Herminia Severini, la mujer de fuego

En ocasión del cumpleaños de la Madre de Plaza 25 de Mayo de Rosario, Herminia Severini, compartimos dos textos que recuperan parte de la historia de militancia y entrega de esta entrañable mujer que falleció en septiembre de 2014.

Herminia Severini – Foto: Archivo Indymedia Rosario

La mujer de fuego

*Por Sofía Alberti

Esa vieja tiene fuego en las manos, pienso. El de la bandera roja me pone el trapo delante de la cámara y no logro sacarle una buena foto. Recién arranco a hacer estas coberturas periodísticas y me cuesta acomodarme. Pero esa vieja tiene fuego en las manos y un guardapolvo blanco en el cuerpo. La gente se agolpa, mataron a un maestro en Neuquén, el dolor es enorme. Y esa vieja tiene fuego en las manos y un pañuelo blanco en la cabeza.

Se para, marcial, ante la plaza llena. Corre abril del 2007. Su voz rasposa combina con la intransigencia de sus palabras. En cinco minutos cataloga de falsos montoneros a los kirchneristas y llama trastornadas a las madres que callan las violaciones a los derechos humanos en democracia por adherir al gobierno de turno. “Her-mi-nia, Her-mi-nia, Her-mi-nia”, corea la plaza y algunos rostros se incomodan. A la mierda que tiene fuego en las manos y furia en la voz. “Saquemos las armas, los muchachos de los huevos y nosotras de los ovarios”, dice cuando la marea verde aún es un charco. Esta vieja es de fuego.

Herminia Severini, Madre de Plaza 25 de Mayo de Rosario, nacía un 20 de marzo de 1926. Fue mi abuela del corazón, la amo y llevo conmigo nuestros debates hasta el día de hoy. Es difícil hablar de ella y correrme de un registro emocional, sensitivo. Hoy es su cumpleaños y pese a no estar físicamente, se hace presente a cada paso interpelando, golpeando mentes confusas e identidades políticas genuflexas.

Herminia, enfermera

La vieja tenía un carácter del demonio cuyo gesto se combinaba con la capacidad de pasar de la dureza del reto, al gesto entrañable del cariño en su mirada. Ciertamente no fue ser madre de Adriana lo que la empezó a hacer grande. Ella le hizo un paro a los 13 años a su propio padre, se divorció por incompatibilidad con su esposo cuando eso te transformaba en una puta, estudió enfermería y abrazó esa tarea con el mismo compromiso que todo lo demás, se peleó con las orgas partidarias y sindicales, mantuvo la casa, crió dos hijos y murió buscando a Adriana Bianchi, su hija desaparecida desde 1977.

La buscó sin cesar, lo hizo entre cadáveres apilados a punta de pistola rodeada de milicos que no la mataron de suerte. Lo hizo acompañando cada lucha por justicia social y de derechos humanos, sea por delitos de lesa humanidad, por ecocidio, por contaminación, por gatillo fácil. Todas las causas humanas le eran propias. Porque esa vieja tenía fuego en el corazón y esa llama la trasciende.

Se paraba ante auditorios de los 0 a los 90 años y podía empatizar con todos. Les pibes de las escuelas flasheaban con la Herminia, que les hablaba de la dictadura, la sexualidad, sus derechos, el respeto a sí mismos y al entorno, del amor por la naturaleza. Eso le valió el título de Maestra Honoris Causa y varios guardapolvos como símbolo de su tarea pedagógica. Porque esa mujer, obrera, enfermera, docente, luchadora, militante, tenía fuego en las ideas.

 La vi en rondas de piquete rodeada de obreros, a quienes alentaba y hacía chistes, abrazaba y cagaba a pedos. No iba de paso, se quedaba a tomar mate aún bajo la lluvia en medio del humo, iba y peleaba a los canas que custodiaban las fábricas diciéndoles que el desprecio a sus orígenes de clase ni siquiera les permitía comer, entonces tenían que vender sus espermas para sobrevivir (épocas en las que el tema fue noticia).

“La naturaleza nos ha preparado para ser mujeres, pero no para perder derechos”, dijo un 1º de Mayo en un histórico acto frente a la fábrica Mahle, tomada por sus trabajadores. “Sufrí siete despidos de sanatorios privados y aquí estoy con 83 años acompañando la lucha”, gritó entre aplausos y bombos. Herminia era una trabajadora y tenía fuego en sus convicciones.

Es difícil terminar estas líneas sin llorar. No es angustia. Quizá sí tristeza porque la coherencia no abunda y se extrañan sus gritos incorruptibles. Gritos con los que también discutí y jamás me negó esa posibilidad desde el afecto y el respeto mutuo. En esta lágrima hay un dejo de agradecimiento por haber podido ser testigo de parte de su paso por este mundo, al que sin dudas abonó a transformar en cada ser con quien hizo contacto.

Hoy es 20 de marzo y es el cumpleaños de la Herminia. La extrañamos. Pero esa vieja, nos dejó un fuego en el alma que ni las lágrimas, ni las balas, ni las defecciones de terceros, ni la injusticia, ni la impunidad lograrán arrebatarnos. Porque como ella decía: Hasta la Victoria, ¡Siempre!

*Sofía Alberti, periodista, comunicadora popular.


Foto: Virginia Benedetto

*Por María Luciana Pollola

No puedo, no quiero que se pase este día, es 20 de marzo y marzo es el mes donde las emociones, las mías están a flor de piel, hay fechas importantes para todo el mundo y las que solo son para mí…mañana es 20 de marzo y según las libretas y los soles, vos cumplirías años, un montón, no se sacar cuentas, no me gusta sacar cuentas.

Me quedan muchas cosas que no te dije, que nunca me salieron decirte cara a cara, porque siempre pensé que no quería quedar como ñoña, que me habías conocido fuerte, getona, tratando de conquistar el mundo pintando una pared, puteando en los tribunales o a algún policía o en una marcha. Al principio nos tanteamos de reojo como quien juega al truco y no descubre las mañas del contrincante, hasta que un día el saludo el beso duro un poquito más, el abrazo fue el de la nona que ya no tenia y el consejo que me faltaba, ese día me di cuenta de que esa vieja que con el bastón alzado y la geta abierta, podía ser la que me apachuchara en momentos complicados, la que le regalaba plata o golosinas a escondidas a la Nina y por sobre todas las cosas la que me y nos enseñó a no callar nada nunca, que las cosas hay que decirlas siempre y si se pueden gritar mejor.

Hoy te tengo más cerca que nunca no dejo de verte en una marcha rodeada de gente con el bastón ahí pidiendo paso, en las aulas de las escuelas hablando con los pibes, de refilón en esa ceremonia sagrada cuando te calzabas el pañuelo blanco en la cabeza, ese día en la puerta de tribunales, repito casi como para que mi mala memoria no haga estragos conversaciones sobre tal o cual, los consejos, algunos irrepetibles… No tengo fotos con vos, estas en todas con la Nina y yo embobada miro y vuelvo a mirar…. Hoy me permito esta ñoñada de decirte que te quiero que te busco en las fotos, que busco esos ojos y cuando los encuentro les digo te quiero siempre, en mi vos siempre Vieja.

*María Luciana Pollola, militante de derechos humanos.


ARCHIVO INDYMEDIA ROSARIO

5 de Abril de 2007 – Ver nota completa

25 de Marzo de 2010

  • Herminia, la vida de una Madre (Documental completo)

26 de Marzo de 2012

28 de Marzo de 2012

23 de Septiembre de 2012

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