Cuadernos Biodiversidad: El universo y la semilla en el surco

https://www.biodiversidadla.org/

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Compartimos nuestro octavo cuaderno Biodiversidad en Defensa de las Semillas donde lxs invitamos a recorrer varias experiencias de recuperación  y de resistencia activa ante el despojo de nuestras semillas.

Con este cuaderno, titulado “El universo y la semilla en el surco”, compartimos algo que seguía pendiente desde que iniciamos esta serie hace ya más de dos años. Las experiencias de recuperación propia, individual, colectiva y de resistencia activa ante el despojo de nuestras semillas. Experiencias que desde el centro mismo de su experiencia, van creciendo y autogestionando su horizonte de acción.

Como decimos en la introducción de este cuaderno, “por toda América Latina los pueblos originarios, las comunidades campesinas y los movimientos sociales implementan estrategias y acciones en torno a la defensa de los territorios, de los ámbitos comunes de la biodiversidad, de los medios de sustento y la soberanía alimentaria”, siempre asumiendo la complejidad en la que están metidas estas experiencias.

Incluyen acciones de movilización social, resistencia, desobediencia frente a políticas públicas regresivas y frente a modelos productivos insostenibles, construyendo a la vez alternativas comunitarias.

Resumimos entonces algunas experiencias, atisbos nada más, de millares de experimentos e intentos en todo el continente y en otros también. No guardan un orden, y a veces son testimonios aislados, pero tejen una urdimbre que tarde o temprano tejerá otro cielo y otra tierra, otras aguas y otros bosques para nosotras, nosotros.

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– Te invitamos a descargar el cuaderno #8, haciendo clic en el siguiente enlace:

El universo y las semillas …

(2,96 MB)

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Colectivo de Semillas y la Alianza Biodiversidad en América Latina
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fuente: https://www.biodiversidadla.org/Agencia-de-Noticias-Biodiversidadla/Cuaderno-Biodiversidad-8-El-universo-y-la-semillas-en-el-surco

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transcripciòn para versiòn lectura directa y ediciòn sencilla 

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EL UNIVERSO Y LA SEMILLA EN EL SURCO
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Experiencias de recuperación propia,

individual y colectiva y de resistencia activa

ante el despojo de nuestras semillas

A la memoria de nuestro hermano,

compañero y amigo Carlos Vicente.

Su labor de sembrador, y su ser de semilla,

nos seguirán siendo vitales siempre.

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Por toda América Latina los pueblos originarios, las comunidades campesinas y los movimientos sociales implementan estrategias y acciones en torno a la defensa de los territorios, de los ámbitos comunes de la biodiversidad, de los medios de sustento y la soberanía alimentaria, enmarcadas en complejidades y contextos políticos y socioeconómicos particulares. Incluyen acciones de movilización social, resistencia, desobediencia frente a políticas públicas regresivas y frente a modelos productivos insostenibles, pero también construyen alternativas comunitarias. Estas acciones se expresan con luces y sombras, avances y fracasos, nuevos retos para la defensa de nuestros ámbitos comunitarios de biodiversidad. Este cuaderno resume algunas experiencias, atisbos nada más, de millares de experimentos e intentos en todo el continente y en otros continentes también. No guardan un orden, y a veces son testimonios aislados, pero tejen una urdimbre que tarde o temprano tejerá otro cielo y otra tierra, otras aguas y otros bosques para nosotras, nosotros.
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El indispensable papel de las mujeres. Dicen Claudia Korol y Marielle Palau: “Somos las mujeres las que estamos defendiendo los territorios. Las mujeres tenemos que tener el poder de decisión de qué es lo que queremos, qué es lo que queremos comer, qué semillas plantar y cuáles no. Para que la lucha sea sólida tiene que contar con la participación de las mujeres, y no podemos hablar de las semillas sin tener un pedazo de tierra. La defensa de las semillas nativas y criollas, implica necesariamente la lucha por la tierra y los territorios, la lucha por el agua, por la alimentación saludable. Las mujeres campesinas hemos sido históricamente las que sustentamos la economía familiar, la alimentación. Salir de la casa siempre es un hecho político. 
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Hasta hoy para las mujeres es un desafío enorme salir a las ferias, un espacio de socialización en el que además de generar algo de ingresos que les permita cierta autonomía, también les permite politizarse, compartir con otras compañeras, compañeros”.
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Casas y custodia de las semillas. También son claves las casas de semillas criollas, diferentes de los bancos de semillas, que centralizan semillas de todos lados y controlan, como los bancos, la gestión de las mismas. Las casas de semillas criollas buscan ser “espacios de trabajo organizado y rescate, multiplicación, mejoramiento y conservación de las variedades existentes en las comunidades y en la región”. Identifican variedades de semillas existentes y quién las produce, mantienen reservas de semillas, y las almacenan en condiciones adecuadas, conservando semillas por tiempos más prolongados, devolviendo semillas a quien las guardó en la casa, intercambiando semillas entre las y los integrantes y con otras personas, y hasta comercializar excedentes de semillas a otras comunidades, y regiones”. Esta visión comienza a florecer en Brasil entre la gente del Movimiento de Pequeños Agricultores de Brasil, pero también en Colombia, en Centroamérica e incluso
en regiones de Ecuador.
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Otra idea, como en México, es que las comunidades muchas veces prefieren tener las semillas repartidas en las casas de quienes las han cuidado por siglos, para que la reserva siempre sea móvil y diversa y cada familia se vaya haciendo cargo de su legado.
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Circuitos cortos de comercialización Los circuitos cortos o mercados locales, posibilitan las relaciones de proximidad: quienes producen venden en la cercanía y quienes compran son conscientes de la naturaleza “local” del producto. También pueden impulsar y defender las tiendas locales que promueven la venta de productos frescos, regionales o fomentar los mercados organizados entre comunidades y asociaciones campesinas de productores y productoras. Por lo general son productos agroecológicos, libres del uso de agrotóxicos, o en el camino de limpiarse del uso de fertilizantes y plaguicidas. La lucha por re-establecer los circuitos cortos de intercambio y mercadeo también es una lucha concreta contra la cadena de intermediarios y las grandes transnacionales minoristas, sean supermercados o tiendas de conveniencia, que buscan imponer (sobre todo estas últimas) un control sobre el punto de venta, imponer una disponibilidad de los alimentos, al grado de controlar el acceso a muchísimos productos, lo que perjudica la alimentación pero también la nutrición de las poblaciones. Esto promueve el universo de los comestibles procesados en contra de los alimentos frescos. El sentido profundo de los circuitos cortos es volver a promover comida fresca, disminuir el consumo de alimentos procesados y todo el largo circuito de transporte que contribuye a extremar el calentamiento global en el planeta.
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Desde Europa, en Ginebra, Suiza, Le Jardin des Cocagne busca subvertir la relación entre quienes “producen” y quienes “consumen”. Quienes llevan adelante este proyecto afirman que comprar y vender comida entre quienes producen y quienes consumen deja intacta la relación opresiva del trabajo y el carácter insuficiente del
salario, pero sobre todo, la distancia entre quien produce y quien consume, como si no fueran parte de un mismo proceso.
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Por eso, en las inmediaciones de Ginebra comenzaron un proyecto de labores creativas con personas a las que no tomaron como compradoras de su “mercancía” sino como gente asociada de una cooperativa común para gestionar y recibir alimentos. Así, lo que se aporta es dinero para ayudar a la producción, o trabajo. La diferencia obvia es que cuando hay más alimentos la gente recibe más, y cuando se arruinan las cosechas la gente asume el riesgo junto con quienes producen. Quienes no pueden colaborar con dinero ayudan en la producción semanal de lechugas, coles, colecita de bruselas, tomate, papa, hierbas finas, pepinos, aceite, trigo y miel. Lo importante aquí es que no haya esa distancia entre productores y consumidores sino un compromiso mutuo. La gente del proyecto, extiende este mismo trato (una industria en pequeño con relación directa con sus posibles compradores) a quienes producen herramientas. Proponen entonces consejos regionales que en realidad son proyectos autonómicos de los poblados aledaños que enfatizan las asambleas como máxima autoridad.
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La Red de Mercados Agroecológicos Campesinos del Valle del Cauca (RedMAC), en Colombia, es una organización agroecológica que asiste a 12 mercados campesinos y agroecológicos en 9 municipios del Departamento del Valle del Cauca (Cali, Palmira, Buga, Tuluá, Restrepo, Dagua, Guacari, Andalucia y Sevilla). Los mercados son abastecidos con sus productos semana a semana, por más de 350 familias agricultoras, cuyas fincas están ubicadas en 23 municipios del Valle y del norte del Cauca. Con mucho más que 10 años de vida funciona por acuerdos de voluntades y una Junta Directiva.
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Cuenta con una asamblea de dos delegados de cada mercado. La Red es un espacio para construir propuestas que mejoren las condiciones de trabajo y de vida de la gente productora en su acceso a mercados locales, contribuyendo así al abasto de productos sanos que beneficien la salud. Promueve la producción diversificada de alimentos sanos, la autonomía alimentaria de las familias y el trabajo con jóvenes para incorporarles en la recuperación de la agricultura.
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Escuelas y proyectos educativos. La creación de los Institutos Agroecológicos Latinoamericanos (IALA), ocurrió en un momento de empuje de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) y La Vía Campesina. Las escuelas se posicionaron para la movilización buscando frenar a la OMC y sacarla de la agricultura, proponiendo otro modelo de producción basado en la agroecología. Estos espacios están dedicados a la agricultura campesina mediante una metodología de “campesino a campesino” con lineamientos de una educación popular, con una propuesta integral de formación para la participación, el desarrollo de “incidencias que construyan una nueva cultura política en América Latina”.
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En cada región o país se organiza con el nombre del IALA, el primero se denominó Instituto Universitario Latinoamericano de Agroecología “Paulo Freire”. Años después la CLOC-Vía Campesina expandió la experiencia en varios países para adecuarla a las características de la región y de los pueblos originarios. Doce años después, la CLOC-Vía Campesina mantiene por lo menos 9 Institutos de Agroecología con organizaciones campesinas y pueblos originarios. 
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Experiencias locales de conservación, cuidado, protección y difusión de semillas nativas y criollas. En el MPA en Brasil funcionan diferentes niveles de estos experimentos, desde la producción familiar y local de semillas y soberanía alimentaria, las casas comunitarias de semillas e incluso instalaciones mayores con una capacidad de procesar mayor cantidad de semillas para multiplicar y comercializar en mayor escala.
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En el MST en Brasil también funciona BioNatur, una red de semillas que se plantea el desafío de producir semillas a mediana y gran escala para abastecer de semillas nativas y criollas a los proyectos productivos de las organizaciones sociales, y por otro, la comercialización en el mercado formal. Quienes integran la red asumen el compromiso de no utilizar agrotóxicos y tampoco pueden usar semillas transgénicas, lo que garantiza que se tenga semillas 100% agroecológicas.
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En la producción de semillas se utilizan bioinsumos producidos en sus parcelas, y rotación de cultivos. Las semillas de cada unidad de producción van a la cooperativa en donde se revisan, y luego se envían al laboratorio para verificar la humedad y la germinación, como lo ha documentado Patricia Lizárraga para la Fundación Rosa Luxemburgo.
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En México funciona la Red en Defensa del Maíz. Esta experiencia de articulación funciona a partir de comunidades y organizaciones, pero también organismos de la sociedad civil y entidades de investigación independientes que están empeñadas en defender la integralidad de la agricultura campesina, tradicional y contemporánea con dos premisas fundamentales: no puede defenderse el maíz, o la milpa o chacra como policultivo asociado, así en abstracto; se tiene que defender la vida plena de la gente que guarda una relación profunda e integral con estas semillas y con las formas tradicionales de una agroecología de raíz campesina ancestral. Sólo defendiendo esta autonomía de los pueblos, y promoviendo la defensa de los territorios, es posible arribar a una soberanía alimentaria y a una recuperación de una agricultura propia con nuestras semillas. La otra premisa es que la lucha es de plazo perpetuo. No hay un corto o largo plazo de la resistencia. Entonces, el tiempo está de nuestro lado. Y lo inverso también es cierto: sólo con soberanía alimentaria se puede arribar a una autonomía y una defensa territorial plena.
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En Colombia una importante red es la Red de Semillas Libres de Antioquia que “busca transformar los sistemas productivos, el mercado, formar e investigar y organizar la incidencia comunitaria y política; la red formuló una propuesta de recuperación, uso y multiplicación de las semillas criollas y nativas, que se complementa con otras acciones como los territorios libres de transgénicos y la defensa de la biodiversidad”. “En 2020 los custodios de Antioquia producían en total 56 especies, que incluyen leguminosas, oleaginosas, cereales, hortalizas, aromáticas, medicinales, raíces y tubérculos.
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No todas las semillas que entran son para la venta, sino también para los intercambios y donaciones”. En 2021 se inició la implementación de las Escuelas Regionales de Formación de Custodios y Guardianes de Semillas Nativas, Criollas y Agroecológicas Semillas de Identidad. Esto lo documentó Tarcisio Aguilar de la Red Colombiana de Agricultura Biológica.
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En Colombia funciona también la Red de Guardianas y Guardianes de Semillas de Vida de Nariño, cuyo eje integrador es “la conservación de las semillas tradicionales y nativas, bajo los principios de la agroecología, la soberanía alimentaria, la conservación de la tierra y el conocimiento tradicional y alrededor de esto lo político”. En esta red funcionan centros de semillas, “espacios de dinamización de la semilla donde se transita por mecanismos como el intercambio, el préstamo y la venta, que permiten obtener semilla sana y de polinización abierta que sirva para nuevas siembras”.
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En Ecuador, a partir de la escuela La Troja Manaba, en medio de la pandemia, se inició en marzo de 2021 la “casa comunitaria de intercambio y cuidado de semillas” para desarrollar estrategias de conservación y cuidado de semillas tradicionales y nativas y garantizar su derecho a la libre circulación de las semillas y la soberanía alimentaria en territorio. Acción Ecológica acompaña esta iniciativa, a través de la formación, defensa y exigibilidad de derechos de mujeres, de los pueblos y de la naturaleza. La casa comunitaria de semillas pretende ser un espacio de articulación de los estudiantes de la escuela Troja Manaba y otras organizaciones campesinas en la región costa del Ecuador que están amenazados por la expansión del agronegocio. Es un espacio de revitalización y reconocimiento de los saberes locales, las prácticas y expresiones culturales que conducen al encuentro comunitario, a la organización con la producción de alimentos con identidad territorial.
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La Red de Agricultura Orgánica de Misiones (RAOM), en Argentina es un colectivo de agricultoras y agricultores, asociaciones y ONG que entienden que producción y sustentabilidad no son términos contradictorios. En mayo de 1993 se organizaron las primeras Jornadas de Agricultura Orgánica en la escuela agrotécnica de Eldorado; de estas jornadas nace la RAOM, que es una propuesta centrada en la pequeña producción (generando alimentos para el consumo propio y para el abastecimiento local), en la provisión autónoma de recursos genéticos y la recuperación del ecosistema natural. También fue muy importante el rol de RAOM en la resistencia al modelo neoliberal en la región, que evitó la construcción de la represa hidroeléctrica Corpus Christi, en el río Paraná, entre Argentina y Paraguay, con un plebiscito popular que ganó por casi el noventa por ciento. Ahí se realizan “las Ferias Francas de Misiones, que posibilitan crear mercados locales de cercanía, son espacios que unen el campo y la ciudad, donde los campesinos y campesinas traen su producción agroecológica para la venta.
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En Uruguay, el programa de rescate y revaloración de semillas nativas y criollas, la Red Nacional de Semillas Nativas y Criollas, se desarrolla impulsando la experiencia ligada a casas de semillas, guardianes de semillas, ferias, multiplicación de semillas nativas y criollas y encuentros regionales y nacionales, de incidencia política y de soberanía alimentaria. También encuentros de jóvenes y de mujeres, y otros de apoyo para acceso a tierras estatales, etcétera. Se trabaja con más de mil variedades y más de cien especies.
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La Red de Semillas Nativas y Criollas nació en 2003 para frenar la pérdida de variedades criollas de hortalizas y agrícolas, adaptadas a la producción familiar y a las condiciones agroclimáticas de Uruguay. Su fundación estuvo a cargo de APODU (Asociación de Productores Orgánicos del Uruguay), Redes-Amigos de la Tierra y la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República a través del Centro Regional Sur.
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El Movimiento Agroecológico en el Sur de Jalisco, México, se remonta a cuando en los años 70 y 80 hubo fuertes movimientos en defensa de la tierra y las comunidades campesinas. Se impulsó la agricultura orgánica y el cooperativismo. Actualmente las organizaciones están enfocadas en revalorar la cultura campesina, promover la agroecología y cuestionar el modelo agroindustrial. En toda la región se está revalorando y difundiendo la enseñanza y construcción de una agroecología popular a través de los huertos escolares y comunitarios que rescatan saberes campesinos y las semillas criollas o nativas. Se están realizando festivales de semillas y frutas y ferias de comercio local, que sumados a la difusión, producción agroecológica se está redescubriendo diversidad y la vocación gastronómica del territorio, sobretodo lo que proviene de la milpa y los circuitos cortos de comercialización de alimentos orgánicos y naturales producidos y transformados. La Red de Guardianes y Guardianas de Semillas de Jalisco ha sumado a un buen número de iniciativas campesinas de reproducción de semillas, promueve el intercambio consciente. Y dicen: “El sistema alimentario industrial y sus dinámicas de mercado discriminan las producciones pequeñas o locales y dicen que no son productivas y que tampoco cumplen los parámetros de inocuidad y estandarización, cuando es lo que nos ha alimentado y nutrido por miles de años y las comidas industriales nos están matando”. Por su experiencia y viendo la amenaza latente de la agroindustrialización en la región, en marzo de 2021 los regidores del ayuntamiento, por consenso, decidieron declarar al Municipio de El Limón, Jalisco, como Municipio Agroecológico.
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Huertos caseros.
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La gente va entendiendo la importancia de producir sus propios alimentos. De posibilitar la reproducción imparable de las semillas que nuestras anteriores generaciones nos han legado para brindarnos a la humanidad. Los huertos caseros, en las zonas rurales o urbanas periféricas, posibilitan la práctica cotidiana de la soberanía alimentaria, buscan establecer la seguridad alimentaria y nutricional, y ayudar a que las familias mejoren sus condiciones de vida. Los huertos caseros son lugares de saberes, prácticas, creatividad, vida, belleza y autonomía para quienes los cultivan. Alimentos, plantas curativas y de polinización y ornato fomentan incluso la alimentación animal y las ventas en los mercados locales. Hoy, en todo el continente, proliferan estos huertos de traspatio, entre la gente de las comunidades, en los barrios de las grandes ciudades, entre las familias jornaleras que trabajan en otros campos para ganarse el sustento y aun en los patios penitenciarios donde hay la posibilidad y los programas que permiten que presas y presos activen sus saberes y mantengan vivas sus variedades, reproduciéndolas. También en los centros educativos rurales de jóvenes, niñas y niños establecen huertas escolares, que son espacios de enseñanza, de crianza y de enamoramiento con las semillas, que buscan fortalecer la soberanía y autonomía alimentaria de las familias campesinas. 
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Organizaciones y comunidades que luchan contra la imposición de leyes privatizadoras, políticas públicas nocivas y la imposición de modelos de producción y manejo de la relación de la gente con su tierra y territorio.
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Para la Asociación Nacional de Fomento a la Agricultura Ecológica (Anafae) las semillas no son un tema coyuntural. La defensa de los derechos campesinos a la libre circulación de las semillas debe ser parte del trabajo institucional, ya que sin semillas libres y soberanas no puede haber soberanía alimentaria ni agricultura ecológica. Debemos trabajar hombro a hombro con organizaciones y articulaciones afines por la no privatización de las semillas. Anafae se compromete a seguir impulsando toda iniciativa o propuesta que garantice el libre flujo o circulación de la semilla, como lo han venido realizando nuestros productores y productoras desde hace miles de años. Hoy su lucha tiene un logro crucial pues La Corte Suprema de Justicia de Honduras declaró inconstitucional la Ley para la Protección
de Obtenciones Vegetales, conocida también como Ley Monsanto, aprobada por el Congreso del país centroamericano en 2012. A partir de esta legislación, se prohibía guardar semillas, regalarlas e intercambiarlas. Esta iniciativa se dio en el marco de la avanzada de la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV), una organización que, como explica GRAIN, “trabaja exclusiva y explícitamente por la privatización de las semillas en todo el mundo, mediante la imposición de los derechos de propiedad intelectual sobre las variedades vegetales”.
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La Anafae es un colectivo que desde hace más de 25 años defiende la agricultura ecológica y la soberanía alimentaria en Honduras, y denuncia esta ley desde que se aprobó. En 2016 había interpuesto un recurso legal para declararla inconstitucional, que fue rechazado. Dos años después, colectivos campesinos y productoras y productores independientes, con el apoyo de Anafae, presentaron un nuevo recurso, y FIAN Internacional se sumó con un Amicus Curiae, que dio lugar a la declaración de inconstitucionalidad de la ley en noviembre pasado y al comunicado público a finales de enero de este año. Todo este triunfo tiene como antecedente La declaratoria de las semillas patrimonio de campesinos e indígenas en cuatro municipios de Honduras el 12 de octubre de 2015, día de la invasión española, cuando los representantes de los consejos indígenas del pueblo lenca, iniciaron la resistencia contra la Ley de Protección de Obtenciones Vegetales declarando “que nuestras semillas, arboles, plantas, ríos, bosques, minerales, aire, tierra y territorio, pinturas rupestres, salitres, ciudad de los gentiles, la sierpe y otros minerales, son nuestros durante miles de años; nuestros ancestros lograron hacer, crecer, vivir como en la presente generación y seguiremos cuidando y protegiendo lo que es nuestro y nos da la vida”. Esta declaración dio pie a que 4 municipios más, declararan las semillas criollas como patrimonio de los campesinos e indígenas en sus espacios municipales, comprometiéndose sus autoridades a garantizar el derecho de los pueblos a la libre circulación de las semillas oponiéndose a cualquier ley actual o futura que restringiera este derecho.
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En Colombia, en 2012 el gobierno nacional en cumplimiento con la obligación suscrita en el TLC con Estados Unidos, expidió la ley 1518 que aprobaba el Convenio UPOV 91, en el marco de las obligaciones suscritas en los Tratados de Libre Comercio. Por ser un Convenio Internacional, la Corte Constitucional revisó la exequibilidad de esta norma. La Red de Semillas Libres de Colombia promovió una amplia movilización social para solicitarle a la Corte Constitucional que derogara esta ley. Posteriormente la Corte derogó esta norma por considerar que en su aprobación no se realizó consulta previa a los pueblos indígenas y afrocolombianos. También la Corte consideró que el Convenio UPOV 91 puede afectar los derechos de los grupos étnicos, en lo relacionado con la biodiversidad, el conocimiento tradicional, la soberanía alimentaria, la autonomía y la cultura.
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La Red de Semillas Libres de Colombia interpuso ante la Corte Constitucional una demanda de inconstitucionalidad del artículo 306 del Código Penal (Ley 1032 de 2006), y en 2014 la Corte en su Fallo de esta demanda determinó: “que no es posible penalizar a un agricultor por poseer y usar semillas criollas que presenten similitud o que se puedan confundir con semillas propiedad de las empresas”. Es por ello que la Corte sentenció que “se debía retirar del ordenamiento jurídico la interpretación de la expresión “variedades similarmente confundibles con uno protegido legalmente”, aplicable a los derechos de obtentor de variedad vegetal.
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En Costa Rica, el Tribunal dio la razón a la Red de Mujeres Rurales y anuló decreto que restringe el libre uso, intercambio y comercio de semillas criollas. Aunque este decreto fue derogado, se está tramitando un proyecto de Ley sobre la producción y control de calidad enel comercio de semillas aún está vivo en el legislativo y reproduce las mismas restricciones del decreto recientemente anulado. En la anulación se tomaron en cuenta los argumentos en defensa de la cultura alimentaria, de la biodiversidad, de las prácticas agrícolas sanas y del derecho a comer. “Este decreto está conduciéndonos a un proceso de negación de la contribución a la vida y a la reproducción de todos los elementos vivos. Con el registro de semillas estamos abriendo la puerta a la privatización de todo”, documentó Alejandra Bonilla, de la Red de Mujeres Rurales de Costa Rica.
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La lucha contra los transgénicos lleva un largo camino recorrido.
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Destaca el trabajo de la Red por una América Libre de Transgénicos (RALLT), con documentación, campañas y movilizaciones para denunciar e impugnar la lógica tras los cultivos transgénicos en todo el continente. También su tejido de redes y la vinculación que han propiciado en todo el continente.
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Sin duda alguna, el trabajo de Acción por la Biodiversidad en América Latina, es un cruce de caminos infaltable en el trabajo de investigar, acopiar, vincular, documentar, gestionar pero incluso articular entre lo local y lo continental, todos los esfuerzos posibles que surgen entre los pueblos originarios y las comunidades campesinas de Norte, Centro y Sudamérica. La promoción de la Alianza Biodiversidad con la revista Biodiversidad, sustento y culturas, sumada a los cursos a distancia del Instituto La Fuente, la página biodiversidadla.org y el mismo Colectivo de Semillas que publica este documento no serían posibles sin este colectivo que promueve la autonomía alimentaria, la información puntual para la defensa de la vida y la dignidad de las personas y las comunidades, desde el nivel local y con los vínculos a todas partes. En todo este trabajo, la labor cariñosa, lúcida y de gran amplitud política y en pos de la justicia de nuestro hermano, compañero y colega Carlos Vicente fue y sigue siendo crucial.
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La articulación mundial La Vía Campesina ha sido crucial en establecer en la discusión la visión, la mirada del movimiento campesino de los cinco continentes. No hay un referente más presente que haya establecido la crucialidad de la soberanía alimentaria, la defensa de la vida campesina, de las semillas nativas, de la defensa territorial.
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En América Latina la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones Campesinas (CLOC) es igualmente importante por todos los argumentos que sigue brindando a la discusión, pero también por reivindicar con tanta iniciativa y ánimo el papel de las mujeres en la creación milenaria de la agricultura, en la urgencia de asumir una postura anti-capitalista, antisistémica y antipatriarcal, que hoy por hoy, está entre las organizaciones cruciales para entender lo que ocurre desde la vida de la gente en comunidades rurales.
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El movimiento zapatista agrupado en torno al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) logró romper los cercos que impedían que las comunidades indígenas pudieran ejercer sus demandas y ser escuchados, emergiendo a la luz pública para impugnar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Tras años de lucha pacífica, las comunidades de los municipios autónomos de Chiapas han logrado establecer formas alternas desde un autogobierno horizontal, con sistemas de justicia, de educación y de salud propios, y un sistema agrícola con técnicas agroecológicas, el cuidado de semillas nativas que incluso comparten a organizaciones en África, y la defensa de sus sistemas alimentarios locales, que les permiten autonomizarse casi por completo del sistema nacional, pero sobre todo son un referencia de lucha, de coherencia, de estrategia, y de dignidad, no sólo en México sino a nivel mundial. Sin duda Desmi, ha contribuido en toda esa región chiapaneca a impulsar prácticas cruciales para este proceso. En sus propias palabras: “Somos una organización de la sociedad civil adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona del EZLN. A través de nuestro trabajo y acompañamiento, buscamos fortalecer los procesos comunitarios de los pueblos originarios en las zonas Altos, Norte y Sur de Chiapas en defensa y cuidado de la Madre tierra y el territorio, en el marco de la Economía Solidaria enfatizando la perspectiva de género e incorporando prácticas agroecológicas, etnoveterinarias y de mercado solidario para contribuir a la soberanía alimentaria en la construcción de la autonomía”.
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El Tribunal Permanente de los Pueblos, capítulos México y Colombia han logrado concretar encuentros de varios años, donde se organizan talleres en múltiples entidades nacionales, además de audiencias preliminares, incluso fuera del país, audiencias formalizadas y foros. Las movilizaciones que implican y que cuestionan los tratados de libre comercio, la imposición de los intereses económicos por sobre los marcos del derecho nacional e internacional subyugando los derechos humanos, permiten documentar los desvíos de poder, las políticas y normativas que promueven, activan y terminan destruyendo las relaciones necesarias para que la gente mantenga una cultura de subsistencia, pueda ejercer sus saberes ancestrales y sus semillas nativas. La destrucción generalizada propiciada por los tratados derruye también los sistemas jurídicos nacionales y a fin de cuentas el sistema internacional, y promueve privatizaciones, invasiones e imposiciones que generan extractivismo, expulsión de territorios, deforestación, calentamiento global, y crisis ambientales de diversas magnitudes, además de golpear las estructuras democráticas y de los derechos humanos de las poblaciones donde se instauran.
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El Tribunal Permanente es hoy una herramienta para visibilizar, sistematizar y hacer escuchar los agravios que sufren las poblaciones en todos los rincones, y sin duda activa circuitos de resistencia y vinculación desconocidos pero reales. Hoy se ha abierto una sesión para hacer visible la destrucción en El Cerrado, en Brasil.
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Los Territorios Libres de Transgénicos, son zonas declaradas como libres de transgénicos por comunidades rurales o entes territoriales que han tomado la decisión autónoma y concertada con la gente, con los pueblos que habitan ese espacio y con las autoridades territoriales para ejercer la gobernanza, el control y protección de sus territorios, sus saberes ancestrales, sus medios de sustento tradicionales, su cultura alimentaria y sus semillas nativas y criollas como bienes comunes, frente a los impactos generados por la agricultura industrial corporativa. Donde funcionan estos acuerdos es porque los respaldan decisiones de comunidad o municipalidad, o de los cantones (la institucionalidad local o regional). Así, definen mecanismos internos de control para que no entren transgénicos en sus territorios, como un ejercicio de autonomía territorial, para la defensa de sus bienes comunes y de los medios de sustento de la población.
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En el caso de México, este acuerdo, aunque se tomó entre muchísimas comunidades que se reconocen como Red en Defensa del Maíz, simplemente no se proclamó, porque la gente sabía que vendría la represión o los cultivos transgénicos clandestinos. Entonces se optó por una convicción compartida de no dejar entrar ninguna ayuda externa, sobre todo si venía del gobierno o de las corporaciones, e insistir en que las semillas compartidas tuvieran
canales de confianza conocidos y reivindicados. Eso hasta ahora, ha mantenido la contaminación transgénica muy baja, comparada con otros países.
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En Costa Rica, en cambio, desde 2005 varias comunidades y grupos organizados promovieron un proceso de declaraciones de municipios o cantones “libres de transgénicos” amparados en el principio precautorio. El proceso se aceleró con la aprobación en febrero 2012 de la siembra de tres variedades de maíz transgénico de Monsanto por el Ministerio de Agricultura. Treinta organizaciones se movilizaron visitando a numerosos gobiernos locales promoviendo la declaratoria de TLT. Actualmente existen 75 cantones, correspondiente al 92 % de todos los cantones del país. Pero estas decisiones de TLT de los gobierno locales no han sido respetadas por el gobierno nacional y por las transnacionales.
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En Colombia es emblemático el caso del resguardo indígena del pueblo zenú de San Andrés de Sotavento ubicado en los departamentos de Córdoba y Sucre que en 2005 se declaró libre de cultivos transgénicos. El resguardo tiene un área de cerca de 20 mil hectáreas y está constituido por 177 cabildos ubicados en seis municipios. Las comunidades indígenas zenú poseen una fuerte tradición agrícola que sustenta su soberanía alimentaria y su cultura; se consideran “hijos del maíz”, puesto que cultivan más de 25 variedades criollas de maíz. Esta decisión de declarar su territorio libre de transgénicos se fundamentó en que el territorio zenú es un centro de diversidad del maíz ubicado en la región Caribe, cerca de la zona donde se establecen grandes extensiones de cultivos de maíz transgénico.
Sistemas Participativos de Garantía. Un punto crucial en el ataque a las semillas es la exigencia de que se certifiquen en los sistemas coercitivos nacionales e internacionales mediante el registro, clasificación y evaluación de sus variedades.
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Los sistemas participativos de garantía surgen como alternativa a la certificación, sirviendo más bien como un circuito de confianza reconocido y reconocible, donde todas y todos los integrantes sirvan para testimoniar la calidad y la procedencia de las semillas de muchas localidades y regiones. Se establecen entonces un núcleo de semillas desde donde tender casas y redes de participación y garantía por todas partes. En diferentes resguardos y “veredas” en Colombia y Centroamérica, esta modalidad va creciendo, y brinda un aval de confianza sobre la calidad de las semillas producida y recibida.
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Los centros de investigación independiente son cruciales para brindar una visión diferente de lo que ocurre, compartir información crucial a las comunidades, las organizaciones y los movimientos, y poder establecer vínculos necesarios en un trabajo de formación y construcción colectiva de saberes. Existen muchos, algunos pueden caracterizarse como ONG u organizaciones de la sociedad civil, pero la diferencia es que no necesariamente responden a los criterios de la academia, su información y su cotejo es crucial para que lo que ocurre en las regiones se conozca y la información pertinente se comparta, lo que permite crecer lo que desde muchas localidades y parajes se va naciendo, se va creciendo, floreciendo y tejiendo, en el marco de luchas de resistencia urgentes, por la defensa de los territorios y la integridad y dignidad de los pueblos. Si no damos nombres de centros de este tipo es para no dejar a alguien fuera pues la lista es interminable. Lo importante es que con habilidades diversas, engarzan sus conocimientos técnicos y científicos con los saberes ancestrales y contemporáneos de los pueblos.
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Conclusiones.
Es crucial que desde lo local, la gente tome la decisión de defender su semilla y cuidarla como lo ha hecho desde épocas ancestrales, sabiendo, como ahora sabemos, que hay una guerra declarada contra el campesinado y contra toda la agricultura independiente. Por eso las iniciativas en defensa de las semillas, en contra de los agrotóxicos, los transgénicos y las corporaciones agroalimentarias industriales (aun si estas corporaciones presumen de “agroecológicas”), son tan cruciales para hacer sentir desde los lugares más recónditos, hasta las iniciativas de más vínculos regionales, nacionales e internacionales, que la vía campesina, la vida en relación con la tierra, con la Naturaleza, en defensa de los territorios donde la gente guarda relaciones directas de cuidado y atención, son cruciales para el futuro inmediato y de largo plazo de la humanidad. Y por supuesto, implicarán luchas de resistencia contra la voracidad de los gobiernos represores, los grandes capitales, las enormes empresas y los cárteles promotores de la violencia.
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Nota acerca de las imágenmes en la ediciòn original en formato PDF:
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Las pinturas y fotos que surgen como fondos de la página son del dominio popular. La foto de las abejas es de Itziar Urquiola. Los logos son de unas cuantas de las miles de organizaciones que pueblan el continente. “Sembrar es resistir” es del artista Sebastián Bucheli ( https://www.facebook.com/sebastianbucheliART/ ) y el cartel de “Sigamos sembrando semillas libres” es del colectivo Espacio abierto, de Perú. La foto de la gente comunera acomodando paja es de Martha Pacheco, en la comunidad de Cuturiví Chico en Pujilí-Cotopaxi, Ecuador. El cartel contra UPOV lo ideo y publicó Aula Verde AC. Los glifos que acompañan el número son obra de los pueblos y las tribus diversas que pueblan las regiones de la Amazonía brasileña.
Agradecemos a Pan para Todos por hacer posible este cuaderno, cuya investigación realizaron el Grupo Semillas, la Red de Coordinación en Biodiversidad y GRAIN para el Colectivo de Semillas y la Alianza Biodiversidad
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CONTACTO:
german@semillas.org.co
silroce@gmail.com
carlos@grain.org
ramon@grain.org
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redlatinasinfronteras.sur@gmail.com

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