Cuando la muerte no sólo es violenta e injusta sino también racista

El 7 de febrero se cumplieron 3 años de la muerte de Eugenio Fernandez, abuelo de nuestra compañera Lisette Fernandez.

08/02/2020

El fue un cacique que fundó la comunidad Toba Yectakay (poder y fuerza) y luchó por los derechos de sus integrantes, además luchó con el dolor de los femicidios de su nieta y su hija, hermana y madre de Lisette.

Se enfrentó a todo, con su edad y sus problemas de salud. Hoy lo que más duele es que se haya ido sin conseguir la verdad y justicia por las que tanto luchó y donde dejó todo de sí.

Hoy es Lisette la que lucha por conseguir justicia por Micaela y por Nancy. Ella nos dice: “no puedo rendirme sin conseguir justicia, hoy, ese es mi único deseo.

El respeto es primordial entre las comunidades indígenas y entre sus integrantes. El respeto hacia la mujer es fundamental.

Mi abuelo denunció que esto pasó por el abandono y discriminación de la sociedad.”(refriéndose a ambos femicidios)

Eugenio Fernández de alrededor de 80 años, era qom, vivía desde joven cerca del cruce del arroyo Las Tunas con la vieja ruta nacional 9 en El Tigre.

El estaba de luto por partida doble, habían asesinado a su nieta de 14 años, víctima de trata, y a su hija de 38, quien denunció la trama, amenazas, inacción de los funcionarios y connivencia policial.

El caso podría encuadrarse en uno más de narcopolicías y trata de niñas y adolescentes pero está atravesado por la condición de indígenas de sus protagonistas. En febrero del 2013, la nieta de Eugenio, Micaela, de apenas 14 años, apareció muerta en la casa de un conocido y temido “transa” (vendedor de droga) y proxeneta de La Paloma, el “Pato Cenizo”. El hombre tenía como testigos del “suicidio” de la menor nada menos que a un puñado de policías, que incluso se encargaron de ir a informar a su madre de la terrible novedad.

Contaban Eugenio y Nancy: “Cuando fuimos al velatorio vimos la mano, la cara, la boca, toda golpeada, ensangrentada, el pelo cortado, todos moretones como si fuera que le están pegando mientras que la autopsia dice que se mató. Y no es así. No coinciden”.

Al poco tiempo Nancy, madre de Micaela y Lisette, fue encontrada muerta en su cama semidesnuda, boca abajo y con los brazos en cruz. Ella sobrevivió un año y un par de meses el calvario de golpes, amenazas, y cárcel tras la muerte de su hija. Cuando fue raptada por el Pato Cenizo intentó vanamente recuperarla. La misma niña le dijo “mami, me trajeron un montón de hombres, que me hicieron cosas que no te puedo decir. Me cortaron el pelo, me hicieron de todo”.

Nancy había denunciado públicamente al mencionado proxeneta y a los policías. “Le grité que soltara a mi hija y él me agarró y me apuntó con un arma en la cabeza. Como no salió el tiro me pegó con la culata. Me dijo que me iba a prender fuego la casa si mi hija se alejaba de su casa. Cuando vino la policía, me llevaron detenida a mí. Pasó el tiempo y a mi hija la mataron de un tiro en la cabeza”.

También contó el trato dentro de la comisaría y qué le dijo el subcomisario José Ríos, jefe del destacamento de Las Tunas: “India de mierda, negra de mierda, acá las órdenes las doy yo y a Cenizo lo banco yo”.

Eugenio contaba que al indígena no le dan trabajo, entonces cómo iban a estudiar los hijos, cómo iban a vivir, si no le dan trabajo: “Siempre nos ponen peros para todo.”

Eugenio Fernandez el Cacique Quom murió sin encontrar la justicia deseada y el respeto hacia las comunidades de los pueblos originarios.

Hoy Lisette lo recuerda con mucho amor y lucha por conseguir justicia por Micaela y Nancy.

Fuente: Atravesados por el femicidio

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