La Pachamama como ceremonia de poder político y social del indio.

Introducción

Muchas de las ceremonias andinas han pasado a ser muy populares, la Pachamama, realizada en el mes de agosto en diferentes regiones del norte de Argentina es una de ellas, que ahora tiene un carácter más popular, e inclusive institucional. El 1ro de agosto es feriado provincial. Ceremonia andina ahora promovida por el Estado provincial y Municipal como la ceremonia de mayor interés y respeto hacia la Madre Tierra. ¿Cuáles son las verdaderas intenciones de este apoyo incondicional y de divulgación que tiene un ritual que, hace unas cinco décadas atrás se hacía a escondidas en el secreto del hogar y ahora la realizan con gran difusión y propaganda todos hasta los no indios?, ¿Hay un verdadero amor hacia la tierra, hacia la cultura ancestral y su gente? ¿hay una toma de conciencia colectiva del Pueblo indígena y no indígena que pretenden a través de esta ceremonia conseguir la igualdad y el respeto por los que ocuparon ancestralmente estos territorios? o ¿es el Pachakuty, la leyenda andina del retorno de los 500 años positivos, que está manifestándose en los pueblos del norte argentino y en sus gobernantes?

 

Que es la Pachamama

No se puede hablar del hombre andino sin relacionarlo con la tierra. Se pierde en el tiempo la historia de su vida que lo relaciona con ella y con el cosmos, con el “todo” que lo rodea. Pacha, palabra de origen quechua que significa tiempo y espacio, Mama significa Madre, entonces Pachamama se interpretaría como la Madre Tierra haciendo referencia no solo a un pedazo de tierra o al planeta Tierra sino al “todo”, al cosmos y con él al tiempo cíclico.
El hombre de la tierra andina domesticó plantas silvestres y logró con ingeniería la papa, el maíz y todas sus variedades que aun hoy se producen. En su vida cotidiana, casi todas sus actividades, estaban muy relacionadas con el cosmos, es así que él se sentía parte de ese “todo” y a ese “todo” lo sentía parte de él. Una gran unidad. Respetó lo macro de la naturaleza, trasladándolo a lo micro, no desafió a la Madre Tierra, sino que la respetó y se adaptó a ella. Es en esa unión de respeto que el hombre andino en un momento especial de su ciclo anual, en el inicio de la preparación y siembra de la tierra, es que demuestra con sumo respeto a través de una ceremonia su comunión con la Pachamama, agradeciendo al “todo” ser parte de él.
No todos los rituales a lo largo de los andes son iguales, han variado según las épocas y según las regiones. La fecha principal siempre fue el primero de agosto como el mes en el que se inicia la siembra o también como el mes donde las piedras macho y hembra cruzan, se multiplican, esto según palabras de los abuelos. La familia espera en unidad en el hogar la llegada del mes con sahumerios de coa del campo y chayan con diferentes bebidas, un ritual que da la bienvenida a un tiempo muy especial, donde no hay que pelear, ni renegar, un tiempo donde se debe transitar con sumo cuidado por los caminos de la tierra.

 

La ceremonia a la Pachamama

En la región del norte de Argentina se acostumbra, en este mes, a dar de “comer”a la Madre Tierra Pachamama algunos lo hacen a primera hora del día, otros al medio día o a la noche.

Se preparan comidas especiales denominadas tijtinchas que consisten en carnes hervidas sin sal, mazorcas de maíz hervidos, habas secas hervidas, cabezas de cordero, etc. y también se preparan guisos de mote, de quinua y otras comidas regionales.

El día de la ceremonia se sahúma un lugar ya elegido especialmente de la casa que puede ser en el centro del patio, allí el padre de casa o el abuelo clava un puñal y cava un pozo denominado la “boca de la Madre Tierra”, al cavar con instrumentos rústicos de madera observan con mucho detenimiento como “comió la tierra” en la ceremonia del año anterior y con ello, la observación de los componentes de la tierra, puede llegar a predecir cómo será el nuevo ciclo agrícola y tomará todas las precauciones necesarias para que sea positivo, prácticas que ahora solo lo saben los agricultores.
La familia se reúne con gran entusiasmo y juntos realizan el ritual, mirando hacia el sol naciente, pasan en parejas y dan de comer y beber a la tierra por esa boca, las bebidas principales son la chicha de maíz, el alcohol, el vino y la cerveza que no deben faltar, también se le da de coquear depositando hojas de coca y observando como caen para hacer una lectura de la suerte, se le da de fumar y como símbolo de riqueza y productividad se depositan semillas de quinua, por último se adorna con papel picado alrededor de la boca de la Pachamama. Las oraciones pueden ser pidiendo por bienestar y salud, pero lo principal es el agradecimiento por todos los frutos brindados en el año y el pedido de perdón por algunos errores cometidos. La ceremonia varia de familia en familia y puede llegar a ser muy diferentes, actualmente existe un sincretismo entre lo católico y lo espiritual andino.

 

Deformación cultural

En las últimas décadas este ritual ha ido tomando más popularidad en la región, no solo se realiza en los hogares, sino también, en diferentes instituciones públicas, en algunos casos esta ceremonia se ha transformado en festivales donde el objetivo no solo es el de homenajear a la Pachamama, sino que se suman objetivos de lucro y de espectáculo. Las castas políticas criollas también no han perdido la oportunidad de aprovechar esta ceremonia para mostrarse creyentes y respetuosos de la Pachamama.  En otros casos han llegando a lo ridículo, a la Pachamama se la representa con una anciana a la que pasean en andas por todo el poblado. De esta manera lo sagrado e íntimo pasó en poco menos de 20 años a ser un espectáculo festivalero, un aprovechamiento político, un circo, y una exageración mística, perdiendo mucho de su sentido original. Quizás ésta deformación se deba a varios factores que se podría analizar desde lo político, social y colonial. Creo que sería muy difícil, si no se toma conciencia, ahora poder cambiar.

También, y es necesario remarcarlo y profundizar, hay una acción intencionalmente de política de Estado hacia el Pueblo indio con estas ceremonias, usando el paternalismo desde lo místico, cultural y turístico, para seguir dominando y encapsulando a indio como un “buen salvaje” un ser “conectado con la Madre Naturaleza” a pesar de sus problemas de fondo (explotación minera en sus territorios sin cosentimiento, la no entrega de los títulos de tierra, la no implementación efectiva de la educación intercultural bilingüe, la criminalización de sus protestas, etc.) . De esta manera se exacerba ridículamente lo cultural folclórico intencionalmente como reivindicación indígena y se esconde disimuladamente las verdaderas necesidades y reclamos centenarios de las Comunidades. Estas actividades no salvarán, ni liberarán al indio sino todo lo contrario. El indio no será un revolucionario que intenta tomar el poder, sino un indio más bien domesticado, el guardián del paraíso que otros usufructúan.

 

Para empezar a cambiar esta realidad cada vez más pachamamistica, deben ser los herederos de esta hermosa cultura, el hombre y la mujer andina, los que tienen que reflexionar profundamente para poder nuevamente recuperar el sentido tradicional de esta ceremonia ancestral y enriquecerlo, no ser ellos mismos los promotores desatinados de un ritual sagrado que tiende a folclorizarse en banal y místico, en superficial. Deben evitar caer en el pachamamismo que lo distrae y entretiene. Recuperar y resignificar este ritual, no solo pidiendo y agradeciendo sino actuando consecuentemente con el sentir y ser andino plenamente. No puede el hombre de esta tierra amar a la Pachamama y luego despotricar contra un kolla boliviano o peruano o contra un kolla argentino que reclama por el derecho a su tierra, se ama a la Pachamama y luego no hay ni una mínima intención de que las escuelas de las provincias tengan una Educación Intercultural Bilingüe, se habla de cultura andina y no se les entrega las tierras a sus verdaderos dueños, se sahúma, se chaya, se da de comer a la Madre Tierra y luego se implementan políticas para evitar atender gratuitamente en los hospitales públicos a los hermanos bolivianos, esas actitudes son incomprensible y contradictorias. El hombre y la mujer andina deben primero reflexionar y luego de lavar su blanca conciencia para proyectarse con su cultura más allá de lo espiritual, y de lo espectacular, deben proyectarse también y en armonía, hacia lo político y social para recuperar el poder y con él, el orden natural del tiempo y del espacio. La Pachamama tiene que ser eso, encuentro con el cosmos para ser lo que debimos y no nos dejaron, encuentro  además de espiritual pragmático.

 

Que sean estas ceremonias actos de profunda reflexión espiritual, de toma de conciencia, buscando nuevos caminos de revolución, de lucha y estrategias para conseguir no solo que se respeten los derechos indígenas, sino que se agradezca y se luche por la tan ansiada libertad, libertad que el indio conseguirá cuando deje de ser fetiche cultural y se asuma con orgullo como hermano guerrero de una gran nación que sobrepasa lo superficial y folclórico yendo más allá en busca de la verdadera Libertad. Allí, recién, veremos realmente quienes aman a la Pachamama y quienes la usan. Jallalla nación Kolla!!!

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