Hace 25 años, los derechos indígenas adquirían rango constitucional

Sobre el cierre de la Convención que reformó la Constitución en 1994, los representantes de los pueblos originarios lograron la inclusión de la figura de preexistencia étnica y cultural. Sin embargo, los derechos indígenas aún esperan su reconocimiento.

11/08/2019

Para el sentido común de argentinos y argentinas, la reforma constitucional de 1994 sirvió para instituir la reelección presidencial y para establecer la consagración a través de los votos, del jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, hasta entonces sujeto a la designación del Poder Ejecutivo de la Nación. Fue consecuencia del Pacto de Olivos entre peronistas y radicales pero al mismo tiempo, el comienzo del fin del bipartidismo que había predominado en la Argentina desde mediados del siglo XX. Poco más para la percepción general… Pero para los pueblos indígenas, se trata de un antes y después.

Un cuarto de siglo atrás, transcurría el último día de deliberaciones para la Convención, que había sesionado en Santa Fe y Paraná, alternativamente, para honrar la tradición decimonónica. Casi contra reloj y ante la virtual desesperación de los 300 delegados indígenas que habían viajado hasta el Litoral, se trató la incorporación del hoy célebre inciso 17 del artículo 75. Aunque parcial, fue un triunfo en toda la línea. Desde entonces, corresponde al Congreso “reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos; garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería jurídica de sus comunidades y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano. Ninguna de ellas será enajenable, transmisible ni susceptible de gravámenes o embargos”. Breve pero sustantivo, innovador aunque moderado. Además y como siempre, la distancia entre la letra y los hechos, puede comprender abismos.

“25 años han pasado y todavía, con una realidad de incumplimiento de la Constitución, tan demandada en aquel momento”, balanceó Celia Rañil, activista mapuche que participó del proceso previo y defendió las demandas indígenas durante aquel invierno santafesino. Al comienzo, “tuvimos que prepararnos, porque veníamos de la negación de nuestra presencia. Sufrimos mucho, mucha persecución ideológica a raíz de nuestra identidad porque más de una vez, personalmente me maltrataron historiadores o escritores, que habían escrito tantas cosas de oído y no desde la realidad vivida. Como pueblos originarios, todavía nos denigraban como indios”, recordó.

Otro idioma

En 2019, hablar de preexistencia, de identidad, de interculturalidad o de propiedad comunitaria parece moneda corriente, no sólo en el vasto y polifacético movimiento indígena de la Argentina, sino también en municipios, Parques Nacionales, provincias y otros estamentos estatales. Pero en el clímax de los 90, podía equivaler a un idioma desconocido. Recuérdese por ejemplo, que 21 de los 305 convencionales constituyentes representaban al Movimiento por la Dignidad y la Independencia (MODIN), que orientaba el ex-carapintada Aldo Rico. Y cuatro a la Unión de Centro Democrático (UCEDE), de Álvaro Alsogaray. ¿Derechos indígenas?

Ante ese escenario, “tuvimos que unir fuerzas porque se venían reformas constitucionales en toda Latinoamérica y al ir buscando el lugar que nos correspondía en cuanto a derechos y garantías, unos lamngen (hermanos), Oscar Payahuala y Héctor Colihuinca, de Comodoro Rivadavia, se contactaron con otras identidades de Latinoamérica y se concretó un primer congreso donde participaron muchas personas”, rememoró Rañil, vecina de Caleta Olivia (Santa Cruz). “No fue fácil llegar y estar en ese ámbito, donde todos los que estaban como convencionales pertenecían a los partidos políticos de ese entonces, con unos Menem que eran más que racistas y jamás hablarían de pueblos originarios”, recordó.

Celia es la que sonríe con trarilongko

Al término de aquel primer congreso previo, en la ciudad petrolera, la mujer asumió la responsabilidad de continuar el camino que conduciría a Santa Fe. Adoptó esa decisión “por mi historia y la memoria de mis abuelos, abuelas, padre y madre y en sí, para que quedara para mis hijos, nietos y bisnietos, porque esa es la reafirmación que continuamos con firmeza”, señaló. “En esos procesos, nosotros fuimos creciendo junto a la nación mapuche, desde Neuquén hasta Tierra del Fuego -porque hasta en Tierra del Fuego hay mapuche- de ir tomando la fuerza de nuestro saber ancestral y posicionarlo. Fuimos los que nos organizamos y llegamos a todos los lugares”.

Rañil se diferenció de otras participaciones indígenas que se canalizaron a través de ENDEPA (Equipo Nacional de Pastoral Aborigen) y reivindicó la autonomía. “Yo salí de un congreso con todo el newen (energía o poder) y la fortaleza que uno recibe, en defensa de las culturas indígenas. Esa era el espacio que propició aquel congreso, para llegar con dos palabras que me marcaron: preexistencia y derechos imprescriptibles. Con la preexistencia teníamos que marcar el terreno de la política avasalladora que hubo para eliminarnos, ese fue mi proceso de construcción para llegar y estar frente a la reforma de la Constitución”, realzó.

Ser parte

Además de ENDEPA también participó la AIRA (Asociación Indígena de la República Argentina), “que traían a hermanos de Chaco y Formosa. Estaba el organismo que lideraba la doctora Nidia Apaza, la conocí en Comodoro en aquel congreso de culturas de los pueblos originarios. En ese momento, buscábamos ser parte de este país, legitimándonos a través de la Constitución Nacional, tuvimos que aprender rapidísimo todo lo legal y jurídico, lo que había en Latinoamérica, corroborar entre nosotros, estudiar y hacer el ejercicio de pararnos donde estábamos, cómo tenía que ser el avance. Todo eso propiciado por nuestros abogados indígenas, como Apaza. Después continuamos en contacto con ella y seguimos con muchas tareas, que tienen que ver con la reivindicación de los pueblos originarios. Con la AIRA siempre estuve enfrentada por sus formas y ENDEPA nunca se acercó, jamás”, cuestionó la mapuche, desde la provincia sureña.

Por parte de los sectores políticos, la indiferencia fue transversal a los signos partidarios. “Había muchos convencionales de Santa Cruz e inclusive de Caleta Olivia, pero ni siquiera me favorecieron con un pasaje, cuando necesitábamos hacer intercambio con los hermanos, ir y venir… Tampoco pude tener acceso a un hotel, nos alojamos en un cuartel del Ejército argentino con hermanas huarpes y guaraní. Hay mucho para contar”, deslizó la mujer, cuyo kupalme (linaje) completo es Rañil Nahuel Leuqui Namuncura Marifil Ñanco. Pertenece a la comunidad Willimapü (Territorio del sur).

En la prensa del ’94

Era previsible: “los Menem nos negaban el reconocimiento de nuestros derechos, tuvimos que ser sutiles, estratégicos y después, lograr en el último día, que se aprobaran nuestros derechos como pueblos indígenas. También faltaban los derechos de los niños. Estábamos en esa puja, ¿cuáles se iban a tratar? Nos amenazaron con que los nuestros no se iban a tratar, hasta el último día fue de incertidumbre”, revivió Rañil.

Ante ese panorama, “todo fue cuestión de estrategias nuestras. En primer lugar, a través de interpretar la letra y hacer que los nuestros la interpretaran, desde nuestra fundamentación primaria y primera: nuestra cosmovisión. Desde ese lugar, tratamos de que algunos hechos se transformaran en ley, por ejemplo, intervenir en los planteamientos políticos desde la identidad a la cual muchos pertenecemos: el pueblo mapuche. Nos organizamos en nor ngulam tuwün (consejo justo) primero, después fuimos haciendo foros y fortaleciéndonos en cuatro temáticas fundamentales: personalidad jurídica y no personería; interculturalidad, no sólo desde el idioma sino desde un planteamiento político de los pueblos indígenas; biodiversidad, lo que tiene que ver con lo que hoy llaman recursos naturales; y territorios, para avanzar sobre eso que justamente, no se resuelve hasta el día de hoy. Ahí está todavía el eje de la negación”, entendió.

La lucha sigue

25 años después de las jornadas santafesinas, “permanecemos en esa lucha. Dejamos nuestros hogares, nuestras familias, nuestras vidas cotidianas y nos esforzamos para estar en el lugar que corresponde hasta el día de hoy. Mi consejo es que se aferren a lo que está y que lo den vuelta, como lo hicimos nosotros como mapuche, porque fue lo que hicimos todo el tiempo. Cuando estábamos ahí no era solamente la palabra castellana, era nuestro pensamiento mapuche en castellano, entonces logramos esto. Espero que no sea solamente un papel, sino que sea para llevarlo a la práctica”, anheló.

Rañil en la actualidad

El balance no es muy alentador. “Hoy tenemos desaparecidos y gente encarcelada por la negación de lo legal, de lo jurídico, de los derechos y garantías que tenemos como pueblo preexistente a los Estados. Argentina se construyó sobre una idea europea y propiciaron que los mejores espacios quedaran para la sociedad que vino de afuera, se denominaron criollos al principio pero sabemos que son terratenientes que invadieron nuestro territorio, que nos saquearon, violentaron y asesinan. Eso está vigente en mi familia, la historia nuestra es de despojo y desalojo. Mi padre, el longko Ambrosio Rañil, con sus 94 años recuerda cómo era la alimentación en el lugar donde él vivía junto a su familia. Hoy le pertenece a los más ricos de Neuquén, que son gobierno y son los poderosos. No es casual que los hayan sacado… Eso fue lo que me hizo levantar como mujer heredera de esta cultura, tan rica, tan sabia, tan sana, invadida por tantas mezquindades, asesinatos y mentiras. Hoy soy una mujer grande, pero mi lucha no finaliza aquí”, concluyó Rañil. El mandato constitucional aún aguarda obediencia.

Fuente: https://www.enestosdias.com.ar/4015-hace-25-anos-los-derechos-indigenas-adquirian-rango-constitucional

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