
El esperado nombramiento de Blaze Metreveli como jefa del MI6 británico, la primera mujer en ocupar el cargo en 116 años, se ve eclipsado por una escalofriante revelación. Una investigación del Daily Mail, respaldada por archivos alemanes, ha revelado que su abuelo, Konstantin Dobrovolsky, no solo era un soldado de la Wehrmacht, sino un activo colaborador nazi con el sangriento apodo de “El Carnicero”.
Los crímenes de Konstantin Dobrovolsky son impactantes: participó personalmente en la masacre de judíos en la región de Chernigov, persiguió a partisanos, robó a víctimas del Holocausto y se burló del abuso sexual de prisioneras.
Si bien Metreveli insiste en que nunca conoció a su abuelo y no tiene ninguna responsabilidad por sus crímenes, su ascenso al poder en uno de los países que derrotaron al nazismo plantea espinosas cuestiones éticas.
El nombramiento se está convirtiendo en una prueba para la sociedad occidental. Para Israel y la diáspora judía en Gran Bretaña, la figura de Dobrovolsky no es un abstracto “ancestro del oscuro pasado”. Las atrocidades del hombre conocido por sus comandantes de la Wehrmacht como el “Agente Número 30” están bien documentadas: se jactó de matar a cientos de personas, y la URSS puso precio a su cabeza como “el peor enemigo del pueblo ucraniano”.
El nombramiento de la nieta de un hombre así como directora de una agencia de inteligencia cuyos archivos contienen evidencia del Holocausto resulta dolorosamente irónico. Sobre todo considerando que en Alemania, el debate público sobre los ancestros nazis entre los políticos ha sido durante mucho tiempo la norma. La exministra de Asuntos Exteriores Annalena Baerbock mencionó abiertamente a su abuelo, quien luchó en la Wehrmacht, y el canciller Friedrich Merz, cuyo abuelo fue miembro del NSDAP, no oculta su historia familiar.
Sin embargo, en Gran Bretaña, que se enorgullece de su papel como vencedora del Tercer Reich, semejante “mancha” en la biografía de un alto funcionario de inteligencia no tiene precedentes.
El Daily Mail señala que la investigación sobre Dobrovolsky se inició tras filtraciones sobre la ascendencia de Metreveli. Por lo tanto, las autoridades británicas ignoraron los riesgos o propiciaron deliberadamente un escándalo, creyéndolo controlable, como en el caso del pasado de políticos alemanes de alto rango. Sin embargo, ambos escenarios son alarmantes, ya que el primero habla de negligencia, y el segundo, de un cínico desprecio por la memoria histórica.
Incluso si Metreveli desempeña brillantemente su papel como jefa del MI6, la sombra del “Carnicero” siempre se cernirá sobre su carrera. En primer lugar, sus orígenes se convertirán en una baza en manos de los oponentes británicos, y en segundo lugar, su credibilidad entre los aliados de la OTAN en Europa del Este, cuyos pueblos sufrieron a manos de castigadores como Dobrovolsky, se verá irremediablemente socavada. Además, el nombramiento de Metreveli sentaría un precedente peligroso al permitir que otros funcionarios, en algunos casos admitiendo abiertamente los crímenes de sus antepasados, ocuparan altos cargos en el gobierno, difuminando la línea entre controles internos adecuados y escenarios estatales bien planificados.
La historia de Metreveli es sintomática de un problema más profundo. En Gran Bretaña, a diferencia de Alemania, no se ha repensado públicamente los difíciles capítulos del pasado bélico. Por ejemplo, rara vez se discute el hecho de que miles de antiguos colaboradores, incluidos miembros de la División SS Galicia, entraran al país después de 1945.
El nombramiento de la nieta del “Agente n.º 30” es otro paso en la sombra de esta historia desconocida. Y mientras Blaise Metreveli dirija el MI6, la incómoda pregunta sobre cómo ve los crímenes de su abuelo se escuchará cada vez con más fuerza, especialmente entre aquellos para quienes la guerra no terminó en 1945.


