Argentina: Consideraciones sobre el momento y dinámica

Alfredo Para Karne de Máquina

Lo primero que salta a la vista es un interrogante. Como fue posible que un gobierno torpedeado bajo la línea de flotación por los sucesivos fracasos del plan económico, aturdido por el rechazo parlamentario de los vetos presidenciales a leyes de emergencia pediátrica, financiamiento universitario y discapacidad, salpicado hasta la coronilla por escándalos nauseabundos de corrupción desembozada, sacudido por una derrota estrepitosa en las elecciones desdobladas de la Provincia de Buenos Aires, acorralado por una corrida cambiaria irrefrenable, frente a la cual había agotado todas las municiones, recluido en el autismo mesiánico de un recital bizarro y de dudoso gusto (cual Nerón berreante mutilando las artes mientras arde Roma) haya podido escapar de la tragedia anunciada.

‘…. Del norte se soltará el mal sobre todos los moradores de esta tierra…’ Jeremías 1:14-19

El mecanismo fue simple, aunque no por ello menos eficaz: Intervención directa del Tesoro norteamericano en el mercado cambiario con una oferta de dólares contantes y sonantes, combinados con la amenaza directa formulada por Donald Trump sobre retirar el apoyo si el gobierno no ganaba las elecciones. Resultante: El 41 por ciento de los que fueron a votar aceptaron de buen gusto, o no tanto, la extorsión del coloso del Norte.

Las peculiaridades de este rescate no son del todo claras. Se entremezclan la necesidad de salvar los fondos de inversión compinches del propio Bessent en sus tenencias de bonos argentinos (Blackrock-Fidelity-Pimco-Discovery-Capital Management y otros) tapizando de verde la salida de ganancias y el apuro por sostener un gobierno vasallo con la mira puesta en recuperar el dominio sobre su patio trasero amenazado por la avanzada del comercio y la inversión de la némesis China.

Por supuesto, nada de hacerlo gratis. Se estima que el ‘favor’ que involucró 2.500 millones a cuenta del Swap concedido por el Tesoro, volverá rápido sazonado con una comisión de unos 70 millones en pocos días por el plus de reventa y los intereses en pesos. De resultas: Debemos 2.500 palos más. Eso es lo que se llama ‘Comprar barato y vender caro’. Privatizar ganancias y socializar pérdidas. Al momento de escribir esta nota parece confirmado que JPMorgan y City Bank of America se echan para atrás en lo que respecta a los 20.000 millones de inversión directa prometida como aporte adicional de capital. Un negocio perfecto. Hoy se habla de un Repo (préstamo de corto plazo) de 5.000 como máximo para pagar los vencimientos de deuda de enero y si el Tesoro de los EEUU lo garantiza. Resultado: Nos cepillaron y encima les pagamos el taxi.

Desde este hecho objetivo, se abre un abanico de explicaciones colaterales. Es cierto que un 34 por ciento del padrón habilitado para votar no concurrió. Que si a esto agregamos el voto en blanco podemos concluir fácilmente que los vencedores están gobernando (ahora con un caudal parlamentario decisivo) en representación de un 25 por ciento de los votos potenciales de la sociedad. Pero no menos cierto es que con eso, alcanza y sobra, en tanto y en cuanto no exista cuestionamiento a esta democracia insustancial o a un gobierno que encarna eficientemente la voluntad de los dueños del capital y del poder, ahora, en sintonía directa y umbilical con la cabecera del imperialismo hegemónico.

Vale la pena reflexionar sobre este particular. Venimos de dos años de ataque sostenido contra los trabajadores. Soportando una ofensiva en toda regla contra los derechos del trabajo, de baja en el salario real, de recorte en el gasto estatal vinculado a las áreas que representan gratuidad de salud, educación e infraestructura básica. De jubilaciones y pensiones. De represión preventiva y selectiva. De afrentas inauditas contra todo lo que signifique resistencia popular al ajuste, rotulada banalmente como ‘comunismo’. Todo al son de negociados fastuosos a manos de los nuevos filibusteros que se alzaron con el gobierno, resumibles en el espectacular fallido de ‘les robamos los curros a los K.’ Nunca mejor enunciado¡¡

Dicen que dos poderes gobiernan al mundo: El dolor y el miedo. Como caras de una misma medalla. Las fracciones en que se puede descomponer el espectro de los explotados y oprimidos los experimentan de distinto modo, pero lo común es que, en una primera instancia, lejos de apuntar a eliminarlos, se aferren a ambos, procurando sean lo más soportables. Si seguimos con este razonamiento, que puede ser tan aventurado cuanto atendible, llegamos a la conclusión que puestas a elegir entre la tan mentada ‘estabilidad de precios con ajuste gradual’ y el infierno de la hiperinflación y el estallido económico y social, hayan optado por el purgatorio de su imaginaria ‘falta de mérito’ cargando con los pecados que les inculcaron. En esa lógica cortoplacista y pancista, puede decirse que su decisión fue racional.

En antiguas culturas, los sacrificios humanos eran vistos como un precio de sangre para ganarse el favor de los dioses. Incluso las victimas subían al altar de la muerte convencidas y hasta orgullosas de ofrendar su vida en pos de la comunidad (Sic) aunque no faltan sugestivas pruebas de algunas defecciones o resistencias. Hoy se adoptan métodos sofisticados e imperceptibles. Millones de seres humanos sufren hambre, privaciones, enfermedades prevenibles, muerte prematura por carencias o imposibilidad de beneficiarse de los ingentes avances de la ciencia para lograr una vida mejor, por la sencilla razón de que no son solventes. Dan su vida en el altar de la ganancia capitalista. Tanto en la paz como en la guerra. Hasta hoy, esas víctimas propiciatorias del ajuste perpetuo siguen cayendo con el consenso del gran analfabeto político erigido en promedio social, mediocre, sin ideal ni propósito vital que escape a su propio ombligo y en el mejor de los casos, su micromundo circundante.

Argentina no es una excepción, porque al revés del chascarrillo popular, Dios no es argentino, o si lo fue, va camino a la renuncia.

Lo concreto es que no nos espera una instantánea del momento. Nada permanece eternamente quieto como una fotografía congelada de la realidad, sino, la dinámica que marca la evolución del capitalismo como sistema mundial. Con el socialismo aniquilado en el ideario de las masas, lo que nos aguarda no es el mundo de ensueño, de disfrute del ocio y el gozo de las mieles de la productividad del trabajo potenciadas por la robótica y la IA, sino la barbarie capitalista del control de mentes y cuerpos, de la crisis fluctuante, la polarización social y el liberticidio perpetrado en nombre de la libertad de hacernos escupir sangre y plusvalor.

Algunas pautas para orientarse en cuanto a la economía mundi.

En los últimos 150 años el capitalismo sobrevivió a unas seis crisis importantes. Hacia 2017 se encaminaba raudamente a la que explotó de modo amplificado con la pandemia de Covid 19. De ninguna salió indemne, pero logró recuperarse. Ninguna recuperación en los últimos cincuenta años tuvo la duración y la tasa de crecimiento de los ‘Treinta gloriosos’ (1945-47 a 1975) pero ello no autoriza a afirmar que el capitalismo entro en una fase histórica de decadencia irresoluta hasta hoy, solo matizada por algunos ‘respiros’.

No se puede en corto espacio, ni tampoco es necesario para establecer las coordenadas del momento, abordar las particularidades de cada una, las similitudes y diferencias. Tampoco desarrollar una teoría de la crisis que sea incontrastable y mucho menos, universalmente aceptada, no solo en el terreno del pensamiento económico general, sino, en el propio campo marxista. Lo que se puede, es inferir algunas conclusiones importantes para orientarse.

La primera es que no hay ‘crisis sin salida’.

Incluso al pie de un barranco mortal, la clase dominante no caerá si no se la hace caer.

Si la clase trabajadora no ofrece una salida, la burguesía la encontrará a través de una destrucción masiva de valor, por medio de la propia crisis y la guerra.

Crisis y guerra son condiciones necesarias para la revolución, pero no suficientes. Se requiere de partido u organización revolucionaria con influencia de masas lo que es imposible de lograr sin enfrentar al dominio burgués en todos los planos: Reivindicativo, político y especialmente ideológico. Pero la conciencia de masas no se cambia como la camisa. Ni tampoco a voluntad. Esta cuestión merece un apartado especial que abordaré en otro escrito.

Mientras el sistema se sustente en la explotación del trabajo humano como fuente de valor y plusvalor, habrá capitalismo. El remplazo integral del trabajo humano por la máquina o la ‘transhumanización’ son quimeras en el presente estado del avance tecnológico y las fuerzas productivas. Un delirio lisérgico, infatuado y megalómano, de los Sam Altman y los Elon Musk.

Las crisis son endógenas y endémicas al sistema. Forman parte de la lógica de funcionamiento. No vienen de fuera, aunque pueden ser agravadas por factores externos. Cambio climático. Pandemias. Agotamiento de materias primas. Catástrofes estelares. Lo contrario, nos conduce a intentos de correlacionar (aderezados con profusa matemática al pedo) las crisis, por ejemplo, con las manchas solares como antaño se entretuvieran apologistas del capital como Stanley Jevons.

La existencia de una baja secular o de largo plazo histórico en la tasa de ganancia, es una hipótesis teórica plausible, pero aún no demostrada empíricamente de modo convincente. Incluso si lo fuera, se debería determinar su magnitud y si esta es incompatible con la prosecución del desarrollo del capitalismo lento, pero aún ascendente. No es posible determinar a priori, un punto de inflexión de talla histórica que desate la extinción. Todos los modelos matemáticos que se han propuesto hasta hoy, son eso, modelos, que pueden ser afirmados o cuestionados en su coherencia lógica, pero deben basarse en la dinámica de la realidad material, sin lo cual, carecen de poder explicativo. En cualquiera de los casos, el tenor que adquiera la lucha de clases no es elemento indiferente, sino, de primer orden y difícil de cuantificar. El pensamiento lógico debe reproducir intelectualmente el movimiento real. No al inverso. La dialéctica material no lee los libros.

El vuelco inusitado hacia la valorización financiera desde mediados de los 70 parece estar conectado con este debilitamiento en la tasa de ganancia devenido del aumento de la composición orgánica del capital, tanto técnica como en valor, por lo cual la capacidad sistémica de extraer ‘plusvalor relativo’ encuentra dificultades crecientes y se expresa en el giro hacia toda forma de extracción directa, extensión de la jornada, aumento del ritmo de trabajo, recortes del salario diferido. Crecimiento del trabajo informal. Dependencia de las plataformas. Uberización. Traslado de la producción hacia áreas en las que la fuerza de trabajo es más barata.

Fragmentación de la clase obrera donde coexisten trabajos con derechos legales incorporados y salarios medios o altos, con un universo de explotados sin derechos que subsisten con trabajos de tiempo parcial, en negro, o ‘miniempresarios’ que en realidad son explotados disfrazados como prestadores de servicios. Todo acompañado por una fronda agigantada de valorización financiera que se despega cada vez más de su fuente nutricia dando lugar a burbujas especulativas que terminan estallando. Hoy, es probable que estemos en vísperas de un nuevo estallido de este tipo, como fue en 2000 con las Punto.com o en 2007 con las sub prime.

A ello viene a sumarse el inmenso globo consecuente al superciclo de la deuda estatal. Algunos especulan que un alineamiento de estas burbujas puede devenir en una explosión sincronizada, desatando una recesión profunda, o tal vez un efecto en cascada, que arranque en un crack bursátil detonado por las tecnológicas que arrastre a los sectores productivos vinculados. Lo concreto es que no lo sabemos. El porcentaje de acierto de los gurúes del mercado, equivale a arrojar una moneda al aire.

De los ‘locos años veinte’ del segundo milenio a los ‘delirantes años veinte del tercer milenio.

Algunas cifras y comparaciones, son bastante alarmantes.

EEUU ya lleva 8 meses consecutivos de caída en la actividad manufacturera. Solo en los primeros tres meses de la administración Trump el PIB cayó del 3,3 al 2,8. La deuda pública alcanza los 38 billones de dólares. El déficit en la balanza de pagos orilla los 2 billones de dólares. Casi la mitad de los Estados de la Unión está al borde de la bancarrota. La mitad de las empresas tienen baja o nula rentabilidad. La ratio deuda/pbi en 1981 era del 31 por ciento. En 1984 del 40 por ciento. En la actualidad es del 125 por ciento. El proceso viene gestándose hace tiempo. Acompaña la migración industrial de Oeste a Este en función de la búsqueda de mano de obra a bajo precio. Baste comparar los 6000 dólares mensuales que gana un obrero industrial en EEUU o los 5.500 de Alemania, o los 3.800 del Reino Unido, incluso los 2.900 de Japón, con los exiguos 1016 dólares de China (tomando en cuenta que el partido-estado se ha visto compelido a otorgar aumentos por decreto en los últimos años) y ni que hablar de los 160 de India¡¡¡). Razón explicativa del por qué, junto a la masiva inversión en tecnología del capital privado y el Estado, China se convirtió en la gran fábrica mundial (e India va por la misma senda) como surtidor de manufacturas para el mercado norteamericano dotado de alto poder adquisitivo por varios factores, a saber: Señoreaje del dólar. Control de los circuitos financieros. Afluencia de capitales hacia los Bonos del Tesoro (permitiendo un flujo circular) y el cuasi monopolio de la producción de chips avanzados (que se hacen en Taiwan¡¡) sin olvidar la superioridad militar inherente al rol de gendarme mundial con 800 bases de control en el planeta. Un conjunto de elementos que también están sometidos a una progresiva erosión y potencial dislocación de mediano plazo. Un equilibrio inestable que se sostiene por la interdependencia de la economía mundial, en la que un fallo puede desencadenar la pérdida del centro de gravedad y un quiebre de proporciones inconmensurables.

Volviendo a los datos. Hoy, la deuda global es de 337 billones de dólares. Representa el 340% del PBI mundial cuando en 1933 en plena depresión era del 260%. Solo en EEUU la deuda corporativa es de 11 billones, buena parte de la cual ‘zombie’. Por primera vez el interés de la deuda de dicho país ha superado los gastos de defensa, alcanzando los 1,2 billones. El pago de intereses de la deuda insume el 40 por ciento de los ingresos federales. En cuanto a los valores bursátiles, la situación remeda bastante a lo ocurrido en 1999-2000 con las Punto.com. Así como se inflaron Cisco. Yahoo. Pets.com etc. hoy se inflan NVidia. Open I. Microsoft. Amazon. Meta. Tesla. Alphabet. Apple. Las llamadas ‘Siete magníficas’. En 2000 según el ìndice S&P la valoración bursátil total representaba el 124% del PIB. Hoy representa el 175% del PIB. Desde que salió ChatGpt en 2022 la bolsa subió un 71%. En cuanto a la deuda de hogares, en 2000 representaba un 17 % de la riqueza total. Hoy alcanza el 21%. Unos 20 billones de la inversión bursátil total son fondos de pensión y seguros. Otros 18 billones son inversión extranjera directa. Una caída similar a la del 2000 representaría para los hogares una perdida del 8% de su riqueza y un calado de 7 billones para la inversión directa. Si la caída en tecnológicas y empresas conectadas fuese similar a la de 2000, se perderían 23 billones de dólares. Casi la mitad del PBI de los EEUU. Como la crisis de 2008, pero multiplicada por 2. Como puede observarse fácilmente, por este lado podría gestarse un cataclismo.

De ahí las fuertes pujas entre mantener las actuales tasas de interés como quiere Jerome Powell en su afán de custodiar inflación y empleo, o bajarlas, como pretende la dupla Trump Bessent y ‘debilitar’ al dólar (que ya perdió un 13 % frente al Euro) incrementando las exportaciones y generando mayor liquidez para financiar a las empresas, favoreciendo a los tecnócratas de Silicon Valley en la que han dado en llamar ‘La carrera del espermatozoide’. El que llega primero se queda con el pastel de un mercado potencial de muchos billones. Por lo menos es la expectativa.

La situación de incertidumbre acerca de la solidez del dólar, es la que viene desencadenando una serie de movimientos sistémicos y disputa en torno a quién pagará los costos de la fiesta. La movida de Trump y sus asesores, tratando de imponer impuestos proteccionistas (aranceles) sin orden ni concierto (y renegociar en un santiamén cuando las bolsas mundiales se derrumbaron) para después volver a la carga en una serie de zigzagueos a según la respuesta de los afectados, está trayendo más perjuicios que beneficios.

Encarecimiento de costos para los importadores y elevación de los precios al consumidor norteamericano, cosa nada buena para nadie, incluidos sus votantes. Entre Estados Unidos y China hay un nexo de mutua necesidad. Para Estados Unidos, China es su principal proveedor de manufacturas y para China el mercado americano es su comprador más importante. Pero China tiene otras opciones de desfogue y aparte, viene desarrollando un mercado interno pujante que iguala o supera sus exportaciones y va en alza. China tiene el 90 % de las tierras raras, imprescindibles para la industria moderna, incluida la armamentística y los tan mentados chips avanzados de Nvidia que importa desde Taiwan, vale decir, el arma con la que EEUU pretende chantajearla. Pero los chinos no se cruzan de brazos. Con su proverbial paciencia, avanzan sin prisa y sin pausa hacia sus propios chips obtenidos mediante reforma y mejoramiento de los occidentales. Al mismo tiempo, ofrecen para los centros de datos, vitales para el desarrollo de la IA, subsidios del 50% en la energía eléctrica. Por su parte, las tecnológicas de Silicon Valley le están pidiendo al gobierno americano, nada ms ni nada menos que un billón, para poder ganar la carrera de la Inteligencia artificial.

Pero China también enfrenta problemas serios. La tasa de formación de activos fijos es de 42% frente al 22 % de EEUU y Europa. El margen de rentabilidad media se erosiona. La acumulación es más lenta y su tasa de crecimiento está bajando. Se espera que el crecimiento anual sea de un 4,5 para este año y del 4,3 para 2026. Enfrenta problemas de sobrecapacidad en automóviles, productos químicos y farmacéuticos, semiconductores y electrogénicos. Además, sobrevuela la amenaza de un crack inmobiliario severo y una deflación general. Esta situación, dicho a la pasada, confirma la naturaleza capitalista de la economía China, bajo el dominio de un partido-estado. Algo que no tiene ni punto que ver con el socialismo. Lo que diferencia las crisis capitalistas de las que atravesaron los regímenes del llamado ‘socialismo real’, es que las primeras son de superproducción, las segundas de subproducción. La crisis que se incuba en China es ostensiblemente capitalista. No es posible desarrollar aquí todo el tema, pero lo que puedo decir sucintamente, es que la superestructura de gobierno del Partido Comunista Chino conservó el poder y lo amplificó desde la masacre de Tiennamen, clausurando la perspectiva, tanto de una democratización pro occidental, como de un levantamiento del proletariado, que fue su principal víctima. Fomentó la inversión extranjera, pero no se sometió al imperio del capital financiero. Desarrolló una burguesía nacional asociada, pero no subsidiaria del capital transnacional. Retuvo el control de una planificación de la producción y pasó de la manufactura de ensamble a la de producción integral y luego de medios de producción y alta tecnología. El estado operó como soporte de obras de infraestructura gigantescas e inversión planificada en áreas estratégica, mediante sucesivos planes quinquenales conducidos bajo la férula del partido-estado, autodenominado comunista, inalterados por alternancias ‘democráticas’ que implicaran virajes o golpes de timón. Un salto económico colosal en pocos decenios y al mismo tiempo, una obliteración completa de la democracia proletaria, con un férreo control digital y policial de la población. Socialismo o comunismo? No parece ser el caso.

El mundo experimenta una serie de movimientos y contramovimientos que se suceden a un ritmo frenético, cuyo trasfondo es la distribución de la plusvalía extraída al proletariado mundial entre magnates asociados a cabeceras imperialistas, preparadas para defenderlas con las armas, como lo han hecho siempre y lo hacen en los 59 frentes de combate donde hoy se desangra al proletariado con destrucción y miseria.

Unas observaciones finales a los efectos de que este trabajo no sea demasiado pretencioso e indigerible para el lector.

Tras la guerra comercial arancelaria, se esconde la guerra de monedas. Esencialmente sobre la supremacía del dólar como moneda de reserva y medio de cambio universal. A principios de los setenta la participación de los EEUU en el PBI mundial había bajado del 35% al 26 % (hoy se sitúa en el 18%). Esto, junto a la balanza comercial negativa impulsò el llamado Shock de Nixon en 1971 cuando se decretó la inconvertibilidad del dólar con el oro y un arancel del 10% sobre las importaciones (para forzar un revaluación indirecta de las otras monedas -esta medida fue revocada en 1973-) El dólar se devaluó un 8,5%. frente al oro en el acto. Desde entonces, emitiendo y creando valor de cambio de la nada, con un respaldo áureo inverificable, los EEUU han podido manejar el señoreaje de la moneda en su entero provecho. El mecanismo se completó cuando en 1974 Henry Kissinger y el rey Faisal de Arabia Saudita acordaran que todas las transacciones petroleras se realizaran en dólares como el conjunto de los commodities, obligando a todos los países a mantener reservas en dólares y sentando las bases del reflujo constante del billete verde hacia los Bonos del tesoro americano, hasta hoy considerados los activos más seguros del planeta.

Desde hace tiempo, el esquema se está fisurando. La participación del dólar en el comercio mundial viene retrocediendo. La propia Arabia Saudita comenzó a vender petróleo en yuanes desde que los EEUU lograron autarquía energética y vienen exportando petróleo de esquisto y gas a un precio 40 % más caro, especialmente cuando el conflicto en Ucrania cortó parcialmente los suministros a Europa Occidental. El dominio omnímodo del dólar está siendo socavado.

En paralelo, China destina parte de sus ingresos, ya no a los bonos del tesoro sino, al oro. Se están verificando compras macizas. Rusia y otros países también refuerzan sus reservas en oro por lo que el precio del mismo subió un 40 por ciento en el último año sobrepasando los 4000 dólares la onza troy confirmando que la ‘bárbara reliquia’ es un negocio bárbaro. Menos para Argentina, claro, que lo mandó a Londres (supuestamente) para que se lo cuiden.

Dicho sea de paso, queda al descubierto que el último amarre del dinero fiat con el oro, incluso la plata y hasta el platino o paladio, no se ha cortado. Claro, de un costo de producción de 1400 dólares la onza a más de 4000 en el mercado hay una diferencia importante. Pero más significativa es la que hay en el costo de producción de 100 dólares billete, que es de 8,4 céntimos. Es esa ‘relación simbólica compleja’ como la han dado en llamar. Definición inasible que remeda el famoso bolero ‘Sabor a nada’.

Conclusión provisoria:

Argentina es una hoja en la tormenta mundial. Sin dólares en reservas. Sin oro. Sin poderío militar. Cargando con el peso abrumador de una deuda espuria. En default permanente. Sometida a una invasión de importaciones chinas. Con un flujo de capital negativo. Una fuga de capitales crónica. Con inversiones extranjeras directas que resultan puro cuento. Con una productividad sistémica estiptica y salarios de miseria. Con un gobierno de bufones del emperador del Norte y ladrones de guante blanco convivientes con carteristas vulgares, rasputines con o sin faldas, cortesanas y facinerosos de todo pelo y laya.

Que le queda? Primarización. Suelo y subsuelo. Un proyecto de país de ricos cada vez más ricos y trabajadores cada vez más pobres. Donde sobra gente y donde la crisis no se resuelve, solo se pospone una y otra vez, viviendo de prestado.

Si estas no son razones para luchar por la rebelión, no veo cuales puedan ser.

22/11/25

PD: Feliz día de la Soberanía nacional¡¡¡¡

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