Ley de Semillas 2018: silbato final y cero a cero

Con la publicación del decreto del ejecutivo convocando a sesiones extraordinarias, termina de confirmarse que la Ley de Semillas no va a tratarse en 2018. La modificación de la Ley de Semillas es un viejo anhelo de las trasnacionales semilleras como Bayer-Monsanto, Syngenta, Corteva, Basf o Bioceres. Buscan terminar con el derecho de “uso propio” de las semillas por los agricultores, y profundizar su control de la cadena agroindustrial, embolsando miles de millones en regalías que la ley actual les obstaculiza. Es fundamental que quienes vivimos en las grandes ciudades y pueblos podamos reconocer que lo que suceda con la Ley de Semillas no es sólo “un asunto del campo” sino que tiene impacto directo en la calidad de nuestros alimentos y en lo que pagamos por ellos.

Un año de maniobras

La modificación de la Ley de Semillas es un viejo anhelo de las trasnacionales semilleras como Bayer-Monsanto, Syngenta, Corteva, Basf o Bioceres, y es parte de una ofensiva mundial. Buscan terminar con el derecho de “uso propio” de las semillas por los agricultores, y profundizar su control de la cadena agroindustrial, embolsando miles de millones en regalías que la ley actual les obstaculiza.

Desde la convocatoria a la llamada “mesa de consenso” y la reactivación del tema en la comisión de agricultura de la cámara de diputados, hasta el dictamen que el oficialismo logró el martes 13/11 en el plenario de comisiones, hemos asistido a un rosario de maniobras para intentar darle una pátina democrática a la consumación de un saqueo. Empezaron por discutir las bases de una nueva ley de semillas con un selecto grupo de grandes jugadores del agronegocio, de espaldas a la enorme mayoría de nuestro pueblo; una vez acordado un borrador, montaron el circo de “escuchar a todas las voces” en la comisión de agricultura para después sacar de abajo de la mesa el texto negociado con las corporaciones como “síntesis” de un grupo variopinto de proyectos cuyos textos no tenían nada que ver entre sí. Hasta llegar al dictamen que fue tan desprolijo en su construcción y tan falto de verdaderos acuerdos que Cambiemos terminó firmando en total soledad.

Como dijimos: “una victoria a lo pirro”. Con la exclusión de “semillas” de las sesiones extraordinarias se confirma el fracaso de esta nueva embestida.

Cero a cero

De esta manera, en lo concreto, el partido por las semillas del 2018 termina como empezó. No obstante las corporaciones del agronegocio nunca habían llegado tan lejos en su intento de modificar la ley de semillas argentina. También es cierto que desde un grupo grande de organizaciones campesinas, de pueblos originarios y de la sociedad civil nos unimos e hicimos un esfuerzo enorme para plantearle al resto de la sociedad lo que está en juego.

Podríamos decir que en el fracaso de las empresas y el gobierno para modificar la Ley, se mezcla tanto la presión que las organizaciones populares hicimos adentro y afuera del Congreso, como las contradicciones que todavía anidan entre los distintos jugadores del agronegocio, y el correlato que todo esto tiene en las posiciones de los distintos bloques políticos.

Lo que viene, lo que viene: 2019

Las declaraciones de importantes voceros del oficialismo y de las corporaciones indican que el año que viene volverán a la carga para modificar la ley apenas comience el nuevo ciclo parlamentario. El dictamen sigue en pie, y por lo tanto es de esperar que la presión sobre los distintos bloques parlamentarios se intensifique en un año electoral.

Sin dudas este escenario expresará también el impacto de la crisis económica (¿y política?) en curso. En ese sentido la posibilidad contemplada de que los productores desgraven del impuesto a las ganancias “una vez y media” lo que paguen por regalías en las semillas, cuando trabajadores y jubilados sufren el descuento de sus haberes, debería dar qué hablar… En tiempos de ajuste y “déficit cero” que el Estado deje de cobrar impuestos para que las corporaciones embolsen miles de millones en regalías, debería ser un escándalo, que si no explotó en 2018 se debe exclusivamente al silencio que los grandes medios, socios del agronegocio, ejercen.

Para lo que viene las organizaciones del campo y la ciudad vamos a tener que ampliar y profundizar la unidad que construimos hasta aquí; buscando formas creativas de acercar este tema a la agenda cotidiana de millones de compatriotas. Es fundamental que quienes vivimos en las grandes ciudades y pueblos podamos reconocer que lo que suceda con la Ley de Semillas no es sólo “un asunto del campo” sino que tiene impacto directo en la calidad de nuestros alimentos y en lo que pagamos por ellos. Todxs comemos cada días (más o menos, mejor o peor) y seguramente estamos dispuestxs a defender cada bocado de nuestras familias: en 2019 vamos a tener que hacerlo.

Las semillas y la humanidad caminamos y evolucionamos juntas en los más de 10.000 años que tiene la agricultura; por eso decimos que son patrimonio de los pueblos al servicio de la humanidad y no pueden ser transformadas en mercancías de las que se apropien las multinacionales. De esto se trata. Depende de todxs nosotrxs.

Domingo 2 de diciembre de 2018

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