al abandonar la vieja práctica de realizar concentraciones rotatorias de dos horas frente a edificios vacíos. En su lugar, la CTU impulsó numerosas manifestaciones que reforzaron el sentido de la solidaridad en la base del sindicato y galvanizó el apoyo comunitario.
Ahora bien, también es verdad que una huelga de enseñantes no se enfrenta al riesgo de ser reemplazados o a las amenazas de las empresas de seguridad que se dedican a romper las huelgas, como ocurre en la empresa privada. Aún así, la huelga de la CTU puede constituir un ejemplo para los sindicatos de la industria: los piquetes masivos y la solidaridad pueden ejercer presión sobre el empresario, y cuanto mayor sea la solidaridad menos posibilidades de éxito tendrán las maniobras de los esquiroles o los mandamientos judiciales.
Podíamos seguir con la lista de las enseñanzas de ésta huelga, pero para un movimiento obrero hambriento de éxitos desde hace tanto tiempo, éste es un excelente comienzo.
26/09/2012
http://socialistworker.org/2012/09/26/what-the-ctu-accomplished
Traducción: VIENTO SUR
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