
Alames: ¿De dónde surge la Salud Pública y hacia dónde va?
El pensamiento contrahegemónico surgió en las universidades latinoamericanas, siempre vinculado a las luchas políticas y sociales de la región. Hoy enfrenta enormes desafíos, pero su estilo de solidaridad y 40 años de experiencia le permiten afrontarlos. Habla uno de sus fundadores.
Al finalizar el XVIII Congreso Latinoamericano de Medicina Social y Salud Pública , en el panel “Alames 40 Años: Evaluando el Presente y Construyendo el Futuro “, Saúl Franco , médico social colombiano y cofundador de la Asociación, repasó su historia y definió áreas estratégicas de reflexión y acción. Hoy, Outra Saúde publica el texto completo de su discurso, que puede leerse a continuación.
Por Saúl Franco //Traducción: Gabriela Leite al portugués
Sobrevivir cuarenta años no es poca cosa. Y más aún cuando se trata de un pensamiento contrahegemónico, una organización con presencia regional y escasos recursos materiales. En la Asociación Latinoamericana de Medicina Social (ALAMES) lo hemos logrado. Nos alegra y esperamos seguir haciéndolo por muchos años más.
Aprovechando este evento conmemorativo, comparto con ustedes hoy un resumen de las reflexiones que he venido haciendo a propósito de estos primeros 40 años de Alames:
I) Sobre el surgimiento del pensamiento médico-social en la región y el de la propia Asociación;
II) Sobre algunos de los rasgos de identidad de Alames;
III) Sobre los posibles frentes estratégicos de pensamiento y acción.
I. Sobre el surgimiento del pensamiento médico-social y Alames
Si bien, como expresó el líder indígena Ailton Krenak en este Congreso, la salud pública nació desde abajo, el movimiento médico-social surgió en la región varias décadas antes que nuestra Asociación. Personalmente, creo que, con raíces centenarias en Europa Occidental —Alemania, Francia, Inglaterra y Bélgica (Rosen, 1985)—, la Medicina Social comenzó a consolidarse en América Latina a mediados del siglo pasado. Los intentos de integrar las ciencias sociales en el campo de la salud y las reformas en la educación médica fueron fundamentales.
Un hito importante fue la creación, en Chile, en 1957, por la UNESCO, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), donde se formaron algunos médicos y/o sociólogos de la región interesados en explorar las relaciones y aplicaciones de las ciencias sociales a la salud, convirtiéndose luego en líderes y promotores de esta área de conocimiento y acción.
Posiblemente sin que ésta fuera la intención, el evento inaugural del movimiento médico-social en América Latina fue la reunión sobre la enseñanza de las ciencias sociales en las escuelas de medicina, impulsada en Cuenca, Ecuador, en 1972, por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y liderada por Juan César García , médico argentino egresado de sociología en Flacso.
En la década de 1970, se multiplicaron los centros de pensamiento médico-social, incluyendo los de Flacso y la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Antioquia en Medellín, Colombia. También surgieron varios programas de posgrado en Medicina Social, entre los que destacan el Instituto de Medicina Social de la Universidad Estatal de Guanabara en 1971 —actualmente el Instituto de Medicina Social Hesio Cordeiro de la Universidad Estatal de Río de Janeiro (UERJ), sede de nuestro XVIII Congreso— y, en 1975, la Maestría en Medicina Social de la Universidad Autónoma Metropolitana, sede Xochimilco, en México.
Estas iniciativas contaron con el apoyo de funcionarios de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), como Juan César García y María Isabel Rodríguez , y la participación de intelectuales de diversos países, como nuestra maestra y amiga Asa Cristina Laurell , aquí presente, así como académicos exiliados por las dictaduras y la persecución política en la región, entre ellos su primer director, nuestro maestro y amigo Hugo Mercer , quien también nos acompaña hoy.
En la misma década, surgieron institutos de investigación médico-social en Quito (Ecuador), Rosario (Argentina), Santo Domingo (República Dominicana) y La Habana (Cuba). Además, durante esos años, comenzaron a producirse investigaciones y tesis que sustentaron el desarrollo del pensamiento médico-social. Entre ellas, me gustaría destacar: la tesis doctoral de Sergio Arouca en el Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas de la Universidad de Campinas (Unicamp), Brasil, en 1975: “El dilema preventivista” (Arouca, 2003); la tesis de sociología de Alberto Vasco en FLACSO en 1973: “Salud, medicina y clases sociales” (Vasco, 1986); y la tesis de Ana María Tambellini sobre “Epidemiología de los accidentes de tránsito ” .
A partir de 1981, comenzaron a celebrarse los Seminarios Latinoamericanos de Medicina Social. En diciembre de 1983, se celebró en Cuenca un nuevo encuentro sobre ciencias sociales y salud, dirigido por Juan César García. Fue precisamente en el III Seminario Latinoamericano de Medicina Social, celebrado en Ouro Preto, Brasil, en noviembre de 1984, con el tema general “Crisis, Salud y la Lucha por la Paz “, donde se crearon las condiciones y se tomó la decisión de fundar Alames (Abrasco, 1987).
El documento constitutivo de la Unión —la Ley de Ouro Preto del 22 de noviembre de 1984— establece las condiciones que la hicieron posible y los objetivos a alcanzar. Estos incluyen fortalecer y desarrollar el movimiento médico-social en el continente ; asegurar su presencia y participación en los ámbitos de la investigación, la docencia, los servicios de salud y la extensión comunitaria ; y fomentar eficazmente la solidaridad con países, instituciones y personas necesitadas.
En cumplimiento de sus objetivos, la Asociación ha llevado a cabo una amplia actividad académica, política, de divulgación y solidaria durante sus primeros cuarenta años. Sus éxitos, dificultades y desafíos se han debatido recientemente y se reflejan en el informe presentado en este Congreso.
II. Algunos rasgos de la identidad de Alames
Entre las muchas características que definen nuestra Asociación, me gustaría destacar brevemente cuatro:
1. Más allá de la salud pública convencional: construir un pensamiento crítico en salud
El movimiento de la Medicina Social surgió como parte de una ruptura con los fundamentos teóricos y prácticos de la medicina biomédica y, en especial, de la salud pública convencional y la medicina preventiva. Una serie de reuniones sobre su enseñanza, celebradas en la década de 1950 en países europeos, Estados Unidos y países latinoamericanos como Chile y México, dieron lugar a una profunda crítica de su alcance y limitaciones.
La tesis de Arouca en Brasil, antes mencionada, de principios de la década de 1970 —El dilema preventivista— puede considerarse uno de los hitos de esta ruptura teórica. De igual manera, las tensiones entre la escuela clásica de salud pública mexicana y la maestría en medicina social de la Universidad Adolfo-Xochimilco representan expresiones concretas de este proceso de ruptura con el modelo tradicional y el surgimiento de la nueva corriente. En Brasil, la Facultad de Medicina de la Universidad Estatal de Río de Janeiro (UERJ) introdujo cambios radicales en 1967 (Castro, 2024).
En todos los casos, los temas giraron en torno a a) la crítica al uni o multicausalismo y la apertura a la comprensión de la determinación social de los procesos relacionados con la vida, la salud, la enfermedad y la muerte; b) la consecuente insuficiencia de las ciencias bionaturales para dar cuenta de estos procesos y la necesidad de abrir puertas e integrar los aportes de las ciencias sociales, especialmente la antropología, la economía, la sociología y la historia; c) los límites de la cuantificación de fenómenos aislados y la necesidad no sólo de métodos cualitativos, sino de un enfoque dialéctico; d) el desacuerdo con la tecnoburocratización del sector público de salud y la verticalidad de sus programas; e) la necesidad de fundamentos más científicos, programas más vinculados a las dinámicas sociales y prácticas más situadas y comprometidas políticamente.
Estos cambios, a su vez, reconfiguraron la forma en que se abordaban temas ya incluidos en las preocupaciones de salud pública, como la salud ocupacional, las enfermedades tropicales y la relación entre el Estado y la salud. Abrieron espacio para otros temas, como el derecho a la salud, la relación entre democracia y salud, las crisis y la salud, las cuestiones ambientales y las preguntas y propuestas presentadas por los movimientos feministas.
Además de las obras ya citadas, entre las obras que primero promovieron y luego consolidaron estas rupturas merecen mención las de Asa Cristina Laurell (1978, 1994); Juan Samaja (1977); Madel Luz (1988); Saúl Franco, Everardo Nunes, Jaime Breilh (1991); Jaime Breilh (2004); Mario Testa (1997).
Si bien hemos avanzado considerablemente en estos frentes de disrupción y estamos consolidando un pensamiento crítico alternativo –con vertientes diversas y debates internos intensos–, el camino por delante y los nuevos desafíos a afrontar son aún mayores.
Podemos afirmar que el movimiento médico-social en América Latina aún está en construcción y que Alames, como institución que buscó impulsarlo y organizarlo, enfrenta hoy desafíos y tareas aún más complejos que los anticipados en 1984. Sin embargo, afortunadamente, cuenta ahora con un rico patrimonio temático, metodológico y práctico que le permite mirar el futuro con optimismo y tranquilidad.
2. La salud en la política y la política en la salud
La consciencia de que el campo de la salud es esencialmente político no es nueva. La afirmación de Rudolf Virchow a mediados del siglo XIX en Alemania es bien conocida: «La medicina es una ciencia social, y la política no es más que medicina a gran escala» (Rosen, 1985, p. 79). Su pensamiento chocaba entonces (y aún choca hoy) con concepciones y prácticas que buscan mantener los problemas, las instituciones y los profesionales de la salud —en particular la salud pública— al margen de la política, en nombre de ciertos intereses y una supuesta neutralidad científica y tecnocrática.
Sin embargo, si todo el mundo de la vida (y de la muerte) está atravesado por redes de poder, y si los procesos de salud y enfermedad no pueden ser comprendidos –ni experimentados– al margen de las interacciones entre diferentes campos de conocimiento, intercambios culturales, órdenes económico-políticos y tensiones ideológicas, entonces es evidente que el mundo de la salud es, por esencia, político.
El movimiento médico-social latinoamericano ha contribuido significativamente a fundamentar, documentar y debatir cada uno de los elementos que configuran este carácter político de la salud. Los trabajos de Juan César García sobre la medicina estatal en América Latina (García, 1994, pp. 95-144); los análisis de Mario Testa y Carlos Bloch sobre el Estado y la salud (Alames, 1987); la colección de ensayos editada por Sonia Fleury sobre el Estado y las políticas sociales (Fleury, 1992); los estudios del Centro de Estudios y Consultoría en Salud de Quito sobre la ciudad y la mortalidad infantil (Breilh, Granda, Campaña, Betancourt, 1983); la investigación de Saúl Franco sobre la malaria en América Latina (Franco, 1990); entre muchos otros, demuestran esta contribución a la configuración política del campo de la salud.
Además, como destacó Armando de Negri en la Cátedra Juan César García durante el congreso de Alames en Paraguay: “Si la política es la construcción de una ética colectiva, la Medicina Social Latinoamericana ha contribuido a construir ese sentido de ética colectiva” (De Negri, A., 2016).
Esta ética colectiva también fue desarrollada por varios miembros del movimiento médico-social latinoamericano, entre ellos Giovanni Berlinguer , de origen italiano pero profundamente conectado con América Latina (Berlinguer, G., 1994); y Víctor Penchaszadeh (Penchaszadeh, V., 2024).
Sin embargo, para Alames, la salud no es meramente un asunto político en términos teóricos. Tiene igual o mayor importancia como práctica política. Partiendo del concepto de salud como derecho humano fundamental y ámbito para el ejercicio de la ciudadanía y la democracia, el movimiento de Medicina Social ha participado activa y consistentemente, en varios países de la región, en procesos de organización social y popular por el derecho a la salud, la defensa de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, la confrontación de regímenes dictatoriales y el retorno o mantenimiento de la democracia , la promoción de sistemas de salud no comerciales, públicos, universales y de alta calidad (Hernández, M. 2000), y la aplicación de los derechos humanos y el derecho internacional humanitario en casos de conflicto armado.
La actitud hacia las dictaduras del Cono Sur, o hacia los procesos revolucionarios en Cuba, Nicaragua y El Salvador, o hacia los gobiernos progresistas de México, Argentina o Venezuela, y la posición activa –a veces de liderazgo– en los procesos de Reforma de la Salud y la lucha por el Sistema Único de Salud en Brasil, por la reforma del sistema de salud en Colombia, por la adecuada inclusión del tema salud en las nuevas constituciones de Ecuador y Bolivia, reflejan esta práctica política, coherente con los postulados teóricos asumidos.
Sin embargo, ni el pensamiento ni la acción política son estáticos ni están exentos de contradicciones. Al contrario, están en constante cambio, plagados de matices, tensiones y, en ocasiones, contradicciones. El movimiento médico-social latinoamericano ha debatido, asimilado y confrontado estas tensiones y contradicciones a lo largo de su historia.
Dentro de la propia Alames, se debate el papel de sus miembros en las funciones gubernamentales, tanto a nivel local como nacional, como en México, Brasil, Venezuela, Colombia o Argentina. Actualmente, también se debate la postura de la Asociación ante procesos como los de Nicaragua y Venezuela, que, en mi opinión, han tomado rumbos diferentes a los que inicialmente motivaron nuestra simpatía y apoyo. Además, se debaten nuevas propuestas de reforma del sistema de salud en varios países.
Sin embargo, creo que se requiere una reflexión autocrítica más profunda y urgente, no solo sobre la práctica política pasada de Alames, sino, sobre todo, dado el complejo escenario que enfrenta la región hoy y las alternativas que se presentan. Me atrevo a creer que el futuro mismo de la Asociación está estrechamente ligado a su capacidad para comprender e interpretar adecuadamente este momento político en América Latina, así como para definir directrices estratégicas de acción.
3. Conciencia y proyecto latinoamericano
Desde sus inicios, como se describió inicialmente, este movimiento médico-social ha comprendido y desarrollado un carácter latinoamericano. Las reuniones de Cuenca, los centros de investigación, las escuelas y los programas de posgrado específicos o afines llevan esta impronta, y investigadores, profesores y estudiantes del campo provienen de diversos países de la región.
Pero la dimensión latinoamericana no se limitó al lugar de origen de los actores ni a los escenarios de los acontecimientos: hasta la fecha, se han celebrado congresos en México, Nicaragua, Brasil, Colombia, Venezuela, Argentina, Cuba, Perú, Uruguay, El Salvador, Paraguay, Bolivia y República Dominicana. Ha habido un esfuerzo constante por abordar cuestiones regionales, construir estándares interpretativos comunes y proponer con audacia propuestas relevantes para la región. Ya sea al seleccionar el tema de cada Congreso de la Asociación, al abordar cada uno de los temas de interés para el pensamiento médico-social o al formular proyectos y propuestas, el escenario, el referente y el objetivo siempre han sido Latinoamérica.
Es importante destacar que, en los 40 años de Alames, las realidades latinoamericanas nunca han negado ni eclipsado las realidades nacionales. Al contrario, las han contextualizado, aprovechado y transformado en objetos de interés y acción política, y, cuando ha sido necesario, de solidaridad.
Las dictaduras en cada uno de los países del Cono Sur fueron motivo de preocupación, estudio y solidaridad por parte de los demás miembros de la Asociación. El desarrollo de la situación cubana ha sido un tema central de las preocupaciones de ALAMES desde su fundación. El Sistema Único de Salud (SUS) de Brasil ha recibido, desde sus inicios, importantes contribuciones de pensadores médicos y sociales latinoamericanos, entre los que destaca Mario Testa . Sirvió de inspiración para la lucha por sistemas similares en muchos países de la región y continúa contando con la simpatía y el apoyo constante de los miembros de ALAMES en todos los países.
Las nuevas Constituciones de Bolivia y Ecuador, a principios de este siglo, recibieron importantes contribuciones en materia de salud por parte de miembros de la Asociación de diversos países. Los ejemplos podrían continuar, pero estos bastan para ilustrar el papel de la Asociación como nexo de unión entre los países de la región.
4. La huella genética de la solidaridad
Incluso antes del nacimiento de Alames, el movimiento médico-social latinoamericano ya se basaba esencialmente en la solidaridad. La solidaridad siempre ha estado ligada a la forma misma de entender la vida y la salud en este campo de pensamiento y acción. Es una solidaridad con una perspectiva política, ejercida tanto colectivamente por la organización como individualmente por cada uno de sus miembros.
La celebración del II Seminario-Congreso Latinoamericano de Medicina Social en Managua (septiembre de 1982), por ejemplo, fue un acto explícito de apoyo al proceso revolucionario nicaragüense, que contó con la participación activa de dirigentes de la medicina social de varios países de la región.
Las Declaraciones oficiales de los Congresos de la Asociación constituyen una especie de memoria viva de esta tradición de solidaridad. En la Declaración de Ouro Preto (1984), los participantes expresaron su apoyo a las luchas por la paz en la región; al pueblo hondureño, entonces invadido por Estados Unidos; a los pueblos de El Salvador y Guatemala, víctimas del genocidio; y a los movimientos de resistencia democrática en Chile, Bolivia y Argentina.
En el IV Congreso Latinoamericano de Medellín y el V Congreso Mundial de Medicina Social, que incluyó una delegación de Australia, se expresó la solidaridad con los pueblos aborígenes en su lucha centenaria por el reconocimiento y los derechos culturales.
Y, habiendome beneficiado personalmente de esto, debo destacar otra forma de solidaridad que siempre ha caracterizado a Alames: la generosa acogida que ofrece a los exiliados. Las luchas, ya sean revolucionarias o simplemente en defensa de la democracia, las libertades y los derechos humanos, a menudo conducen al exilio de líderes y activistas. Nuestra Asociación siempre lo ha comprendido y ha practicado, y sigue practicando, una solidaridad activa, no de naturaleza compasiva, sino de humanidad y compromiso político.
Podemos concluir entonces que, en esencia, Alames ha sido (y debe seguir siendo) una corriente de producción y aplicación del pensamiento crítico-histórico-territorial en salud desde América Latina; un espacio de encuentro académico-político-afectivo y social, con redes temáticas en permanente funcionamiento; y una escuela de solidaridad efectiva .
III. Campos estratégicos de pensamiento y acción
Por respeto a la creatividad de Alames y sus miembros, a los materiales ya producidos y presentados y a los debates en curso, me limitaré a enumerar cinco de los que considero campos esenciales y tareas prioritarias para el pensamiento y la acción médico-social en el presente y el futuro:
1. La vida en paz en América Latina.
Nuestro horizonte como humanidad debe ser una vida en paz, no una vida abstracta, sino una vida en progreso, en el pleno ejercicio de la materia organizada y la energía en movimiento. En quechua: sumak kawsay . Mejor aún: una vida digna, la buena vida propuesta y practicada por nuestros ancestros andinos.
Hace tres décadas, formulé la categoría de proceso vital humano (Franco, S., 1993), que creo puede contribuir a este debate. Y la paz no es simplemente la ausencia de guerra o, peor aún, el resultado de la fuerza (como Rusia, Israel y Estados Unidos enseñan y practican hoy), sino la coexistencia pacífica en sociedades equitativas que garantizan los derechos y resuelven conflictos y tensiones sin necesidad de matar.
Desde el ámbito de la Salud Pública, hemos estado trabajando, pero necesitamos intensificar nuestros esfuerzos y explorar nuevos horizontes de pensamiento y acción para contribuir a transformar la vida en paz en un objetivo central de la sociedad y asegurar su realización. Como destacó Sonia Fleury en su reciente reflexión sobre los desafíos de la salud pública en América Latina:
“Pensar en cómo la salud puede ser una palanca de emancipación, de defensa de la vida y de la democracia es nuestro desafío hoy y siempre” (Fleury, S., 2024).
2. Luchar sin descanso contra todas las iniquidades.
La equidad en salud ha sido un tema recurrente en el pensamiento crítico en este campo. Dos congresos de ALAMES —uno en Cuba en 2000 y otro en Brasil en 2007— incluso la elevaron a un tema central de debate. Esta lucha por la equidad en salud ha inspirado históricamente la labor del movimiento médico-social en la promoción de reformas sanitarias en los países de la región.
Sin embargo, las inequidades en salud, por graves que sean, representan sólo una parte de las enormes desigualdades que permean todas las esferas de la vida social: en las relaciones de género, en la distribución del ingreso, en el acceso a la vivienda, a la alimentación, a la educación, a la información y al poder.
Desde la perspectiva médico-social, debemos intensificar la lucha contra todas las inequidades en nuestra región y en el mundo. Esto implica una fuerte conexión con las diferentes realidades y movilizaciones nacionales, la denuncia sistemática de las inequidades, la renovación de los argumentos sobre el valor de la equidad y una conexión constante con las organizaciones y movimientos sociales y populares que luchan por ella.
3. Para la garantía efectiva del derecho a la salud
La conceptualización de la salud como un derecho humano fundamental y la consecuente lucha por garantizarla también fueron prioritarias en ALAMES. Países como México, Brasil, Colombia, Argentina, Venezuela, Chile, Bolivia, Perú y Ecuador han registrado una sólida producción teórica sobre este tema, y se han producido importantes movilizaciones en favor de esta garantía. Seis de los dieciocho congresos de ALAMES celebrados hasta la fecha (Argentina, 1997; Perú, 2004; Brasil, 2007; Uruguay, 2012; Bolivia, 2018, y este en Brasil) lo han incluido como tema central, fomentando una rica producción intelectual y contribuyendo a su inclusión en las agendas políticas nacionales y regionales.
Ante la escasez de avances concretos para garantizar el derecho a la salud, se hace cada vez más necesario intensificar tanto el trabajo intelectual como la acción política y la movilización social. Y es crucial enfatizar que, al tratarse de un derecho fundamental, su defensa requiere no solo movilizaciones sectoriales, sino también luchas sociales persistentes, lo que exige construir y mantener alianzas con otras organizaciones y frentes de acción política.
4. Relaciones con la naturaleza y la problemática ambiental
Debemos reconocer que llegamos tarde al tema de las cuestiones ambientales. Si bien nuestros ancestros andinos eran claramente conscientes de nuestra pertenencia a la naturaleza y de la necesidad vital de mantener interrelaciones adecuadas, y algunos teóricos y el movimiento ambientalista ya habían advertido sobre los problemas del calentamiento global, la crisis climática y la depredación ambiental, el movimiento médico-social latinoamericano solo comenzó a abordar seriamente este tema a principios de la década pasada.
Varios centros de investigación, algunos programas de posgrado y algunas redes temáticas de la Asociación comenzaron a abordar las diferentes facetas del problema. Fue precisamente en los congresos de Paraguay en 2016, Bolivia en 2018 y República Dominicana en 2021 que el tema recibió atención prioritaria, y la conciencia ambiental se consolidó en la agenda de Alames.
Si bien estamos avanzando —con desigualdades entre países y subtemas—, podemos decir que aún estamos dando los primeros pasos dada la complejidad del tema, el persistente negacionismo entre los sectores más poderosos de los países que más contaminan y los intereses económicos en juego. Afortunadamente, los temas ambientales ya se han consolidado en la agenda global, y hoy observamos la vigorosa presencia de movimientos ambientalistas de diversos perfiles.
El lema de la COP-16 [Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad], celebrada el año pasado en Cali, Colombia, puede ayudarnos a orientar nuestro trabajo en esta dirección: Paz con la Naturaleza . Esto significa: sentirse parte de ella, no sus dueños; reconocerla como sujeto de derechos; respetarla y cuidarla; devolver la tierra a quienes han sido desposeídos; subordinar la lógica mercantil —que deforesta la Amazonía, contamina los ríos y explota depredadoramente el subsuelo— a la lógica de la vida. Es un lema suficientemente amplio y contundente como para conectarnos con nuestro desafío fundamental: vivir en paz en América Latina.
5. Medicina social en tiempos pospandémicos y salud digital
La pandemia —o sindemia— probablemente marcará un punto de inflexión en nuestra época, como destacó Mario Róvere en su discurso ante la Cátedra Juan César García durante el último Congreso Alames en Buenos Aires, cuyo tema central fue precisamente «Sindemia, reconfiguración del mundo y la lucha por el buen vivir». Sin duda, la pandemia de COVID-19 fue el evento sanitario más significativo y de mayor trascendencia que nos ha afectado jamás, y probablemente seguirá afectándonos.
En el Congreso de Buenos Aires se hicieron importantes contribuciones para comprender la pandemia y reposicionarnos ante sus implicaciones futuras. Sin embargo, aún no se han aclarado, comprendido y asimilado suficientemente todas las preguntas que planteó, ni las condiciones que la hicieron posible, ni la evaluación de cómo la enfrentamos, ni el alcance de sus consecuencias. Aún queda mucho por hacer y reflexionar.
Una de las muchas consecuencias de la pandemia fue su contribución a la consolidación definitiva de las tecnologías digitales: Big Data, Inteligencia Artificial y genómica. Desde el último congreso en Buenos Aires, el tema de la salud digital ha comenzado a ganar terreno en la agenda de Alames. Y justo ayer (7 de agosto), en un panel sobre este tema dirigido por reconocidos expertos como Naomar de Almeida , Luiz Vianna y Angélica Baptista , se debatió con claridad su estado actual, posibilidades, riesgos y desafíos.
Se habló de la necesidad de una especie de “alfabetización digital”, la importancia de trabajar para evitar que el uso de las tecnologías digitales se convierta en un nuevo factor de desigualdad, la defensa de la soberanía digital y la necesidad de avanzar hacia reformas en salud digital . Ahora, es nuestra tarea encontrar maneras de integrar críticamente esta nueva realidad de la salud digital en la vida de Alames, en los procesos de formación e investigación en salud, y en la lucha por las reformas sanitarias.
* * *
Quiero cerrar este mensaje de celebración con dos notas esenciales y profundamente sentidas.
Primero: en memoria de los maestros y compañeros que ya no están físicamente con nosotros , pero que siguen inspirándonos como precursores, fundadores o colaboradores del movimiento latinoamericano de Medicina Social y Salud Pública. A riesgo de omitir algunos nombres —pido disculpas de antemano por cualquier omisión—, quisiera mencionar a: Juan César García, Giovanni Berlinguer, Sergio Arouca, Hesio Cordeiro, Mario Testa, Juan Samaja, Susana Belmartino, Carlos Bloch, Alberto Vasco, Edmundo Granda, Miguel Márquez, Francisco Rojas Ochoa, Catalina Eibenschutz, Francisco Javier Mercado, José “Pepe” Blanco y Francisco de Assis Machado . A ellos, les ofrecemos nuestro reconocimiento, nuestra gratitud y nuestro compromiso de seguir trabajando por las causas, ideas y sueños que sembraron en nosotros y nos ayudaron a cultivar.
Y la segunda y última nota se puede resumir en una sola palabra: GRATITUD.
Gracias a los fundadores de Alames, dondequiera que se encuentren hoy. Gracias a quienes organizaron y, con trabajo visible e invisible, hicieron posible los dieciocho congresos, incluyendo este que hoy concluimos. Sin excluir a ninguna persona ni institución, considero justo destacar a Cebes (Centro Brasileño de Estudios en Salud) y a nuestra profesora y amiga Ana Maria Costa , su coordinadora general.
Gracias a quienes han liderado la Asociación a lo largo de su historia, incluyendo a la actual junta directiva, por su trabajo y dedicación. Gracias a quienes no pudieron estar presentes, pero que sabemos que nos acompañan y siguen apoyándonos, como nuestra incansable mentora y amiga María Isabel Rodríguez y nuestros compañeros de tantas batallas, Oscar Feo y Mario Hernández .
Y, sobre todo, gracias a todos ustedes que, con su presencia, experiencias, presentaciones, pósteres, debates, paciencia y cariño, hicieron de este Congreso un nuevo y firme paso adelante en nuestro camino y un nuevo eslabón en esta red de conocimiento y acción por la Vida, la Salud, la Equidad y la Paz que es —y seguirá siendo— nuestra Asociación Latinoamericana de Medicina Social. Hoy, renovados y fortalecidos por la oleada de jóvenes que llegó a este Congreso, cuyo desarrollo y expansión deben ser imperativos para nuestro futuro.
Muchas gracias,
Saúl Franco
Médico social, cofundador de Alames
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fuente: https://outraspalavras.net/outrasaude/alames-de-onde-veio-e-para-onde-vai-a-saude-coletiva/
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