Familiares y sobrevivientes marcharon desde Plaza de Mayo hacia el Santuario de Cromañón para homenajear a las 194 víctimas al cumplirse un nuevo aniversario de la tragedia y seguir denunciando la trama de complicidades y negligencia estatal y privada que la hizo posible: “Ni la bengala, ni el rocanrol, a nuestros pibes los mató la corrupción”.
Este 30 de diciembre se cumplieron 21 años de la masacre de Cromañon en la que perdieron la vida 194 jóvenes. Aquella noche de 2004 cuando comenzaba el show de la banda Callejeros, el fuego de una bengala encendida en ese lugar cerrado tomó contacto con una media sombra ubicada en el techo que comenzó a arder liberando un humo tóxico y mortal.
La salida de emergencia estaba cerrada con candado y muchos no pudieron salir. La causa de muerte de la mayoría de los fallecidos fue asfixia, muchos por haber salido y vuelto a entrar a rescatar a otros jóvenes.
La investigación judicial comprobó las coimas que se pagaron para eludir los controles de seguridad. Durante el juicio fueron condenados el promotor Omar Chabán que gestionaba el lugar, los músicos de Callejeros, el dueño del boliche, Rafael Levy, el subcomisario de la Policía Federal, Carlos Díaz, y los funcionarios porteños Gustavo Torres, Fabiana Fiszbin y Ana María Fernández. El jefe de gobierno de la Ciudad de aquel entonces, Aníbal Ibarra, no fue alcanzado por la justicia pero fue destituido por la Legislatura y su carrera política terminó.
La masacre de Cromañón ocurrió porque el lugar funcionaba muy por encima de su capacidad habilitada, salidas de emergencia cerradas, materiales inflamables y un sistema de inspecciones estatales que falló de manera sistemática.
Para las organizaciones que continúan luchando hasta el día de hoy, el Estado no sólo no protegió, sino que habilitó y permitió el funcionamiento de un espacio que puso en riesgo miles de vidas.
A más de dos décadas, las familias denuncian que la justicia fue parcial y que las responsabilidades políticas y estructurales nunca fueron plenamente saldadas. Sin embargo, la organización colectiva logró que Cromañón se mantenga como una causa viva, un símbolo de lucha contra la impunidad y una advertencia frente a nuevas tragedias evitables.




