Asistencia perfecta: marcha en defensa de la educación pública

Coordinaron la clase los y las docentes. Pero no faltó ningún educando, o educande. Padres y madres participaron de la reunión: no hubo excusas ni tareas más importantes. Las calles se fueron llenando casi a explotar. La marea crecía para hacerle frente a un río en bajada. Navegando un cauce histórico la Rosario de los paros, la memoria, la unidad, la lucha, salió a defender la educación y la universidad pública.

Cayendo el sol en contrafrente, qué difícil para las fotos. Pero qué mágico. Era la gente, los trapos, los carteles. Y las sombras, que se movían en el suelo, que crecían mientras más bajaba la luz. “Acá se respira lucha”, decía un cartel de una joven que terminaría bailando en ronda la cumbia de Girda y los del Alba, que cerró un acto memorable en el Monumento Nacional a la Bandera.

La jornada en defensa de la educación y la universidad pública fue multitudinaria y marcó que lo que falta actualmente no es movilización popular. Entre otras muchas cosas, hay crisis de representatividad y falta de figuras políticas que coadyuven (contener es impreciso y contradictorio) a consolidar un proyecto político representativo de las mayorías. Pero movilización, hay. El pueblo está, se manifiesta y lo hace con ejemplaridad, rompiéndose las marcas a sí mismo. La marcha de cada 24 de marzo, Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia, fue felizmente destronada en su carácter de la movilización anual más masiva. Las mujeres con su marea rompieron el récord, la defensa de la educación pública, también.

Y no sólo está bien, sino que es necesario. Para qué si no lucharon quienes cayeron en la dictadura genocida, si no es para que cada vez más conceptos colectivos sean portadores de representatividad. Es Memoria, Verdad y Justicia, es la educación, es el derecho a decidir, es la democracia con la calle como escenario.

Bastó tomarse unos minutos y detenerse, contra la fuerza de la multitud. Por la bajada del Monumento se replicaban los rostros adolescentes. Lápices que siguen escribiendo en las paredes de la historia un capítulo de resistencia. Les pibes, les estudiantes, ahí de a miles, sonriendo, con consignas colgadas, el mate en mano, el grito desaforado y la risa aguda. Pasaban y no dejaban de aparecer, con sus banderas, sus centros de estudiantes, sus federaciones.

Escenario

El Paraná mostraba un cielo rosado, con nubes abundantes custodiando las islas. El calor anticipó la primavera con un sol que hizo de iluminación icónica. Frente a la falta de caudal de agua del río por la bajante, la marea humana inundó la tierra firme sobre la barranca, testigo de hechos fundacionales aquella patria que algunos supieron entender como el hogar de todos que debía construirse.

En el escenario montado en el Parque a la Bandera estaban todos, todas, todes. Estudiantes, sindicalistas, organizaciones políticas, sociales, músicos. En una misma sonrisa, la superación de todas las estructuras gremiales se vio en los rostros de los y las referentes. La movida parecía devolver esa luz de esperanza a rostros cansados por el trajín de la pelea contra el ajuste, los despidos, las injusticias.

Era difícil entrevistar a alguien que hablara más de dos minutos. No había palabras que alcanzaran a describir lo que se estaba viviendo. En el escenario, un chispeante conductor iba aumentando el nivel de la convocatoria. “Esto crece más rápido que el dólar”, bromeaban los presentes. Pero la furia cambiaria los terminaría contradiciendo. No obstante y más allá de la humorada, cuarenta mil personas fue el número que se barajó. Cuarenta mil cuerpos fueron puestos con el alma en la voz para gritar: defendemos la educación y la universidad públicas.

La jornada vivida en Rosario el miércoles, en la previa a otra histórica que se da este jueves en Buenos Aires, marcó un hito. Cada época enarbola su insignia y en esa barranca del Paraná la de los derechos irrenunciables fue la que se alzó este 29 de agosto.

A cien años de la reforma universitaria, a días de un nuevo aniversario de la Noche de los Lápices en la que desaparecieron estudiantes que peleaban por una sociedad más justa, hay un pueblo que no olvida sus raíces. Cómo desembocará eso en término del poder institucionalmente establecido es complejo de anticipar. Requerirá de una madurez de las organizaciones de distinta índole, muchas veces atadas a lógicas que claramente ya no alcanzan para ir por más.

Pero una vez más, en su territorio por excelencia,  Rosario mostró que no hay otra: la lucha como camino, la unidad como estrategia y el amor a ese pueblo que siempre se despierta, como motor fundamental para construir un país justo y soberano.

Nota y fotos: Indymedia Rosario

 

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