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“No sabía dónde estábamos ni adónde íbamos”
Por Alejandra Dandan - Tuesday, Sep. 05, 2017 at 11:28 AM

Los detenidos durante la marcha del viernes denuncian arrestos al voleo y maltrato policial

05 de septiembre de 2017 | Cristian Vázquez no asistió a la movilización. Cuando salía del trabajo, comenzó a filmar lo que pasaba. Fue arrestado. Cuenta cómo los amenazaron y los hicieron desnudar. “Uno piensa que (la policía) va a estar para cuidarte, pero te das cuenta del trato que tienen. Esto es cualquier cosa.”

“No sabía dónde está...
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Cristian Vázquez trabaja en el área de sistemas de una empresa en el centro. Imagen: Leandro Teysseire

Cristian Vázquez tiene 30 años, trabajaba en el área de sistemas de una empresa de Defensa y México. El viernes, casi a las ocho de la noche salió del trabajo y como todos los días caminó por Defensa en dirección a Plaza de Mayo. Cuando llegó, encontró el final de la marcha por la desaparición de Santiago Maldonado. Sacó su celular para empezar a trasmitir en directo lo que pasaba. Se detuvo a preguntar a la gente qué ocurría y se dio cuenta de que estaban deteniendo a un periodista. En la última imagen de su cámara se ve el gas pimienta chorreado. Pasó las siguientes cuarenta y ocho horas detenido, incomunicado. Escuchó a una mujer policía apenas los habían subido a un camión celular pedirles nombres y apellidos. “Y en un momento dice: ‘Bueno, como no me responden, ¿qué quieren? –escuchó Cristian– ¿Ser desaparecidos también?’ Y ya ahí empezamos a preocuparnos. Fue un momento incómodo para todos porque no sabíamos dónde estábamos, dónde íbamos a ir, la camioneta daba vueltas, como pudimos nos sacamos el precinto de las manos y logramos avisar a nuestros familiares”.

–¿Qué pasó el viernes?

–Estaba saliendo del trabajo, en Defensa y México. Trabajo en el área de sistemas de una empresa. Habré estado hasta las siete y media. Me voy para Defensa hasta Plaza de Mayo, como hago todos los días, y me quedé mirando la marcha. Había mucha gente que se estaba yendo, otra que seguía ahí, y de repente la policía empezó a avanzar. Había manifestantes que se estaban enfrentando. Corrí para la Casa de Gobierno porque parecía una cacería. Había policías por todos lados y era como que no teníamos salida. Para cualquier lado por dónde queríamos ir había un desastre, piedrazos, la policía tirando con las escopetas. Eso me llevó a ir para Avenida de Mayo. En un momento quisieron agarrar a un periodista. Yo mismo lo vi, estaba siendo detenido. Fueron otros colegas a querer sacarlo y no hubo opción: creo que se lo llevaron igual. En ese momento, cuando la gente se dispersa, un policía me tira en la cara, a medio metro, gas pimienta. Me detienen y me suben a la camioneta.

–¿Pudo decir algo?

–Con el gas pimienta me caí, tengo en las rodillas unos moretones, me levantaron, me llevaron adentro. Les dije: ´no puedo respirar´. Era la primera vez que me detenían, nunca me habían tirado gas. No podía respirar, no podía ver, estaba esposado, no podía ponerme nada en la cara. Yo le decía al policía, pero no me decía nada. Me deja ahí tirado, en medio de la camioneta. Cierra. Y olvidate. Te tratan como cualquier cosa.

–¿Qué pasó después?

–No veía nada. Subieron a otro muchacho, un chileno, que trató de calmarme porque yo podía escuchar pero no podía ver nada, no podía hablar bien. Él me dijo: “Yo soy periodista, a mi me agarraron de la nada”. Y así empezaron a subir a un montón de muchachos. No tenían nada que ver con los incidentes. Después nos dieron unas vueltas, en un momento se llenó la camioneta de gente y yo podía ver un poco mejor. Subieron a otro chico con gas pimienta. No teníamos noción del tiempo. Subieron a unas chicas. Y de pronto sube una mujer de la policía de la Ciudad, y empieza a preguntar nombres y apellidos. Y en un momento dice: “Bueno, como no me responden, ¿qué quieren? ¿Ser desaparecidos también?” Nos empezamos a preocupar, fue un momento incómodo para todos porque no sabíamos donde estábamos, dónde íbamos a ir, la camioneta daba vueltas. Como pudimos nos sacamos el precinto de las manos y empezamos a comunicarnos con nuestros familiares, pero eso fue un momento bastante incómodo para todos.

–Hasta entonces tenían los teléfonos.

–Hasta ahí todos teníamos celulares y estábamos con precintos, pero nos empezamos a ayudar. Mandamos mensajes. Agendamos los teléfonos, empezamos a mandar fotos a todos lados y la ubicación con el Google Maps porque nos daban vuelta todo el tiempo y encima diciéndonos esas cosas. Nos preguntábamos qué iba a pasar. No entendíamos nada y estábamos asustados. Un momento terrible.

–¿Qué pasó después?

–Nos llevaron a Saavedra, la comuna 12. En el trayecto nunca nos dieron justificación de nada. No hablaban. Nos tomaron las huellas. Nombre, apellido, datos, todo. Nos sacaron los celulares, nos sacaron todas las cosas de valor. Una policía estaba filmando con una cámara. Yo pregunté por qué, pero ellos nos decían: ´vos seguí, seguí adelante´. No podíamos hablar. Cada uno fue a una celda individual. Y pasamos toda la noche del viernes en una celda individual. A la madrugada nos levantaban a cualquier hora a tomar las huellas de nuevo, declaración de nuevo.. El sábado seguimos sin saber qué iba a pasar. Vino la policía a la celda de cada uno a preguntar si teníamos teléfono de algún abogado. No me acordaba el teléfono de nadie. “Si no viene ningún familiar a testificar que vos vivís en esa dirección que declaraste, se te va a dificultar la salida”, me decían. Como pude convencí a un oficial de otro turno para que se comunique con mi novia a través de las redes sociales. Cuando preguntábamos qué va a pasar: siempre decían no sabemos: “Esto recién empieza”. Así, hasta que llegaron los trasladados a Comodoro Py del domingo y otra vez dilataron todo, fue terrorífico. Cuando llegamos a Lugano a la madrugada nos dijeron que íbamos a estar en libertad, pero nos volvieron a tomar las huellas, nos tuvieron cuatro horas dando vueltas, encerrados otra vez.

–¿Los desnudaron?

–En plena madrugada, del sábado o domingo –no recordas ni dónde estás–, pero eran como las tres de la mañana, empezaron a golpear las celdas para despertarnos y escuché que una de las pibas estaba gritando y después me enteré, dicho por ella, que se metieron a su celda y la hicieron desnudar. Se metió una mujer a pedir que se desnude, había una cámara filmándola. Dijo que había como un flash y anotaban todos los tatuajes que tenía. A los muchachos que tenían tatuaje también los hicieron desnudar. Si tenías tatuaje tenías que desnudarte frente a toda esa gente. Como yo no tengo tatuaje, no me lo pidieron, sí me hicieron sacar la remera. Pero al resto las desnudaron y me parece que es horrendo, va en contra de todos los derechos humanos.

–¿Le dijeron de qué lo acusaban?

–Me dijeron que estoy imputado y no podía creerlo: me nombraron a mí y otros chicos diciendo que se me vio agrediendo a la policía, resistiendo a la autoridad, atentando contra el Estado, tirando piedras, bombas molotov, cuando en ningún momento vi bombas molotov en la manifestación. El fiscal me tomo la declaración. Conté todo lo que pasó. Y después volvimos otra vez al calabozo. Me asignaron un abogado público. Y todo así, no sabés qué va a pasar después. No dicen nada. Todo era incertidumbre.

–¿Quiénes eran los otros detenidos? ¿De dónde venían? ¿Qué pasó con ellos?

–Al comienzo hablábamos con los chicos a través de la celda, a los gritos. Cuando estábamos juntos no podíamos hablar, pero en los momentos de traslado podíamos decirnos algo. Sobre todo en Lugano, cuando nos pusieron a todos en la misma celda. Ahí pude escuchar mejor la historia de todos. Había un periodista. El chileno que subieron después que yo también estaba sacando fotos. Otro muchacho, por ejemplo, salía de comer con otros, dieron la vuelta, se toparon con la policía y los subieron. Después, está el caso del venezolano que tenía un problema con el documento pero es el único que quedó detenido y nos contaba desde la otra celda, a los gritos, que salía con su novia de comer una pizza y lo levantaron. Casos así, todos, la gran mayoría. O sea, gente que no tuvo nada que ver con los hechos.

–¿Cambió su visión de la policía?

–Yo no tengo orientación política ni tengo un fanatismo político, pero te puedo decir que entendí la bronca de ciertos grupos con la policía: realmente lo entendí en primera persona. Uno piensa van a estar para cuidarte pero cuando formas parte de esto, te das cuenta el trato que tienen. Esto es cualquier cosa. Viene un político, levanta el dedo y dice ´vayan a levantar a cualquiera para tener detenidos´. Teníamos mucha bronca. Acá hay una responsable que todos sabemos quién es. Te da bronca porque vos podes pasar por la calle y te levantan así y ahí se discute la democracia.

–¿Se quedaron con sus cosas?

–En mi caso, se quedaron con mi notebook. Yo estaba con un morral y adentro tenía una notebook de la empresa. Ahí tengo la tarjeta de acceso. Todo el tiempo les decía: ´yo pasé por ahí porque trabajo ahí, pero me decían que no, que por algo estaba´. Siempre buscaban una justificación. ¿Yo tirando una bomba molotov con una máquina del trabajo e identificación del trabajo? Pero me respondían que me tendría que haber ido. Es como que se burlaban. Me incautaron eso. No pude ir a trabajar y voy a ir a Comodoro Py a reclamar también los celulares. Y todo lo de valor: billetes, monedas, la SUBE, la tarjeta de débito.

–¿Su novia pudo encontrarlo rápido?

–Nadie sabía nada. Hay que decirlo, como yo no tengo tatuajes ni el pelo pintando, conmigo pudieron hablar. Y mandaron el mensaje a mi novia. O sea, todo depende del rostro que tengas.

–¿Sabe qué lugar y hora pusieron en la acusación?

–Es una vergüenza: como decimos en la jerga de sistemas, fue un copy paste. A todos nos pidieron exactamente lo mismo, que atentamos contra el Estado, la policía, que pusimos bombas molotov, tiramos piedras. Una vergüenza. Me acuerdo que yo estaba viendo todo lo que pasaba y empecé a trasmitir en vivo. Cuando estaban agarrando a un periodista. ¿Un periodista?, dije yo. En ese momento me tiraron gas pimienta.

–¿La filmación pudo haber detonado la detención?

–En ese momento yo compartía la filmación en vivo, puede ser. Puede ser que sea eso: estábamos todos filmando. Me hiciste pensar. No sabes lo que era eso. Era un calabozo de la era medieval. Un inodoro putrefacto. En ese momento estábamos solos y desde afuera se escuchaban los bombos pidiendo nuestra libertad. Eso nos dio mucha fuerza. Después cuando vimos a la Madre de Plaza de Mayo que fue a Comodoro Py a visitarnos con Ismael Jalil de la Correpi eso fue tremendo. Fue increíble ver a la abuelita que nos dio fuerzas. ¡No sabes que fuerza tiene esa señora!

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Actas fraguadas y detenciones sin pruebas
Por Irina Hauser, Página/12 - Tuesday, Sep. 05, 2017 at 11:29 AM

Actas fraguadas y de...
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El juez pidió al Ministerio de Seguridad que informe por qué y cómo intervinieron policías de civil sin identificación. Imagen: Leandro Teysseire

05 de septiembre de 2017 | La fiscalía solicitó registros fílmicos para cotejar relatos e identificar supuestos involucrados que no fueron detenidos. Interviene la Procuraduría de Violencia Institucional por denuncias por detenciones arbitrarias y lesiones. La policía de la Ciudad abrió un sumario.

La ostensible falta de pruebas contra las personas que fueron detenidas el viernes después de la desconcentración de la movilización por Santiago Maldonado llevó a la cambiar el foco de la causa que quedó abierta en el juzgado de Marcelo Martínez de Giorgi y ponerlo en la policía. El fiscal Ramiro González pidió que declaren como testigos los agentes de la Ciudad y de la Federal que protagonizaron el operativo feroz. Es alevosa la discrepancia que existe entre las actas policiales y los relatos de las personas arrestadas, que afirman no haber participado en los hechos que les adjudican -como tirare bombas molotov y empujar el vallado frente a la Casa Rosada– ni haber sido detenidos en el lugar que figura en los papeles. La fiscalía solicitó que los canales de televisión, empresas y ciudadanos que tengan registros fílmicos de los acontecimientos aporten el material para cotejar los relatos e identificar posibles involucrados que no fueron detenidos. Empezó a intervenir también la Procuraduría de Violencia Institucional (Procuvin) que recibió denuncias por detenciones arbitrarias y lesiones. Al Ministerio de Seguridad, le pidió que informe por qué y cómo intervinieron policías de civil y otros uniformados sin identificación. Al juzgado le requerirá las actuaciones para verificar si, tal como todo indicaría, las actas policiales son falsas. El jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, defendió el comportamiento policial pero dijo que se abrió “un sumario interno”.

El juez dispuso algunas de las medidas pedidas por el fiscal e implantó el secreto de sumario, lo que restringirá el acceso al expediente a los defensores por una semana. Algunos de los abogados tomaron la citación a los policías a dar testimonio con cierta desconfianza. Quieren ver cómo se encauza la investigación. “Podría ser una oportunidad para que se rectifiquen; nosotros creemos que se debe investigar la falsedad de las actas policiales, y lo pediremos”, dijo María del Carmen Verdú, abogada de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi), quien defiende a algunos de los detenidos. “A los policías los citan porque la causa es insostenible, producen pruebas para no cerrar la causa enseguida cuando es tan obvio que los detenidos deben ser sobreseídos; quizá en algún quede en evidencia su accionar”, apunta Verónica Quinteros, abogada de Liberpueblo. Quinteros señala que como las imputaciones son genéricas “vulneran el derecho de defensa en juicio y los imputados tienen que demostrar que no hicieron tal o cual cosa”.

Los delitos que se les adjudicaron a los 31 detenidos son daños, lesiones, resistencia a la autoridad e intimidación pública. Como quedó a la vista en varias de las indagatorias, las actas redactadas por la policía les adjudican a varias personas lo mismo (derribar el vallado frente a la Casa Rosada y agredir a personal policial con botellas y piedras y quemar tachos de basura) y ponen horario y lugar de detención que no se condice con el que señalan los detenidos. Por ejemplo, dos periodistas de la Red de Medios Alternativos, que figuran detenidos en Plaza de Mayo, estaban en Avenida de Mayo y San José. Un joven a quien defiende Aníbal Ibarra aparece detenido a las 20.18 pero a las 20.50 le había mandado un mensaje a su pareja diciéndole que estaba bien, pero al instante dice que lo detuvieron. Fue notable el caso del docente José Morales, que figura detenido también en la plaza pero estaba en una pizzería en la calle Bernardo de Irigoyen y mostró el ticket. Algunos de los detenidos refirieron situaciones de maltratos y amenazas. Dos de ellos, por ejemplo, relataron que una agente policial les dijo en el camión que los trasladaba les dijo: “cállense, después se quejan de que haya desaparecidos” (ver página 3).

El fiscal González pidió un listado de siete medidas. Las testimoniales de los policías que participaron en detenciones las pidió para que indiquen “cómo fueron las circunstancias previas a la detención, la hora, y en qué lugar se produjeron los hechos que derivaron en la detención”. A la vez quiere que se determine la gravedad de las lesiones que alegan haber sufrido. También requiere que alguna fuerza de seguridad a definir por el juez haga un “compilado” de las filmaciones que tomó la propia policía de los procedimientos. Pero que más allá de ese material, se releven cámaras privadas de la zona y se obtengan las filmaciones, además de requerir a todos los medios (televisivos y gráficos) que aporten sus imágenes. Para los ciudadanos que puedan haber relevado sus propias imágenes solicitó que se genere algún canal específico. González le señaló al juez que alguna fuerza de seguridad tendría que hacer un cotejo de las fotos de los detenidos en las filmaciones y determinar si “otras personas participaron de los hechos investigados”, y que se verifique la participación de los ya imputados. Hasta última hora de ayer, Martínez de Giorgi había dispuesto la recolección de filmaciones y la recepción de testimonios de los policías que participaron en detenciones, además de constatar sus lesiones. La única persona a la que mantuvo detenida había presentado documentos falsos y tenía antecedentes penales en el fuero ordinario.

La Procuvin, a cargo de Félix Crous, comenzó a intervenir también ayer cuando recibió las primeras denuncias de personas detenidas y heridas. Esto generó la apertura de una investigación preliminar y un pedido de informes al Ministerio de Seguridad, entre otras cosas, sobre la presencia de policías de civil y sin identificación, que habrían participado incluso de las detenciones. Ese organismo investigó, por ejemplo, las detenciones tras la marcha del 8M. El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) mostró ayer las similitudes entre ambos casos. “Detuvieron a mansalva, sin importar a quiénes ni qué estaban haciendo, para luego imputarles un delito federal”, dijo el organismo sobre la represión del viernes.

Rodríguez Larreta justificó el accionar de la policía con el argumento de que “actuó cuando surgieron las situaciones de violencia, cuando empezaron a tirar piedras y aparecieron con palos” y dijo que de todos modos “se abrió un sumario interno” para evaluarlos.

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