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La antigua y profunda escritura mapuche manifestada en la textilería ancestral
Por Ana Millaleo (*) / Territorio Ancestral - Wednesday, Nov. 08, 2017 at 4:49 PM

Durante décadas se ha manifestado de que el pueblo Mapuche no conocía la escritura ni la lectura, que la transmisión cultural mapuche se hace por medio de la oralidad (1); y además se ha sostenido que son los hombres mapuche los que ostentan las posiciones de poder al interior del entramado social. Dichas narraciones surgen principalmente del análisis de cronistas en su totalidad hombres ajenos a la cultura mapuche, quienes luego de observaciones superficiales relataban la vida cotidiana de este pueblo, fijándose en los aspectos que les parecían mayormente relevantes desde su perspectiva.

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Ana Millaleo (*)

Título original del texto:

El Witral, la escritura ancestral de las mujeres mapuche

Al igual que la historiografía universal en donde las mujeres como actores relevantes y constructoras de historia fueron invisibilizadas, las mujeres mapuche se transforman, en las crónicas, y relatos de historiadores, en acompañantes de los grandes guerreros mapuche, preocupadas principalmente de los aspectos reproductivos.

“Aunque en general tienen las mujeres el color más castaño que moreno, tiénenlo muchas veces verdinegro y quebrado, y unas más blanco que otras, según los temples de las tierras donde nacen y se crían… Son comúnmente de mediana estatura, y en general tienen grandes y negros ojos, cejas bien señaladas, pestañas largas y cabello muy cumplido… Su vestir es honesto para bárbaras, pues usan de faldas largas, mostrando sólo los pies descalzos y los brazos desnudos. Sus ejercicios son hilar y tejer lana de que se visten… Tienen a cargo las mujeres la labranza de las tierras, y el hacer los vinos…”.(2)

Uno de los temas que han sido poco investigados es lo de la escritura ideográfica por medio del telar, escritura (dato no menor) que era manejada principalmente por las mujeres mapuche. La invisibilización de estas temáticas se inscriben principalmente en la centralidad que se le da en la historiografía occidental a los hombres mapuche, principalmente a la utilización de la figura del héroe para la construcción de los estados nacionales, a la asociación de lo indio a la barbarie y al reduccionismo del arte mapuche a la artesanía.

La complejidad del entramado social del pueblo mapuche queda constreñida en un paradigma que supone una superioridad de la cultura del observador respecto a lo observado y que habitualmente reduce las creaciones culturales del pueblo mapuche al folklore, a lo sin importancia; algo que tiene sólo un valor de uso y remite por ende a la cotidianeidad, y no a la permanencia o a la trascendencia. Esto es lo que ha sucedido con algunas de las manifestaciones culturales mapuche. Se ha subestimado su importancia y se han dejado de lado muchas fuentes de conocimiento y de comprensión de esta cultura milenaria.

Subestimación e invisibilización de la escritura mapuche

Por siglos, la sociedad occidental con su carácter universalista y expansionista, ha concebido la escritura y la imprenta como el elemento fundamental que ha dado soporte y justificación a la existencia y la historia de “todos” los pueblos, Levi – Strauss definió de la siguiente forma a los pueblos sin escritura llamados primitivos:

“Estudiemos, pues, sociedades “primitivas”. ¿Pero que entendemos por esto? A grandes rasgos, la expresión es bastante clara. Sabemos que “primitivo” designa un basto conjunto de poblaciones que han permanecido ignorantes de la escritura y sustraídas, en consecuencia, a los métodos de investigación del historiador puro; sociedades a las que la expansión de la civilización mecánica ha llegado solo en época reciente…” (3)

Por la imposición y validación de estas visiones los pueblos sin escritura han sido considerados más atrasados en la escala evolutiva de la humanidad, esta ultima teniendo su origen en las teorías del darwinismo social impulsadas potencialmente durante el siglo XIX en América latina por los criollos republicanos y las cuales constituyen el soporte teórico e ideológico del discurso de progreso, el cual se sobrepuso y materializó sobre la mal llamada “barbarie” representada en los pueblos originarios mediante la imposición de los Estados Nacionales y por tanto “civilización” traducida en la cultura occidental como la forma exclusiva, legitima y valida de organización socio-política que debía predominar en estos territorios. De esta manera, “Los europeos (…), satisfacieron su apetito de territorios al ocupar aquellos de los pueblos primitivos” (4). Bajo esta óptica y lógica situada en tal contexto, planteamos que históricamente se ha establecido la subestimación e invisibilización, de la escritura del pueblo mapuche como estrategia de dominación.

El solo hecho de denominar a un pueblo como sin escritura, era ponerlo en un status de inferioridad esto es visible en el ensayo de Derrida “La violencia de la letra: de Levi – Strauss a Rousseau”.

“Si se deja de entender la escritura en su sentido estricto de notación lineal y fonética, debe poder decirse que toda sociedad capaz de producir, vale decir de obliterar sus nombres propios y de valerse de la diferencia clasificatoria, practica la escritura en general. A la expresión “sociedad sin escritura” no correspondería entonces ninguna realidad ni ningún concepto. Esa expresión pertenece al onirismo etnocéntrico, que abusa del concepto vulgar, es decir etnocéntrico, de la escritura.(5)

La dominación de los conquistadores por sobre el otro “indio” se sustentó y hasta el día de hoy se sustenta, en una superioridad imaginada. Es así de este modo que a utilizado al otro para sustentar el discurso propio, la cultura occidental se sirve del significante para llegar rápidamente al significado, haciendo que ciertas situaciones sean borradas invisibilizadas, y no permite que la otredad hable.

Es así como se ha situado al centro de la producción cultural y ha leído desde la linealidad la historia, estableciendo jerarquías y estadios en donde hay pueblos inferiores y otros superiores, siendo la escritura un parámetro para el posicionamiento de estas. El establecimiento de estas jerarquías son planteadas y legitimadas a partir de un pensamiento científico que se plantea como objetivo pero que sin duda es utilizado al servicio de las formas polimorfas del poder que en el caso de los pueblos originarios tiene que ver con la instauración de los Estados Nacionales.

Es por eso que puede mirarse con sospecha el no reconocimiento de la existencia de la escritura ideográfica mapuche, ya que a otros pueblos originarios si se les ha posicionado dentro de esta lógica clasificatoria en un estadio superior donde se reconocen escritos a pueblos originarios que consecuentemente presenten características y rasgos de “civilización”, como son los Maya y en un caso mas cercano a nuestra realidad, las tablas parlantes del pueblo Rapa Nui (Tablas Rongo Rongo).

El manejo de la escritura en el caso de los Maya era de uso exclusivo de los sacerdotes y solo ellos podían descifrarlos (6), en el caso Rapa Nui, la explicación del no desciframiento del significado de las Tablas Rongo Rongo se atribuye al traslado forzado de “hombres” Rapa Nui a las guaneras del Perú (1862 – 1863) (7) . En ambos casos la escritura está asociada al manejo masculino de esta, el conocimiento reconocido como legítimo es el manejado por los hombres, lo que podría llevarnos a que la invisibilización de la escritura mapuche es consecuencia directa de la invisibilización y desvalorización de la mujer mapuche en la lectura histórica que se hace de este pueblo originario.

“esas infelices, vendidas por sus padres por un precio vil, casi podría decirse por algunos alimentos o por algún vestido, pasaban a constituir un hogar triste y sombrío, en que faltaban casi todos los goces de la vida doméstica” (8)

La mujer mapuche es vista solo como un sujeto de intercambio, víctima de su realidad histórica y “retraso” cultural, supeditada a un espacio domestico, espacio inferior al en que se ubicaban las mujeres occidentales. El espacio domestico en que se desenvuelven las mujeres mapuche, no era de interés para los cronistas, ni para los historiadores, era someramente descrito, como reversa de la gran cantidad de material que existe sobre las hazañas militares, de los héroes masculinos de ese pueblo, de los grandes parlamentos, en resumen del espacio publico mapuche, todos espacios de interacción entre los conquistadores y los conquistados. Son relatos de la interacción, relatos que tienen que ver con lo visible desde el punto de vista del relator, y como ya hemos dicho con anterioridad, de quienes se atribuyen el manejo de la producción cultural.

No es de extrañar por lo tanto que la escritura mapuche y la manipulación simbólica, producción que se llevaba a cabo en este espacio altamente despreciado por la cultura occidental, no haya salido a la luz quedando olvidado y oculto tras los grandes relatos épicos de este pueblo.

El telar y la escritura ideográfica en manos de las Domo.

La construcción del imaginario mapuche desde lo occidental tiende a generar comparaciones y ordenamientos, juegos de poder en donde el dominador interpreta la cultura de los “dominados” desde la arbitrariedad de su paradigma. De ahí la negación de la existencia de la escritura mapuche y la invisibilización del rol de las mujeres al interior de esta. Muchos de los relatos de los cronistas hacen referencia a la gran capacidad bélica y las características viriles de este pueblo (9), siempre relegando y subvalorando el espacio de desarrollo femenino mapuche. La modernidad se abre con esta idea de que todo gira entorno al Pater. A América llega un conquistador con altos índices de masculinidad que trae consigo una estructura societal que se basa en el patriarcado.

Esto no tiene que ver con victimizar o poner en el rol de victimas pasivas de la historia occidental, a las mujeres mapuche, sino mas bien con develar la poca sinceridad de la historiografía occidental y sus errores en la interpretación de las culturas otras, al trasladar la valorización negativa y la insignificancia que tiene lo domestico para esa cultura. El occidente desprecia la labor y a quienes la realizan, a diferencia de lo mapuche donde el cuidado de la vida es de enorme relevancia, centro del conocimiento y de la reproducción cultural, no es por nada que las mujeres mapuche se tratan entre si de ñuke (madre), estado de respeto y de gran valoración social.

“Ni la labor ni el trabajo se consideraba que poseyera suficiente dignidad para construir un bios, una autónoma y auténticamente humana forma de vida; puesto que servían y producían lo necesario y útil, no podían ser libres, independientes de las necesidades y exigencias humanas.” (10)

La lectura occidental del rol de las mujeres mapuche claramente a ayudado no tan solo a borrarlas como constructoras de su propia historia, sino también a que aspectos relevantes situados en los espacios femeninos mapuche de poder, pasen desapercibidos, por cuanto la lectura occidental de la historia mapuche además de estar sesgada por la inferioridad que se le asigna a lo indígena, queda sesgada por la inferioridad que se le asigna a lo femenino y el lugar en que este se desenvuelve.

La textilería mapuche parte del mundo femenino de este pueblo a quedado relegada a la construcción de objetos útiles para la sobre vivencia, y desde ese punto de vista es difícil que este sea abordado en su complejidad, como espacio de relación e interacción entre mujeres, como un espacio de construcción de realidad y del discurso de este pueblo.

“Un día, una chiquilla lavaba mote en el río, llegó un viejo y se la robó; se la llevó pa’ sus tierras. Se caso con el viejo la chiquilla. Dicen que le dijo: “Me voy pa’ la Argentina, cuando vuelva yo me tienes que tener toda esta lana hilada”. Se fue el hombre y la niña quedo llorando… cuando sabía hilar! llorando junto al fogón y en eso el choñowe kuzé (el fuego vieja), le habló: “No tienes por que afligirte tanto, yo voy a llamar a Lalén Kuzé (la araña vieja) y le dijo a la chiquilla: “Tienes que hacerlo como yo, mírame y aprenderás a hilar”.

Así que pasaron los días, cuando volvió el hombre, las lanas estaban hiladas.

Lalén Kuzé todas las noches fue a ayudar a la niña y juntas terminaron el trabajo.” (11)

Este epew (12) mapuche cuenta como el traspaso del conocimiento del telar es propio de las relaciones entre mujeres, y que el ejercicio de este conocimiento se mantiene y perpetua por medio de un pacto sagrado entre las mismas. La sabiduría de estas dos ancestros con quienes se realiza este pacto, es traspasada a la mujer joven quien tiene una responsabilidad al interior del entramado social mapuche, responsabilidad a la cual no puede renunciar.

Los procesos de aprendizajes de la textilería mapuche, tienen que ver directamente con la socialización femenina, en estos espacios las mujeres intercambian conocimiento y se relacionan con sus pares, comparten situaciones y la responsabilidad de generar los ropajes que brindaran abrigo y protección a los integrantes del lof.

“El telar es una de las responsabilidades de la mujer a través de ella se transmite información relevante, se utiliza un sistema de escritura ideográfica, pues a partir de la observación del color de la prenda, se identifica la procedencia geográfica (Tuwün) de la persona y a través de las formas es posible identificar el origen sanguíneo, las funciones que desarrolla en su familia, su historia personal, etc. A través de los diseños es posible identificar si quien usa el producto tejido es Longko, Machi, su estado civil, su edad, etc.

Al elaborar un tejido, sea este una manta, un trarihue, trarilongko, o cualquier otra prenda, se construye pensando en la persona que lo va a usar y por tanto allí la tejedora define las formas que serán incorporadas en el tejido y los colores a utilizar; vaciando en el objeto energías que acompañaran a la persona, para quien es dedicada la prenda; por lo tanto no existe una producción en serie como lo es actualmente.” (13)

Las mujeres mapuche visten principalmente de negro, color que simboliza lo sagrado por que es la expresión de la amplitud del universo, de lo imposible de ser escrito, son pocas las prendas que estas utilizan que contengan simbología o escritura ideografica, me atrevería a decir que el trariwe es la única prenda que cumple con estas características, prenda que se relaciona directamente con el resguardo de la fertilidad y la protección sagrada de donde se alojara la nueva vida, el útero.

Las mujeres como manipuladora de símbolos es la que escribe al otro y lo constituye en che, ellas construyen al individuo poseedor de las prendas, en esta se puede leer la procedencia del individuo, su estatus en el entramado social y características personales. En los textiles se expresa el sentir de las mujeres, en ellos se cuenta y relatan historias, y desde la elección de las tinturas por medio de la recolección, hasta las terminaciones, se describe la historia del poseedor de cada prenda.

Otro aspecto importante a recalcar que es visible en este manejo simbólico expresado en el witral, es el conocimiento que debían poseer las mujeres de su entorno, y de los ciclos naturales. Tejer a telar esta directamente relacionado a manejar los códigos de la naturaleza, ya que esta es parte de todo el proceso de confección de las prendas, de ella dependen las tonalidades de las tinturas, que salen de diversos frutos y raíces que son recolectadas para este uso, las plantas recolectadas en diferentes estaciones del año dan colores distintos aunque se trate de la misma raíz, los tiempos de esquilado de la lana, entre otros inscribe el trabajo y el conocimiento del witral en una temporalidad espacial.

Ciertas capacidades mas elevadas de la lectura y reestructuración de los símbolos ideográficos en el witral, son solo conocidos por las tejedoras más experimentadas, por las grandes tejedoras, ñeminfe, ñeminchefe, ñemintufe o ñeminñürekafe. Estas ostentaban el manejo de los códigos ideográficos no tan solo su repetición y concreción en las prendas. Hasta el día de hoy son las que resguardan estos conocimientos, pueden leer y escribir difíciles entramados. Cuentan los relatos que las mejores tejedoras se encontraban en el Puelmapu, de hecho existen diseños que se realizan aún en esas zonas y que ya no son trabajados en el Gulumapu debido a los grados de dificultad y producción masiva que trajo consigo la frontera y el intercambio hasta nuestros días.

El traspaso del conocimiento del witral, entre mujeres, puede realizarse según distingue Willson por medio de dos modalidades, la primera de estas es la observación en lo cotidiano, al estar situado el desarrollo del arte textil al interior del espacio domestico y de crianza, las niñas aprenden mirando, muchas veces juegan a repetir las labores de la madre, la segunda modalidad distinguida por esta autora es por medio del aprendizaje especializado, la familia recurre a una ñeminñürekafe para que se haga cargo de la enseñanza del telar, previo acuerdo de pago y forma en que se llevara a cabo.

De acuerdo a mis observaciones puede darse el caso que la ñeminñürekafe reconozca en una niña ciertas habilidades o espiritualidad a fin para realizar este trabajo y sea la maestra que pida a la ülcha domo para que esta se transforme en su aprendiz. Ha estas dos modalidades podría agregarse una tercera que tiene que ver con el aprendizaje por medio de los sueños y de la entrega de un don por parte de los ancestros, esta es la otra lectura que puede hacerse del epew de Lalén Kuzé.

“poner telas de araña alrededor de la muñeca de la mano de las niñas, o bien pasarles pequeñas arañas sobre la palma de la mano para que sean buenas hilanderas. Estos ritos se realizan en el momento del nacimiento, infancia o adolescencia de una mujer y tienen por objeto facilitar el proceso de aprendizaje.”(14)

Estos ritos no tan solo tienen que ver con facilitar el aprendizaje de las técnicas del witral, sino que conectan el ámbito en que se desarrollan con el entramado sagrado del traspaso del conocimiento en lo mapuche, el conocimiento proviene de lo sagrado, por ende toda acción es sagrada porque tiene que ver con el ejercicio de un conocimiento, el pacto entre Lalén Kuzé y la niña acongojada porque no manejaba los códigos ni la producción textil mapuche, pacta con la naturaleza y sus fuerzas femeninas para adoptar ciertas cualidades presentes en esta.

“toda expresión ‘artística’ de los aborígenes es algo sagrado, es una representación grafica de lo que se puede percibir en otros ordenes de la Realidad, de ningún modo es fruto de la imaginación o de la ‘creatividad’. Es un retrato realista, pero estilizado, de algo objetivo”.(15)

La estructura de la escritura mapuche se basa en la combinación de figuras geométricas para la construcción simbólica, dentro de las figuras geométricas pueden distinguirse cuatro principales: rombos, triángulos, cuadrados y cruces, las combinaciones de estas son amplias y la innovación y repetición de las mismas estaba en manos de las ñeminñürekafe.

A través de las obras del witral se establece un dialogo entre las creadoras y los miembros de una sociedad. Las creación de estas esta inscrita en temporalidades históricas determinadas, los significados simbólicos van a ser leídos de acuerdo a esta temporalidad y variaran de acuerdo a la misma, es por lo tanto que un símbolo en cierto estadio no significara lo mismo en otro, el dinamismo de la escritura mapuche tiene que ver con su variabilidad temporal y con la capacidad de ir incorporando nuevos símbolos al engranaje simbólico principal.

Podrían distinguirse 4 procesos históricos de la escritura mapuche que cumplen la estructura cíclica propias de su historicidad, la primera es el intercambio interno, marcada por la reciprocidad, aquí las mujeres ostentaban un mayor poderío en la definición del sujeto a partir de la estructura simbólica de las prendas puesto que en los espacios de encuentro social eran ampliamente usados y aún muchos mapuche reconocían en el otro el discurso portado en cada prenda, las mujeres eran protagonistas y personajes de poder reconocidas y de alto estatus social, la segunda es la que llamaremos de comercio fronterizo, de intercambio con españoles y criollos, esta es etapa está marcada por una transformación en las formas económico sociales del pueblo mapuche, que no generan grandes variaciones en el proceso de elaboración textil, pero si en la lectura y en el desprendimiento de la significación de las prendas superponiéndose la utilidad de las mismas, ya que el receptor no comprendían los códigos sociales mapuche, aunque si existen evidencias históricas de prendas elaboradas para personas no mapuche de alta estima y respeto, en donde puede realizarse una lectura simbólica que nos puede llevar a la percepción que se tenia del sujeto, y el status que ocupaba, un ejemplo de esto es la Manta que fue del General José de San Martín, llamada manta de la luz, la cual le fue obsequiada por los mapuche, y hoy se encuentra en el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires. Las mujeres eran intermediarias, estaban en el entramado comercial en el lugar de la producción, eran el nexo con el mundo occidental y sus textiles el mensaje intercambiado.

“La abertura central del poncho, o ñancal, esta adornada con el diseño del rewe – lonko, simbología que deriva del lukutuel (orante arrodillado), lo cual indica la gran jerarquía del portador.” (16)

La tercera la folklorización del arte mapuche y la perdida de significado, el valor de lo autóctono en un mundo globalizado, en esta etapa muchas mujeres abandonan la profundidad del conocimiento del witral por la producción a gran escala, en la actualidad se usan teñidos sintéticos, se realizan ventas al por mayor y por catalogo en Internet, es muy difícil encontrar ya, prendas hechas exclusivamente para un sujeto determinado a menos que existan tejedoras en su familia, aun así, la gran mayoría elabora tejidos de uso diario (sin diseños) son pocas las ñeminñürekafe ancianas.

La cuarta etapa la reconocemos en el retorno de lo mítico a partir del desarraigo, producto de las migraciones campo ciudad, encarnadas principalmente en la figura femenina mapuche, se produce una migración del conocimiento, el cual ya se había visto afectado por la segunda y tercera etapa, pero al desarraigarlo de la utilidad y de los aspectos pragmáticos de la vida, se ha comenzado a rescatar en su aspecto simbólico cultural, por mujeres jóvenes hijas de las primeras migrantes reconstituyéndose las formas de aprendizaje ya antes descritas, el aglutinamiento de personas mapuche en ciertos sectores periféricos de la Región Metropolitana hace mas fácil ir en búsqueda de las pocas ñeminñürekafe, y que estas reconozcan en otras mujeres perfiles espirituales similares y así potencien el rescate de la escritura ancestral un ejemplo de esto es el grupo denominado “las arañitas” compuesto por mujeres de edad joven o mediana edad. Estos grupos de mujeres han comenzado a escribir nuevamente, por lo menos los símbolos tradicionales, no me atrevería a aseverar si aun están capacitadas para la creación de nuevos símbolos con la nomenclatura de los ya existentes.

Errores y desentendidos de las ciencias sociales en el estudio de la mujer mapuche

Es bueno aclarar con respecto a la lectura de los datos ciertos males entendidos por parte de las ciencias sociales sobre la comprensión de la complejidad cultural mapuche. Dentro de ellos. está la lectura por medio de oposiciones binarias, tales como el de naturaleza / cultura, divino / humano, sagrado / profano, independientemente a que no se le asigne un valor negativo, estas divisiones polarizadas fragmentan el entendimiento de la simbología mapuche y de la complejidad de su paradigma.

Entender la escritura mapuche en el telar fuera de lo sagrado, o dentro de un espacio solamente doméstico, es seguir leyendo con categorías occidentales la cultura mapuche, un ejemplo de esto es la utilización de algunas investigadoras feministas, que se han dedicado a la temática mapuche, de la comprensión dual del mundo para el sustento de estas oposiciones.

“Lo masculino reside en el sitio en donde mora el Sol, el Antü, astro permanente, inmóvil, que anima a la naturaleza iluminándola. Lo femenino se posa en el lugar de la luna, cuerpo traslaticio que irrumpe, escindido y luego pleno, el espacio celeste”… La mujer puede estar en el bien y en el mal: el carácter completo e incompleto de la luna. El hombre debe estar en el bien (la cualidad de luz y calor del sol).”(17)

En esta cita, puede verse que la femineidad mapuche es comprendida como una oposición binaria y la masculinidad queda en la inmanencia, en este caso del bien. Este tipo de ordenamientos generan comprensiones románticas de la estructura sexual mapuche. Para subsanar estos errores y la creación de las figuras románticas a partir de la comprensión dual simplificada, creo que es más pertinente dentro del proceso histórico en que se inscribe el mundo mapuche (periodo cíclico), que nos refiramos a la comprensión cuatricíclica del universo: está lo dual femenino y masculino, pero estos sujetos se inscriben dentro de una temporalidad, algo que ha sido muy pocas veces abordado en los estudios de este pueblo, aspecto fundamental que da la variabilidad y dinamismo a los roles sexuales al interior del pueblo mapuche. Analizarlos como sujetos diluidos y no aferrados a atributos concretos, no hace más que esencializar la división sexual del mundo mapuche.

“se pretende fijarla en objeto y consagrarla a la inmanencia, ya que su trascendencia será perpetuamente trascendida por otra conciencia esencial y soberana.” (18)

La negación de las especificidades socio históricas y culturales, impide el seguimiento de los efectos que estas mismas producen en las relaciones que las mujeres establecen con su entorno, no permitiendo dilucidar las relaciones de poder que se establecen en este entramado, relaciones de poder siempre variables. De este modo surgen los malos entendidos, que se inician con la comprensión fragmentada del universo mapuche, la visión esencialista de la cultura que la desarraiga y la pone en una posición ahistórica, y ahora con los análisis feministas la subscribe a un ordenamiento patriarcal y machista.

Andrea Coñuecar frente a esta situación dejara abiertas las interrogantes:

“Sin embargo, existen conceptos que incluyen variaciones en cuanto a conceptualizar y otorgar en forma correspondiente grados de valor ¿Qué era lo bueno o lo malo, para una sociedad que no establecía en su cosmovisión el concepto de pecado? ¿Es pertinente adjetivar de machista a una sociedad indígena, desde los ojos del dominador?” (19)

Metodología de reconstrucción histórica del saber de las mujeres mapuche

Con respecto al trabajo de reconstrucción histórica de las mujeres mapuche, se ha hecho muy difícil recabar información desde fuentes no contaminadas, es por bien sabidos que en lo que dice relación con el telar y la escritura ideografica en manos de las domo, que la segunda etapa y la tercera han influido en cierta perdida de la interpretación de la simbología icnográfica mapuche y sus significados, las lecturas que pueden hacer incluso las propias tejedoras no están libres de las influencias introducidas por el contacto con los dominadores, internalizadas por medio de los aparatos de control propios de cada estructura cultural, reconociendo como principales la adopción de la religión foránea y la inserción en la educación formal occidental.

Es por lo tanto que ha mi parecer es de enorme interés referirnos a fuentes no conscientes en el abordaje investigativo del mundo mapuche, una de estas puede ser el relato de las machi en transe. Para esto hay que tener claro que son los propios mapuche los que deben partir a esta reconstrucción y el investigador debiera cumplir con las siguientes categorías principales.

Ser Mapuche

Conocedor de la cultura propia y del protocolo

Hablante de Mapudhungun

Este tipo de investigación es de difícil acceso y por eso el muestreo debiera realizarse por bola de nieve, es recomendable en los casos de observación no asistir con métodos invasivos que puedan generar algún tipo de interferencia en la comunicación entre el espíritu de la machi y los ancestros o fuerzas. El investigador debe ejercitar su memoria posterior al encuentro y conocer el protocolo espiritual no tan solo el societal, a la hora de interrogar a esas fuerzas como interlocutor con los espíritus que se comunican por medio de la machi.

Es labor de estas nuevas generaciones utilizar los elementos aprendidos como herramientas de la interpretación de la cultura propia, y es una lucha constante ser manipulador de estos y no ser determinado como sujeto, por los mismos. Así podremos hacer como Lalén Kuzé, tejedores de nuestro propio entramado histórico mapuche.

Notas

(1)http://www.serindigena.org/territorios/recursos/biblioteca/monografias/historia/documentos/9_primera_parte_IV_mapuche_cap1.htm

(2) Así describe a la mujer mapuche Alonso González de Nájera, autor del Desengaño y Reparo de la Guerra del Reino de Chile, fuente: http://www.icarito.cl . Es importante destacar que esta fuente es base para el desarrollo de tareas escolares y a contribuido a formar una suerte de conciencia colectiva en relación a la comprensión histórica, en este caso de los mapuche.

(3) Levi – Strauss, 1987, p137, citado en “La literatura de resistencia de las mujeres ainiu”, Yolanda Muñoz González, México D.F, Centro de estudios de Asia y África, 2008, p 200.

(4) Friedrich Ratzel, “La geografía política”, fotocopia, Pág.65.

(5) Derrida Jacques, “La violencia de la letra: de Levi Strauss a Rousseau”, Revista Observaciones filosóficas, Libros y recensiones, Octubre 2006, PDF, p. 39.

(6) http://coleccion.educ.ar/CDInstitucional/contenido/recursos/1492.html

(7) Grebe Vicuña, Maria Ester, “Culturas indígenas de Chile: Un estudio preliminar”, Pehuén, Santiago, 1998, p51.

(8) Barros Arana en Jose Bengoa, “Conquista y Barbarie”, Pág. 127.

(9) Francisco A. Encina, Historia de Chile, Zigzag, Tomo I , p 36

(10) Hannah Arendt, La condición humana, Paidós, Buenos Aires, 1993, p.p 39 – 40.

(11) Montesino, Sonia, “Mujeres de la tierra”, Ediciones CEM – PEMCI, Santiago, 1984, p41.

(12) El epew al interior de la enseñanza tradicional mapuche tiene que ver con el traspaso de valores sociales por medio del relato oral, sus protagonistas principales generalmente son animales o fuerzas de la naturaleza, estas historias no necesariamente son reales a diferencia del piam.

(13) http://ln.fica.cl/tcpdf.php?id=4266

(14) Willson, Angélica, “Textilería mapuche, arte de mujeres”, Ediciones CEDEM, Santiago, 1992, p11.

(15) http://nasdat.com/index.php?topic=1304.0;wap2

(16) Varios autores, “Mapuches del Neuquen; arte y cultura en la Patagonia Argentina”, LUZ Editora, Buenos Aires, p.148

(17) Montesinos Sonia, “Sol viejo, sol vieja; lo femenino en las representaciones mapuche”, SERNAM, Santiago, 1995, p.17.

(18) Simone de Beauvoir, El segundo sexo, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1999, p.31.

(19) Intersección mujer mapuche / género: Aproximaciones desde la mirada mapuche, Andrea Coñuecar Ojeda

Noviembre, 2000. http://www.mapuche.info/mapuint/conuecar001100.html


* Socióloga investigadora mapuche, Magíster de Género y Cultura con Mención en Ciencias Sociales en la Universidad de Chile. Autora e intérprete del grupo musical Wechekeche ñi Trawün.

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