Voto bronca en las PASO 2021: derrota del gobierno nacional

Sorpresivo, extendido y contundente, así fue el revés que sufrió el Frente de Todos en casi la totalidad de los distritos electorales del país en las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias. Los votos fugaron a derecha e izquierda, que se constituyó en la tercera fuerza nacional, dato opacado por la ola amarilla que cubrió el país y el huevo de la serpiente que crece en CABA.

Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa.

Una vez más las encuestas y bocas de urna se equivocaron hasta el último minuto en prever los resultados que dejaron tras de sí las PASO 2021.

Ni propios ni extraños preveían para el Frente de Todos una derrota tan generalizada a nivel nacional, ni resultados tan malos en territorios históricos para el peronismo como la Provincia de Buenos Aires y en particular, el conurbano bonaerense.

Mientras el impacto dejaba en shock y sumido en un silencio de horas al búnker en Chacarita, todo era euforia para los cambiemitas que hicieron campaña hasta el último día proponiendo profundizar la precarización laboral y eliminar la indemnización por despido.

El principal derrotado fue el gobierno nacional: el Frente de Todos perdió en 17 de los 24 distritos del país.

En la Ciudad de Buenos Aires Juntos por el Cambio duplicó en votos al Frente de Todos. En esta jurisdicción, el ultraderechista Javier Milei obtuvo alrededor del 13% de los sufragios.

En la Provincia de Buenos Aires (37% del padrón nacional) la diferencia entre las dos listas de Juntos (38.02%) y la única del Frente de Todos (33.62%) fue de alrededor de 350.000 votos.

Fue derrota esperada en las provincias de Córdoba y Mendoza, e inesperada en Entre Ríos y Santa Fe.

Sufragó cerca del 67% de los habilitados, un número alto para tiempos de pandemia y que contradijo numerosas predicciones de alto ausentismo.

Gráfica de campaña del Frente de Todos.

Hambre y promesas incumplidas

Después del primer impacto de los números empezaron a circular una y mil versiones para la derrota: en los estudios televisivos, en los pasillos de los búnkeres y en el debate de las redes sociales. Desde el marketing descafeinado de una campaña oficialista “duranbarbista” pero sin globos ni alegría, el deterioro del liderazgo del presidente marcando como punto de inflexión el retroceso con Vicentin, la foto del cumpleaños de Fabiola Yañez, la presencialidad en las escuelas o hasta algún intento de criticar la aprobación de la ley del aborto legal. Muchos dedos se levantaron buscando culpas y responsables.

Pero entre la confusión y el enojo, una fuente de desolación palpable entre peronistas y progresistas en la noche profunda del domingo era el mapa del país pintado de amarillo PRO que reflejó el fortalecimiento de las derechas conservadoras y neoliberales.

Puede plantearse que el voto hacia el posmacrismo no es una recompensa hacia una fuerza que viene de cuatro años de gestión horrorosa a nivel nacional y provincial, y muchos más en CABA, sino la expresión coyuntural del reclamo por las expectativas incumplidas de un Frente que ganó en 2019 prometiendo revertir la pauperización macrista de la vida. Y eso no ocurrió. El asado que volvía y no volvió.

Y nada importa citar a la pandemia y la crisis económica y social que generó a nivel global. Quien sufre el deterioro de sus ingresos hace años requiere respuestas acá y ahora, y nada le importa que la caída en Europa haya sido igual o peor, o que en Estados Unidos hubo 40 millones de desocupados el año pasado o 750 mil hogares estén a punto de ser desalojados hoy.

No se puede culpar a quien sufre de hambre y desempleo de derechizarse, el hambre es un reclamo “pre-ideológico”, comentaba con amargura Roberto Navarro a su panel de El Destape en los últimos minutos de su cobertura de las PASO. Y el mercado político no tiene ofertas ilimitadas, consideraba por su parte el periodista Marcelo Falak. “El voto por el posmacrismo es, simplemente, el voto por la alternativa disponible, independientemente de sus méritos, evidentemente discutibles”, señalaba.

El sistema de medios hegemónicos, intocado por el Frente de Todos, que construye un presente perpetuo y actúa miméticamente con esa oposición, contribuye también. Pero no explica el resultado.

El descenso electoral en el conurbano

Anoche, el clima de discreto festejo que predominaba en el Frente de Todos se congeló cuando se conocieron los primeros resultados de la Provincia de Buenos Aires, epicentro de la confianza electoral del oficialismo.

Axel Kicillof.

Tras la confirmación de la mala actuación del peronismo en bastiones históricamente propios como la tercera sección electoral, el sur del conurbano, en donde apenas sacó ocho puntos por sobre Juntos, se supo que no iba a alcanzar para compensar el amplio margen de 20 puntos que sacó la oposición en la primera, que abarca zona norte y oeste, relevó la periodista Gimena Fuertes.

En Almirante Brown cosechó 15 puntos arriba, en Avellaneda un 8%, Berazategui casi 10 puntos, Florencio Varela unos 18, pero en Quilmes la derrota fue contundente ya que el FdT sacaba un 35% mientras que la oposición logró un 42%. En La Matanza el triunfo fue del 50% por sobre el 28%.

El gobernador Axel Kicillof había seguido la jornada con llamadas telefónicas permanentes con intendentes y referentes territoriales para intentar tomar el pulso de los distritos. Hasta que dejó la residencia oficial, poco antes de las 20, nada hacía pensar en una derrota.

Ahora en el gobierno provincial predomina la autocrítica, registra el cronista bonaerense José Maldonado: dicen que hay que sacar “todos los fierros” a la cancha para revertir el resultado en noviembre. “Hay que hacer todos los esfuerzos que estén al alcance. La reactivación no llegó a todos los sectores, no podemos confiar en eso solo. Desde la Provincia lo vamos a hacer, con los pocos resortes que tenemos. Hay que darle a la sociedad lo que nos está pidiendo”.

Izquierda trotskista

Entre quienes festejaron ayer se contaron los tres partidos fundadores del Frente de Izquierda y los Trabajadores (actual FIT-U), el PTS, el PO e Izquierda Socialista, que se impusieron en la interna por sobre el MST y lograron en esta PASO su objetivo declarado de ser la tercera fuerza a nivel nacional, con el mejor resultado en CABA y en Provincia de Buenos Aires desde su conformación.

Myriam Bregman.

El dato sobresaliente lo obtuvo en Jujuy, donde sacó más del 23% de los votos. También consiguió buenos resultados, aunque lejos de esa performance, en otras provincias como Neuquén, Chubut, Santa Cruz y Mendoza.

Pero la decisión anunciada desde el propio slogan de campaña de constituirse en tercera fuerza del régimen deja cada vez más difusa la ya borroneada capacidad disruptiva de una izquierda que cada vez enuncia menos su carácter de revolucionaria.

Ese lugar disruptivo se lo están apropiando otros espacios, fenomenal campaña publicitaria mediante.

Derechas eufóricas

Mientras el ex presidente Mauricio Macri se abrazaba a los resultados y le decía a Jorge Lanata que los jueces tenían que escuchar el veredicto de las urnas, con su interés dividido entre lo electoral y su propio frente judicial, no es tan claro quién termina de consolidarse en la interna cambiemita en particular y en la de las derechas en general.

Los resultados no dejaron de sorprender a los socios de Juntos por el Cambio por la magnitud de la derrota que afrontó el oficialismo, y prometen dejar en pausa, por ahora, los gestos más violentos de la disputa por el poder dentro del espacio.

Facundo Manes y Diego Santilli.

Rodríguez Larreta quedó empoderado por el éxito del enroque que promovió entre Vidal y Santilli, pero también tuvo lo suyo la titular del PRO, Patricia Bullrich, convocada a mitad de campaña como dique de contención del voto duro, y por extensión su socio interno Mauricio Macri, que no se resigna a haber sido y ya no ser.

Esos dividendos dejan a la ex ministra en otro lugar dentro de la contienda silenciosa que sigue latiendo dentro de Juntos por el Cambio. La UCR continúa en un segundo plano en la disputa, con un candidato inventado en un par de meses en Provincia y que básicamente no dice nada, pero que logró más de 15 puntos. Gerardo Morales y Alfredo Cornejo también afinan el lápiz.

Pero además, los resultados de anoche marcaron la irrupción de un nuevo eje discursivo de la derecha argentina, que va del “terraplanismo” ultraneoliberal del economista mediático Javier Milei al decidido negacionismo del ex ministro radical Ricardo López Murphy, y cuya cosecha de votos es considerable, por lo menos en la Ciudad de Buenos Aires.

Milei consiguió un 13,65 por ciento mientras que en Juntos por el Cambio, aunque lejos de Vidal, López Murphy consiguió el 11,24% del total de votos de la Capital. Es decir que uno de cada cuatro porteños optó por candidatos que expresan posiciones que están a la derecha de Cambiemos, si entendemos por esta marca el programa político del anterior gobierno, señaló el periódico autogestionado Tiempo Argentino.

En este cuadrante no le fue tan bien al macrismo “puro”: el candidato de Macri en Córdoba, Mario Negri, perdió contundentemente la interna, mientras que en PBA, Santilli sin Manes hubiera hecho una pobre elección, y ahora todos sacan cuentas para ver hacia dónde van esos votos, como con López Murphy en Capital.

Un dato que muchos medios suelen omitir al hablar de la “nueva” ultraderecha, que finalmente logra hacer pie en Argentina, es que se trata de un fenómeno global con epicentro en Estados Unidos.

Hace años que la corriente que cuenta entre sus impulsores a Steve Bannon, el ex-gurú de la alt-right y Donald Trump, intenta reproducir en nuestro país el fenómeno que se inició en la nación norteamericana con los hermanos Koch y el Tea Party.

Hablar de ello implicaría también hablar de la Atlas Network, la amplia red de fundaciones ultraliberales ligada a la NED (National Endowment for Democracy) y la cañería de financiamiento -esas horas televisivas no se pagan solas- con la que vienen alimentando a un archipiélago de economistas conservadores entre los cuales, ayer, finalmente logró consolidar una pole position Milei.

La relación entre medios y economistas ultraliberales en nuestro país es tema para otra nota, o un libro, pero vale señalar que Javier Milei es el economista que más horas acumuló en televisión en 2018, por ejemplo.

Esas horas de filmación luego son recortadas y reutilizadas para posicionar contenido en YouTube, Facebook Watch y otras redes sociales, donde también se invierte para promocionar su visualización. Todo eso cuesta, y mucho: en 2019 una nota en un programa televisivo del montón de un canal de noticias porteño costaba su buen par de cientos de miles de pesos. Está claro que los medios no hablan de esto, entre otras cosas, porque haría caer ante su audiencia la ilusión de que a los entrevistados se los invita porque tienen cosas interesantes que decir.

No es así en todos los casos, de cualquier forma. Por ejemplo, al futuro Diputado de la Nación Martín Tetaz es dudoso que le cobren para salir en los medios del Grupo Clarín: trabaja para ellos.

Martín Tetaz.

¿Reaccionará el gobierno?

La de ayer se suma a la larga lista de derrotas de los oficialismos en pandemia en todo el planeta. Claro que mal de muchos, consuelo de tontos…

Mientras algunos periodistas del sistema se apuran en cantarle el réquiem al peronismo, una vez más (y van), el Frente de Todos tiene el músculo del Estado para buscar, cuando menos, empardar el resultado.

No sería la primera vez que un oficialismo logra dar vuelta un mal resultado en las PASO: en 2017, el gobierno de Mauricio Macri, tras demorar el escrutinio para enturbiar la difusión de la victoria de Cristina Fernández, desplegó un operativo de créditos de ANSES -1.534.004 préstamos, además de otros 867.660 para jubilados y empleados en relación de dependencia- que el periodista Alejandro Bercovich bautizó entonces como el “chori financiero”: “Fue como si cada día hábil entre las PASO y las generales hubiese llenado un estadio con 35 mil personas para entregarle un promedio de 10 mil pesos a cada uno”. Y logró revertir el resultado.

Si, en cambio, el FdT vuelve a perder en noviembre, tampoco sería una novedad: desde 2005 el peronismo no logra una victoria en las elecciones de medio término.

Sin embargo, el dato no es la derrota en sí, sino la extensión y contundencia del resultado, que deja una profunda incertidumbre sobre lo que podrá lograr el gobierno en los próximos dos meses.

La gravedad de la crisis social no puede seguir siendo subestimada: es tan profunda que cabe destacar, como dato en sí mismo, que el malestar se expresó en votos y no en estallidos populares como en Colombia, Perú o Chile. Eso puede tener un poco que ver con un presidente que a diferencia de Piñera (18%) o Duque (23%) conserva, tras la foto de Olivos, un 46% de imagen positiva (datos CELAG). Y mucho que ver con una valoración de la democracia formal post 1983 de parte de un pueblo cuya memoria histórica incluye la fenomenal lucha contra la dictadura cívica-eclesiástica-militar y el juicio y castigo a los genocidas.

Tradición democrática y memoria histórica que hay quienes están muy interesados en erosionar.

Estas PASO dejan peligrosamente fortalecidos a partidos de una oposición de derecha cuyos máximos referentes ayudaron a planificar y ejecutar un Golpe de Estado, el de Bolivia, y están atentos a la fuga de votos de su núcleo duro hacia una “nueva” derecha que proclama su presunta supremacía genética y es tan negacionista de derechos y diversidades como de las vacunas y el calentamiento global.

¿Reaccionará el gobierno?

¿Y qué nos corresponde al resto?

¿El avance del fascismo es un tema que deberíamos dejar sólo en manos del gobierno?

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