Secuestro de niños para robarles los órganos: qué se sabe

Secuestro de niños para robarles los órganos: qué se sabe

Una nota de BBC Monitoring, “Burned to death because of a rumour on WhatsApp”* (“Quemados hasta morir por un rumor en WhatsApp”), examina (lo de “examina” es un decir) el drama en un villorrio de Puebla, México, donde Alberto Flores y su sobrino Ricardo fueron linchados e incinerados por el populacho, el cual decidió que eran culpables de secuestrar niños para extraerles los órganos con el fin de trasplantarlos ilegalmente. Si usted lee atenta y críticamente la noticia verá que la BBC se horroriza porque la acusación fue injusta, o sea, porque las víctimas del linchamiento eran inocentes, no porque el secuestro de niños para robarles los órganos no exista en la realidad y sea materialmente imposible. Por el contrario, notas como la de la BBC y las de todos los demás medios masivos de comunicación son un aval de la idea de que tales secuestros son reales; lo horrible del asunto de Acatlán residiría en que la turba se lo atribuyó a dos pichis.

Las notas de este tenor agigantan la leyenda (más campesina que urbana) de una industria clandestina de trasplantes que se alimenta del secuestro de niños. O sea, da pie a que gente embrutecida por rumores asentados en la “cultura popular” (y avalados por los medios “serios” como la BBC) salga a cazar y quemar supuestas alimañas en defensa de sus hijos.

Mucho más positivo que dedicarle espacio al espantoso suceso de Acatlán es quitarle de la cabeza a las personas todas las supersticiones, perjudiciales para ellas mismas, que les han instalado los vivillos desde tiempos inmemoriales, cuyo arquetipo insuperable son las religiones: ¿quién que crea en Adán y Eva, el Arca de Noé, la virginidad de María o que el Sol se detuvo sobre Gabaón, va a tener reparos intelectuales en aceptar, con mayor razón, el robo de órganos, dado que es infinitamente más racional que las supercherías religiosas?

Las noticias de la aparición con grandes cicatrices de niños que se habían esfumado durante un tiempo, o de cadáveres de niños vaciados de sus órganos más demandados no solo son falsas: son imposibles.

La compatibilidad entre donante y receptor es muy difícil de encontrar, y se verifica solo cuando ya se dispone del órgano extraído y se lo coteja con la lista de receptores. Grupo sanguíneo, sistema de histocompatibilidad y similitud de peso y edad de receptor y donante se despliegan a su vez en numerosos parámetros. Por eso no hay nada parecido a “andá y traeme un pibe porque necesito un hígado ya”… salvo en la tradición cristiana, según la cual los santos patronos de la medicina San Cosme y San Damián le cortaron la pierna gangrenada a un diácono y le pusieron la de un gladiador muerto, la cual le quedó fantástica.

Además de los numerosos parámetros que deben analizarse para establecer la compatibilidad, el sujeto potencial donante debe ser examinado para descartar que sea portador de infecciones activas o que padezca otras enfermedades endémicas, las cuales abundan en las zonas donde la gente suele creer que vienen a robar sus niños. De todo lo cual puede asegurarse que si hay un secuestro criminal de un niño, cuyo final programado es su muerte, lo más probable es que sea para hacer un asadito con el chico, o para asesinarlo como parte de un rito satánico, y no para robarle los órganos para trasplantarlos.

¿Inocentes, de qué?

Las “fake news” como la que la BBC cita como ejemplo (“niños de 4, 8 y 14 años han desaparecido y algunos de estos niños han sido encontrados muertos con signos de extirpación de sus órganos; su abdomen había sido abierto y estaba vacío”) no debieran difundirse, como no sea para poner en evidencia sus inconsistencias: ¿quiénes eran esos niños, cómo se llamaban, cuándo fue denunciado su secuestro, dónde y cuándo los encontraron y qué revelaron sus autopsias? Y, fundamentalmente, ¿cómo es posible que organizaciones que poseen estructura y medios para realizar trasplantes, no los tengan para hacer desaparecer cadáveres y, en cambio, los arrojen, ¡mutilados!, a la vía pública, poniendo en evidencia sus actividades?

Todo lo que se lee en la nota de la BBC no solo es inútil a los fines de evitar tragedias como la de Acatlán, sino que es contraproducente, ya que en lugar de refutar el oscurantismo que las genera, incrementa la psicosis colectiva sobre un monstruoso delito… que no existe.

La policía (y la BBC con ella) fue clara: “Los hombres no eran secuestradores de niños sino delincuentes menores”: no los confundamos, pues, con los que secuestran niños para traficar con sus valiosos órganos. Pero, ¡un momento!: ¿quiere decir que sí, que hubo secuestros de niños por allí, pero que Alberto y Ricardo no fueron los autores? ¿Cuáles niños, dónde, cuándo? Si no hay delito no puede haber culpables. Pero para la policía y la BBC se secuestra niños y se les extraen los órganos. Lo que sucedió después queda reducido a uno de los tantos errores judiciales, en este caso de la “justicia popular”.

La nota sigue en caída libre: ni una reflexión, ni un amago de racionalidad, ni siquiera cuando la abuela de una de las víctimas, horas después, ante su “cuerpo ennegrecido”, encuentra que “las lágrimas seguían en las mejillas” de su nieto cuando ella llegó.

Por eso, ante una tragedia como la de Acatlán, lo que hay que hacer es lo contrario de la BBC: no darle manija al malentendido. Y sacar una nota documentada (no como la mía que es solamente voluntariosa) que podría titularse así: “Secuestro de niños para robarles los órganos: no existe, es falso y, aún más, es imposible”.

 

* https://www.bbc.com/news/world-latin-america-46145986?SThisFB&fbclid=IwAR2WV70GRanTssUb3i1s_11mipSbFqoQh7edswNjiHLH3coditQK_kiyNfg

 

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