Danzas indígenas: bailar para reivindicar la cultura ancestral

La siembra, el tejido, la cosecha y el pastoreo son solo algunas actividades ancestrales que dieron lugar a diversas danzas indígenas. Aunque algunas se fueron perdiendo con el tiempo, Amankay Wiñay (Amy Wiñay) propone reivindicarlas en la actualidad a través de un taller de danzas originarias.

Con un parlante Bluetooth, protocolos sanitarios y mucha energía, Amankay espera a sus alumnxs en la esquina de la plaza Vuelta de Obligado cada domingo de por medio. Una vez allí, se forma una ronda y comienza la experiencia que llena de orgullo, pertenencia y alegría al barrio porteño de Parque Patricios.

Licenciada en Folklore, aymara y con 25 años, Amakay (Amy, para su gente) cuenta que la idea de lanzar un taller de danzas originarias surgió a partir del aliento de su familia y amigxs quienes la impulsaban a que de un taller o clases de danzas andinas/bolivianas en un lugar abierto para poder bailar y compartir. “En enero de este año pude empezar a concretar la idea donde la propuesta es aprender danzas de las diversas regiones de lo que hoy se conoce como Bolivia”, comenta.

El propósito de la iniciativa es “difundir el arte de la danza a toda la comunidad, reivindicando la identidad cultural de cada una de ellas y su proceso de lucha por ser reconocidas en espacios culturales que son elitistas para lograr que puedan ser bailadas en distintos ámbitos”.

Asimismo explica que “cada danza representa a una cultura, proyecta e interpreta actividades rutinarias ancestrales como la siembra, el pastoreo de llamas, la actividad de lxs hilanderxs o rituales milenarios como el Tinku. Ellas interpretan el carácter alegre de una comunidad, el enamoramiento, el festejo o el espíritu guerrero de una cultura”.

Hasta ahora, quienes participaron de las clases tuvieron la oportunidad de aprender cuatro tipos de danzas: Toba, Llamerada, Kullawada y Jalq’as. Y la propuesta es continuar con danzas que se popularizaron en el ámbito urbano y en diversas regiones.

¿Qué representan estas cuatro danzas?

A través del baile se puede observar una herencia milenaria que refleja la identidad de cada pueblo indígena. El danzar tiene tantos sentires como ritmos: es pasión, ceremonia, lucha, pertenencia, festejo de buena cosecha y también es despido de seres queridos.

Enseñar un baile ancestral consta de dos pilares fundamentales: uno de ellos abarca la explicación de los pasos con sus respectivos movimientos y posturas corporales, para poder hacer un buen zapateo o para poder representar la acción de un sembrado a partir de un balanceo de los brazos. El segundo elemento vital es la transmisión del significado de aquel baile, contar su origen, su carácter de alegría o de lucha; transmitir la cultura ancestral.

La danza de los Tobas, por ejemplo, nace en Bolivia como danza folklórica interpretando el espíritu guerrero de las naciones indígenas de la Amazonia, mientras que la Llamerada es una danza Aymara, que proyecta en sus movimientos las hondas del pastoreo de las llamas. Por su parte, la Kullawada tiene su origen en Ciudad de La Paz (Bolivia) y, con sus ruecas, interpreta el movimiento de lxs hilanderxs y tejedorxs aymaras. Finalmente, los Jalq’as, traen una danza de carácter alegre que representa la actividad de la siembra en las comunidades quechuas agrícolas de Oropeza (Chuquisaca) y Chayanta (Potosí).

Traer estas tradiciones a la urbanidad de la Ciudad de Buenos Aires, brinda la posibilidad de que muchxs jóvenes de raíces indígenas que crecieron alejados de las tradiciones ancestrales, puedan tener un acercamiento a su cultura originaria y reconectarse con ella. Amankay hace hincapié en la importancia de una visibilización y explica que “mediante el arte reivindican su identidad, se reencuentran con sus orígenes. El vaciamiento de contenido es algo muy frecuente en la cultura hoy en día, por lo que reconocer y resignificar el arte de la danza desde un enfoque identitario es una postura que decido tomar y compartir. El arte es una herramienta de posicionamiento cultural, político y es sumamente fundamental para el proceso de reivindicación identitaria”.

Si bien el taller está destinado a personas con raíces indígenas, es un espacio abierto a todo el público en general, donde pueden participar a cualquier edad y género. Aunque no es necesario abonar un arancel por las clases, al finalizar las mismas Amy deja un sombrero para que sus alumnxs puedan colaborar con la suma de dinero que deseen o dispongan.

“Me pone muy contenta de que hermanxs indígenas vengan a aprender, compartir y disfrutar las danzas. Poder conectarnos con nuestras raíces a través de la música y la danza acá en la ciudad es realmente emocionante, y el danzar al ritmo de la música que nos transporta a la tierra de nuestrxs abuelxs y nuestros ancestrxs es un sentimiento único”, finaliza.

Fuente: https://www.facebook.com/telesisamedio/posts/279519223643416

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