La reforma laboral: una ofensiva contra la clase trabajadora

El proyecto de (contra)reforma laboral es parte de una batería de prácticas, políticas, anuncios y tendencias que le dan forma a lo que podemos caracterizar como una ofensiva de la clase dominante sobre el conjunto de la clase trabajadora. Las razones profundas de esta ofensiva deben buscarse en los problemas que enfrentan periódicamente los capitalistas para realizar sus ganancias y acumular capital de forma más o menos estable y duradera. Pretende convertir en leyes un conjunto de políticas empresariales (muchas ya en desarrollo) para incrementar la explotación y el poder arbitrario de la patronal en los lugares de trabajo. En ese sentido, la resistencia a las transformaciones jurídico-legales es importante y necesaria, muy particularmente en relación con la criminalización de la acción sindical o con el recorte de atribuciones y protecciones a delegados de base. También en todo lo que hace a la rebaja de aportes patronales a la seguridad social, porque esto impacta directamente en las condiciones de reproducción de la clase trabajadora.

Foto: Mat ((i))

1 – La reforma laboral como ofensiva de clase

Los avances del gobierno para aprobar e implementar una “reforma laboral” no son un rayo en una noche serena. De hecho, el proyecto de (contra)reforma laboral es parte de una batería de prácticas, políticas, anuncios y tendencias que le dan forma a lo que podemos caracterizar como una ofensiva de la clase dominante sobre el conjunto de la clase trabajadora.

Al hablar de “reforma laboral” nos referimos al terreno jurídico-legal de la ofensiva, es decir, a cambios en las leyes y normas que regulan las relaciones laborales. Hay otros dos terrenos de ofensiva: el de la producción (y las prácticas cotidianas de gerencias y jefaturas en los lugares de trabajo), y el de las condiciones de reproducción de la fuerza de trabajo de la clase trabajadora (es decir, las condiciones en que nos alimentamos, descansamos, nos relacionamos con amigxs, familiares, o compañerxs, nos divertimos, aprendemos cosas nuevas, desarrollamos habilidades nuevas, etc.)

En los lugares de trabajo, las patronales avanzan por “la vía de los hechos”: modifican jornadas de trabajo, cambian turnos, tercerizan o aumentan la contratación eventual. En casos extremos, el cierre de líneas de producción o la paralización de plantas enteras pone a los trabajadores en una situación que allana el camino para que acepten peores condiciones de trabajo. Las condiciones de reproducción de la clase trabajadora también se están modificando de manera regresiva, ya sea por la erosión del poder adquisitivo vía inflación o devaluación o por las negociaciones paritarias a la baja, y salarios mínimos de hambre. Pero también en la transferencia hacia los hogares y las familias particulares de los costos de condiciones básicas de reproducción: la educación, la atención de la salud, la vivienda. Se profundiza la mercantilización de estas estructuras, con lo que se dificulta el acceso a las mismas por parte de crecientes masas de trabajadores. Esto afecta de manera particular a las mujeres, sobre quienes recae históricamente el peso de estas tareas.

En síntesis, la “reforma laboral” es parte de un proceso en que todas nuestras condiciones de trabajo y de reproducción de nuestras vidas se encuentran bajo asedio. Lo central de la reforma apunta cristalizar en el terreno legal la mayor discrecionalidad empresarial para adaptar la jornada de trabajo y los salarios a las marchas y contramarchas de la producción, por un lado, y a quebrar las herramientas de organización y acción gremial de los y las trabajadores (derecho de huelga, protesta y organización, protección de la representación gremial, etc), por el otro. En suma, se busca restituir y fortalecer el poder de los capitalistas sobre la clase trabajadora.

2 – La reforma laboral como “necesidad” del capital

Las razones profundas de esta ofensiva no deben buscarse en un gobierno, ni siquiera en elencos políticos particulares o en supuestos “proyectos de país”, sino en los problemas que enfrentan periódicamente los capitalistas para realizar sus ganancias y acumular capital de forma más o menos estable y duradera. Estos límites se evidenciaron con la crisis global de 2008/2009, que abrió procesos de inestabilidad importantes en diferentes regiones y países. Es posible ubicar ese momento como el inicio de una fase de reestructuración del capital a escala global. La modificación y la relocalización de los procesos y estructuras productivos (desde la digitalización hasta la búsqueda de fuentes de materias primas y su explotación a gran escala), junto con políticas de austeridad y retroceso de las posiciones del trabajo y los sindicatos, son parte de las “soluciones” que los capitales buscan para continuar su reproducción.

Así, el impulso para “reformar” las relaciones laborales surge de la necesidad de superar los problemas y límites que enfrenta la acumulación de capital a escala global. Varios países de América Latina (como Brasil) ya atravesaron reformas laborales regresivas en esta etapa, la propia burguesía Argentina viene insistiendo con esta necesidad desde hace por lo menos diez años (con el gobierno de Macri). Otros países, como Grecia, aprobaron recientemente la extensión de la jornada laboral y atravesaron diferentes oleadas de reformas desde 2012, y la clase trabajadora en varios países está luchando contra las “políticas de austeridad”, que tienen las mismas consecuencias que las “reformas laborales” para los trabajadores y trabajadoras.

Precarización y explotación laboral.

El aumento de la explotación del trabajo está en el corazón de esta reestructuración y es el elemento oculto de la “competitividad”. En efecto, es una necesidad de la clase dominante que algunos de nosotros trabajemos más, y más intensamente, y que nuestros salarios sean más bajos, en términos relativos. Que de toda la masa de tiempo que trabajamos (que se convierte en dinero), la mayor parte sea para la patronal y sus socios; y que la fracción de tiempo/dinero de la que podamos apropiarnos los trabajadores para satisfacer nuestras necesidades sea cada vez menor de ese producto. Esto también significa que, en general, la clase dominante decide a cuántos/as de nosotros emplea, a cuántos registra y cuántos permanecerán desocupados o tendrán que buscar otras formas de ganarse la vida. Las presiones para intensificar el trabajo se transmiten, a través de diferentes medios, al conjunto de trabajadores y trabajadoras – los formales, los informales, los “colaboradores” o “usuarios” de plataformas, los “autónomos” y “monotributistas”

Ahora bien, no pueden aumentar la explotación de esta manera sin desorganizar y disciplinar al conjunto de la clase trabajadora. Por eso, es una necesidad histórica para el capital remover los marcos legales que permiten discutir los límites del poder del capital para “consumir” la fuerza de trabajo en el proceso productivo, ya sea porque establecen condiciones de trabajo o protegen el accionar de la clase trabajadora como colectivo. De aquí que se intenta imponer una lógica jurídica que equipara el contrato de trabajo a un “contrato individual entre iguales”. Los voceros del régimen propagandizan que el salario y la jornada de trabajo podrán ser “coordinados” entre cada trabajador y cada empleador, lo que es una mentira lisa y llana, como ya lo saben y lo experimentan cotidianamente millones de trabajadores y trabajadoras.

3 – Reforma laboral: consecuencias para la clase trabajadora

Recapitulando: la reforma laboral es la vía jurídico-legal para la reestructuración de la relación capital-trabajo. Pretende convertir en leyes un conjunto de políticas empresariales (muchas ya en desarrollo) para incrementar la explotación y el poder arbitrario de la patronal en los lugares de trabajo. En ese sentido, la resistencia a las transformaciones jurídico-legales es importante y necesaria, muy particularmente en relación con la criminalización de la acción sindical o con el recorte de atribuciones y protecciones a delegados de base. También en todo lo que hace a la rebaja de aportes patronales a la seguridad social, porque esto impacta directamente en las condiciones de reproducción de la clase trabajadora.

Sin embargo, resistir estos cambios jurídicos no será suficiente, puesto que los propósitos de la reforma laboral adquieren sentido en el terreno de la organización de la producción. Por eso es importante prestar atención al aspecto “objetivo” de las relaciones de fuerza que se transforma profundamente en las fases de reestructuración. La modificación de la estructura productiva impacta en la composición interna de la clase trabajadora: surgen nuevos sectores de producción y servicios, se producen conexiones y encadenamientos productivos en los que nuevos contingentes de trabajadores juegan un rol central. A la vez, se estructuran nuevas formas de competencia y diferenciación entre trabajadores – sectoriales, regionales, contractuales, etc

Estos cambios, por un lado, desorganizan a la clase: la fuerza de ciertas reivindicaciones y la eficacia de algunas tácticas de organización se pierden. Pero por otro lado, se producen nuevas “posiciones estratégicas” que abonan a la reorganización. La tarea de identificar y comprender estas tendencias y sus consecuencias es fundamental para una intervención político-sindical que permita recomponer fuerzas y reconstruir poder colectivo de los trabajadores sobre los procesos productivos. La organización en este terreno —y la productividad política que supone— es un aspecto fundamental en la construcción de una estrategia que avance en la superación del capitalismo como modo de organizar la producción y la reproducción de la sociedad.

Por Julia Soul, sobre la base de la intervención en el panel “Derechos en disputa: qué quiere la contrarreforma laboral?” (06 de diciembre de 2025). FATPREN. CABA


Fuente: https://www.anred.org/la-reforma-laboral-una-ofensiva-contra-la-clase-trabajadora/

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